Rusia y la guerra de los drones baratos contra la aviación europea

Los bálticos acumulan años de interferencias, incursiones y sabotajes contra la aviación: Alemania investiga ahora un explosivo encontrado junto a aviones ucranianos Leer Los bálticos acumulan años de interferencias, incursiones y sabotajes contra la aviación: Alemania investiga ahora un explosivo encontrado junto a aviones ucranianos Leer  

Una catástrofe con varios muertos pudo quedarse a centímetros de ocurrir en la ciudad alemana de Leipzig. Un dron cargado con explosivo profesional apareció la noche del martes dentro del aeropuerto, flotando a baja altura entre dos Antonov An-124 ucranianos, en uno de los grandes centros logísticos de la OTAN en Europa. El detonador estaba roto y el artefacto no estalló. La Fiscalía Federal alemana ha asumido el caso como un posible ataque contra la seguridad del país y el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, habla de un «nuevo nivel de peligro».

El aparato llevaba un paquete explosivo del tamaño aproximado de un puño. Un aspecto llamativo: había sido modificado para eludir la detección electrónica, lo que descarta un uso amateur o un acto de bromistas. Las cámaras indican que llevaba horas dentro del recinto sin ser localizado. Un informe policial citado por medios alemanes señaló inicialmente que uno de los Antonov próximos llevaba munición. Ese extremo no figura entre los hechos confirmados públicamente por la Fiscalía Federal, pero es cierto que Antonov Airlines utiliza Leipzig como base europea y el aeropuerto alberga el sistema SALIS de transporte aéreo pesado para aliados de la OTAN.

El hallazgo cerró temporalmente el tráfico. Un carguero de DHL procedente de Marsella tuvo que frustrar su aproximación y chocó con otro objeto, probablemente un segundo dron, antes de aterrizar en Hannover con daños leves. Alemania no ha atribuido oficialmente la operación a Rusia, pero apunta en esa dirección: Dobrindt habla de un «escenario profesional de amenaza híbrida» y contempla la participación de una potencia extranjera.

«No siempre, pero algunas veces es Rusia. Hay que pensar quién se beneficia de lo que pasa. Mirar la foto amplia», explica a EL MUNDO Margarita Seselgyte, directora del Instituto de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas de la Universidad de Vilna. «Moscú se beneficia porque crea caos en Europa, dudas sobre el Estado, crea ansiedad. Y el gran plan es crear más desacuerdos, matar la unidad europea y el apetito para ayudar a Ucrania».

El objetivo físico podría ser uno de los Antonov. Pero objetivo estratégico era mayor: demostrar que la retaguardia europea puede ser alcanzada, paralizar una infraestructura crítica, medir la reacción de las defensas y multiplicar el coste de proteger aeropuertos. Como señala Seselgyte, «la guerra híbrida es muy útil, tiene costes bajos, no tienes que tener éxito en todos los lugares. Es muy similar al terrorismo, el objetivo es afectar a los que toman decisiones». Según un análisis publicado en julio por Carnegie Europe, las dificultades militares y económicas rusas pueden aumentar el incentivo para recurrir a acciones baratas, negables y capaces de probar los límites de la OTAN, explotar vacilaciones internas y erosionar el apoyo a Kiev.

Estonia, Letonia y Lituania ya han visto cómo estas técnicas alcanzan a la aviación. En 2024 Finnair suspendió durante un mes sus vuelos a Tartu después de que dos aviones regresaran a Helsinki al no poder completar la aproximación por interferencias GPS. En 2026 varios drones han entrado desde Rusia en el espacio aéreo báltico: dos cayeron en Letonia en mayo y un F-16 rumano derribó otro sobre Estonia durante intensa guerra electrónica. Vilna ha cerrado su aeropuerto más de diez veces desde octubre de 2025 por globos llegados desde Bielorrusia.

El precedente más directo nació en Lituania. En julio de 2024 salieron de Vilna cuatro paquetes con artefactos explosivo-incendiarios. Uno se prendió en Leipzig poco antes de ser cargado en un avión de DHL hacia Reino Unido; otro ardió en un camión en Polonia; un tercero se incendió en un almacén de DHL en Birmingham. La investigación europea ha identificado a 22 sospechosos y sostiene que actuaron en nombre de la inteligencia militar rusa. Las pesquisas apuntan a un ensayo para futuros ataques contra vuelos de carga hacia Estados Unidos y Canadá.

Ahí reside el valor del dron en la guerra híbrida: el atacante no necesita triunfar siempre, necesita obligar al adversario a protegerlo todo. Un aeropuerto civil no puede tratar cada vuelo desconocido como si fuese una ofensiva militar y tampoco puede asumir que se trata de un aficionado. El analista de Carnegie Maxim Beznosiuk advierte de una campaña destinada «a probar los umbrales aliados y fracturar la voluntad europea». Seselgyte lo resume en el trinomio de crear «caos, ansiedad y desacuerdos hasta reducir el apetito de ayudar a Ucrania». En Leipzig el dron ni siquiera necesitó explotar para conseguir una parte de ese efecto.

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