No es un ‘nuevo Crispr’ ni se ha demostrado aún que sirva para editar ADN, pero se le parece mucho y, si es como Anthropic lo cuenta , ha sido descubierto sin intervención humana. La compañía estadounidense anunció el jueves que su sistema de inteligencia artificial (IA) Claude ha hallado «de forma autónoma» un sistema enzimático previamente desconocido similar a la potente herramienta de edición genética. Los resultados, los primeros del nuevo laboratorio de ciencias biológicas de la firma de los hermanos Amodei, todavía son «preliminares», pero muestran cómo los agentes de IA pueden acelerar la ciencia, más allá de analizar datos o hacer de asistentes de los investigadores. Según el relato de Anthropic, unos 950 agentes basados en Claude analizaron durante unas 21 horas más de 200.000 transcriptasas inversas (RT, enzimas que copian ARN en ADN), identificaron 3.500 candidatas y seleccionaron 20 que merecían un análisis más detallado, un trabajo que a los científicos les llevaría «de semanas a meses de trabajo». La IA decidió por sí misma las líneas de investigación a seguir. La participación de los investigadores se limitó a las instrucciones iniciales y a los experimentos de laboratorio.Durante el proceso, Claude detectó un patrón de repeticiones que le llamó la atención. Los investigadores llamaron al sistema ART (Array-associated Reverse Transcriptases), es decir, transcriptasas inversas asociadas a matrices. La enzima no era nueva, ya se conocía, pero el agente fue capaz de ver que formaba parte de un sistema más grande que no había sido caracterizado antes: una matriz de secuencias cortas y repetitivas de ADN, situada junto a dos genes, uno que codifica una transcriptasa inversa (una enzima conocida) y otro que codifica una proteína cuya función aún se desconoce. Es decir, una relación biológica nueva cuyas características (la serie de repeticiones) recuerdan a Crispr, un sistema de defensa natural de las bacterias que los científicos convirtieron en una herramienta de edición genética, utiliza con éxito en medicina.Terapia génicaEl director de Anthropic, Dario Amodei, quien recientemente pidió que se ralentizara el desarrollo de la IA debido a sus riesgos, señaló ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al que se dirigió por videoconferencia, que el hallazgo «podría constituir un nuevo mecanismo de edición genética que podría tener aplicaciones en la terapia génica». Además, predijo «un progreso profundo en un futuro próximo en enfermedades que han asolado a la humanidad durante milenios».Feng Zhang, uno de los pioneros de Crispr y profesor del MIT y del Broad Institute, calificó la identificación de los fragmentos de ADN repetidos de «genuinamente intrigante» y dijo que «merece una investigación más profunda», en declaraciones publicadas por Anthropic. Pero lo cierto es que los resultados, publicados como preimpresión, aún no han sido revisados por otros científicos. Anthropic ha declarado que aún desconoce cuál es la función del sistema ART. Hasta que no se descubra qué hace realmente, no podemos saber si será una herramienta comparable a Crispr, si tendrá alguna utilidad biotecnológica o si, simplemente, será un curioso mecanismo molecular sin aplicación práctica. La compañía afirmó que todos los experimentos físicos son realizados por científicos humanos, pero no descartó la posibilidad de que Claude, con las medidas de seguridad adecuadas, llegara a operar ella mismo el equipo de laboratorio.Más allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma y formular hipótesis sin intervención humanaMás allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma. No se limitó a contestar a las preguntas de los científicos, sino que buscó secuencias, estudió familias de proteínas, consultó literatura, comparó sistemas, formuló hipótesis, elaboró informes y decidió qué era lo que valía la pena resaltar sin ninguna intervención. En pocas palabras, investigó por sí misma cuando algo le llamó la atención hasta descubrir un sistema biológico nuevo. El avance se suma a otros recientes logrados por la IA en el campo científico. Hace un par de semanas, OpenAI daba a conocer que sus agentes habían conseguido resolver en cuestión de días las ecuaciones de Navier Stokes , uno de los Problemas del Milenio, un conjunto de grandes preguntas matemáticas casi en el filo de lo imposible, cada una de ellas premiada con un millón de dólares. Esta misma semana, la misma empresa aseguraba que sus modelos habían resuelto más de un centenar de problemas matemáticos que llevaban mucho tiempo a la espera de una solución. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El atlas más completo de la corteza prefrontal muestra que el cerebro madura a los 24 años noticia Si Descubierta la ‘ameba de fuego’, el único ser vivo complejo conocido que prospera a más de 60º CLa cuestión es que si una IA puede examinar sistemáticamente cantidades ingentes de datos genómicos, detectar anomalías y convertirlas en hipótesis experimentales razonables que luego puedan ser comprobadas por los científicos, la ciencia podría acelerarse de forma exponencial. La intuición y la creatividad ya no serían cualidades exclusivamente humanas. No es un ‘nuevo Crispr’ ni se ha demostrado aún que sirva para editar ADN, pero se le parece mucho y, si es como Anthropic lo cuenta , ha sido descubierto sin intervención humana. La compañía estadounidense anunció el jueves que su sistema de inteligencia artificial (IA) Claude ha hallado «de forma autónoma» un sistema enzimático previamente desconocido similar a la potente herramienta de edición genética. Los resultados, los primeros del nuevo laboratorio de ciencias biológicas de la firma de los hermanos Amodei, todavía son «preliminares», pero muestran cómo los agentes de IA pueden acelerar la ciencia, más allá de analizar datos o hacer de asistentes de los investigadores. Según el relato de Anthropic, unos 950 agentes basados en Claude analizaron durante unas 21 horas más de 200.000 transcriptasas inversas (RT, enzimas que copian ARN en ADN), identificaron 3.500 candidatas y seleccionaron 20 que merecían un análisis más detallado, un trabajo que a los científicos les llevaría «de semanas a meses de trabajo». La IA decidió por sí misma las líneas de investigación a seguir. La participación de los investigadores se limitó a las instrucciones iniciales y a los experimentos de laboratorio.Durante el proceso, Claude detectó un patrón de repeticiones que le llamó la atención. Los investigadores llamaron al sistema ART (Array-associated Reverse Transcriptases), es decir, transcriptasas inversas asociadas a matrices. La enzima no era nueva, ya se conocía, pero el agente fue capaz de ver que formaba parte de un sistema más grande que no había sido caracterizado antes: una matriz de secuencias cortas y repetitivas de ADN, situada junto a dos genes, uno que codifica una transcriptasa inversa (una enzima conocida) y otro que codifica una proteína cuya función aún se desconoce. Es decir, una relación biológica nueva cuyas características (la serie de repeticiones) recuerdan a Crispr, un sistema de defensa natural de las bacterias que los científicos convirtieron en una herramienta de edición genética, utiliza con éxito en medicina.Terapia génicaEl director de Anthropic, Dario Amodei, quien recientemente pidió que se ralentizara el desarrollo de la IA debido a sus riesgos, señaló ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al que se dirigió por videoconferencia, que el hallazgo «podría constituir un nuevo mecanismo de edición genética que podría tener aplicaciones en la terapia génica». Además, predijo «un progreso profundo en un futuro próximo en enfermedades que han asolado a la humanidad durante milenios».Feng Zhang, uno de los pioneros de Crispr y profesor del MIT y del Broad Institute, calificó la identificación de los fragmentos de ADN repetidos de «genuinamente intrigante» y dijo que «merece una investigación más profunda», en declaraciones publicadas por Anthropic. Pero lo cierto es que los resultados, publicados como preimpresión, aún no han sido revisados por otros científicos. Anthropic ha declarado que aún desconoce cuál es la función del sistema ART. Hasta que no se descubra qué hace realmente, no podemos saber si será una herramienta comparable a Crispr, si tendrá alguna utilidad biotecnológica o si, simplemente, será un curioso mecanismo molecular sin aplicación práctica. La compañía afirmó que todos los experimentos físicos son realizados por científicos humanos, pero no descartó la posibilidad de que Claude, con las medidas de seguridad adecuadas, llegara a operar ella mismo el equipo de laboratorio.Más allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma y formular hipótesis sin intervención humanaMás allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma. No se limitó a contestar a las preguntas de los científicos, sino que buscó secuencias, estudió familias de proteínas, consultó literatura, comparó sistemas, formuló hipótesis, elaboró informes y decidió qué era lo que valía la pena resaltar sin ninguna intervención. En pocas palabras, investigó por sí misma cuando algo le llamó la atención hasta descubrir un sistema biológico nuevo. El avance se suma a otros recientes logrados por la IA en el campo científico. Hace un par de semanas, OpenAI daba a conocer que sus agentes habían conseguido resolver en cuestión de días las ecuaciones de Navier Stokes , uno de los Problemas del Milenio, un conjunto de grandes preguntas matemáticas casi en el filo de lo imposible, cada una de ellas premiada con un millón de dólares. Esta misma semana, la misma empresa aseguraba que sus modelos habían resuelto más de un centenar de problemas matemáticos que llevaban mucho tiempo a la espera de una solución. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El atlas más completo de la corteza prefrontal muestra que el cerebro madura a los 24 años noticia Si Descubierta la ‘ameba de fuego’, el único ser vivo complejo conocido que prospera a más de 60º CLa cuestión es que si una IA puede examinar sistemáticamente cantidades ingentes de datos genómicos, detectar anomalías y convertirlas en hipótesis experimentales razonables que luego puedan ser comprobadas por los científicos, la ciencia podría acelerarse de forma exponencial. La intuición y la creatividad ya no serían cualidades exclusivamente humanas.
No es un ‘nuevo Crispr’ ni se ha demostrado aún que sirva para editar ADN, pero se le parece mucho y, si es como Anthropic lo cuenta, ha sido descubierto sin intervención humana. La compañía estadounidense anunció el jueves que su sistema de inteligencia … artificial (IA) Claude ha hallado «de forma autónoma» un sistema enzimático previamente desconocido similar a la potente herramienta de edición genética. Los resultados, los primeros del nuevo laboratorio de ciencias biológicas de la firma de los hermanos Amodei, todavía son «preliminares», pero muestran cómo los agentes de IA pueden acelerar la ciencia, más allá de analizar datos o hacer de asistentes de los investigadores.
Según el relato de Anthropic, unos 950 agentes basados en Claude analizaron durante unas 21 horas más de 200.000 transcriptasas inversas (RT, enzimas que copian ARN en ADN), identificaron 3.500 candidatas y seleccionaron 20 que merecían un análisis más detallado, un trabajo que a los científicos les llevaría «de semanas a meses de trabajo». La IA decidió por sí misma las líneas de investigación a seguir. La participación de los investigadores se limitó a las instrucciones iniciales y a los experimentos de laboratorio.
Durante el proceso, Claude detectó un patrón de repeticiones que le llamó la atención. Los investigadores llamaron al sistema ART (Array-associated Reverse Transcriptases), es decir, transcriptasas inversas asociadas a matrices. La enzima no era nueva, ya se conocía, pero el agente fue capaz de ver que formaba parte de un sistema más grande que no había sido caracterizado antes: una matriz de secuencias cortas y repetitivas de ADN, situada junto a dos genes, uno que codifica una transcriptasa inversa (una enzima conocida) y otro que codifica una proteína cuya función aún se desconoce. Es decir, una relación biológica nueva cuyas características (la serie de repeticiones) recuerdan a Crispr, un sistema de defensa natural de las bacterias que los científicos convirtieron en una herramienta de edición genética, utiliza con éxito en medicina.
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Terapia génica
El director de Anthropic, Dario Amodei, quien recientemente pidió que se ralentizara el desarrollo de la IA debido a sus riesgos, señaló ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al que se dirigió por videoconferencia, que el hallazgo «podría constituir un nuevo mecanismo de edición genética que podría tener aplicaciones en la terapia génica». Además, predijo «un progreso profundo en un futuro próximo en enfermedades que han asolado a la humanidad durante milenios».
Feng Zhang, uno de los pioneros de Crispr y profesor del MIT y del Broad Institute, calificó la identificación de los fragmentos de ADN repetidos de «genuinamente intrigante» y dijo que «merece una investigación más profunda», en declaraciones publicadas por Anthropic.
Pero lo cierto es que los resultados, publicados como preimpresión, aún no han sido revisados por otros científicos. Anthropic ha declarado que aún desconoce cuál es la función del sistema ART. Hasta que no se descubra qué hace realmente, no podemos saber si será una herramienta comparable a Crispr, si tendrá alguna utilidad biotecnológica o si, simplemente, será un curioso mecanismo molecular sin aplicación práctica.
La compañía afirmó que todos los experimentos físicos son realizados por científicos humanos, pero no descartó la posibilidad de que Claude, con las medidas de seguridad adecuadas, llegara a operar ella mismo el equipo de laboratorio.
Más allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma y formular hipótesis sin intervención humana
Más allá del hallazgo científico, el avance de Claude radica en su capacidad para razonar por sí misma. No se limitó a contestar a las preguntas de los científicos, sino que buscó secuencias, estudió familias de proteínas, consultó literatura, comparó sistemas, formuló hipótesis, elaboró informes y decidió qué era lo que valía la pena resaltar sin ninguna intervención. En pocas palabras, investigó por sí misma cuando algo le llamó la atención hasta descubrir un sistema biológico nuevo.
El avance se suma a otros recientes logrados por la IA en el campo científico. Hace un par de semanas, OpenAI daba a conocer que sus agentes habían conseguido resolver en cuestión de días las ecuaciones de Navier Stokes, uno de los Problemas del Milenio, un conjunto de grandes preguntas matemáticas casi en el filo de lo imposible, cada una de ellas premiada con un millón de dólares. Esta misma semana, la misma empresa aseguraba que sus modelos habían resuelto más de un centenar de problemas matemáticos que llevaban mucho tiempo a la espera de una solución.
La cuestión es que si una IA puede examinar sistemáticamente cantidades ingentes de datos genómicos, detectar anomalías y convertirlas en hipótesis experimentales razonables que luego puedan ser comprobadas por los científicos, la ciencia podría acelerarse de forma exponencial. La intuición y la creatividad ya no serían cualidades exclusivamente humanas.
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