Robert de Miguel Moyer, arquitecto formado en diseño urbano por la Universidad de Harvard: “El bus suele ir mejor que el metro o Rodalies para las personas con diversidad funcional”

Arquitecto formado en la Universitat Politècnica de Catalunya y con un máster en diseño urbano por Harvard University, Robert de Miguel Moyer entiende la arquitectura en algo más que una disciplina técnica: en una herramienta de transformación social. Su mirada -también nutrida por su especialización en accesibilidad universal en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y su formación en el Col·legi d’Arquitectes Catalunya- propone integrar sostenibilidad, neuroarquitectura y diseño inclusivo en una misma ecuación. Para él, la accesibilidad no es un requisito añadido, sino un concepto vivo, dinámico y en constante evolución que debe impregnar cada espacio que habitamos, desde la escala urbana hasta el detalle más cotidiano.

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 Este experto pone como ejemplo de adaptación urbana el modelo de las superilles de Barcelona: “No se trata de que las personas se adapten a un entorno que las discrimina, sino de transformar la ciudad para responder a distintos estilos de vida”  

Arquitecto formado en la Universitat Politècnica de Catalunya y con un máster en diseño urbano por Harvard University, Robert de Miguel Moyer entiende la arquitectura en algo más que una disciplina técnica: en una herramienta de transformación social. Su mirada -también nutrida por su especialización en accesibilidad universal en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y su formación en el Col·legi d’Arquitectes Catalunya- propone integrar sostenibilidad, neuroarquitectura y diseño inclusivo en una misma ecuación. Para él, la accesibilidad no es un requisito añadido, sino un concepto vivo, dinámico y en constante evolución que debe impregnar cada espacio que habitamos, desde la escala urbana hasta el detalle más cotidiano.

Pero su compromiso va más allá del plano profesional. Tras un accidente que le provocó movilidad reducida, Robert vive en primera persona los límites -y las oportunidades- de nuestras ciudades. Esa experiencia le ha dado una perspectiva única y una convicción firme: diseñar pensando en todas las diversidades funcionales no es solo una cuestión de justicia, sino de inteligencia colectiva y sostenibilidad social. Inspirado por el lema de la Organización de las Naciones Unidas, “Nada sobre nosotros sin nosotros”, defiende que ha llegado el momento de pasar de la reflexión a la acción. Su arquitectura no solo construye edificios: construye futuro.

Colaboraste con la Confederació Catalana de Persones amb Discapacitat Física i Orgànica (COCEMFE) en un proyecto para auditar la accesibilidad en Barcelona. ¿En qué consistió?

El proyecto, “Per una Barcelona AASR” (amigable, accesible, sostenible y responsable), tenía como objetivo evaluar y mejorar la accesibilidad y la inclusión en la ciudad. Se trataba de detectar carencias y proponer mejoras reales y aplicables.

¿Cuál fue tu aportación?

Contribuí a la creación de una base de datos desde mi perspectiva como arquitecto. Incorporé criterios técnicos y propuestas de adaptación para que las mejoras pudieran replicarse por los distintos agentes que gestionan la ciudad. La idea era clara: pasar del diagnóstico a la acción.

Los ascensores son esenciales para que las personas con problemas de movilidad puedan utilizar el metro 
Los ascensores son esenciales para que las personas con problemas de movilidad puedan utilizar el metro Àlex Garcia / Propias

¿A qué conclusiones llegasteis?

Más allá de los datos, el mayor logro fue conectar personas, entidades y administración pública, fortaleciendo el diálogo y la corresponsabilidad. Se valoró cualitativamente el impacto del proyecto y se constató una mejora en la calidad de vida de la ciudadanía.

En movilidad urbana, ¿dónde detectasteis más déficits?

Comprobamos importantes deficiencias, especialmente en la fiabilidad de infraestructuras clave. Muchas incidencias afectan directamente a la autonomía de las personas con diversidad funcional. El autobús suele funcionar mejor; en el metro, los ascensores fallan con demasiada frecuencia y eso limita su movilidad. En Rodalies los problemas son graves y habituales: averías, falta de información, descoordinación… Para quien depende de esos sistemas, no son incidencias menores: son barreras diarias.

¿Has sufrido tú mismo alguna vez estos problemas?

Sí, puedo explicar una experiencia personal al respecto. Fui a visitar a un amigo a Vilafranca y, en la información de la pantalla de la estación -y también según me confirmaron en las taquillas-, se indicaba que el tren era accesible para mi silla de ruedas, pero la realidad fue distinta: no lo era. Además, el siguiente tren accesible salía desde una vía a la que solo se podía llegar mediante un ascensor que no funcionaba. Como consecuencia, me quedé atrapado en la estación durante más de una hora, hasta que finalmente habilitaron un tren accesible en una vía adecuada.

En Rodalies los problemas son graves y habituales: averías, falta de información, descoordinación… Para quien depende de esos sistemas, no son incidencias menores: son barreras diarias”

¿Qué soluciones propondrías?

Más que dinero, hace falta voluntad política y una estructura suprainstitucional de gestión que garantice el mantenimiento y centralice responsabilidades. Cuando algo falla, las competencias se diluyen entre administraciones.

También has elaborado el plan de accesibilidad de Polinyà. ¿Es diferente trabajar en un municipio pequeño?

Mucho. En municipios pequeños el alcance es menor y el proceso puede ser más ágil. En Polinyà adapté un modelo existente de otro municipio, diseñé las preguntas, realicé el trabajo de campo y redacté el informe. Controlar todo el proceso me permitió terminarlo en dos meses, cuando se estimaba un año. En ciudades grandes intervienen más actores y la coordinación es compleja. La dimensión importa.

Una persona en silla de ruedas en la calle Consell de Cent de Barcelona 
Una persona en silla de ruedas en la calle Consell de Cent de Barcelona Europa Press

Dices que tu diversidad funcional te permite tener una visión única del mundo de la arquitectura. ¿También en movilidad urbana?

Más que única, es una visión más humana. Todos somos vulnerables en algún aspecto. La movilidad y la arquitectura no son perfectas; están en constante proceso de mejora. Mi enfoque es dinámico: entender que el entorno debe adaptarse a las personas y no al revés.

Aseguras que la accesibilidad impacta también en la sostenibilidad social. ¿Cómo?

Las sociedades más accesibles suelen ser más ricas, pero no necesariamente más sostenibles. No es solo cuestión de dinero, sino de humanidad. La diversidad funcional nos hace más adaptables, más flexibles, más híbridos y más dinámicos. Y estas capacidades generan beneficios sociales y económicos.

La diversidad funcional fortalece la capacidad de cambio, la flexibilidad en la manera que interactuamos con el entorno y la adaptación urbana”

Has trabajado en neuroarquitectura. ¿Cómo la defines?

Se suele entender como el estudio del impacto del entorno en nuestras emociones, pero para mí es más funcional. Analiza cómo nos organizamos, cómo interactuamos y cómo generamos impacto social. La diversidad funcional y el cerebro aportan otra manera de entender estos sistemas.

En tu tesis hablas de la “Ciudad Cerebro”. ¿Qué es?

Es un modelo de ciudad dinámica y humana inspirado en la plasticidad del cerebro. La diversidad funcional fortalece la capacidad de cambio, la hibridación con grupos diversos, la flexibilidad en la manera que interactuamos con el entorno y la adaptación urbana. Una ciudad debe evolucionar continuamente según las necesidades reales de sus habitantes.

Superilla en el barrio de Sant Antoni de Barcelona 
Superilla en el barrio de Sant Antoni de Barcelona Xavier Cervera / Propias

También analizaste Barcelona.

Sí. Utilicé el modelo de las superilles como ejemplo de adaptación urbana. No se trata de que las personas se adapten a un entorno que las discrimina, sino de transformar la ciudad para que responda a la diversidad de estilos de vida. Barcelona ha progresado mucho en esa dirección.

¿Estamos avanzando en accesibilidad?

Aún existen prejuicios y dificultades laborales. Por eso fundé mi propia Consultoría de Accesibilidad Universal Platypus (CAP). Lo más difícil de cambiar es la mentalidad. En arquitectura se ha avanzado: la accesibilidad empieza a verse como un requisito básico, no como un gasto. Sin embargo, falta formación y el parque de viviendas es mayoritariamente inaccesible: solo un 0,6 % de las viviendas son accesibles y 100.000 personas no pueden salir de casa por esta razón. Queda mucho por hacer para lograr una sociedad verdaderamente amigable, accesible, sostenible y responsable.

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