Hay quienes consideran que la testosterona es ‘cosas de hombres’, sin embargo nada más lejos de la realidad. «Es una hormona fundamental cuya mayor parte procede de la producción del testículo, pero las mujeres también la producen a nivel ovárico en pequeñas cantidades de forma fisiológica», aclara Olga González, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón . Históricamente se ha asociado a la masculinidad -al vigor sexual y a los músculos- y para potenciarla actualmente se promociona la suplementación de manera indiscriminada en gimnasios y redes sociales como una solución definitiva contra el envejecimiento, a modo de elixir de la juventud que favorece la fuerza y la erección. Por ello, desde la comunidad médica advierten de que lo que para unos es una necesidad clínica, para otros puede ser un billete con retorno incierto hacia graves problemas de salud.El nivel de esta hormona es muy bajo durante la infancia, pero cuando se produce el desarrollo de la pubertad y de los caracteres sexuales masculinos, sus niveles incrementan. « Hacia los 25 o 30 años alcanza el pico máximo -apunta González-, que coincide con el momento álgido de fertilidad y, a partir de ahí, fisiológicamente disminuye por el curso natural del organismo». Noticia relacionada general No No Silvia Herreros, autora de ‘Juvencolía’ «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» Laura PeraitaAsí lo explica también Miguel Ángel Peraita, doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban, al añadir que a partir de los 30 años esta hormona desciende aproximadamente un 1% anual. «Sin embargo, estamos observando descensos muy importantes. Nos llegan muchos hombres de 40 años con niveles de testosterona que antiguamente encontrábamos en varones de 70 años». ¿A qué se debe este descenso? Según este médico el cambio se ha acentuado por factores como el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo, la mala alimentación o el aumento de tóxicos ambientales. Explica que una dieta rica en azúcares, ultraprocesados y alcohol favorece el aumento de la insulina, lo que contribuye a la acumulación de grasa abdominal. Este tejido graso tiene una cualidad y es que puede convertir la testosterona en hormonas femeninas, en estrógenos. «Es una de las razones por las que suelen aumentar las mamas en los varones, lo que se denomina como ginecomastia». Añade que, además, una ingesta insuficiente de grasas saludables y proteínas limita la producción hormonal y que el déficit de micronutrientes como zinc, vitamina D o magnesio también impacta negativamente.La mayor parte de la producción de testosterona ocurre durante el sueño profundo, por lo que dormir pocas horas o con mala calidad reduce significativamente su síntesis. «La alteración de los ritmos circadianos, como acostarse tarde o usar pantallas por la noche, empeora este proceso provocando que la falta de descanso eleve el cortisol, lo que interfiere en la producción hormonal. La poca exposición a la luz natural también altera el reloj biológico y afecta directamente a la producción hormonal, incluida la testosterona. Es decir, mantener horarios regulares y un buen descanso es esencial para preservar los niveles adecuados». «El estrés, la falta de sueño, una mala alimentación, el sedentarismo o la exposición a pesticidas influyen en los niveles bajos de testosterona» Miguel Ángel Peraita Doctor del departamento de Medicina integrativa y PNIE de la clínica ThubanTambién el sedentarismo contribuye, por lo que se recomienda el entrenamiento de fuerza como uno de los principales estímulos naturales para mantener niveles óptimos. Y la exposición a pesticidas, plásticos o ciertos cosméticos tiene efectos disruptores endocrinos. «Hábitos como calentar alimentos en plásticos, actúan como estrógenos en el organismo, lo que altera el equilibrio hormonal y reduce la testosterona», insiste Peraita.Evaluación clínicaLos síntomas de esa disminución son variados: bajo deseo sexual, impotencia, fatiga, apatía, mayor grasa en el abdomen, así como disminución del rendimiento físico y de la masa muscular. «El primer paso del tratamiento pasa por realizar una evaluación clínica completa que incluya cortisol, insulina, tiroides y marcadores inflamatorios. Paralelamente, la recomendación es «priorizar hábitos saludables antes de recurrir a tratamientos hormonales», insiste este especialista.Sólo cuando existe un déficit demostrado, añade Olga González, a través de diversas pruebas médicas y se diagnostica el denominado hipogonadismo es cuando está indicado un tratamiento. «Fuera de estos casos, su uso no solo es innecesario, sino potencialmente peligroso. Puede aumentar el hematocrito y favorecer trombosis, provocar arritmias o elevar el riesgo relacionado con la próstata. Además, está absolutamente contraindicado si se tiene cáncer de próstata o de mama, porque puede fomentarlos». «Si se administra esta hormona a alguien sano, la que produce su cuerpo disminuye y los testículos se reducen y se produce infertilidad» Olga González Jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio MarañónEspecial preocupación le generan a la especialista del Gregorio Marañón los jóvenes que recurren a estas sustancias con fines estéticos. Advierte que si se administra esta hormona a alguien sano, su propio organismo deja de producirla. «La testosterona endógena disminuye porque se la están inyectando, con lo cual el tamaño de los testículos se reduce y produce infertilidad. Es en estos casos cuando la mayoría acude muy preocupada a consulta», explica.Testosterona en mujeresA pesar de que la testosterona es la hormona androgénica, es decir masculina por excelencia, Mercedes Herrero , ginecóloga de Gine4 , asegura que la noticia es que «las mujeres tenemos testosterona, que también producen nuestros ovarios y que los hombres tienen estrógenos, que son las hormonas femeninas por excelencia. En ellas colabora al funcionamiento normal del ovario, impulsa y mantiene el deseo sexual, favorece el crecimiento óseo y la agilidad mental». «Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo sexual, fatiga o cansancio» Mercedes Herrero Ginecóloga de Gine4Apunta que es precisamente durante la menopausia cuando se produce un descenso de su producción, al igual que disminuyen el resto de las hormonas femeninas como estrógenos y progesterona. «Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo, fatiga o cansancio. Pero son síntomas que no son específicos de este déficit», señala. Alerta esta ginecóloga que un tratamiento hormonal puede tener posibles efectos secundarios, y no debe tomarse a la ligera. «Creo que se está comunicando un cierto ‘efecto talismán’ del tratamiento con testosterona, que pareciera remediar casi todos los males de las mujeres en menopausia. Y hay riesgos. Los efectos de virilización son los más evidentes: acné, aumento del vello, aparición en zonas donde no se suele tener como en la cara, aumento del tamaño del clítoris o cambios en el tono de la voz, que se puede volver más grave. Pero también puede haber otros efectos sistémicos», advierte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La menopausia afecta a la salud íntima del 90% de las mujeres, no se trata solo de dolor» noticia Si Grasa abdominal: cómo reducirla en menopausia sin cometer errores noticia Si «Lo hormonal se ha convertido en un cajón donde cabe cualquier cosa»Por ello, destaca que la única indicación para administrarla es en casos de deseo sexual hipoactivo, si se detecta que hay déficit de la hormona en sangre. Hay quienes consideran que la testosterona es ‘cosas de hombres’, sin embargo nada más lejos de la realidad. «Es una hormona fundamental cuya mayor parte procede de la producción del testículo, pero las mujeres también la producen a nivel ovárico en pequeñas cantidades de forma fisiológica», aclara Olga González, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón . Históricamente se ha asociado a la masculinidad -al vigor sexual y a los músculos- y para potenciarla actualmente se promociona la suplementación de manera indiscriminada en gimnasios y redes sociales como una solución definitiva contra el envejecimiento, a modo de elixir de la juventud que favorece la fuerza y la erección. Por ello, desde la comunidad médica advierten de que lo que para unos es una necesidad clínica, para otros puede ser un billete con retorno incierto hacia graves problemas de salud.El nivel de esta hormona es muy bajo durante la infancia, pero cuando se produce el desarrollo de la pubertad y de los caracteres sexuales masculinos, sus niveles incrementan. « Hacia los 25 o 30 años alcanza el pico máximo -apunta González-, que coincide con el momento álgido de fertilidad y, a partir de ahí, fisiológicamente disminuye por el curso natural del organismo». Noticia relacionada general No No Silvia Herreros, autora de ‘Juvencolía’ «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» Laura PeraitaAsí lo explica también Miguel Ángel Peraita, doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban, al añadir que a partir de los 30 años esta hormona desciende aproximadamente un 1% anual. «Sin embargo, estamos observando descensos muy importantes. Nos llegan muchos hombres de 40 años con niveles de testosterona que antiguamente encontrábamos en varones de 70 años». ¿A qué se debe este descenso? Según este médico el cambio se ha acentuado por factores como el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo, la mala alimentación o el aumento de tóxicos ambientales. Explica que una dieta rica en azúcares, ultraprocesados y alcohol favorece el aumento de la insulina, lo que contribuye a la acumulación de grasa abdominal. Este tejido graso tiene una cualidad y es que puede convertir la testosterona en hormonas femeninas, en estrógenos. «Es una de las razones por las que suelen aumentar las mamas en los varones, lo que se denomina como ginecomastia». Añade que, además, una ingesta insuficiente de grasas saludables y proteínas limita la producción hormonal y que el déficit de micronutrientes como zinc, vitamina D o magnesio también impacta negativamente.La mayor parte de la producción de testosterona ocurre durante el sueño profundo, por lo que dormir pocas horas o con mala calidad reduce significativamente su síntesis. «La alteración de los ritmos circadianos, como acostarse tarde o usar pantallas por la noche, empeora este proceso provocando que la falta de descanso eleve el cortisol, lo que interfiere en la producción hormonal. La poca exposición a la luz natural también altera el reloj biológico y afecta directamente a la producción hormonal, incluida la testosterona. Es decir, mantener horarios regulares y un buen descanso es esencial para preservar los niveles adecuados». «El estrés, la falta de sueño, una mala alimentación, el sedentarismo o la exposición a pesticidas influyen en los niveles bajos de testosterona» Miguel Ángel Peraita Doctor del departamento de Medicina integrativa y PNIE de la clínica ThubanTambién el sedentarismo contribuye, por lo que se recomienda el entrenamiento de fuerza como uno de los principales estímulos naturales para mantener niveles óptimos. Y la exposición a pesticidas, plásticos o ciertos cosméticos tiene efectos disruptores endocrinos. «Hábitos como calentar alimentos en plásticos, actúan como estrógenos en el organismo, lo que altera el equilibrio hormonal y reduce la testosterona», insiste Peraita.Evaluación clínicaLos síntomas de esa disminución son variados: bajo deseo sexual, impotencia, fatiga, apatía, mayor grasa en el abdomen, así como disminución del rendimiento físico y de la masa muscular. «El primer paso del tratamiento pasa por realizar una evaluación clínica completa que incluya cortisol, insulina, tiroides y marcadores inflamatorios. Paralelamente, la recomendación es «priorizar hábitos saludables antes de recurrir a tratamientos hormonales», insiste este especialista.Sólo cuando existe un déficit demostrado, añade Olga González, a través de diversas pruebas médicas y se diagnostica el denominado hipogonadismo es cuando está indicado un tratamiento. «Fuera de estos casos, su uso no solo es innecesario, sino potencialmente peligroso. Puede aumentar el hematocrito y favorecer trombosis, provocar arritmias o elevar el riesgo relacionado con la próstata. Además, está absolutamente contraindicado si se tiene cáncer de próstata o de mama, porque puede fomentarlos». «Si se administra esta hormona a alguien sano, la que produce su cuerpo disminuye y los testículos se reducen y se produce infertilidad» Olga González Jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio MarañónEspecial preocupación le generan a la especialista del Gregorio Marañón los jóvenes que recurren a estas sustancias con fines estéticos. Advierte que si se administra esta hormona a alguien sano, su propio organismo deja de producirla. «La testosterona endógena disminuye porque se la están inyectando, con lo cual el tamaño de los testículos se reduce y produce infertilidad. Es en estos casos cuando la mayoría acude muy preocupada a consulta», explica.Testosterona en mujeresA pesar de que la testosterona es la hormona androgénica, es decir masculina por excelencia, Mercedes Herrero , ginecóloga de Gine4 , asegura que la noticia es que «las mujeres tenemos testosterona, que también producen nuestros ovarios y que los hombres tienen estrógenos, que son las hormonas femeninas por excelencia. En ellas colabora al funcionamiento normal del ovario, impulsa y mantiene el deseo sexual, favorece el crecimiento óseo y la agilidad mental». «Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo sexual, fatiga o cansancio» Mercedes Herrero Ginecóloga de Gine4Apunta que es precisamente durante la menopausia cuando se produce un descenso de su producción, al igual que disminuyen el resto de las hormonas femeninas como estrógenos y progesterona. «Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo, fatiga o cansancio. Pero son síntomas que no son específicos de este déficit», señala. Alerta esta ginecóloga que un tratamiento hormonal puede tener posibles efectos secundarios, y no debe tomarse a la ligera. «Creo que se está comunicando un cierto ‘efecto talismán’ del tratamiento con testosterona, que pareciera remediar casi todos los males de las mujeres en menopausia. Y hay riesgos. Los efectos de virilización son los más evidentes: acné, aumento del vello, aparición en zonas donde no se suele tener como en la cara, aumento del tamaño del clítoris o cambios en el tono de la voz, que se puede volver más grave. Pero también puede haber otros efectos sistémicos», advierte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La menopausia afecta a la salud íntima del 90% de las mujeres, no se trata solo de dolor» noticia Si Grasa abdominal: cómo reducirla en menopausia sin cometer errores noticia Si «Lo hormonal se ha convertido en un cajón donde cabe cualquier cosa»Por ello, destaca que la única indicación para administrarla es en casos de deseo sexual hipoactivo, si se detecta que hay déficit de la hormona en sangre.
Hay quienes consideran que la testosterona es ‘cosas de hombres’, sin embargo nada más lejos de la realidad. «Es una hormona fundamental cuya mayor parte procede de la producción del testículo, pero las mujeres también la producen a nivel ovárico en pequeñas cantidades de forma … fisiológica», aclara Olga González, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón.
Históricamente se ha asociado a la masculinidad -al vigor sexual y a los músculos- y para potenciarla actualmente se promociona la suplementación de manera indiscriminada en gimnasios y redes sociales como una solución definitiva contra el envejecimiento, a modo de elixir de la juventud que favorece la fuerza y la erección. Por ello, desde la comunidad médica advierten de que lo que para unos es una necesidad clínica, para otros puede ser un billete con retorno incierto hacia graves problemas de salud.
El nivel de esta hormona es muy bajo durante la infancia, pero cuando se produce el desarrollo de la pubertad y de los caracteres sexuales masculinos, sus niveles incrementan. «Hacia los 25 o 30 años alcanza el pico máximo -apunta González-, que coincide con el momento álgido de fertilidad y, a partir de ahí, fisiológicamente disminuye por el curso natural del organismo».
Noticia relacionada
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Silvia Herreros, autora de ‘Juvencolía’
Laura Peraita
Así lo explica también Miguel Ángel Peraita, doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban, al añadir que a partir de los 30 años esta hormona desciende aproximadamente un 1% anual. «Sin embargo, estamos observando descensos muy importantes. Nos llegan muchos hombres de 40 años con niveles de testosterona que antiguamente encontrábamos en varones de 70 años».
¿A qué se debe este descenso? Según este médico el cambio se ha acentuado por factores como el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo, la mala alimentación o el aumento de tóxicos ambientales. Explica que una dieta rica en azúcares, ultraprocesados y alcohol favorece el aumento de la insulina, lo que contribuye a la acumulación de grasa abdominal. Este tejido graso tiene una cualidad y es que puede convertir la testosterona en hormonas femeninas, en estrógenos. «Es una de las razones por las que suelen aumentar las mamas en los varones, lo que se denomina como ginecomastia». Añade que, además, una ingesta insuficiente de grasas saludables y proteínas limita la producción hormonal y que el déficit de micronutrientes como zinc, vitamina D o magnesio también impacta negativamente.
La mayor parte de la producción de testosterona ocurre durante el sueño profundo, por lo que dormir pocas horas o con mala calidad reduce significativamente su síntesis. «La alteración de los ritmos circadianos, como acostarse tarde o usar pantallas por la noche, empeora este proceso provocando que la falta de descanso eleve el cortisol, lo que interfiere en la producción hormonal. La poca exposición a la luz natural también altera el reloj biológico y afecta directamente a la producción hormonal, incluida la testosterona. Es decir, mantener horarios regulares y un buen descanso es esencial para preservar los niveles adecuados».

«El estrés, la falta de sueño, una mala alimentación, el sedentarismo o la exposición a pesticidas influyen en los niveles bajos de testosterona»
Miguel Ángel Peraita
Doctor del departamento de Medicina integrativa y PNIE de la clínica Thuban
También el sedentarismo contribuye, por lo que se recomienda el entrenamiento de fuerza como uno de los principales estímulos naturales para mantener niveles óptimos. Y la exposición a pesticidas, plásticos o ciertos cosméticos tiene efectos disruptores endocrinos. «Hábitos como calentar alimentos en plásticos, actúan como estrógenos en el organismo, lo que altera el equilibrio hormonal y reduce la testosterona», insiste Peraita.
Evaluación clínica
Los síntomas de esa disminución son variados: bajo deseo sexual, impotencia, fatiga, apatía, mayor grasa en el abdomen, así como disminución del rendimiento físico y de la masa muscular. «El primer paso del tratamiento pasa por realizar una evaluación clínica completa que incluya cortisol, insulina, tiroides y marcadores inflamatorios. Paralelamente, la recomendación es «priorizar hábitos saludables antes de recurrir a tratamientos hormonales», insiste este especialista.
Sólo cuando existe un déficit demostrado, añade Olga González, a través de diversas pruebas médicas y se diagnostica el denominado hipogonadismo es cuando está indicado un tratamiento. «Fuera de estos casos, su uso no solo es innecesario, sino potencialmente peligroso. Puede aumentar el hematocrito y favorecer trombosis, provocar arritmias o elevar el riesgo relacionado con la próstata. Además, está absolutamente contraindicado si se tiene cáncer de próstata o de mama, porque puede fomentarlos».
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«Si se administra esta hormona a alguien sano, la que produce su cuerpo disminuye y los testículos se reducen y se produce infertilidad»
Olga González
Jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón
Especial preocupación le generan a la especialista del Gregorio Marañón los jóvenes que recurren a estas sustancias con fines estéticos. Advierte que si se administra esta hormona a alguien sano, su propio organismo deja de producirla. «La testosterona endógena disminuye porque se la están inyectando, con lo cual el tamaño de los testículos se reduce y produce infertilidad. Es en estos casos cuando la mayoría acude muy preocupada a consulta», explica.
Testosterona en mujeres
A pesar de que la testosterona es la hormona androgénica, es decir masculina por excelencia, Mercedes Herrero, ginecóloga de Gine4, asegura que la noticia es que «las mujeres tenemos testosterona, que también producen nuestros ovarios y que los hombres tienen estrógenos, que son las hormonas femeninas por excelencia. En ellas colabora al funcionamiento normal del ovario, impulsa y mantiene el deseo sexual, favorece el crecimiento óseo y la agilidad mental».

«Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo sexual, fatiga o cansancio»
Mercedes Herrero
Ginecóloga de Gine4
Apunta que es precisamente durante la menopausia cuando se produce un descenso de su producción, al igual que disminuyen el resto de las hormonas femeninas como estrógenos y progesterona. «Cuando los niveles comienzan a descender, la mayoría de las mujeres no tienen síntomas específicos, aunque pueden apreciar menor deseo, fatiga o cansancio. Pero son síntomas que no son específicos de este déficit», señala.
Alerta esta ginecóloga que un tratamiento hormonal puede tener posibles efectos secundarios, y no debe tomarse a la ligera. «Creo que se está comunicando un cierto ‘efecto talismán’ del tratamiento con testosterona, que pareciera remediar casi todos los males de las mujeres en menopausia. Y hay riesgos. Los efectos de virilización son los más evidentes: acné, aumento del vello, aparición en zonas donde no se suele tener como en la cara, aumento del tamaño del clítoris o cambios en el tono de la voz, que se puede volver más grave. Pero también puede haber otros efectos sistémicos», advierte.
Por ello, destaca que la única indicación para administrarla es en casos de deseo sexual hipoactivo, si se detecta que hay déficit de la hormona en sangre.
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