Trump cierra el Kennedy Center para reconstruirlo a su imagen

Una imagen cercana para que se entienda la dimensión del asunto. El Gran Teatre del Liceu de Barcelona no tuvo más remedio que cerrar varios años en la década de los noventa del pasado siglo para su reedificación después de un incendio masivo.

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 El monumento viviente al presidente asesinado estará dos años en obras  

Una imagen cercana para que se entienda la dimensión del asunto. El Gran Teatre del Liceu de Barcelona no tuvo más remedio que cerrar varios años en la década de los noventa del pasado siglo para su reedificación después de un incendio masivo.

En Washington, Donald Trump, que no puede evitar su forja en el sector del ladrillo, ejerce de pirómano y de empresa de construcción.

La decisión llega tras las anulaciones de numerosos artistas que no querían actuar en el centro rebautizado por Trump

El presidente de Estados Unidos, tras imponer su apellido a la institución, anunció la noche del domingo que el (Trump) Kennedy Center, el gran centro de las artes escénicas de la capital de EE.UU, cerrará el próximo julio –en concreto el día 4, coincidiendo con el 250.º aniversario de la nación– por un periodo de dos años para “una completa” renovación, según sus palabras.

La propuesta realizada desde su red social emerge en medio de las cancelaciones de numerosos artistas y grupos relevantes, desde Philip Glass a Renée Fleming, así como de turbulencias internas desde que despidió al que era su máximo responsable y asumió el control de la entidad y del memorial presidencial hace casi un año. Los rehizo a partir de su imagen.

Por supuesto, en su comunicado Trump no mencionó todas esas cancelaciones, puesto que suponen una dura condena a su gestión. Sí que indicó que su plan está sujeto a la aprobación de la junta del Kennedy Center, organismo en el que ha colocado a aliados que no le van a cuestionar y a él mismo en el sillón principal del órgano de dirección.

“¡La financiación está completada y totalmente asegurada!”, escribió en su mensaje. “Esta importante decisión, basada en las opiniones de muchos expertos altamente respetados, tomará un centro obsoleto, deteriorado y en ruinas… y lo convertirá en un bastión de clase mundial de las artes, la música y el entretenimiento, mucho mejor de lo que jamás ha sido antes”, prometió con su característica hipérbole.

Ni Trump ni el hombre de confianza que puso al frente, Richard Grenell, que luego señaló que disponían de 257 millones de dólares para la reparación, han aportado prueba alguna que respalde sus afirmaciones sobre el mal estado del edificio.

Pero la súbita decisión ya empezó a generar una reacción de repulsa al tratar de transformar el acreditado recinto, que empezó como centro de cultura nacional y fue rebautizado en 1964 por el Congreso como “monumento viviente” al presidente John F. Kennedy, asesinado en noviembre de 1963. La inauguración como sala se produjo el 8 de septiembre de 1971. Está abierto todo el año como escaparate de las artes, incluida la Orquesta Sinfónica Nacional.

Desde que Trump, de 79 años, regresó a la Casa Blanca el 20 de enero del 2025, el Kennedy Center es uno de los hitos en el que ha buscado dejar su sello en este segundo mandato. Actúa con verdadera obsesión por su legado. Es consciente que todas las leyes y órdenes que pueda rubricar pueden ser revocadas por el primero que le suceda en el despacho oval, centro de poder que ha convertido en una exhibición de objetos dorados de dudoso gusto. Pero reconstruir el Kennedy Center o la demolición del ala este de la Casa Blanca para un gran salón de baile quedará ahí. La piedra perdura, como el arco de triunfo que planea construir empequeñeciendo el monumento a Abraham Lincoln.

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