¿Es el verano un buen momento para tomar decisiones o conviene esperar a que termine?

Uno de los grandes deseos al coger las vacaciones es romper con rutinas relacionadas con el trabajo, las tareas domésticas, horarios escolares y extraescolares cuando se tienen hijos… para descansar cuerpo y mente. Sin embargo, paradójicamente, cuando se espera desconectar de todo, la calma invita a hacer un balance personal. Asaltan cuestiones que hasta el momento estaban amortiguadas por los hábitos diarios: distancia emocional con uno mismo, con la pareja, necesidad de autonomía, falta de espacios compartidos, discrepancias educativas hacia la prole, cuestiones laborales…, entre otras.Las vacaciones actúan, sin duda, como una especie de amplificador del sistema relacional. Así lo apunta a ABC Sofía Prieto , psicoterapeuta familiar, recalcando que al cambiar el contexto cotidiano, aparecen con más detalle aspectos de la pareja, familia y de la persona misma que durante el año quedan tapados por las rutinas. En estas semanas de descanso se van creando condiciones para prestar atención a ideas que llevaban tiempo gestándose.Lo cierto es que pasar más tiempo juntos puede causar dos situaciones opuestas. En algunas parejas permite recuperar intimidad, conversación, sexualidad y complicidad. En otras se hace más evidente que existía una desconexión que la actividad cotidiana disimulaba. «Las vacaciones, por tanto, pueden facilitar una conciliación, pero también poner sobre la mesa la constatación de que la relación está agotada», asegura esta experta.Lejos de ser pesimista, Sofía Prieto quiere transmitir el mensaje de que este periodo en el que se rompe con las rutinas diarias puede ser una buena oportunidad de cambio y mejora de la relación. «Investigaciones sobre viajes compartidos apuntan a que determinadas experiencias nuevas realizadas conjuntamente se asocian con mayor satisfacción de pareja, pasión e intimidad tras la vuelta al destino. El elemento relevante parece ser, en parte, la ‘autoexpansión’ ; es decir, hacer juntos actividades nuevas o estimulantes, en vez de limitarse a trasladar exactamente las mismas rutinas a otro lugar. La idea es despertar capacidades de la relación que la propia rutina había ocultado».Aún así advierte que estar de vacaciones no obliga a hacerlo todo juntos: Una persona puede necesitar actividad y otra descanso. «Repartir parte del tiempo individualmente puede ser más satisfactorio que negociar cada hora mediante renuncias -asegura- porque estar vinculado no significa necesitar exactamente lo mismo ni hacerlo todo conjuntamente. Es más, dependiendo del momento de la relación, unas vacaciones separadas pueden satisfacer necesidades de descanso o privacidad que no deberían interpretarse automáticamente como desamor».No ejecutar inmediatamente una decisión importanteAñade que desde una perspectiva sistémica , salir del contexto habitual permite observar la vida propia y relación de pareja desde fuera, desde otros ángulos, y llegar a conclusiones. Es habitual pensar en necesidades, en cómo hacer cambios, tomar decisiones, escapar de la inercia de la rutina… Pero, ¿qué hacer con esa información emergente? «Las vacaciones pueden ser un buen momento para observar y analizar, pero no necesariamente para ejecutar inmediatamente una decisión importante», puntualiza Sofía Prieto. «Los pensamientos que aparecen en verano conviene merecen atención, pero hay que ver si se mantienen en el tiempo» Sofía PrietoExplica que este periodo también constituye una situación excepcional , uno se puede sentir cansado después de meses de trabajo y se está conviviendo intensamente, con expectativas altas sobre cómo «deberíamos» sentirnos, etc. «Por tanto, los pensamientos y análisis mental que aparecen durante las vacaciones merecen atención, pero conviene comprobar si se mantienen igualmente cuando recuperamos la rutina. No es lo mismo tomar una decisión en vacaciones que descubrir algo importante durante las mismas».Como psicoterapeuta familiar afirma que las decisiones vitales raramente nacen de un único acontecimiente y, por ello, cuando alguien dice «durante las vacaciones decidí separarme», debe preguntarse cuánto tiempo llevaba construyéndose esa decisión. «Además, -prosigue- tomar una decisión importante no consiste únicamente en elegir entre opciones, sino en comprender qué función tiene ese cambio dentro de nuestra vida y de nuestras relaciones. Desde una perspectiva sistémica, conviene preguntarnos qué estamos intentando modificar, qué esperamos que ocurra después y cómo afectará esa decisión a las personas con las que estamos vinculados».Miedo e incertidumbreTomar una decisión también implica que asalten dudas y miedo a la incertidumbre. ¿Cómo no equivocarse? La respuesta, para Sofía Prieto, son más preguntas que hay que hacerse: ‘¿Esto que estoy sintiendo pertenece a estos días o lleva meses apareciendo de diferentes maneras?’, ‘cuando disminuye el estrés ¿la relación mejora o la distancia sigue estando presente?’, ‘si dentro de tres meses las circunstancias fueran estables ¿seguiría queriendo hacer este cambio?’, ‘¿me gustaría descubrir posibles soluciones que no he tenido en cuenta antes de tomar una decisión importante?’, ‘¿qué necesitaría cambiar para que quisiera seguir aquí?’. Es decir, propone ampliar la mirada antes de actuar para comprender qué está ocurriendo en la relación, qué patrones se repiten, qué necesidades están quedando sin respuesta y qué consecuencias puede tener cada opción para las personas implicadas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si Pola Jankowska, psicóloga: «Pensé que era moderna, pero alucino con las infidelidades en España» noticia Si Tati Ballesteros, criminóloga: «Estamos confundiendo estar ocupados con estar vivos»La clave está en saber diferenciar entre una crisis puntual y un problema más estructural e identificar alternativas que no se habían considerado. «En decisiones vitales importantes, distinguir entre huir de algo y dirigirse hacia algo. Las vacaciones pueden ofrecer precisamente ese espacio para diferenciar entre una reacción al cansancio o al conflicto y una necesidad de cambio que persiste más allá de ese momento. En definitiva, -insiste- las vacaciones no son necesariamente el mejor momento para cambiar nuestra vida, pero sí pueden ser una excelente oportunidad para descubrir qué parte de nuestra vida se necesita modificar». Uno de los grandes deseos al coger las vacaciones es romper con rutinas relacionadas con el trabajo, las tareas domésticas, horarios escolares y extraescolares cuando se tienen hijos… para descansar cuerpo y mente. Sin embargo, paradójicamente, cuando se espera desconectar de todo, la calma invita a hacer un balance personal. Asaltan cuestiones que hasta el momento estaban amortiguadas por los hábitos diarios: distancia emocional con uno mismo, con la pareja, necesidad de autonomía, falta de espacios compartidos, discrepancias educativas hacia la prole, cuestiones laborales…, entre otras.Las vacaciones actúan, sin duda, como una especie de amplificador del sistema relacional. Así lo apunta a ABC Sofía Prieto , psicoterapeuta familiar, recalcando que al cambiar el contexto cotidiano, aparecen con más detalle aspectos de la pareja, familia y de la persona misma que durante el año quedan tapados por las rutinas. En estas semanas de descanso se van creando condiciones para prestar atención a ideas que llevaban tiempo gestándose.Lo cierto es que pasar más tiempo juntos puede causar dos situaciones opuestas. En algunas parejas permite recuperar intimidad, conversación, sexualidad y complicidad. En otras se hace más evidente que existía una desconexión que la actividad cotidiana disimulaba. «Las vacaciones, por tanto, pueden facilitar una conciliación, pero también poner sobre la mesa la constatación de que la relación está agotada», asegura esta experta.Lejos de ser pesimista, Sofía Prieto quiere transmitir el mensaje de que este periodo en el que se rompe con las rutinas diarias puede ser una buena oportunidad de cambio y mejora de la relación. «Investigaciones sobre viajes compartidos apuntan a que determinadas experiencias nuevas realizadas conjuntamente se asocian con mayor satisfacción de pareja, pasión e intimidad tras la vuelta al destino. El elemento relevante parece ser, en parte, la ‘autoexpansión’ ; es decir, hacer juntos actividades nuevas o estimulantes, en vez de limitarse a trasladar exactamente las mismas rutinas a otro lugar. La idea es despertar capacidades de la relación que la propia rutina había ocultado».Aún así advierte que estar de vacaciones no obliga a hacerlo todo juntos: Una persona puede necesitar actividad y otra descanso. «Repartir parte del tiempo individualmente puede ser más satisfactorio que negociar cada hora mediante renuncias -asegura- porque estar vinculado no significa necesitar exactamente lo mismo ni hacerlo todo conjuntamente. Es más, dependiendo del momento de la relación, unas vacaciones separadas pueden satisfacer necesidades de descanso o privacidad que no deberían interpretarse automáticamente como desamor».No ejecutar inmediatamente una decisión importanteAñade que desde una perspectiva sistémica , salir del contexto habitual permite observar la vida propia y relación de pareja desde fuera, desde otros ángulos, y llegar a conclusiones. Es habitual pensar en necesidades, en cómo hacer cambios, tomar decisiones, escapar de la inercia de la rutina… Pero, ¿qué hacer con esa información emergente? «Las vacaciones pueden ser un buen momento para observar y analizar, pero no necesariamente para ejecutar inmediatamente una decisión importante», puntualiza Sofía Prieto. «Los pensamientos que aparecen en verano conviene merecen atención, pero hay que ver si se mantienen en el tiempo» Sofía PrietoExplica que este periodo también constituye una situación excepcional , uno se puede sentir cansado después de meses de trabajo y se está conviviendo intensamente, con expectativas altas sobre cómo «deberíamos» sentirnos, etc. «Por tanto, los pensamientos y análisis mental que aparecen durante las vacaciones merecen atención, pero conviene comprobar si se mantienen igualmente cuando recuperamos la rutina. No es lo mismo tomar una decisión en vacaciones que descubrir algo importante durante las mismas».Como psicoterapeuta familiar afirma que las decisiones vitales raramente nacen de un único acontecimiente y, por ello, cuando alguien dice «durante las vacaciones decidí separarme», debe preguntarse cuánto tiempo llevaba construyéndose esa decisión. «Además, -prosigue- tomar una decisión importante no consiste únicamente en elegir entre opciones, sino en comprender qué función tiene ese cambio dentro de nuestra vida y de nuestras relaciones. Desde una perspectiva sistémica, conviene preguntarnos qué estamos intentando modificar, qué esperamos que ocurra después y cómo afectará esa decisión a las personas con las que estamos vinculados».Miedo e incertidumbreTomar una decisión también implica que asalten dudas y miedo a la incertidumbre. ¿Cómo no equivocarse? La respuesta, para Sofía Prieto, son más preguntas que hay que hacerse: ‘¿Esto que estoy sintiendo pertenece a estos días o lleva meses apareciendo de diferentes maneras?’, ‘cuando disminuye el estrés ¿la relación mejora o la distancia sigue estando presente?’, ‘si dentro de tres meses las circunstancias fueran estables ¿seguiría queriendo hacer este cambio?’, ‘¿me gustaría descubrir posibles soluciones que no he tenido en cuenta antes de tomar una decisión importante?’, ‘¿qué necesitaría cambiar para que quisiera seguir aquí?’. Es decir, propone ampliar la mirada antes de actuar para comprender qué está ocurriendo en la relación, qué patrones se repiten, qué necesidades están quedando sin respuesta y qué consecuencias puede tener cada opción para las personas implicadas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si Pola Jankowska, psicóloga: «Pensé que era moderna, pero alucino con las infidelidades en España» noticia Si Tati Ballesteros, criminóloga: «Estamos confundiendo estar ocupados con estar vivos»La clave está en saber diferenciar entre una crisis puntual y un problema más estructural e identificar alternativas que no se habían considerado. «En decisiones vitales importantes, distinguir entre huir de algo y dirigirse hacia algo. Las vacaciones pueden ofrecer precisamente ese espacio para diferenciar entre una reacción al cansancio o al conflicto y una necesidad de cambio que persiste más allá de ese momento. En definitiva, -insiste- las vacaciones no son necesariamente el mejor momento para cambiar nuestra vida, pero sí pueden ser una excelente oportunidad para descubrir qué parte de nuestra vida se necesita modificar».  

Uno de los grandes deseos al coger las vacaciones es romper con rutinas relacionadas con el trabajo, las tareas domésticas, horarios escolares y extraescolares cuando se tienen hijos… para descansar cuerpo y mente. Sin embargo, paradójicamente, cuando se espera desconectar de todo, la calma invita … a hacer un balance personal. Asaltan cuestiones que hasta el momento estaban amortiguadas por los hábitos diarios: distancia emocional con uno mismo, con la pareja, necesidad de autonomía, falta de espacios compartidos, discrepancias educativas hacia la prole, cuestiones laborales…, entre otras.

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