Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha ganado el Premio Nacional de las Letras Españolas. La noticia se ha sabido este martes, minutos antes de las 14 horas. En ese momento, el escritor se encontraba en la librería +Bernat junto al escritor asturiano Alejandro Basteiro. “Me han hecho una primera llamada, pero pensaba que era alguien que quería que fuera a la manifestación del sábado para romper cristales, entonces he preferido no coger el teléfono”, ha bromeado el escritor en una conversación con La Vanguardia en la propia librería, minutos después de que se conociera el reconocimiento. “Luego, como también me ha llamado mi agencia, Basteiro me ha recomendado que fuera yo quien los llamara, y entonces me han comunicado que había ganado el premio”.
El barcelonés, candidato al Nobel, reconocido por toda su trayectoria
Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha ganado el Premio Nacional de las Letras Españolas. La noticia se ha sabido este martes, minutos antes de las 14 horas. En ese momento, el escritor se encontraba en la librería +Bernat junto al escritor asturiano Alejandro Basteiro. “Me han hecho una primera llamada, pero pensaba que era alguien que quería que fuera a la manifestación del sábado para romper cristales, entonces he preferido no coger el teléfono”, ha bromeado el escritor en una conversación con La Vanguardia en la propia librería, minutos después de que se conociera el reconocimiento. “Luego, como también me ha llamado mi agencia, Basteiro me ha recomendado que fuera yo quien los llamara, y entonces me han comunicado que había ganado el premio”.
El jurado ha elegido al autor por “su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria”. Asimismo, ha señalado que el autor de Bartleby y compañía “encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa”.
Cabe decir, que la noticia ha pillado a Vila-Matas por sorpresa, como él mismo ha reconocido a este diario. “Además, hoy justamente tengo que entregar el prólogo para Muntaner 38, un libro de José Antonio Garriga Vela que se publicó hace 30 años y que ahora se reeditará, y estoy por la mitad”, ha confesado mientras el teléfono hacía amagos de quedarse afónico. Solo lo ha descolgado al ver en pantalla el número de Elena Ramírez, su editora, que le ha felicitado y comunicado que está montando una rueda de prensa para esta tarde. Luego, el escritor ha puesto en silencio el aparato.
El galardón, concedido por el Ministerio de Cultura, está dotado con 50.000 euros y distingue el conjunto de la labor literaria, en cualquiera de las lenguas españolas, de un autor español cuya obra esté considerada como parte integrante del conjunto de la literatura española actual. La ganadora se une así a un palmarés que incluye escritores como María Victoria Atencia (en la anterior edición), Manuel Rivas, Cristina Fernández Cubas, Luis Landero, Rosa Montero, José María Merino Sánchez, Luis Mateo Díez, Francisca Aguirre o Bernardo Atxaga, entre otros.
Vila-Matas, que siempre fue un ávido lector, empezó a moverse en el mundo de las letras en 1968, no como narrador todavía, sino como redactor de la revista Fotogramas, así como en la editorial Destino. El cine era –y todavía es hoy– una de sus pasiones, lo que ya le llevó en aquella época a dirigir dos cortometrajes: Todos los jóvenes tristes, que abordaba el tema de la desesperación; y Fin de verano, sobre la destrucción de la familia burguesa. Además, fue actor en siete películas catalanas, todas ellas prohibidas por la censura franquista.
Su carrera literaria empezaría poco después, en 1971, con la publicación de la novela breve Mujer en el espejo contemplando el paisaje, escrita mientras hacía el servicio militar en Melilla, donde fue enviado a cocinas. El libro, que se recuperó más tarde con su título inicial, En un lugar solitario, asentó las bases del que se convertiría en su universo metaliterario.
Como ocurre muchas veces con los autores y sus primeras obras, Vila-Matas, no siempre se ha sentido orgulloso de este primer trabajo, llegando incluso a omitirlo en posteriores ejercicios de memoria literaria. “Que yo sepa, esa novela, que es una sola frase ininterrumpida, sólo la leyó Héctor Bianciotti, que me dijo que era ‘un ejercicio de estilo’”, llegó a confesar a la prensa. Sí que considera su primera ópera prima formal La asesina ilustrada (1977), concebida dos años antes en París, en una buhardilla alquilada a la también novelista y dramaturga Marguerite Duras. La historia sigue a un autor que intenta escribir un libro capaz de provocar la muerte literal de quien lo lee.
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