¿Y si buscábamos en el lugar equivocado? El ‘abuelo’ de todos los simios era egipcio y no del este de África

Durante décadas, los libros de texto y los grandes museos de historia natural de todo el mundo nos han contado una versión muy concreta sobre nuestros orígenes más remotos. La narrativa tradicional, respaldada por un aluvión de descubrimientos a lo largo del siglo XX, señalaba invariablemente hacia una única dirección: el este de África. Desde los icónicos y polvorientos yacimientos del Valle del Rift hasta las llanuras de Kenia y Etiopía, la ciencia había asumido con pocas dudas que esa región fue la incubadora indiscutible de los primeros hominoideos, el gran grupo de primates que incluye a los simios modernos y, por supuesto, a nosotros mismos, los humanos.Sin embargo, una serie de nuevas evidencias acaban de revelar que esa no fue la historia correcta. Un equipo internacional de investigadores, en efecto, acaba de publicar en ‘Science’ el hallazgo de un nuevo fósil en el norte de Egipto que sacude los cimientos mismos de nuestro árbol evolutivo. Su nombre es Masripithecus moghraensis, y su mera presencia sugiere, contra todo pronóstico, que los ancestros más cercanos a los simios modernos podrían haber emergido en el norte de África o el Mediterráneo oriental, a miles de kilómetros de las regiones que los expertos llevan explorando durante el último siglo.«Los hallazgos – afirman los investigadores españoles David Alba y Júlia Arias-Martorell en un artículo de análisis y perspectiva publicado simultáneamente en ‘Science’- confirman que los paleontólogos podrían haber estado buscando a los ancestros de los hominoideos del grupo corona en el lugar equivocado».Noticia relacionada reportaje No No ¿Por qué nos fascinan los cristales? El experimento inspirado en Kubrick que tiene la respuesta Judith de JorgeEl estudio del nuevo fósil, dirigido por la paleontóloga egipcia Shorouq Al-Ashqar, nos lleva muy atrás en el tiempo, hace entre 17 y 18 millones de años, al corazón del Mioceno. Por aquel entonces, la región de Wadi Moghra, en el actual norte de Egipto, no era el árido desierto que hoy conocemos, sino un ecosistema vibrante en un momento geológico clave: la placa tectónica de África y Arabia estaba empezando a chocar y conectarse con Eurasia, creando un puente de tierra vital que permitiría la primera gran migración de especies fuera del continente africano.Es justo en ese momento cuando Masripithecus moghraensis entra a escena. Según los autores del estudio, el nuevo fósil representa el hominoideo basal (es decir, primitivo) más cercano a la rama evolutiva que finalmente sobrevivió y dio lugar a todos los simios que caminan hoy por la Tierra, desde orangutanes hasta gorilas, chimpancés y humanos.El norte olvidado de la evoluciónHasta hoy, la comunidad científica aceptaba sin problema que los primeros simios se originaron en la región afroárabe durante la época del Oligoceno, hace más de 25 millones de años. Desde allí, el consenso dictaba que se habrían diversificado antes de extenderse hacia Eurasia hace unos 14 a 16 millones de años. Sin embargo, el misterio persistía: ¿dónde, cuándo y cómo surgieron los ‘simios modernos’ (el grupo que incluye a nuestro último ancestro común)? Los fósiles de este período crítico son un auténtico rompecabezas: escasos, dispersos y muy difíciles de interpretar. Una incertidumbre que se acentúa aún más a causa de un registro fósil que es, por naturaleza, sumamente irregular. Y es que en África, las excavaciones se han concentrado históricamente en el este y el sur, dejando zonas inmensas del continente (sobre todo el norte) como un gran ‘punto ciego’ temporal para la paleontología de simios del Mioceno.Para averiguar exactamente a qué rama pertenece Masripithecus, el equipo de Al-Ashqar no se limitó a medir la morfología de los huesos, sino que utilizó un enfoque computacional de vanguardia conocido como ‘datación bayesiana por puntas’.Para ubicar al fósil en nuestro árbol genealógico, los científicos han empleado algoritmos matemáticos que cruzan la anatomía del primate con su edad geológicaPara entender este concepto, podemos imaginar que intentamos reconstruir el árbol genealógico de una familia milenaria, pero solo tenemos a los parientes vivos actuales y un puñado de viejas fotografías sin fecha (los fósiles). El método bayesiano actúa como un sofisticado detective algorítmico: no solo analiza y compara las características físicas (la forma de los dientes o los rasgos anatómicos), sino que cruza simultáneamente esa información con las edades geológicas conocidas de los fósiles. Con ello, calcula estadísticamente las relaciones de parentesco y pone una fecha precisa al momento de separación de las especies. El resultado de este análisis matemático fue el que hizo sonar las alarmas: Masripithecus resultó ser el eslabón evolutivo conocido más cercano a la radiación de todos los simios actuales.El excepcional descubrimiento apuntala una tendencia científica emergente: el norte de África fue un auténtico vergel evolutivo. La propia investigadora principal, Shorouq Al-Ashqar, lleva años desentrañando los misterios de las formaciones rocosas egipcias. En la vecina depresión de Fayum, estudios previos revelaron que hace unos 30 millones de años la zona albergaba una fauna asombrosa, incluyendo grandes depredadores hiper carnívoros como Bastetodon syrtos y antiguos primates arbóreos como el famoso Aegyptopithecus. Todo lo cual demuestra que el norte de África disponía de las condiciones ecológicas perfectas para una explosión evolutiva. Los nuevos datos respaldan la firme noción de que los simios modernos, lejos de nacer en la sabana o selvas del este africano, se fraguaron evolutivamente en el norte de Afro-Arabia o el Levante mediterráneo, justo a las puertas de la gran autopista continental que mucho más tarde los llevaría a Eurasia. Durante décadas, los libros de texto y los grandes museos de historia natural de todo el mundo nos han contado una versión muy concreta sobre nuestros orígenes más remotos. La narrativa tradicional, respaldada por un aluvión de descubrimientos a lo largo del siglo XX, señalaba invariablemente hacia una única dirección: el este de África. Desde los icónicos y polvorientos yacimientos del Valle del Rift hasta las llanuras de Kenia y Etiopía, la ciencia había asumido con pocas dudas que esa región fue la incubadora indiscutible de los primeros hominoideos, el gran grupo de primates que incluye a los simios modernos y, por supuesto, a nosotros mismos, los humanos.Sin embargo, una serie de nuevas evidencias acaban de revelar que esa no fue la historia correcta. Un equipo internacional de investigadores, en efecto, acaba de publicar en ‘Science’ el hallazgo de un nuevo fósil en el norte de Egipto que sacude los cimientos mismos de nuestro árbol evolutivo. Su nombre es Masripithecus moghraensis, y su mera presencia sugiere, contra todo pronóstico, que los ancestros más cercanos a los simios modernos podrían haber emergido en el norte de África o el Mediterráneo oriental, a miles de kilómetros de las regiones que los expertos llevan explorando durante el último siglo.«Los hallazgos – afirman los investigadores españoles David Alba y Júlia Arias-Martorell en un artículo de análisis y perspectiva publicado simultáneamente en ‘Science’- confirman que los paleontólogos podrían haber estado buscando a los ancestros de los hominoideos del grupo corona en el lugar equivocado».Noticia relacionada reportaje No No ¿Por qué nos fascinan los cristales? El experimento inspirado en Kubrick que tiene la respuesta Judith de JorgeEl estudio del nuevo fósil, dirigido por la paleontóloga egipcia Shorouq Al-Ashqar, nos lleva muy atrás en el tiempo, hace entre 17 y 18 millones de años, al corazón del Mioceno. Por aquel entonces, la región de Wadi Moghra, en el actual norte de Egipto, no era el árido desierto que hoy conocemos, sino un ecosistema vibrante en un momento geológico clave: la placa tectónica de África y Arabia estaba empezando a chocar y conectarse con Eurasia, creando un puente de tierra vital que permitiría la primera gran migración de especies fuera del continente africano.Es justo en ese momento cuando Masripithecus moghraensis entra a escena. Según los autores del estudio, el nuevo fósil representa el hominoideo basal (es decir, primitivo) más cercano a la rama evolutiva que finalmente sobrevivió y dio lugar a todos los simios que caminan hoy por la Tierra, desde orangutanes hasta gorilas, chimpancés y humanos.El norte olvidado de la evoluciónHasta hoy, la comunidad científica aceptaba sin problema que los primeros simios se originaron en la región afroárabe durante la época del Oligoceno, hace más de 25 millones de años. Desde allí, el consenso dictaba que se habrían diversificado antes de extenderse hacia Eurasia hace unos 14 a 16 millones de años. Sin embargo, el misterio persistía: ¿dónde, cuándo y cómo surgieron los ‘simios modernos’ (el grupo que incluye a nuestro último ancestro común)? Los fósiles de este período crítico son un auténtico rompecabezas: escasos, dispersos y muy difíciles de interpretar. Una incertidumbre que se acentúa aún más a causa de un registro fósil que es, por naturaleza, sumamente irregular. Y es que en África, las excavaciones se han concentrado históricamente en el este y el sur, dejando zonas inmensas del continente (sobre todo el norte) como un gran ‘punto ciego’ temporal para la paleontología de simios del Mioceno.Para averiguar exactamente a qué rama pertenece Masripithecus, el equipo de Al-Ashqar no se limitó a medir la morfología de los huesos, sino que utilizó un enfoque computacional de vanguardia conocido como ‘datación bayesiana por puntas’.Para ubicar al fósil en nuestro árbol genealógico, los científicos han empleado algoritmos matemáticos que cruzan la anatomía del primate con su edad geológicaPara entender este concepto, podemos imaginar que intentamos reconstruir el árbol genealógico de una familia milenaria, pero solo tenemos a los parientes vivos actuales y un puñado de viejas fotografías sin fecha (los fósiles). El método bayesiano actúa como un sofisticado detective algorítmico: no solo analiza y compara las características físicas (la forma de los dientes o los rasgos anatómicos), sino que cruza simultáneamente esa información con las edades geológicas conocidas de los fósiles. Con ello, calcula estadísticamente las relaciones de parentesco y pone una fecha precisa al momento de separación de las especies. El resultado de este análisis matemático fue el que hizo sonar las alarmas: Masripithecus resultó ser el eslabón evolutivo conocido más cercano a la radiación de todos los simios actuales.El excepcional descubrimiento apuntala una tendencia científica emergente: el norte de África fue un auténtico vergel evolutivo. La propia investigadora principal, Shorouq Al-Ashqar, lleva años desentrañando los misterios de las formaciones rocosas egipcias. En la vecina depresión de Fayum, estudios previos revelaron que hace unos 30 millones de años la zona albergaba una fauna asombrosa, incluyendo grandes depredadores hiper carnívoros como Bastetodon syrtos y antiguos primates arbóreos como el famoso Aegyptopithecus. Todo lo cual demuestra que el norte de África disponía de las condiciones ecológicas perfectas para una explosión evolutiva. Los nuevos datos respaldan la firme noción de que los simios modernos, lejos de nacer en la sabana o selvas del este africano, se fraguaron evolutivamente en el norte de Afro-Arabia o el Levante mediterráneo, justo a las puertas de la gran autopista continental que mucho más tarde los llevaría a Eurasia.  

Durante décadas, los libros de texto y los grandes museos de historia natural de todo el mundo nos han contado una versión muy concreta sobre nuestros orígenes más remotos. La narrativa tradicional, respaldada por un aluvión de descubrimientos a lo largo del siglo XX, señalaba … invariablemente hacia una única dirección: el este de África. Desde los icónicos y polvorientos yacimientos del Valle del Rift hasta las llanuras de Kenia y Etiopía, la ciencia había asumido con pocas dudas que esa región fue la incubadora indiscutible de los primeros hominoideos, el gran grupo de primates que incluye a los simios modernos y, por supuesto, a nosotros mismos, los humanos.

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