Un comportamiento cada vez más frecuente en muchas familias es el de niños pequeños con pantallas en las manos. Da igual móviles o tablets. Y generalmente, cuando estos niños se encuentran en entornos en los que hay varias personas mayores. O, también, durante el momento de la comida o la cena. Parece que hoy en día los niños no pueden sentarse a la mesa si no es viendo sus dibujos favoritos o algo que les entretenga.Este recurso, que en realidad es un problema, es un fiel reflejo del cambio de realidad que sufre el ser humano. Ahora es mucho más frecuente que tanto el padre como la madre trabajen fuera de casa. Por lo tanto, llegan al hogar más cansados y con menos tiempo para gestionar la familia y por ello se buscan recursos para que los hijos hagan caso lo antes posible. Cuanto antes terminen de cenar, antes se recoge la mesa, antes se van a la ducha y antes se meten en la cama y empiezan los pocos momentos de descanso y/o intimidad que hay a lo largo del día. Sin embargo, lo correcto no es que eso lo proporcione una pantalla atrapando la atención de nuestro hijo, casi abstrayéndolo del mundo, aunque sí suele ser lo más cómodo y funcional. Esa conducta llega a extrapolarse a cualquier ámbito de la vida. Cuando queremos que el niño se esté quieto, le ponemos sus dibujos en la tablet o un vídeo o un juego en el móvil y ya lo tenemos a nuestra merced. Al menos durante un rato porque cuando se canse buscará que le entretengamos de otra manera, consiguiendo rápidamente lo que quiere y teniendo a sus padres casi por esclavos. La proliferación de niños enganchados a pantallas en la sociedad asusta. Y los expertos están advirtiendo que el nivel de crecimiento de este problema es alarmante. «El tema de las pantallas en niños y adolescentes es un problema muy importante en nuestra salud. Además, lo estamos normalizando como se normalizó en su día el tema del tabaco», explica Javier Albares, experto en longevidad y conductas del ser humano durante una entrevista con Uri Sabat en el podcast ‘La fórmula del éxito’.Este especialista acepta que esto sea un recurso puntual, una vez. Porque todos los padres tienen derecho a estar desbordados en algún momento. Pero no puede ser la salida fácil a la que recurrir cada vez que un menor se siente a la mesa. Porque lo más grave es que les estamos cortando su crecimiento tanto mental como sensorial sin darnos cuenta. Es algo así como una mutilación silenciosa de su florecer como ser humano.«Afecta directamente su neurodesarrollo. Un niño que está más tiempo con las pantallas es un niño que interactúa menos a nivel real, humano. Que está menos tiempo en familia. Es un niño que se aburre menos, con lo importante que es aburrirse de niño para la creatividad».¿Cómo afectan las pantallas a los niños?Otro problema es que esa falta de tiempo y ese cansancio acumulado se traducen en una disminución de paciencia y un exceso de irritabilidad. Los padres cada vez están menos dispuestos a aguantar llantos, gritos o incluso el propio aburrimiento de sus hijos, quienes les reclaman hacer cosas todo el rato. Y con el móvil o la tablet se corta todo eso de raíz.Esto no solo afecta al desarrollo de su inteligencia, sino también al de sus capacidades atléticas. «Es un niño que lee menos. Es un niño que tiene menos actividad física, que tiene menos momentos de calma, que seguramente se alimenta peor porque está comiendo con una pantalla». «Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no?» Javier Albares Experto en longevidadLa sociedad está, poco a poco, diciendo adiós a los niños y niñas que juegan con sus muñecas, con sus balones o que simplemente corren por la calle, la en la plaza o en el parque y que son capaces de con un palo y una piedra imaginarse un mundo lleno de fantasía. Porque tienen infinitos universos al alcance de su mano, sin necesidad de hacer ni un solo estímulo que el de mover los dedos.Y por último, Javier Albares lanza una reflexión para poner en valor la gravedad del problema. «Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no? Entonces aquí tenemos que tener en cuenta que esa droga también la consumimos los adultos, muchas veces fuera de control y que nosotros también somos adictos a ella». Un comportamiento cada vez más frecuente en muchas familias es el de niños pequeños con pantallas en las manos. Da igual móviles o tablets. Y generalmente, cuando estos niños se encuentran en entornos en los que hay varias personas mayores. O, también, durante el momento de la comida o la cena. Parece que hoy en día los niños no pueden sentarse a la mesa si no es viendo sus dibujos favoritos o algo que les entretenga.Este recurso, que en realidad es un problema, es un fiel reflejo del cambio de realidad que sufre el ser humano. Ahora es mucho más frecuente que tanto el padre como la madre trabajen fuera de casa. Por lo tanto, llegan al hogar más cansados y con menos tiempo para gestionar la familia y por ello se buscan recursos para que los hijos hagan caso lo antes posible. Cuanto antes terminen de cenar, antes se recoge la mesa, antes se van a la ducha y antes se meten en la cama y empiezan los pocos momentos de descanso y/o intimidad que hay a lo largo del día. Sin embargo, lo correcto no es que eso lo proporcione una pantalla atrapando la atención de nuestro hijo, casi abstrayéndolo del mundo, aunque sí suele ser lo más cómodo y funcional. Esa conducta llega a extrapolarse a cualquier ámbito de la vida. Cuando queremos que el niño se esté quieto, le ponemos sus dibujos en la tablet o un vídeo o un juego en el móvil y ya lo tenemos a nuestra merced. Al menos durante un rato porque cuando se canse buscará que le entretengamos de otra manera, consiguiendo rápidamente lo que quiere y teniendo a sus padres casi por esclavos. La proliferación de niños enganchados a pantallas en la sociedad asusta. Y los expertos están advirtiendo que el nivel de crecimiento de este problema es alarmante. «El tema de las pantallas en niños y adolescentes es un problema muy importante en nuestra salud. Además, lo estamos normalizando como se normalizó en su día el tema del tabaco», explica Javier Albares, experto en longevidad y conductas del ser humano durante una entrevista con Uri Sabat en el podcast ‘La fórmula del éxito’.Este especialista acepta que esto sea un recurso puntual, una vez. Porque todos los padres tienen derecho a estar desbordados en algún momento. Pero no puede ser la salida fácil a la que recurrir cada vez que un menor se siente a la mesa. Porque lo más grave es que les estamos cortando su crecimiento tanto mental como sensorial sin darnos cuenta. Es algo así como una mutilación silenciosa de su florecer como ser humano.«Afecta directamente su neurodesarrollo. Un niño que está más tiempo con las pantallas es un niño que interactúa menos a nivel real, humano. Que está menos tiempo en familia. Es un niño que se aburre menos, con lo importante que es aburrirse de niño para la creatividad».¿Cómo afectan las pantallas a los niños?Otro problema es que esa falta de tiempo y ese cansancio acumulado se traducen en una disminución de paciencia y un exceso de irritabilidad. Los padres cada vez están menos dispuestos a aguantar llantos, gritos o incluso el propio aburrimiento de sus hijos, quienes les reclaman hacer cosas todo el rato. Y con el móvil o la tablet se corta todo eso de raíz.Esto no solo afecta al desarrollo de su inteligencia, sino también al de sus capacidades atléticas. «Es un niño que lee menos. Es un niño que tiene menos actividad física, que tiene menos momentos de calma, que seguramente se alimenta peor porque está comiendo con una pantalla». «Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no?» Javier Albares Experto en longevidadLa sociedad está, poco a poco, diciendo adiós a los niños y niñas que juegan con sus muñecas, con sus balones o que simplemente corren por la calle, la en la plaza o en el parque y que son capaces de con un palo y una piedra imaginarse un mundo lleno de fantasía. Porque tienen infinitos universos al alcance de su mano, sin necesidad de hacer ni un solo estímulo que el de mover los dedos.Y por último, Javier Albares lanza una reflexión para poner en valor la gravedad del problema. «Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no? Entonces aquí tenemos que tener en cuenta que esa droga también la consumimos los adultos, muchas veces fuera de control y que nosotros también somos adictos a ella».
Un comportamiento cada vez más frecuente en muchas familias es el de niños pequeños con pantallas en las manos. Da igual móviles o tablets. Y generalmente, cuando estos niños se encuentran en entornos en los que hay varias personas mayores. O, también, durante el momento de la comida o la cena. Parece que hoy en día los niños no pueden sentarse a la mesa si no es viendo sus dibujos favoritos o algo que les entretenga.
Este recurso, que en realidad es un problema, es un fiel reflejo del cambio de realidad que sufre el ser humano. Ahora es mucho más frecuente que tanto el padre como la madre trabajen fuera de casa. Por lo tanto, llegan al hogar más cansados y con menos tiempo para gestionar la familia y por ello se buscan recursos para que los hijos hagan caso lo antes posible.
Cuanto antes terminen de cenar, antes se recoge la mesa, antes se van a la ducha y antes se meten en la cama y empiezan los pocos momentos de descanso y/o intimidad que hay a lo largo del día. Sin embargo, lo correcto no es que eso lo proporcione una pantalla atrapando la atención de nuestro hijo, casi abstrayéndolo del mundo, aunque sí suele ser lo más cómodo y funcional.
Esa conducta llega a extrapolarse a cualquier ámbito de la vida. Cuando queremos que el niño se esté quieto, le ponemos sus dibujos en la tablet o un vídeo o un juego en el móvil y ya lo tenemos a nuestra merced. Al menos durante un rato porque cuando se canse buscará que le entretengamos de otra manera, consiguiendo rápidamente lo que quiere y teniendo a sus padres casi por esclavos. La proliferación de niños enganchados a pantallas en la sociedad asusta. Y los expertos están advirtiendo que el nivel de crecimiento de este problema es alarmante.
«El tema de las pantallas en niños y adolescentes es un problema muy importante en nuestra salud. Además, lo estamos normalizando como se normalizó en su día el tema del tabaco», explica Javier Albares, experto en longevidad y conductas del ser humano durante una entrevista con Uri Sabat en el podcast ‘La fórmula del éxito’.
Este especialista acepta que esto sea un recurso puntual, una vez. Porque todos los padres tienen derecho a estar desbordados en algún momento. Pero no puede ser la salida fácil a la que recurrir cada vez que un menor se siente a la mesa. Porque lo más grave es que les estamos cortando su crecimiento tanto mental como sensorial sin darnos cuenta. Es algo así como una mutilación silenciosa de su florecer como ser humano.
«Afecta directamente su neurodesarrollo. Un niño que está más tiempo con las pantallas es un niño que interactúa menos a nivel real, humano. Que está menos tiempo en familia. Es un niño que se aburre menos, con lo importante que es aburrirse de niño para la creatividad».
¿Cómo afectan las pantallas a los niños?
Otro problema es que esa falta de tiempo y ese cansancio acumulado se traducen en una disminución de paciencia y un exceso de irritabilidad. Los padres cada vez están menos dispuestos a aguantar llantos, gritos o incluso el propio aburrimiento de sus hijos, quienes les reclaman hacer cosas todo el rato. Y con el móvil o la tablet se corta todo eso de raíz.
Esto no solo afecta al desarrollo de su inteligencia, sino también al de sus capacidades atléticas. «Es un niño que lee menos. Es un niño que tiene menos actividad física, que tiene menos momentos de calma, que seguramente se alimenta peor porque está comiendo con una pantalla».
«Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no?»
Javier Albares
Experto en longevidad
La sociedad está, poco a poco, diciendo adiós a los niños y niñas que juegan con sus muñecas, con sus balones o que simplemente corren por la calle, la en la plaza o en el parque y que son capaces de con un palo y una piedra imaginarse un mundo lleno de fantasía. Porque tienen infinitos universos al alcance de su mano, sin necesidad de hacer ni un solo estímulo que el de mover los dedos.
Y por último, Javier Albares lanza una reflexión para poner en valor la gravedad del problema. «Somos responsables. Si ellos estuviesen en la habitación drogándose, haríamos algo, ¿no? Entonces aquí tenemos que tener en cuenta que esa droga también la consumimos los adultos, muchas veces fuera de control y que nosotros también somos adictos a ella».
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