Burnt Friedman & Drumming GP
La actuación del músico alemán u el trío Drumming GP constató la voluntad del Subsònic de ir más allá de la electrónica
Burnt Friedman & Drumming GP
★★★✩✩
Lugar y fecha: L’Auditori 2 (14/III/2026)
Englobada dentro del festival Subsònic –que ha celebrado su tercera edición en L’Auditori–, la actuación del músico alemán Burnt Friedman y el trío Drumming GP sirvió para constatar la voluntad del festival de ir más allá de la electrónica. Vinieron a presentar Guiding path , en un concierto en el que combinan ritmos sintéticos y orgánicos.
Friedman, parapetado entre teclados y botones, crea paisajes sonoros y texturas sobre las que interactúan los tres percusionistas liderados por el valenciano Miquel Bernat, que toca cajas y un plato de batería, y los portugueses André Dias y João Miguel Braga Simões, encargados de congas, tocadas con baquetas acolchadas en vez de las palmas de las manos, y de unos platos metalófonos con reminiscencias del gamelán.
El experimento tiene una gran deuda con la extensa relación que Friedman tuvo con el legendario batería de Can Jaki Liebezeit –a los que pudimos ver en un memorable concierto a dúo en CaixaForum– plasmada en la serie de discos Secret rhythms. Un título que va como anillo al dedo a los cuatro temas instrumentales que durante hora y diez minutos ofrecieron en la 2 de L’Auditori.
El veterano y curtido músico fue oscilando de las fases ambient y de reminiscencias kosmische a momentos dignos de una rave
El veterano y curtido músico alemán fue oscilando de las fases ambient y de reminiscencias kosmische a momentos dignos de una rave, pero siempre manteniendo un tono discreto para dejar lucirse a unos percusionistas que transitaban con fluidez de la repetición minimalista al palpito tribal. En el segundo movimiento el dominio de la abstracción inicial dejó paso a la exuberancia percutiva, con una incisiva y polirrítmica fase dominada por la extraña calidez de los platillos metálicos, mientras Friedman iba soltando unas ráfagas que era fácil imaginar como escapes de vapor de una fábrica.
Los sugerentes ritmos secretos fluyeron con pasmosa naturalidad, yendo de lo apenas sugerido a momentos de gran intensidad, de lo cósmico a protuberantes beats, del techno de matiz analógico a las fases rituales; todo ello enfatizado por una iluminación que oscurecía la sala en los compases más sutiles y se volvía cálida para ilustrar los crescendos. Y aunque ya no es novedoso, fue una vuelta de tuerca a un ideal electroacústico que a Burnt Friedman le ha dado grandes resultados.
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