Un grupo de expertos recomienda al Pentágono enviar tropas a la Luna

La seguridad ha dejado de ser algo exclusivamente terrestre. Durante décadas, la humanidad ha mirado al cielo con una mezcla de curiosidad científica y asombro romántico. Pero los tiempos cambian, y el espacio se ha convertido, ante nuestros propios ojos, en el nuevo tablero de ajedrez donde las grandes potencias mundiales mueven sus piezas. Las futuras misiones a la Luna, a Marte o a los enjambres de asteroides cercanos ya no tienen como único objetivo recolectar muestras de polvo cósmico o estudiar cráteres lejanos. Ahora buscan establecer bases permanentes y asegurar unos recursos cuyo valor es incalculable. Y allí, con la economía mundial del futuro en juego, los expertos tienen muy claro que se producirán inevitablemente rivalidades comerciales y disputas ‘territoriales’ a un nivel que la humanidad nunca ha visto. Situaciones que la historia nos ha enseñado ya demasiadas veces que suelen terminar en enfrentamientos bélicos.En este nuevo e inquietante contexto, la histórica rivalidad entre Estados Unidos y China ha traspasado con creces las fronteras de nuestra atmósfera. La nueva Guerra Fría ya no se libra solo en las aguas del Pacífico o en los despachos de Europa, sino a cientos de miles de kilómetros, en el espacio cislunar. China acaba de completar su estación espacial Tiangong, mantiene una presencia constante en órbita y tiene un objetivo inamovible: dominar la exploración y la minería lunar en las próximas dos décadas.Noticia relacionada general No No Se lanzará en 2027 La NASA elige a un europeo como parte de la tripulación de Artemis III Patricia BioscaSuperioridad aeroespacialEs aquí donde entra en escena el Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales, un influyente y fundamental centro de pensamiento estratégico en Arlington, Virginia, que opera como una rama de la Asociación de Fuerzas Aéreas y Espaciales y asesora a legisladores y líderes políticos sobre la importancia de la superioridad aerospacial.Los análisis de este ‘think tank’ no son meros ejercicios teóricos, sino que a menudo se convierten en la ‘brújula’ que guía las políticas del Pentágono. En un reciente informe, titulado ‘Vuelo espacial humano militar: un componente clave para la superioridad espacial de EE.UU’, el Instituto Mitchell ha puesto sobre la mesa una propuesta tan radical como inevitable: la Fuerza Espacial de Estados Unidos debe prepararse cuanto antes para enviar tropas de combate en activo a la superficie de la Luna .La seguridad ha dejado de ser algo meramente terrestre: la próxima gran guerra podría librarse en la superficie de la Luna por el control de sus recursosLas cifras y los resultados previos que recoge el análisis son cuando menos, preocupantes. Entre 1992 y 2022, por ejemplo, China completó casi sin retrasos todos y cada uno de sus ambiciosos objetivos de vuelos espaciales tripulados gracias al férreo control del Ejército Popular de Liberación. Así, mientras Estados Unidos se enfrenta al incierto retiro de la Estación Espacial Internacional (ISS) en 2030 y asiste a cómo su flamante programa Artemis retrasa el regreso a la Luna hasta ‘al menos 2028’, el gigante asiático no pisa el freno. La nueva ‘Ruta de la seda’China mantiene a cuatro ‘taikonautas’ militares de forma permanente en su estación espacial Tiangong, planea duplicar su tamaño para 2035 y, lo que es aún más alarmante para el Pentágono, se ha fijado el objetivo de llevar a sus militares a la superficie lunar para 2030 . El plan de Pekín es claro: tejer una ‘Ruta de la Seda’ espacial sostenida por el puro y duro poderío militar.Entre 1992 y 2022, China cumplió casi a rajatabla todos sus objetivos espaciales y planea tener soldados en la Luna para 2030Para entender hasta dónde ha llegado ya el grado de tensión, basta con leer las declaraciones de los propios protagonistas. Ye Peijian, antiguo diseñador jefe del Programa de Exploración Lunar Chino, lo resumió en 2017 con una crudeza asombrosa: «El universo es un océano, la Luna son las islas Diaoyu, Marte es la isla Huangyan. Si no llegamos ahora a pesar de ser capaces de hacerlo, nuestros descendientes nos culparán. Si otros van allí, tomarán el control, y ya no podremos ir aunque queramos». No estamos hablando de ciencia compartida, sino de auténtica conquista territorial.China: «El universo es un océano y la Luna son las islas Diaoyu: si no llegamos ahora, otros tomarán el control territorial»Frente a esta ‘estrategia de apisonadora’, la cúpula militar estadounidense empieza a despertar. El general Shawn Bratton, vicejefe de Operaciones Espaciales de EE.UU., ha reconocido sin tapujos la urgencia del momento: «¿Necesitamos poner Guardianes humanos en el espacio? Sería trágico si eso no ocurriera algún día… Tenemos pendiente trabajar en eso».Legislación InternacionalEl Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 impide de forma explícita reclamar soberanía y realizar maniobras militares en los cuerpos celestes. Sin embargo, el Instituto Mitchell advierte que depender de un documento de hace más de medio siglo sería de una ‘ingenuidad peligrosa’. El territorio lunar posee hoy una ‘naturaleza anárquica’ que convierte la carrera por sus recursos en un polvorín maduro para el conflicto.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Caos en el vecindario estelar: la Pequeña Nube de Magallanes se está desgarrando, y no es culpa de la Vía Láctea noticia Si El día que el sexo acabó con la paz en la TierraPara evitar ceder el dominio a sus rivales asiáticos, el informe exige dotar a los soldados estadounidenses, conocidos como ‘Guardianes’, de autoridad legal plena. La hoja de ruta propuesta sugiere aprovechar de inmediato el Curso de Pruebas Espaciales (STC) para iniciar agresivas campañas de aprendizaje humano en órbita. Como concluye Pumroy, no se puede asegurar un dominio tan vasto confiando únicamente en máquinas teledirigidas, porque en la inmensidad del cosmos «la presencia virtual es ausencia real». Estados Unidos, reza el informe, debe decidir si actúa ahora o si deja que otras potencias escriban las normas de nuestro futuro en las estrellas. La seguridad ha dejado de ser algo exclusivamente terrestre. Durante décadas, la humanidad ha mirado al cielo con una mezcla de curiosidad científica y asombro romántico. Pero los tiempos cambian, y el espacio se ha convertido, ante nuestros propios ojos, en el nuevo tablero de ajedrez donde las grandes potencias mundiales mueven sus piezas. Las futuras misiones a la Luna, a Marte o a los enjambres de asteroides cercanos ya no tienen como único objetivo recolectar muestras de polvo cósmico o estudiar cráteres lejanos. Ahora buscan establecer bases permanentes y asegurar unos recursos cuyo valor es incalculable. Y allí, con la economía mundial del futuro en juego, los expertos tienen muy claro que se producirán inevitablemente rivalidades comerciales y disputas ‘territoriales’ a un nivel que la humanidad nunca ha visto. Situaciones que la historia nos ha enseñado ya demasiadas veces que suelen terminar en enfrentamientos bélicos.En este nuevo e inquietante contexto, la histórica rivalidad entre Estados Unidos y China ha traspasado con creces las fronteras de nuestra atmósfera. La nueva Guerra Fría ya no se libra solo en las aguas del Pacífico o en los despachos de Europa, sino a cientos de miles de kilómetros, en el espacio cislunar. China acaba de completar su estación espacial Tiangong, mantiene una presencia constante en órbita y tiene un objetivo inamovible: dominar la exploración y la minería lunar en las próximas dos décadas.Noticia relacionada general No No Se lanzará en 2027 La NASA elige a un europeo como parte de la tripulación de Artemis III Patricia BioscaSuperioridad aeroespacialEs aquí donde entra en escena el Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales, un influyente y fundamental centro de pensamiento estratégico en Arlington, Virginia, que opera como una rama de la Asociación de Fuerzas Aéreas y Espaciales y asesora a legisladores y líderes políticos sobre la importancia de la superioridad aerospacial.Los análisis de este ‘think tank’ no son meros ejercicios teóricos, sino que a menudo se convierten en la ‘brújula’ que guía las políticas del Pentágono. En un reciente informe, titulado ‘Vuelo espacial humano militar: un componente clave para la superioridad espacial de EE.UU’, el Instituto Mitchell ha puesto sobre la mesa una propuesta tan radical como inevitable: la Fuerza Espacial de Estados Unidos debe prepararse cuanto antes para enviar tropas de combate en activo a la superficie de la Luna .La seguridad ha dejado de ser algo meramente terrestre: la próxima gran guerra podría librarse en la superficie de la Luna por el control de sus recursosLas cifras y los resultados previos que recoge el análisis son cuando menos, preocupantes. Entre 1992 y 2022, por ejemplo, China completó casi sin retrasos todos y cada uno de sus ambiciosos objetivos de vuelos espaciales tripulados gracias al férreo control del Ejército Popular de Liberación. Así, mientras Estados Unidos se enfrenta al incierto retiro de la Estación Espacial Internacional (ISS) en 2030 y asiste a cómo su flamante programa Artemis retrasa el regreso a la Luna hasta ‘al menos 2028’, el gigante asiático no pisa el freno. La nueva ‘Ruta de la seda’China mantiene a cuatro ‘taikonautas’ militares de forma permanente en su estación espacial Tiangong, planea duplicar su tamaño para 2035 y, lo que es aún más alarmante para el Pentágono, se ha fijado el objetivo de llevar a sus militares a la superficie lunar para 2030 . El plan de Pekín es claro: tejer una ‘Ruta de la Seda’ espacial sostenida por el puro y duro poderío militar.Entre 1992 y 2022, China cumplió casi a rajatabla todos sus objetivos espaciales y planea tener soldados en la Luna para 2030Para entender hasta dónde ha llegado ya el grado de tensión, basta con leer las declaraciones de los propios protagonistas. Ye Peijian, antiguo diseñador jefe del Programa de Exploración Lunar Chino, lo resumió en 2017 con una crudeza asombrosa: «El universo es un océano, la Luna son las islas Diaoyu, Marte es la isla Huangyan. Si no llegamos ahora a pesar de ser capaces de hacerlo, nuestros descendientes nos culparán. Si otros van allí, tomarán el control, y ya no podremos ir aunque queramos». No estamos hablando de ciencia compartida, sino de auténtica conquista territorial.China: «El universo es un océano y la Luna son las islas Diaoyu: si no llegamos ahora, otros tomarán el control territorial»Frente a esta ‘estrategia de apisonadora’, la cúpula militar estadounidense empieza a despertar. El general Shawn Bratton, vicejefe de Operaciones Espaciales de EE.UU., ha reconocido sin tapujos la urgencia del momento: «¿Necesitamos poner Guardianes humanos en el espacio? Sería trágico si eso no ocurriera algún día… Tenemos pendiente trabajar en eso».Legislación InternacionalEl Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 impide de forma explícita reclamar soberanía y realizar maniobras militares en los cuerpos celestes. Sin embargo, el Instituto Mitchell advierte que depender de un documento de hace más de medio siglo sería de una ‘ingenuidad peligrosa’. El territorio lunar posee hoy una ‘naturaleza anárquica’ que convierte la carrera por sus recursos en un polvorín maduro para el conflicto.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Caos en el vecindario estelar: la Pequeña Nube de Magallanes se está desgarrando, y no es culpa de la Vía Láctea noticia Si El día que el sexo acabó con la paz en la TierraPara evitar ceder el dominio a sus rivales asiáticos, el informe exige dotar a los soldados estadounidenses, conocidos como ‘Guardianes’, de autoridad legal plena. La hoja de ruta propuesta sugiere aprovechar de inmediato el Curso de Pruebas Espaciales (STC) para iniciar agresivas campañas de aprendizaje humano en órbita. Como concluye Pumroy, no se puede asegurar un dominio tan vasto confiando únicamente en máquinas teledirigidas, porque en la inmensidad del cosmos «la presencia virtual es ausencia real». Estados Unidos, reza el informe, debe decidir si actúa ahora o si deja que otras potencias escriban las normas de nuestro futuro en las estrellas.  

La seguridad ha dejado de ser algo exclusivamente terrestre. Durante décadas, la humanidad ha mirado al cielo con una mezcla de curiosidad científica y asombro romántico. Pero los tiempos cambian, y el espacio se ha convertido, ante nuestros propios ojos, en el nuevo tablero de … ajedrez donde las grandes potencias mundiales mueven sus piezas. Las futuras misiones a la Luna, a Marte o a los enjambres de asteroides cercanos ya no tienen como único objetivo recolectar muestras de polvo cósmico o estudiar cráteres lejanos. Ahora buscan establecer bases permanentes y asegurar unos recursos cuyo valor es incalculable.

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