La felicidad deja de entenderse como un estado permanente y se consolida como un proceso dinámico, según expertos y literatura científica. La idea, cada vez más extendida, señala que sentirse feliz depende de factores biológicos, psicológicos y sociales, y no de una búsqueda constante de placer. Investigaciones de Harvard, donde estudian activamente la felicidad, estiman que alrededor del 50% de este estado emocional de satisfacción plena tiene base genética, mientras que el entorno y las decisiones personales explican el resto. Frente a la obsesión por alcanzarla, los especialistas destacan la resiliencia -una palabra que la pandemia del coronavirus puso de moda y que hace referencia a la resistencia y la flexibilidad ante los golpes que nos da la vida- como clave para sostener el bienestar incluso en la adversidad.Un tema de actualidad que lleva siéndolo desde hace miles de años, y que ha sido estudiado por todos y cada uno de los filósofos más sabios de la historia: desde Aristóteles que habla de la felicidad como el fin más elevado de la humanidad, a Kant que la nombra como deber o la visión más estoica de Séneca.La curiosidad actúa como un motor emocionalEn este contexto se ha pronunciado Arthur Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, quien deja una reflexión sobre este asunto en una de sus publicaciones en las plataformas digitales: «Las personas más felices nunca dejan de aprender. No por obligación, sino por curiosidad».El experto defiende que el bienestar emocional depende en gran medida de seguir aprendiendo por interés genuino. Y es que según el divulgador, uno de los rasgos comunes de las personas más felices es su hábito de leer y explorar nuevos conocimientos. Sin embargo, matiza que no se trata de estudiar por obligación ni de acumular títulos, sino de alimentar una curiosidad libre. «La clave es aprender sobre cosas que no tienes por qué aprender», explica.El académico explica que los seres humanos están biológicamente diseñados para aprender. En el pasado, aquellos individuos que desarrollaban habilidades y adquirían información tenían más probabilidades de sobrevivir. Esa ventaja evolutiva se traduce hoy en una respuesta emocional positiva: el interés. «En el entorno ancestral, tus antepasados tenían más éxito si eran personas que aprendían, si mejoraban en distintas habilidades. Eso les daba una ventaja adaptativa, una ventaja de supervivencia y de reproducción. Eran, por ejemplo, quienes encontraban las bayas en los arbustos o descubrían el abrevadero donde había gacelas», explica en el vídeo.La novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebroLeer sobre temas inesperados, probar una afición nueva o simplemente observar con mayor atención el entorno son ejemplos de cómo activar ese mecanismo.El experto advierte también de que la falta de aprendizaje está relacionada con mayores niveles de insatisfacción. Las personas que dejan de aprender o nunca desarrollan esa capacidad tienden a experimentar menos emociones positivas.Por ello, el profesor insiste en una idea sencilla pero poderosa: aprender de forma constante. No importa el tema ni su utilidad práctica; lo relevante es mantener la mente activa. «Busca más formas de aprender para poder volverte y mantenerte más activo mentalmente, y te convertirás en una persona más feliz», concluye.Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes en psicología y neurociencia, que señalan que la novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebro. Así, la curiosidad no solo aporta conocimiento, sino también bienestar emocional sostenido. La felicidad deja de entenderse como un estado permanente y se consolida como un proceso dinámico, según expertos y literatura científica. La idea, cada vez más extendida, señala que sentirse feliz depende de factores biológicos, psicológicos y sociales, y no de una búsqueda constante de placer. Investigaciones de Harvard, donde estudian activamente la felicidad, estiman que alrededor del 50% de este estado emocional de satisfacción plena tiene base genética, mientras que el entorno y las decisiones personales explican el resto. Frente a la obsesión por alcanzarla, los especialistas destacan la resiliencia -una palabra que la pandemia del coronavirus puso de moda y que hace referencia a la resistencia y la flexibilidad ante los golpes que nos da la vida- como clave para sostener el bienestar incluso en la adversidad.Un tema de actualidad que lleva siéndolo desde hace miles de años, y que ha sido estudiado por todos y cada uno de los filósofos más sabios de la historia: desde Aristóteles que habla de la felicidad como el fin más elevado de la humanidad, a Kant que la nombra como deber o la visión más estoica de Séneca.La curiosidad actúa como un motor emocionalEn este contexto se ha pronunciado Arthur Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, quien deja una reflexión sobre este asunto en una de sus publicaciones en las plataformas digitales: «Las personas más felices nunca dejan de aprender. No por obligación, sino por curiosidad».El experto defiende que el bienestar emocional depende en gran medida de seguir aprendiendo por interés genuino. Y es que según el divulgador, uno de los rasgos comunes de las personas más felices es su hábito de leer y explorar nuevos conocimientos. Sin embargo, matiza que no se trata de estudiar por obligación ni de acumular títulos, sino de alimentar una curiosidad libre. «La clave es aprender sobre cosas que no tienes por qué aprender», explica.El académico explica que los seres humanos están biológicamente diseñados para aprender. En el pasado, aquellos individuos que desarrollaban habilidades y adquirían información tenían más probabilidades de sobrevivir. Esa ventaja evolutiva se traduce hoy en una respuesta emocional positiva: el interés. «En el entorno ancestral, tus antepasados tenían más éxito si eran personas que aprendían, si mejoraban en distintas habilidades. Eso les daba una ventaja adaptativa, una ventaja de supervivencia y de reproducción. Eran, por ejemplo, quienes encontraban las bayas en los arbustos o descubrían el abrevadero donde había gacelas», explica en el vídeo.La novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebroLeer sobre temas inesperados, probar una afición nueva o simplemente observar con mayor atención el entorno son ejemplos de cómo activar ese mecanismo.El experto advierte también de que la falta de aprendizaje está relacionada con mayores niveles de insatisfacción. Las personas que dejan de aprender o nunca desarrollan esa capacidad tienden a experimentar menos emociones positivas.Por ello, el profesor insiste en una idea sencilla pero poderosa: aprender de forma constante. No importa el tema ni su utilidad práctica; lo relevante es mantener la mente activa. «Busca más formas de aprender para poder volverte y mantenerte más activo mentalmente, y te convertirás en una persona más feliz», concluye.Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes en psicología y neurociencia, que señalan que la novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebro. Así, la curiosidad no solo aporta conocimiento, sino también bienestar emocional sostenido.
La felicidad deja de entenderse como un estado permanente y se consolida como un proceso dinámico, según expertos y literatura científica. La idea, cada vez más extendida, señala que sentirse feliz depende de factores biológicos, psicológicos y sociales, y no de una búsqueda constante de … placer.
Investigaciones de Harvard, donde estudian activamente la felicidad, estiman que alrededor del 50% de este estado emocional de satisfacción plena tiene base genética, mientras que el entorno y las decisiones personales explican el resto.
Frente a la obsesión por alcanzarla, los especialistas destacan la resiliencia -una palabra que la pandemia del coronavirus puso de moda y que hace referencia a la resistencia y la flexibilidad ante los golpes que nos da la vida- como clave para sostener el bienestar incluso en la adversidad.
Un tema de actualidad que lleva siéndolo desde hace miles de años, y que ha sido estudiado por todos y cada uno de los filósofos más sabios de la historia: desde Aristóteles que habla de la felicidad como el fin más elevado de la humanidad, a Kant que la nombra como deber o la visión más estoica de Séneca.
La curiosidad actúa como un motor emocional
En este contexto se ha pronunciado Arthur Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, quien deja una reflexión sobre este asunto en una de sus publicaciones en las plataformas digitales: «Las personas más felices nunca dejan de aprender. No por obligación, sino por curiosidad».
El experto defiende que el bienestar emocional depende en gran medida de seguir aprendiendo por interés genuino. Y es que según el divulgador, uno de los rasgos comunes de las personas más felices es su hábito de leer y explorar nuevos conocimientos. Sin embargo, matiza que no se trata de estudiar por obligación ni de acumular títulos, sino de alimentar una curiosidad libre. «La clave es aprender sobre cosas que no tienes por qué aprender», explica.
El académico explica que los seres humanos están biológicamente diseñados para aprender. En el pasado, aquellos individuos que desarrollaban habilidades y adquirían información tenían más probabilidades de sobrevivir. Esa ventaja evolutiva se traduce hoy en una respuesta emocional positiva: el interés.
«En el entorno ancestral, tus antepasados tenían más éxito si eran personas que aprendían, si mejoraban en distintas habilidades. Eso les daba una ventaja adaptativa, una ventaja de supervivencia y de reproducción. Eran, por ejemplo, quienes encontraban las bayas en los arbustos o descubrían el abrevadero donde había gacelas», explica en el vídeo.
La novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebro
Leer sobre temas inesperados, probar una afición nueva o simplemente observar con mayor atención el entorno son ejemplos de cómo activar ese mecanismo.
El experto advierte también de que la falta de aprendizaje está relacionada con mayores niveles de insatisfacción. Las personas que dejan de aprender o nunca desarrollan esa capacidad tienden a experimentar menos emociones positivas.
@arthurcbrooks Learning is closely tied to happiness. The happiest people are the ones who never stop learning. They do it not out of obligation, but out of curiosity. When you nurture that curiosity through reading, exploring, and discovering, you awaken interest, one of life’s most basic positive emotions. From that interest comes greater joy, deeper satisfaction, and ultimately, more happiness. From Episode 1 of my new show, “Office Hours.” Available on YouTube, Spotify, Apple Podcasts, and more.
Por ello, el profesor insiste en una idea sencilla pero poderosa: aprender de forma constante. No importa el tema ni su utilidad práctica; lo relevante es mantener la mente activa. «Busca más formas de aprender para poder volverte y mantenerte más activo mentalmente, y te convertirás en una persona más feliz», concluye.
Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes en psicología y neurociencia, que señalan que la novedad y el aprendizaje estimulan los circuitos de recompensa del cerebro. Así, la curiosidad no solo aporta conocimiento, sino también bienestar emocional sostenido.
RSS de noticias de bienestar
