Ricardo Cariaga, experto en parejas: «Tener la razón no repara una relación, no acerca, no calma; buscar soluciones, sí»

Estamos en la semana del amor. El próximo sábado es 14 de febrero, Día de San Valentín, una fecha que se presume muy romántica y en la que se pone de relieve la importancia de lo que une a las parejas. Sin embargo, Ricardo Cariaga , director de Vivir en Pareja , centro de investigación, apoyo psicoterapéutico y formación para la vida en pareja, sabe muy bien que estamos a comienzos de año, unos meses en los que, tras las vacaciones navideñas, es habitual que crezca el número de separaciones o divorcio en los primeros meses del año. Recuerda que no es casualidad . «Durante el año, la vida cotidiana funciona como una especie de amortiguador: el trabajo, el colegio de los hijos, las obligaciones, los compromisos y el ritmo acelerado hacen que muchas parejas no profundicen demasiado en sus dificultades. Simplemente no hay tiempo —ni energía— para mirar de frente lo que no está funcionando . Las vacaciones, en cambio, cambian ese escenario. Hay más tiempo juntos, más convivencia, más contacto con la familia política y menos distracciones. Y cuando una pareja está distanciada, con problemas de comunicación o desconectada emocionalmente, esa distancia se vuelve mucho más evidente. Lo que durante el año se logra tapar, en vacaciones queda expuesto«.Noticias relacionadas estandar No Sexóloga Nayara Malnero: «Los problemas de cama afectan a toda la relación» Laura Peraita estandar No ‘TOC amoroso’ El trastorno que crece entre parejas por la ‘hiperconexión’ y una baja autoestima Anna CabezaAsegura que es en ese contexto donde muchas personas toman mayor conciencia de que no se lo están llevando bien, de que la relación no está funcionando como esperaban o de que el otro ya no es la pareja que imaginaron tener. Una toma de conciencia, muchas veces dolorosa que puede llevar a decisiones impulsivas.A esto se suma otro factor clave: la creencia de que no hay alternativa . «Muchas parejas se separan porque sienten que el otro no va a cambiar, que la relación no puede mejorar, que no volverán a enamorarse o que ya no hay nada por hacer. Cuando se pierde la esperanza -matiza- la separación parece la única salida posible. Sin embargo, en muchos casos, ese no es necesariamente el mejor camino. Lo que suele faltar no es amor, sino herramientas para entender lo que está pasando , comunicarse mejor y abordar los problemas de una manera distinta. Las vacaciones no crean la crisis; simplemente la hacen visible«.-¿Por qué hay parejas que discuten tanto a pesar de quererse mucho?La respuesta es porque el cariño, por sí solo, no alcanza para tener una buena relación de pareja. Amarse no es lo mismo que saber convivir, comunicarse y resolver los conflictos que inevitablemente aparecen. Para eso se necesitan herramientas concretas.El objetivo de una relación de pareja no es no tener problemas, sino poder estar bien a pesar de ellos, sentirse contentos, conectados y en bienestar. Los problemas no son lo que rompe a las parejas; lo que las desgasta es no saber cómo enfrentarlos.Lo curioso es que las personas pasan su vida resolviendo problemas. En el trabajo, por ejemplo, todos los días se enfrentan a cinco, diez o veinte problemas laborales, y la mayoría los resuelve con bastante eficacia. ¿Por qué? Porque se capacitaron para eso. Estudiaron años para aprender a analizar situaciones, tomar decisiones y encontrar soluciones dentro de su ámbito profesional.En la pareja ocurre algo distinto. No es que las personas no sepan resolver problemas; lo que no saben es cómo manejar las emociones y los sentimientos que aparecen cuando el conflicto es afectivo. En los problemas de pareja no solo está en juego una solución práctica, sino el miedo, la frustración, el enojo, la inseguridad y la historia emocional de cada uno.Y para eso —para aprender a manejar las emociones y comunicarse mejor— también existen herramientas. Herramientas que no se enseñan en el colegio ni en la universidad, pero que son fundamentales para que una relación funcione.«Nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente. Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocional que no conduce a ninguna parte«-¿Cómo se puede negociar una tregua para analizar con tranquilidad la verdadera situación de la relación?Lo primero es tomar conciencia de algo muy básico: nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente. Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocional que no conduce a ninguna parte. Por eso, el primer paso es salir de ese estado cuanto antes. No para «ganar», sino para poder pensar con claridad.Cuando una relación está atrapada en la pelea constante, se pierde de vista lo esencial. Y aquí aparece una clave fundamental: el objetivo no es luchar para tener la razón, sino para encontrar una solución. Tener la razón no repara una relación, no acerca, no calma y no mejora el vínculo. En cambio, buscar soluciones sí.Negociar una tregua implica justamente eso: bajar las armas, suspender la confrontación y generar un espacio donde ambos puedan observar qué está pasando realmente, sin reproches ni ataques. No se trata de negar los problemas, sino de crear las condiciones necesarias para abordarlos de manera constructiva.-¿Y si la pareja no logra sola estos objetivos? Porque es difícil, ¿no?Si no lo logran —lo que es muy frecuente—, deben pedir ayuda porque no es un fracaso, es un acto de responsabilidad. Contar con un tercero, con un especialista, permite ordenar la conversación, comprender mejor el conflicto y orientar a la pareja hacia el camino más sano posible. A veces, la tregua no se negocia desde dentro de la pelea, sino con el apoyo de alguien que pueda ver el panorama completo y ayudar a recuperar la calma necesaria para decidir bien.-¿Cuáles son los errores más comunes de una pareja, los que les aleja? ¿Qué conflictos enfrían la relación?La mejor forma de responder a estas dos preguntas es explicar las razones por las que las parejas llegan con mayor frecuencia a consulta. Y, en general, los errores más comunes no tienen que ver con falta de amor, sino con fallos en el funcionamiento de la relación.El primer gran error es la mala comunicación. Muchas parejas hablan, pero no se escuchan. No saben expresar lo que sienten sin atacar, ni escuchar sin defenderse. Con el tiempo, esto va generando malentendidos, resentimiento y distancia.Otro error muy frecuente es la desconexión emocional. Las parejas dejan de mirarse, de interesarse genuinamente por el mundo interno del otro, de sentirse importantes. Siguen funcionando como equipo logístico, pero ya no como pareja.A esto se suma muchas veces la desconexión sexual, que no siempre tiene que ver con deseo, sino con cansancio, rutina, falta de cercanía emocional o conflictos no resueltos. Cuando la intimidad se apaga, la relación empieza a resentirse profundamente.También aparecen el aburrimiento y la rutina, que no surgen porque la relación sea mala, sino porque no se cuida ni se trabaja. Muchas parejas creen que el vínculo debería fluir solo, y cuando deja de hacerlo, no saben qué hacer.Y finalmente, en muchos casos, la infidelidad. No como causa única de los problemas, sino como consecuencia de una acumulación de errores no abordados a tiempo: mala comunicación, desconexión emocional, distancia sexual y falta de herramientas para resolver conflictos.En síntesis, la mayoría de las parejas no llegan a crisis por falta de amor, sino por falta de herramientas; no saber cómo cuidar, mantener y reparar su relación a lo largo del tiempo.«Cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas parejas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir»¿Cuáles son las recomendaciones para recuperar la armonía?Lo primero es entender que la armonía no aparece sola ni se mantiene por inercia. Recuperarla requiere intención, disposición y, sobre todo, aprender a hacer las cosas de otra manera.La primera recomendación es salir del modo pelea. Mientras la relación funcione como un campo de batalla, no hay espacio para la calma ni para las soluciones. En segundo lugar, es clave enfocarse en dejar de luchar por quien tiene la razón, como decía en una respuesta anterior, y empezar a trabajar por encontrar soluciones. Tener la razón no repara la relación, a veces incluso la empeora. Poner el foco en la solución es lo que permite avanzar.Otra recomendación importante es mejorar la dinámica de comunicación y resolución de conflictos. Si no tienen las herramientas, ve a buscarlas: libros, cursos, talleres y terapias. La mayoría de los conflictos se agravan no por el problema en sí, sino por la forma en que se conversa sobre él.También es fundamental dedicar tiempo de calidad a la relación. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas acciones constantes que vuelvan a conectarlos como pareja. Por último, la armonía no se recupera evitando los problemas, sino aprendiendo a enfrentarlos de una manera distinta.-¿Es el sexo un punto de encuentro?El sexo sí puede ser un gran punto de encuentro, pero sólo cuando forma parte de una relación donde ambos están y se sienten contentos. Para que «estemos contentos» tenemos que estar los dos felices. No solamente con respecto a la frecuencia, sino que también a la dinámica. Esto último es muy difícil de conseguir sin las herramientas adecuadas.-¿Cuándo se puede considerar que una relación está rota definitivamente?Muchas veces las personas piensan que su relación está definitivamente rota porque sienten que ya no se quieren como antes, porque hubo una infidelidad, una traición, porque uno de los dos se enamoró de otra persona, porque ya no logran ponerse de acuerdo o porque simplemente sienten que no hay salida.Y, sin embargo, lo que vemos una y otra vez en consulta es que relaciones que parecían «rotas» logran revertirse. ¿Por qué? Porque lo que muchas veces se rompe no es el amor, sino la esperanza.Llega un momento en muchas relaciones en que hay cariño, hay historia, pero no se ve el camino. Y cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir.La mayoría de los problemas de pareja tienen solución. El gran obstáculo no suele ser el problema en sí, sino la creencia de que nada va a cambiar.-A veces uno de los dos dice que no quiere seguir. ¿Por qué no desea continuar?No porque no haya habido amor, sino porque no cree que se pueda volver a enamorar, que el otro vaya a cambiar, que él o ella pueda cambiar, no cree que se pueda recuperar la pasión, no cree que lo que vivió fuera de la relación pueda volver a vivirlo dentro. -Y cuando alguien no cree, deja de intentarlo. ¿Para qué intentarlo si ya «sabe» que no va a funcionar?Sin embargo, algo muy interesante ocurre muchas veces en terapia: personas que llegan sin ganas, incluso obligadas, empiezan a volver a creer. No porque se les prometa magia, sino porque empiezan a entender, a mirar distinto, a descubrir que sí existen herramientas y caminos que antes no conocían.Y cuando vuelve la creencia, y existe el cariño y la historia, muchas parejas deciden intentar nuevamente trabajar por su relación. Por eso decimos que, mientras haya disposición a mirar las cosas de otra manera, siempre hay esperanza.MÁS INFORMACIÓN noticia No San Valentín: regalos con mucho amor para aportar bienestar a tu pareja noticia No Los suplementos que sí funcionan para entrenar noticia No David Céspedes, médico especialista en envejecimiento, explica cuándo es el mejor momento para tomar proteínaAhora bien, idealmente las parejas deberían pedir ayuda antes, de manera preventiva: cuando empiezan a desconectarse, cuando la sexualidad ya no es como la de épocas anteriores, cuando la comunicación se va empobreciendo. Pero la realidad es que la mayoría no lo hace. Nuestro trabajo, muchas veces, es como un servicio de urgencia, cuando la pareja ya no puede salir sola. La buena noticia es que incluso en esos escenarios, muchas veces todavía hay camino por recorrer. Estamos en la semana del amor. El próximo sábado es 14 de febrero, Día de San Valentín, una fecha que se presume muy romántica y en la que se pone de relieve la importancia de lo que une a las parejas. Sin embargo, Ricardo Cariaga , director de Vivir en Pareja , centro de investigación, apoyo psicoterapéutico y formación para la vida en pareja, sabe muy bien que estamos a comienzos de año, unos meses en los que, tras las vacaciones navideñas, es habitual que crezca el número de separaciones o divorcio en los primeros meses del año. Recuerda que no es casualidad . «Durante el año, la vida cotidiana funciona como una especie de amortiguador: el trabajo, el colegio de los hijos, las obligaciones, los compromisos y el ritmo acelerado hacen que muchas parejas no profundicen demasiado en sus dificultades. Simplemente no hay tiempo —ni energía— para mirar de frente lo que no está funcionando . Las vacaciones, en cambio, cambian ese escenario. Hay más tiempo juntos, más convivencia, más contacto con la familia política y menos distracciones. Y cuando una pareja está distanciada, con problemas de comunicación o desconectada emocionalmente, esa distancia se vuelve mucho más evidente. Lo que durante el año se logra tapar, en vacaciones queda expuesto«.Noticias relacionadas estandar No Sexóloga Nayara Malnero: «Los problemas de cama afectan a toda la relación» Laura Peraita estandar No ‘TOC amoroso’ El trastorno que crece entre parejas por la ‘hiperconexión’ y una baja autoestima Anna CabezaAsegura que es en ese contexto donde muchas personas toman mayor conciencia de que no se lo están llevando bien, de que la relación no está funcionando como esperaban o de que el otro ya no es la pareja que imaginaron tener. Una toma de conciencia, muchas veces dolorosa que puede llevar a decisiones impulsivas.A esto se suma otro factor clave: la creencia de que no hay alternativa . «Muchas parejas se separan porque sienten que el otro no va a cambiar, que la relación no puede mejorar, que no volverán a enamorarse o que ya no hay nada por hacer. Cuando se pierde la esperanza -matiza- la separación parece la única salida posible. Sin embargo, en muchos casos, ese no es necesariamente el mejor camino. Lo que suele faltar no es amor, sino herramientas para entender lo que está pasando , comunicarse mejor y abordar los problemas de una manera distinta. Las vacaciones no crean la crisis; simplemente la hacen visible«.-¿Por qué hay parejas que discuten tanto a pesar de quererse mucho?La respuesta es porque el cariño, por sí solo, no alcanza para tener una buena relación de pareja. Amarse no es lo mismo que saber convivir, comunicarse y resolver los conflictos que inevitablemente aparecen. Para eso se necesitan herramientas concretas.El objetivo de una relación de pareja no es no tener problemas, sino poder estar bien a pesar de ellos, sentirse contentos, conectados y en bienestar. Los problemas no son lo que rompe a las parejas; lo que las desgasta es no saber cómo enfrentarlos.Lo curioso es que las personas pasan su vida resolviendo problemas. En el trabajo, por ejemplo, todos los días se enfrentan a cinco, diez o veinte problemas laborales, y la mayoría los resuelve con bastante eficacia. ¿Por qué? Porque se capacitaron para eso. Estudiaron años para aprender a analizar situaciones, tomar decisiones y encontrar soluciones dentro de su ámbito profesional.En la pareja ocurre algo distinto. No es que las personas no sepan resolver problemas; lo que no saben es cómo manejar las emociones y los sentimientos que aparecen cuando el conflicto es afectivo. En los problemas de pareja no solo está en juego una solución práctica, sino el miedo, la frustración, el enojo, la inseguridad y la historia emocional de cada uno.Y para eso —para aprender a manejar las emociones y comunicarse mejor— también existen herramientas. Herramientas que no se enseñan en el colegio ni en la universidad, pero que son fundamentales para que una relación funcione.«Nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente. Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocional que no conduce a ninguna parte«-¿Cómo se puede negociar una tregua para analizar con tranquilidad la verdadera situación de la relación?Lo primero es tomar conciencia de algo muy básico: nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente. Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocional que no conduce a ninguna parte. Por eso, el primer paso es salir de ese estado cuanto antes. No para «ganar», sino para poder pensar con claridad.Cuando una relación está atrapada en la pelea constante, se pierde de vista lo esencial. Y aquí aparece una clave fundamental: el objetivo no es luchar para tener la razón, sino para encontrar una solución. Tener la razón no repara una relación, no acerca, no calma y no mejora el vínculo. En cambio, buscar soluciones sí.Negociar una tregua implica justamente eso: bajar las armas, suspender la confrontación y generar un espacio donde ambos puedan observar qué está pasando realmente, sin reproches ni ataques. No se trata de negar los problemas, sino de crear las condiciones necesarias para abordarlos de manera constructiva.-¿Y si la pareja no logra sola estos objetivos? Porque es difícil, ¿no?Si no lo logran —lo que es muy frecuente—, deben pedir ayuda porque no es un fracaso, es un acto de responsabilidad. Contar con un tercero, con un especialista, permite ordenar la conversación, comprender mejor el conflicto y orientar a la pareja hacia el camino más sano posible. A veces, la tregua no se negocia desde dentro de la pelea, sino con el apoyo de alguien que pueda ver el panorama completo y ayudar a recuperar la calma necesaria para decidir bien.-¿Cuáles son los errores más comunes de una pareja, los que les aleja? ¿Qué conflictos enfrían la relación?La mejor forma de responder a estas dos preguntas es explicar las razones por las que las parejas llegan con mayor frecuencia a consulta. Y, en general, los errores más comunes no tienen que ver con falta de amor, sino con fallos en el funcionamiento de la relación.El primer gran error es la mala comunicación. Muchas parejas hablan, pero no se escuchan. No saben expresar lo que sienten sin atacar, ni escuchar sin defenderse. Con el tiempo, esto va generando malentendidos, resentimiento y distancia.Otro error muy frecuente es la desconexión emocional. Las parejas dejan de mirarse, de interesarse genuinamente por el mundo interno del otro, de sentirse importantes. Siguen funcionando como equipo logístico, pero ya no como pareja.A esto se suma muchas veces la desconexión sexual, que no siempre tiene que ver con deseo, sino con cansancio, rutina, falta de cercanía emocional o conflictos no resueltos. Cuando la intimidad se apaga, la relación empieza a resentirse profundamente.También aparecen el aburrimiento y la rutina, que no surgen porque la relación sea mala, sino porque no se cuida ni se trabaja. Muchas parejas creen que el vínculo debería fluir solo, y cuando deja de hacerlo, no saben qué hacer.Y finalmente, en muchos casos, la infidelidad. No como causa única de los problemas, sino como consecuencia de una acumulación de errores no abordados a tiempo: mala comunicación, desconexión emocional, distancia sexual y falta de herramientas para resolver conflictos.En síntesis, la mayoría de las parejas no llegan a crisis por falta de amor, sino por falta de herramientas; no saber cómo cuidar, mantener y reparar su relación a lo largo del tiempo.«Cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas parejas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir»¿Cuáles son las recomendaciones para recuperar la armonía?Lo primero es entender que la armonía no aparece sola ni se mantiene por inercia. Recuperarla requiere intención, disposición y, sobre todo, aprender a hacer las cosas de otra manera.La primera recomendación es salir del modo pelea. Mientras la relación funcione como un campo de batalla, no hay espacio para la calma ni para las soluciones. En segundo lugar, es clave enfocarse en dejar de luchar por quien tiene la razón, como decía en una respuesta anterior, y empezar a trabajar por encontrar soluciones. Tener la razón no repara la relación, a veces incluso la empeora. Poner el foco en la solución es lo que permite avanzar.Otra recomendación importante es mejorar la dinámica de comunicación y resolución de conflictos. Si no tienen las herramientas, ve a buscarlas: libros, cursos, talleres y terapias. La mayoría de los conflictos se agravan no por el problema en sí, sino por la forma en que se conversa sobre él.También es fundamental dedicar tiempo de calidad a la relación. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas acciones constantes que vuelvan a conectarlos como pareja. Por último, la armonía no se recupera evitando los problemas, sino aprendiendo a enfrentarlos de una manera distinta.-¿Es el sexo un punto de encuentro?El sexo sí puede ser un gran punto de encuentro, pero sólo cuando forma parte de una relación donde ambos están y se sienten contentos. Para que «estemos contentos» tenemos que estar los dos felices. No solamente con respecto a la frecuencia, sino que también a la dinámica. Esto último es muy difícil de conseguir sin las herramientas adecuadas.-¿Cuándo se puede considerar que una relación está rota definitivamente?Muchas veces las personas piensan que su relación está definitivamente rota porque sienten que ya no se quieren como antes, porque hubo una infidelidad, una traición, porque uno de los dos se enamoró de otra persona, porque ya no logran ponerse de acuerdo o porque simplemente sienten que no hay salida.Y, sin embargo, lo que vemos una y otra vez en consulta es que relaciones que parecían «rotas» logran revertirse. ¿Por qué? Porque lo que muchas veces se rompe no es el amor, sino la esperanza.Llega un momento en muchas relaciones en que hay cariño, hay historia, pero no se ve el camino. Y cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir.La mayoría de los problemas de pareja tienen solución. El gran obstáculo no suele ser el problema en sí, sino la creencia de que nada va a cambiar.-A veces uno de los dos dice que no quiere seguir. ¿Por qué no desea continuar?No porque no haya habido amor, sino porque no cree que se pueda volver a enamorar, que el otro vaya a cambiar, que él o ella pueda cambiar, no cree que se pueda recuperar la pasión, no cree que lo que vivió fuera de la relación pueda volver a vivirlo dentro. -Y cuando alguien no cree, deja de intentarlo. ¿Para qué intentarlo si ya «sabe» que no va a funcionar?Sin embargo, algo muy interesante ocurre muchas veces en terapia: personas que llegan sin ganas, incluso obligadas, empiezan a volver a creer. No porque se les prometa magia, sino porque empiezan a entender, a mirar distinto, a descubrir que sí existen herramientas y caminos que antes no conocían.Y cuando vuelve la creencia, y existe el cariño y la historia, muchas parejas deciden intentar nuevamente trabajar por su relación. Por eso decimos que, mientras haya disposición a mirar las cosas de otra manera, siempre hay esperanza.MÁS INFORMACIÓN noticia No San Valentín: regalos con mucho amor para aportar bienestar a tu pareja noticia No Los suplementos que sí funcionan para entrenar noticia No David Céspedes, médico especialista en envejecimiento, explica cuándo es el mejor momento para tomar proteínaAhora bien, idealmente las parejas deberían pedir ayuda antes, de manera preventiva: cuando empiezan a desconectarse, cuando la sexualidad ya no es como la de épocas anteriores, cuando la comunicación se va empobreciendo. Pero la realidad es que la mayoría no lo hace. Nuestro trabajo, muchas veces, es como un servicio de urgencia, cuando la pareja ya no puede salir sola. La buena noticia es que incluso en esos escenarios, muchas veces todavía hay camino por recorrer.  

Estamos en la semana del amor. El próximo sábado es 14 de febrero, Día de San Valentín, una fecha que se presume muy romántica y en la que se pone de relieve la importancia de lo que une a las parejas.

Sin embargo, Ricardo Cariaga … , director de Vivir en Pareja, centro de investigación, apoyo psicoterapéutico y formación para la vida en pareja, sabe muy bien que estamos a comienzos de año, unos meses en los que, tras las vacaciones navideñas, es habitual que crezca el número de separaciones o divorcio en los primeros meses del año.

Recuerda que no es casualidad. «Durante el año, la vida cotidiana funciona como una especie de amortiguador: el trabajo, el colegio de los hijos, las obligaciones, los compromisos y el ritmo acelerado hacen que muchas parejas no profundicen demasiado en sus dificultades. Simplemente no hay tiempo —ni energía— para mirar de frente lo que no está funcionando. Las vacaciones, en cambio, cambian ese escenario. Hay más tiempo juntos, más convivencia, más contacto con la familia política y menos distracciones. Y cuando una pareja está distanciada, con problemas de comunicación o desconectada emocionalmente, esa distancia se vuelve mucho más evidente. Lo que durante el año se logra tapar, en vacaciones queda expuesto«.

Asegura que es en ese contexto donde muchas personas toman mayor conciencia de que no se lo están llevando bien, de que la relación no está funcionando como esperaban o de que el otro ya no es la pareja que imaginaron tener. Una toma de conciencia, muchas veces dolorosa que puede llevar a decisiones impulsivas.

A esto se suma otro factor clave: la creencia de que no hay alternativa. «Muchas parejas se separan porque sienten que el otro no va a cambiar, que la relación no puede mejorar, que no volverán a enamorarse o que ya no hay nada por hacer. Cuando se pierde la esperanza -matiza- la separación parece la única salida posible. Sin embargo, en muchos casos, ese no es necesariamente el mejor camino. Lo que suele faltar no es amor, sino herramientas para entender lo que está pasando, comunicarse mejor y abordar los problemas de una manera distinta. Las vacaciones no crean la crisis; simplemente la hacen visible«.

-¿Por qué hay parejas que discuten tanto a pesar de quererse mucho?

La respuesta es porque el cariño, por sí solo, no alcanza para tener una buena relación de pareja. Amarse no es lo mismo que saber convivir, comunicarse y resolver los conflictos que inevitablemente aparecen. Para eso se necesitan herramientas concretas.

El objetivo de una relación de pareja no es no tener problemas, sino poder estar bien a pesar de ellos, sentirse contentos, conectados y en bienestar. Los problemas no son lo que rompe a las parejas; lo que las desgasta es no saber cómo enfrentarlos.

Lo curioso es que las personas pasan su vida resolviendo problemas. En el trabajo, por ejemplo, todos los días se enfrentan a cinco, diez o veinte problemas laborales, y la mayoría los resuelve con bastante eficacia. ¿Por qué? Porque se capacitaron para eso. Estudiaron años para aprender a analizar situaciones, tomar decisiones y encontrar soluciones dentro de su ámbito profesional.

En la pareja ocurre algo distinto. No es que las personas no sepan resolver problemas; lo que no saben es cómo manejar las emociones y los sentimientos que aparecen cuando el conflicto es afectivo. En los problemas de pareja no solo está en juego una solución práctica, sino el miedo, la frustración, el enojo, la inseguridad y la historia emocional de cada uno.

Y para eso —para aprender a manejar las emociones y comunicarse mejor— también existen herramientas. Herramientas que no se enseñan en el colegio ni en la universidad, pero que son fundamentales para que una relación funcione.

«Nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente.

Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocional

que no conduce a ninguna parte«

-¿Cómo se puede negociar una tregua para analizar con tranquilidad la verdadera situación de la relación?

Lo primero es tomar conciencia de algo muy básico: nadie puede vivir bien en un campo de batalla permanente.Vivir discutiendo, tensionados, a la defensiva, es un infierno emocionalque no conduce a ninguna parte. Por eso, el primer paso es salir de ese estado cuanto antes. No para «ganar», sino para poder pensar con claridad.

Cuando una relación está atrapada en la pelea constante, se pierde de vista lo esencial. Y aquí aparece una clave fundamental: el objetivo no es luchar para tener la razón, sino para encontrar una solución. Tener la razón no repara una relación, no acerca, no calma y no mejora el vínculo. En cambio, buscar soluciones sí.

Negociar una tregua implica justamente eso: bajar las armas, suspender la confrontación y generar un espacio donde ambos puedan observar qué está pasando realmente, sin reproches ni ataques. No se trata de negar los problemas, sino de crear las condiciones necesarias para abordarlos de manera constructiva.

-¿Y si la pareja no logra sola estos objetivos? Porque es difícil, ¿no?

Si no lo logran —lo que es muy frecuente—, deben pedir ayuda porque no es un fracaso, es un acto de responsabilidad. Contar con un tercero, con un especialista, permite ordenar la conversación, comprender mejor el conflicto y orientar a la pareja hacia el camino más sano posible. A veces, la tregua no se negocia desde dentro de la pelea, sino con el apoyo de alguien que pueda ver el panorama completo y ayudar a recuperar la calma necesaria para decidir bien.

-¿Cuáles son los errores más comunes de una pareja, los que les aleja? ¿Qué conflictos enfrían la relación?

La mejor forma de responder a estas dos preguntas es explicar las razones por las que las parejas llegan con mayor frecuencia a consulta. Y, en general, los errores más comunes no tienen que ver con falta de amor, sino con fallos en el funcionamiento de la relación.

El primer gran error es la mala comunicación. Muchas parejas hablan, pero no se escuchan. No saben expresar lo que sienten sin atacar, ni escuchar sin defenderse. Con el tiempo, esto va generando malentendidos, resentimiento y distancia.

Otro error muy frecuente es la desconexión emocional. Las parejas dejan de mirarse, de interesarse genuinamente por el mundo interno del otro, de sentirse importantes. Siguen funcionando como equipo logístico, pero ya no como pareja.

A esto se suma muchas veces la desconexión sexual, que no siempre tiene que ver con deseo, sino con cansancio, rutina, falta de cercanía emocional o conflictos no resueltos. Cuando la intimidad se apaga, la relación empieza a resentirse profundamente.

También aparecen el aburrimiento y la rutina, que no surgen porque la relación sea mala, sino porque no se cuida ni se trabaja. Muchas parejas creen que el vínculo debería fluir solo, y cuando deja de hacerlo, no saben qué hacer.

Y finalmente, en muchos casos, la infidelidad. No como causa única de los problemas, sino como consecuencia de una acumulación de errores no abordados a tiempo: mala comunicación, desconexión emocional, distancia sexual y falta de herramientas para resolver conflictos.

En síntesis, la mayoría de las parejas no llegan a crisis por falta de amor, sino por falta de herramientas; no saber cómo cuidar, mantener y reparar su relación a lo largo del tiempo.

«Cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas parejas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir»

¿Cuáles son las recomendaciones para recuperar la armonía?

Lo primero es entender que la armonía no aparece sola ni se mantiene por inercia. Recuperarla requiere intención, disposición y, sobre todo, aprender a hacer las cosas de otra manera.

La primera recomendación es salir del modo pelea. Mientras la relación funcione como un campo de batalla, no hay espacio para la calma ni para las soluciones.

En segundo lugar, es clave enfocarse en dejar de luchar por quien tiene la razón, como decía en una respuesta anterior, y empezar a trabajar por encontrar soluciones. Tener la razón no repara la relación, a veces incluso la empeora. Poner el foco en la solución es lo que permite avanzar.

Otra recomendación importante es mejorar la dinámica de comunicación y resolución de conflictos. Si no tienen las herramientas, ve a buscarlas: libros, cursos, talleres y terapias. La mayoría de los conflictos se agravan no por el problema en sí, sino por la forma en que se conversa sobre él.

También es fundamental dedicar tiempo de calidad a la relación. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas acciones constantes que vuelvan a conectarlos como pareja. Por último, la armonía no se recupera evitando los problemas, sino aprendiendo a enfrentarlos de una manera distinta.

-¿Es el sexo un punto de encuentro?

El sexo sí puede ser un gran punto de encuentro, pero sólo cuando forma parte de una relación donde ambos están y se sienten contentos. Para que «estemos contentos» tenemos que estar los dos felices. No solamente con respecto a la frecuencia, sino que también a la dinámica. Esto último es muy difícil de conseguir sin las herramientas adecuadas.

-¿Cuándo se puede considerar que una relación está rota definitivamente?

Muchas veces las personas piensan que su relación está definitivamente rota porque sienten que ya no se quieren como antes, porque hubo una infidelidad, una traición, porque uno de los dos se enamoró de otra persona, porque ya no logran ponerse de acuerdo o porque simplemente sienten que no hay salida.

Y, sin embargo, lo que vemos una y otra vez en consulta es que relaciones que parecían «rotas» logran revertirse. ¿Por qué? Porque lo que muchas veces se rompe no es el amor, sino la esperanza.

Llega un momento en muchas relaciones en que hay cariño, hay historia, pero no se ve el camino.Y cuando no se ve una salida, separarse empieza a parecer la única opción. Por eso muchas se separan queriéndose. No porque no haya amor, sino porque no saben cómo seguir.

La mayoría de los problemas de pareja tienen solución. El gran obstáculo no suele ser el problema en sí, sino la creencia de que nada va a cambiar.

-A veces uno de los dos dice que no quiere seguir. ¿Por qué no desea continuar?

No porque no haya habido amor, sino porque no cree que se pueda volver a enamorar, que el otro vaya a cambiar, que él o ella pueda cambiar, no cree que se pueda recuperar la pasión, no cree que lo que vivió fuera de la relación pueda volver a vivirlo dentro.

-Y cuando alguien no cree, deja de intentarlo. ¿Para qué intentarlo si ya «sabe» que no va a funcionar?

Sin embargo, algo muy interesante ocurre muchas veces en terapia: personas que llegan sin ganas, incluso obligadas, empiezan a volver a creer. No porque se les prometa magia, sino porque empiezan a entender, a mirar distinto, a descubrir que sí existen herramientas y caminos que antes no conocían.

Y cuando vuelve la creencia, y existe el cariño y la historia, muchas parejas deciden intentar nuevamente trabajar por su relación. Por eso decimos que, mientras haya disposición a mirar las cosas de otra manera, siempre hay esperanza.

Ahora bien, idealmente las parejas deberían pedir ayuda antes, de manera preventiva: cuando empiezan a desconectarse, cuando la sexualidad ya no es como la de épocas anteriores, cuando la comunicación se va empobreciendo. Pero la realidad es que la mayoría no lo hace. Nuestro trabajo, muchas veces, es como un servicio de urgencia, cuando la pareja ya no puede salir sola. La buena noticia es que incluso en esos escenarios, muchas veces todavía hay camino por recorrer.

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