La selección vuelve a ser como antes

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Un gol imprevisto y extraño del defensa Pedro Porro puso paz a la taquicardia de un resultado mínimo. Mucho nivel, pero demasiada precariedad ante la red divina del gol. Dada la mediocridad de Austria, un equipo que no pasaría ni el corte de la Segunda División del Mundial, incluso el resultado final se queda corto.

Hay que recordar que, gracias al empate entre Argelia y Austria, los austriacos llegaron hasta los dieciseisavos de final. Pero habría sido un descaro, algo tremendo, que este partido no fuera para la España de De la Fuente. Aun así, la selección no es un equipo asesino en ataque. Y menos mal que ha aparecido Oyarzabal, que se ha convertido en el goleador inesperado. Otros dos chicharros formidables confirman que es un auténtico «matador».

Lo extraño fue lo de Cucurella, que le dio un pase de gol al realista. No podía fallarlo. Misteriosamente, Cucurella había marcado su segundo gol en este Mundial, pero fue anulado para indignación española. Luego volvió a asistir a su compinche Oyarzabal con otro pase de gol.

Lo que vimos es que, a partir del minuto diez, la selección volvió a ser la de antes: calidad, presión y una capacidad para minimizar al rival como si fuera un paria sometido al dominio español.

Lo malo es que muchas veces resulta un equipo incompleto porque a este excelente fútbol español le faltan auténticos asesinos del área. Le cuesta Dios y ayuda marcar un gol, a pesar de su superioridad táctica y técnica, e incluso de momentos francamente brillantes.

Pero hay algunos misterios en la familia de De la Fuente. ¿Qué pasa con Zubimendi? Parece el jugador que nunca existió. Se lo cargó Arteta y también se lo ha cargado De la Fuente. Entonces, ¿por qué lo llevan al Mundial?

Otra prueba evidente es el bajo estado de forma, o la preocupante decadencia, de dos grandes estrellas como Rodri y Pedri. En mi opinión, juegan demasiado lejos del área o, quizá, ya no tienen el físico necesario para realizar el constante ida y vuelta que exige la posición de pivote. Tal y como están evolucionando estos jugadores, la selección debería jugar con un tercer centrocampista. De otra forma, más temprano que tarde, De la Fuente lo acabará pagando.

No quiero hablar de la estúpida soberbia y de esa mente llena de pájaros de Lamine Yamal, con promesas absurdas y un exceso de egolatría. No juega para el equipo; solo quiere jugar para sí mismo y convertirse en la gran estrella del Mundial, cuando, desgraciadamente, no pasa de ser un faro entre tantas otras estrellas presentes en este torneo. La «familia» no necesita egoístas.

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