Una gala sin política en un mundo lleno de conflictos

La noche de los premios Oscar de la Academia de Hollywood de este año deja sensaciones contradictorias. Por un lado, el espectáculo impecable de siempre, lleno de emoción, humor, discursos de agradecimiento y celebración del cine. Por otro lado, una sensación de oportunidad perdida: la falta casi absoluta de reivindicación política en una gala que históricamente ha sido, al menos en algunos momentos, un altavoz para valientes posicionamientos.

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 La noche de los premios Oscar de la Academia de Hollywood de este año deja sensaciones contradictorias. Por un lado, el espectáculo impecable de siempre, lleno de emoción, humor, discursos de agradecimiento y celebración del cine. Por otro lado, una sensación de oportunidad perdida: la falta casi absoluta de reivindicación política en una gala que históricamente ha sido, al menos en algunos momentos, un altavoz para valientes posicionamientos.Seguir leyendo…  

La noche de los premios Oscar de la Academia de Hollywood de este año deja sensaciones contradictorias. Por un lado, el espectáculo impecable de siempre, lleno de emoción, humor, discursos de agradecimiento y celebración del cine. Por otro lado, una sensación de oportunidad perdida: la falta casi absoluta de reivindicación política en una gala que históricamente ha sido, al menos en algunos momentos, un altavoz para valientes posicionamientos.

En un contexto mundial cargado de guerras, genocidios e injusticias sociales, la prudencia dominó a la mayoría de discursos. Muchos de los premiados optaron por agradecimientos previsibles y palabras neutras, evitando cualquier referencia que pudiera incomodar a la industria, al gobierno de los Estados Unidos o al público. Esta ausencia de posicionamiento fue, precisamente, una de las críticas más repetidas después de la gala y en mi opinión, una gran oportunidad perdida.

Paul Thomas Anderson con los Oscars a mejor guion adaptado, director y película 
Paul Thomas Anderson con los Oscars a mejor guion adaptado, director y película Mario Anzuoni / Reuters

Una de las decepciones fue que Sirât no lograra el premio a mejor sonido ni el de mejor película internacional. Era una derrota que muchos ya anticipaban, porque la competencia era fuerte y en un año en el que las producciones internacionales eran de una calidad casi mejor que las de Hollywood. Sin embargo, la decepción fue inevitable sobre todo en el apartado de sonido donde creo que la película tenía opciones para las fantásticas Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Jasmina Praderas.

En contraste con la prudencia general, hubo algunas salvedades. Entre ellas, la valentía de Javier Bardem, que no dudó en pronunciarse en contra de la guerra y en favor del pueblo palestino. Sin embargo, lo más revelador fue observar quién se atrevía a hablar claro: muchos de los discursos con contenido crítico venían de figuras que no trabajan habitualmente dentro del sistema de Hollywood . En definitiva, gente con menos que perder. Esta dinámica evidenció hasta qué punto la industria o los gobiernos de ultraderecha pueden fomentar la autocensura.

La gala tuvo también momentos de celebración justa. Uno de ellos fue el triunfo de Paul Thomas Anderson, que finalmente logró un Oscar después de años de nominaciones y siendo uno de los grandes cineastas contemporáneos sin premio de la Academia. O el premio por primera vez (por increíble que parezca) a una mujer directora de fotografía. También es para celebrar el Oscar a la maravillosa Amy Madigan, 40 años después de su primera nominación.

No todo el mundo salió reforzado. Timothée Chalamet partía como uno de los favoritos de la noche, pero finalmente se quedó sin el premio. Claramente y como algunos analistas han apuntado, su imagen pública excesivamente arrogante y sus declaraciones fuera de lugar, han jugado en su contra.

Amy Madigan durante el discurso al ganar como mejor actriz de reparto por 'Weapons' 
Amy Madigan durante el discurso al ganar como mejor actriz de reparto por ‘Weapons’ Mike Blake / Reuters

Así, los Oscar de este año quedarán como una gala correcta pero poco arriesgada y llena de autocensura. Celebración del cine, sí, pero también silencio en un momento en el que quizás se esperaba y era totalmente necesario, algo más de voz.

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