Richard Ford ha estado muy atento este martes por la mañana a las preguntas que le hicieron los periodistas durante una rueda de prensa celebrada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). La intérprete Emma Soler le traducía de forma instantánea todas las cuestiones y el autor, de 82 años, al que se le escapaba alguna que otra sonrisa de vez en cuando, se tomaba unos segundos en responder. Sabía a la perfección que todo lo que dijera iba a ser analizado con lupa. Y tal vez por ello no dudó en reconocer que en sus planes está el publicar en un futuro próximo una novela sobre el deseo de un hombre de morir mediante eutanasia asistida rodeado de familiares y amigos. “Eso si no me muero antes”.
El escritor presenta en Barcelona su ensayo ‘En palabras sencillas’ y dará esta tarde una conferencia al respecto en el CCCB. Admitió, además, tener en mente una nueva novela con la eutanasia como trasfondo
Richard Ford ha estado muy atento este martes por la mañana a las preguntas que le hicieron los periodistas durante una rueda de prensa celebrada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). La intérprete Emma Soler le traducía de forma instantánea todas las cuestiones y el autor, de 82 años, al que se le escapaba alguna que otra sonrisa de vez en cuando, se tomaba unos segundos en responder. Sabía a la perfección que todo lo que dijera iba a ser analizado con lupa. Y tal vez por ello no dudó en reconocer que en sus planes está el publicar en un futuro próximo una novela sobre el deseo de un hombre de morir mediante eutanasia asistida rodeado de familiares y amigos. “Eso si no me muero antes”.
No quiso dar más detalles porque “todavía no la he empezado, son solo ideas en mi cuaderno”. Lo que le ha traído esta vez a Barcelona es otro libro, este sí ya materializado: En palabras sencillas, uno de los ensayos que inauguran la nueva colección Feltrinelli Lectures y sobre el que ayer dio una conferencia en el mismo centro cultural (y repetirá en Milán), con más de 350 entradas vendidas. Tanto el libro como la charla abordan algo sobre lo que lleva tiempo reflexionando: el lenguaje la mirada atenta sobre lo cotidiano; de como lo político se inscribe en lo íntimo y, también, en su literatura, aunque durante años no fuera consciente de ello.
Cuando a Ford se le propuso escribir en esta nueva colección, tuvo clara la pregunta de la que partiría este ensayo: “¿Cómo vivir con decencia en un mundo en el que la política tiende a ser deshonesta?” Y, a partir de esta, medita sobre lo que la novela puede y debe seguir siendo hoy: “una forma de verdad, de compromiso y de humanidad”, en la que lo personal y lo político se entremezcla”.
Cuenta en su ensayo que, cuando años atrás alguien le preguntaba si le interesaba intervenir sus textos con algún mensaje político, él claramente decía no. “Me interesaban los humanos y las relaciones de estos”. Con el tiempo, comprendió que, aunque no lo hiciera de forma intencionada, “siempre hay una dimensión política en todo lo que uno hace”.
En 1989 empezó a dar vueltas a esta cuestión. “La primera persona que me sugirió que un libro que yo había escrito podía tener dimensiones políticas fue un alemán, en Hamburgo, ese año, días antes de la caída del Muro de Berlín. Me preguntó si lo que yo escribía era realismo social. Le contesté que no, que en absoluto. Con los años, al ver que más gente me lo comentaba, empecé a darle vueltas. Hay muchos escritores que ven una carga lo de hablar con los lectores. Para mí no lo es ya que me obligan a pensar”.
Ford confiesa que empezó a abrazar esta dimensión política al comprender que, si lo hacía, sus libros iban a ser mejores. “Es a lo que aspira todo escritor, a intentar mejorar cada vez más con todo aquello que uno hace”. Y esta intención de mejorar y de seguir analizando el mundo, atento a todas las perspectivas, liga muy bien con la idea que anunciaba la editora Silvia Sesé antes de empezar la rueda de prensa de “devolver la centralidad pública a la voz de los intelectuales”, el objetivo principal de estas lecturas y del propio Ford, que sabe que convive en un mundo en el que también está Trump, quien, asegura, “tiene miedo de la vida intelectual”.
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