¿Nos enamoramos más en verano o sólo conectamos de forma superficial?

Cada temporada estival parece repetirse la misma historia: nuevas parejas, amores inesperados, relaciones intensas que nacen en cuestión de días y promesas de volver a verse cuando terminen las vacaciones. Pero, ¿realmente nos enamoramos más en verano o simplemente estamos más predispuestos a conectar con otras personas?El verano reúne una serie de factores biológicos, psicológicos y sociales que favorecen el acercamiento interpersonal, según apunta a ABC Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual , «sin embargo, no todas las conexiones que surgen durante estos meses responden al mismo fenómeno. Es importante diferenciar entre una conexión emocional profunda y lo que podríamos llamar ‘química veraniega’ ».Explica que la idea del ‘amor de verano’ forma parte de nuestro imaginario colectivo desde hace décadas, pero que detrás de esa imagen tan idealizada existe una explicación bastante más compleja. «No es que el verano tenga propiedades mágicas capaces de enamorarnos, lo que ocurre es que durante estos meses cambian muchas de las circunstancias que condicionan la manera en la que nos relacionamos. A lo largo del año el trabajo, las obligaciones familiares, las responsabilidades cotidianas y sus horarios dejan poco margen para la espontaneidad. En vacaciones, sin embargo, tenemos más tiempo para socializar, participamos en actividades diferentes a las habituales y, sobre todo, nos mostramos más receptivos a las novedades ».Es decir, en su opinión, si nos centramos en la atracción, no va a depender únicamente de las características de la persona que tenemos delante. «El contexto ejerce una influencia enorme sobre cómo percibimos a los demás y sobre las emociones que asociamos a un encuentro. No vivimos igual una conversación mantenida entre prisas, que otra compartida durante una noche agradable, sin reloj y sin obligaciones inmediatas. El bienestar, la sensación de libertad y la predisposición al disfrute pueden hacer que determinadas conexiones se perciban con una intensidad especial».Pero, precisamente, para Bárbara Montes esa intensidad es la que a menudo lleva a confusión . Considera que muchas personas interpretan como conexión emocional profunda lo que en realidad es una combinación de deseo, atracción, novedad y circunstancias favorables. Aclara que no hay nada negativo en ello porque la química tiene un papel fundamental en las relaciones humanas, pero añade que el problema aparece cuando asumimos que toda química intensa es necesariamente el comienzo de una historia de amor.«Mientras que la química suele manifestarse de forma rápida, la conexión emocional necesita tiempo para desarrollarse: requiere conocer al otro más allá de la fascinación inicial»Mientras que «la química suele manifestarse de forma rápida, la conexión emocional necesita tiempo para desarrollarse: requiere conocer al otro más allá de la fascinación inicial, descubrir cómo piensa, cómo actúa cuando surgen las diferencias… En otras palabras, necesita realidad , y esa realidad rara vez se muestra por completo durante los primeros días o semanas de la relación», matiza Montes.Quizá, por eso, señala que tantos romances estivales generan recuerdos tan vívidos incluso cuando no llegan a consolidarse. «Durante el verano nos encontramos en un escenario excepcional que favorece la idealización, no porque estemos engañándonos, sino porque todavía no han aparecido muchos de los elementos que forman parte de la convivencia cotidiana. Cuando la rutina regresa, la relación se enfrenta a cuestiones que antes permanecían en segundo plano, como la distancia, los horarios, las prioridades, los proyectos personales o la capacidad de integrar al otro en la vida real».Bárbara Montes puntualiza que tal vez la pregunta no debería ser por qué nos enamoramos más en verano, sino por qué durante esos meses nos permitimos conectar con mayor facilidad. «En una sociedad marcada por la prisa y la productividad, el verano nos concede algo que escasea el resto del año : tiempo, disponibilidad emocional y oportunidades para encontrarnos con otros desde un lugar menos defensivo. Cuando esas condiciones se dan es también cuando las posibilidades de que surja el deseo, la atracción o incluso el amor, se multiplican».Romance de veranoEn la misma línea se declara Mónica Chang , experta en bienestar sexual de TENGA , al asegurar que el ‘romance de verano’ viene propiciado porque en esta época las personas suelen salir más, viajar y participar en un mayor número de actividades sociales, lo que aumenta considerablemente las oportunidades de conocer gente nueva. Para algunas personas, «las vacaciones también implican adoptar una versión diferente de sí mismas, resumida en la idea de ‘nuevo lugar, nueva versión de mí’. Cuando estamos en un entorno nuevo, todo puede resultar más emocionante y estimulante. También es más probable que nos abramos a experiencias diferentes, incluyendo salir con alguien a quien probablemente no habríamos considerado en nuestro entorno habitual».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Miguel Aznar, psicólogo: «La sexualidad ni caduca ni pierde su sentido por el paso del tiempo» noticia Si «Para amar sin cicatrices hay que curar las heridas emocionales» noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes»Otra posible explicación asegura que tiene que ver con los instintos más básicos. Durante el verano, al llevar ropa más ligera y pasar más tiempo al aire libre, «la apariencia física y la atracción visual adquieren mayor protagonismo -indica Chang-. Esto puede hacer que la atracción y la pasión surjan con más rapidez, aunque no necesariamente vayan acompañadas de una intención de compromiso a largo plazo. Por eso, es importante distinguir entre la química veraniega y una conexión emocional profunda -puntualiza-. La primera suele estar impulsada por la novedad, el contexto y la atracción física, mientras que la segunda requiere tiempo, conocimiento mutuo y compatibilidad más allá de las circunstancias temporales del verano». Cada temporada estival parece repetirse la misma historia: nuevas parejas, amores inesperados, relaciones intensas que nacen en cuestión de días y promesas de volver a verse cuando terminen las vacaciones. Pero, ¿realmente nos enamoramos más en verano o simplemente estamos más predispuestos a conectar con otras personas?El verano reúne una serie de factores biológicos, psicológicos y sociales que favorecen el acercamiento interpersonal, según apunta a ABC Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual , «sin embargo, no todas las conexiones que surgen durante estos meses responden al mismo fenómeno. Es importante diferenciar entre una conexión emocional profunda y lo que podríamos llamar ‘química veraniega’ ».Explica que la idea del ‘amor de verano’ forma parte de nuestro imaginario colectivo desde hace décadas, pero que detrás de esa imagen tan idealizada existe una explicación bastante más compleja. «No es que el verano tenga propiedades mágicas capaces de enamorarnos, lo que ocurre es que durante estos meses cambian muchas de las circunstancias que condicionan la manera en la que nos relacionamos. A lo largo del año el trabajo, las obligaciones familiares, las responsabilidades cotidianas y sus horarios dejan poco margen para la espontaneidad. En vacaciones, sin embargo, tenemos más tiempo para socializar, participamos en actividades diferentes a las habituales y, sobre todo, nos mostramos más receptivos a las novedades ».Es decir, en su opinión, si nos centramos en la atracción, no va a depender únicamente de las características de la persona que tenemos delante. «El contexto ejerce una influencia enorme sobre cómo percibimos a los demás y sobre las emociones que asociamos a un encuentro. No vivimos igual una conversación mantenida entre prisas, que otra compartida durante una noche agradable, sin reloj y sin obligaciones inmediatas. El bienestar, la sensación de libertad y la predisposición al disfrute pueden hacer que determinadas conexiones se perciban con una intensidad especial».Pero, precisamente, para Bárbara Montes esa intensidad es la que a menudo lleva a confusión . Considera que muchas personas interpretan como conexión emocional profunda lo que en realidad es una combinación de deseo, atracción, novedad y circunstancias favorables. Aclara que no hay nada negativo en ello porque la química tiene un papel fundamental en las relaciones humanas, pero añade que el problema aparece cuando asumimos que toda química intensa es necesariamente el comienzo de una historia de amor.«Mientras que la química suele manifestarse de forma rápida, la conexión emocional necesita tiempo para desarrollarse: requiere conocer al otro más allá de la fascinación inicial»Mientras que «la química suele manifestarse de forma rápida, la conexión emocional necesita tiempo para desarrollarse: requiere conocer al otro más allá de la fascinación inicial, descubrir cómo piensa, cómo actúa cuando surgen las diferencias… En otras palabras, necesita realidad , y esa realidad rara vez se muestra por completo durante los primeros días o semanas de la relación», matiza Montes.Quizá, por eso, señala que tantos romances estivales generan recuerdos tan vívidos incluso cuando no llegan a consolidarse. «Durante el verano nos encontramos en un escenario excepcional que favorece la idealización, no porque estemos engañándonos, sino porque todavía no han aparecido muchos de los elementos que forman parte de la convivencia cotidiana. Cuando la rutina regresa, la relación se enfrenta a cuestiones que antes permanecían en segundo plano, como la distancia, los horarios, las prioridades, los proyectos personales o la capacidad de integrar al otro en la vida real».Bárbara Montes puntualiza que tal vez la pregunta no debería ser por qué nos enamoramos más en verano, sino por qué durante esos meses nos permitimos conectar con mayor facilidad. «En una sociedad marcada por la prisa y la productividad, el verano nos concede algo que escasea el resto del año : tiempo, disponibilidad emocional y oportunidades para encontrarnos con otros desde un lugar menos defensivo. Cuando esas condiciones se dan es también cuando las posibilidades de que surja el deseo, la atracción o incluso el amor, se multiplican».Romance de veranoEn la misma línea se declara Mónica Chang , experta en bienestar sexual de TENGA , al asegurar que el ‘romance de verano’ viene propiciado porque en esta época las personas suelen salir más, viajar y participar en un mayor número de actividades sociales, lo que aumenta considerablemente las oportunidades de conocer gente nueva. Para algunas personas, «las vacaciones también implican adoptar una versión diferente de sí mismas, resumida en la idea de ‘nuevo lugar, nueva versión de mí’. Cuando estamos en un entorno nuevo, todo puede resultar más emocionante y estimulante. También es más probable que nos abramos a experiencias diferentes, incluyendo salir con alguien a quien probablemente no habríamos considerado en nuestro entorno habitual».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Miguel Aznar, psicólogo: «La sexualidad ni caduca ni pierde su sentido por el paso del tiempo» noticia Si «Para amar sin cicatrices hay que curar las heridas emocionales» noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes»Otra posible explicación asegura que tiene que ver con los instintos más básicos. Durante el verano, al llevar ropa más ligera y pasar más tiempo al aire libre, «la apariencia física y la atracción visual adquieren mayor protagonismo -indica Chang-. Esto puede hacer que la atracción y la pasión surjan con más rapidez, aunque no necesariamente vayan acompañadas de una intención de compromiso a largo plazo. Por eso, es importante distinguir entre la química veraniega y una conexión emocional profunda -puntualiza-. La primera suele estar impulsada por la novedad, el contexto y la atracción física, mientras que la segunda requiere tiempo, conocimiento mutuo y compatibilidad más allá de las circunstancias temporales del verano».  

Cada temporada estival parece repetirse la misma historia: nuevas parejas, amores inesperados, relaciones intensas que nacen en cuestión de días y promesas de volver a verse cuando terminen las vacaciones. Pero, ¿realmente nos enamoramos más en verano o simplemente estamos más predispuestos a conectar con … otras personas?

 RSS de noticias de bienestar

Te Puede Interesar