Hace miles de millones de años, en un mundo hostil, cambiante y muy distinto al actual, dos microbios completamente diferentes unieron sus destinos para siempre. Uno se tragó al otro, o quizás el otro invadió al primero, y de esa fusión extraordinaria surgió la primera célula compleja, el ancestro común de todos los animales , plantas y hongos que hoy pueblan la Tierra. A ese evento lo llamamos ‘endosimbiosis’ y es la piedra angular de nuestra existencia. Solo después de que sucediera, de hecho, pudieron surgir los primeros animales .Pero hay un problema. Un cabo suelto que ha traído de cabeza a los científicos desde hace casi un siglo. Y es que la teoría dice que esa fusión ocurrió entre una arquea (el hospedador) y una bacteria (el inquilino, que acabaría convirtiéndose en nuestras mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células). El problema es que la bacteria necesitaba oxígeno para vivir, mientras que se suponía que la arquea era un organismo anaeróbico, una criatura de las profundidades para la que el oxígeno es poco menos que un veneno mortal. ¿Cómo pudieron entonces convivir sin matarse? ¿Y cómo se encontraron, si vivían en mundos químicos opuestos? Era una paradoja irresoluble. Hasta ahora.El ancestro que surgió de la oscuridadUn equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin, en efecto, acaba de publicar en ‘ Nature ‘ un estudio que resuelve el misterio. Y resulta que nuestro ‘tatarabuelo’ microbiano no era un ermitaño que se protegía del oxígeno en las profundidades oceánicas. Al contrario: ya podía respirarlo.Para llegar a estas conclusiones, los investigadores pusieron el foco en las arqueas de Asgard, un grupo de microbios descubierto hace poco más de una década y que se considera nuestro pariente procariota más cercano. Y dentro de este grupo, descubrieron que una clase específica, las Heimdallarchaeia (llamadas así por Heimdall, el dios nórdico que vigilaba el puente hacia Asgard), no sólo toleran el oxígeno, sino que lo utilizan activamente.La teoría clásica tenía un agujero imposible de explicar: ¿cómo pudieron encontrarse y fusionarse un microbio que necesitaba oxígeno y otro para el que ese gas era un veneno mortal?«La mayoría de las Asgard vivas hoy en día -explica Brett Baker, uno de los autores principales del estudio- se han encontrado en entornos sin oxígeno. Pero resulta que las más estrechamente relacionadas con los eucariotas viven en lugares con oxígeno, como sedimentos costeros poco profundos y flotando en la columna de agua, y disponen de muchas rutas metabólicas que utilizan oxígeno. Todo esto sugiere que nuestro ancestro eucariota probablemente también tenía estas capacidades».15 terabytes de ADNEl descubrimiento no ha sido una tarea fácil. Muy al contrario, ha requerido un esfuerzo titánico de ‘minería’ genética. Y es que el equipo, liderado por la investigadora Kathryn Appler (actualmente en el Instituto Pasteur de París), no se limitó a mirar por el microscopio, sino que recopiló también datos de múltiples expediciones marinas, y procesó cerca de 15 terabytes de ADN ambiental. Lo cual equivale a intentar reconstruir miles de libros triturados y mezclados entre sí.Pero lo hicieron, y a partir de ese auténtico caos de datos lograron ensamblar más de 13.000 nuevos genomas microbianos, duplicando de un plumazo la diversidad genómica conocida de las arqueas de Asgard.Las ‘Heimdallarchaeia’, nuestros parientes procariotas más cercanos, no vivían aisladas en el fondo abisal: habitaban zonas costeras y ricas en oxígeno, listas para dar el salto evolutivo«Estas arqueas Asgard -aclara Appler- pasan a menudo inadvertidas en las secuenciaciones de baja cobertura. Pero el esfuerzo masivo de secuenciación y la estratificación de métodos estructurales y de secuencia nos permitieron ver patrones que no eran visibles antes de esta expansión genómica».Para lo cual utilizaron la tecnología más puntera disponible. De hecho, el equipo utilizó ApohaFold2, la famosa inteligencia artificial de Google (que ya va por su versión 3 , aún más potente), capaz de predecir la forma de las proteínas y que permitió a los científicos analizar las herramientas moleculares de estas arqueas. ¿El resultado? Las proteínas de las Heimdallarchaeia se pliegan en formas sospechosamente similares a las que nuestras propias células usan hoy para generar energía a partir del oxígeno.La Gran OxidaciónEl hallazgo encaja como un guante con lo que los geólogos saben de la historia de la Tierra. Sabemos que hace unos 1.700 millones de años (mucho después del primer ‘Gran Evento de Oxidación’ de hace 2.400 millones de años), los niveles de oxígeno en la atmósfera y los océanos sufrieron un nuevo y dramático repunte.Pues bien, justo en ese momento, y en un mundo que para la mayoría de los organismos vivos de la época se estaba ‘envenenando’ con oxígeno, nuestros ancestros Heimdallarchaeia encontraron una ventaja: en lugar de huir, se adaptaron. Aprendieron a usar ese gas reactivo para obtener más energía. Y fue en ese contexto, en un ambiente rico en oxígeno, donde se encontraron con la bacteria que daría lugar a las mitocondrias. No fue un encuentro forzado entre dos extraños incompatibles, sino la unión de dos organismos que ya ‘hablaban el mismo idioma’ metabólico.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Por qué los humanos somos la única especie con barbilla, el hueso más inútil del cuerpo noticia Si Descubren un sistema planetario que nació ‘al revés’En palabras de Baker, «el hecho de que algunas de las Asgard, que son nuestros ancestros, fueran capaces de usar oxígeno encaja muy bien con esto. El oxígeno apareció en el medio ambiente, y las Asgard se adaptaron a él. Encontraron una ventaja energética al usar oxígeno, y luego evolucionaron hacia los eucariotas». Hace miles de millones de años, en un mundo hostil, cambiante y muy distinto al actual, dos microbios completamente diferentes unieron sus destinos para siempre. Uno se tragó al otro, o quizás el otro invadió al primero, y de esa fusión extraordinaria surgió la primera célula compleja, el ancestro común de todos los animales , plantas y hongos que hoy pueblan la Tierra. A ese evento lo llamamos ‘endosimbiosis’ y es la piedra angular de nuestra existencia. Solo después de que sucediera, de hecho, pudieron surgir los primeros animales .Pero hay un problema. Un cabo suelto que ha traído de cabeza a los científicos desde hace casi un siglo. Y es que la teoría dice que esa fusión ocurrió entre una arquea (el hospedador) y una bacteria (el inquilino, que acabaría convirtiéndose en nuestras mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células). El problema es que la bacteria necesitaba oxígeno para vivir, mientras que se suponía que la arquea era un organismo anaeróbico, una criatura de las profundidades para la que el oxígeno es poco menos que un veneno mortal. ¿Cómo pudieron entonces convivir sin matarse? ¿Y cómo se encontraron, si vivían en mundos químicos opuestos? Era una paradoja irresoluble. Hasta ahora.El ancestro que surgió de la oscuridadUn equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin, en efecto, acaba de publicar en ‘ Nature ‘ un estudio que resuelve el misterio. Y resulta que nuestro ‘tatarabuelo’ microbiano no era un ermitaño que se protegía del oxígeno en las profundidades oceánicas. Al contrario: ya podía respirarlo.Para llegar a estas conclusiones, los investigadores pusieron el foco en las arqueas de Asgard, un grupo de microbios descubierto hace poco más de una década y que se considera nuestro pariente procariota más cercano. Y dentro de este grupo, descubrieron que una clase específica, las Heimdallarchaeia (llamadas así por Heimdall, el dios nórdico que vigilaba el puente hacia Asgard), no sólo toleran el oxígeno, sino que lo utilizan activamente.La teoría clásica tenía un agujero imposible de explicar: ¿cómo pudieron encontrarse y fusionarse un microbio que necesitaba oxígeno y otro para el que ese gas era un veneno mortal?«La mayoría de las Asgard vivas hoy en día -explica Brett Baker, uno de los autores principales del estudio- se han encontrado en entornos sin oxígeno. Pero resulta que las más estrechamente relacionadas con los eucariotas viven en lugares con oxígeno, como sedimentos costeros poco profundos y flotando en la columna de agua, y disponen de muchas rutas metabólicas que utilizan oxígeno. Todo esto sugiere que nuestro ancestro eucariota probablemente también tenía estas capacidades».15 terabytes de ADNEl descubrimiento no ha sido una tarea fácil. Muy al contrario, ha requerido un esfuerzo titánico de ‘minería’ genética. Y es que el equipo, liderado por la investigadora Kathryn Appler (actualmente en el Instituto Pasteur de París), no se limitó a mirar por el microscopio, sino que recopiló también datos de múltiples expediciones marinas, y procesó cerca de 15 terabytes de ADN ambiental. Lo cual equivale a intentar reconstruir miles de libros triturados y mezclados entre sí.Pero lo hicieron, y a partir de ese auténtico caos de datos lograron ensamblar más de 13.000 nuevos genomas microbianos, duplicando de un plumazo la diversidad genómica conocida de las arqueas de Asgard.Las ‘Heimdallarchaeia’, nuestros parientes procariotas más cercanos, no vivían aisladas en el fondo abisal: habitaban zonas costeras y ricas en oxígeno, listas para dar el salto evolutivo«Estas arqueas Asgard -aclara Appler- pasan a menudo inadvertidas en las secuenciaciones de baja cobertura. Pero el esfuerzo masivo de secuenciación y la estratificación de métodos estructurales y de secuencia nos permitieron ver patrones que no eran visibles antes de esta expansión genómica».Para lo cual utilizaron la tecnología más puntera disponible. De hecho, el equipo utilizó ApohaFold2, la famosa inteligencia artificial de Google (que ya va por su versión 3 , aún más potente), capaz de predecir la forma de las proteínas y que permitió a los científicos analizar las herramientas moleculares de estas arqueas. ¿El resultado? Las proteínas de las Heimdallarchaeia se pliegan en formas sospechosamente similares a las que nuestras propias células usan hoy para generar energía a partir del oxígeno.La Gran OxidaciónEl hallazgo encaja como un guante con lo que los geólogos saben de la historia de la Tierra. Sabemos que hace unos 1.700 millones de años (mucho después del primer ‘Gran Evento de Oxidación’ de hace 2.400 millones de años), los niveles de oxígeno en la atmósfera y los océanos sufrieron un nuevo y dramático repunte.Pues bien, justo en ese momento, y en un mundo que para la mayoría de los organismos vivos de la época se estaba ‘envenenando’ con oxígeno, nuestros ancestros Heimdallarchaeia encontraron una ventaja: en lugar de huir, se adaptaron. Aprendieron a usar ese gas reactivo para obtener más energía. Y fue en ese contexto, en un ambiente rico en oxígeno, donde se encontraron con la bacteria que daría lugar a las mitocondrias. No fue un encuentro forzado entre dos extraños incompatibles, sino la unión de dos organismos que ya ‘hablaban el mismo idioma’ metabólico.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Por qué los humanos somos la única especie con barbilla, el hueso más inútil del cuerpo noticia Si Descubren un sistema planetario que nació ‘al revés’En palabras de Baker, «el hecho de que algunas de las Asgard, que son nuestros ancestros, fueran capaces de usar oxígeno encaja muy bien con esto. El oxígeno apareció en el medio ambiente, y las Asgard se adaptaron a él. Encontraron una ventaja energética al usar oxígeno, y luego evolucionaron hacia los eucariotas».
Hace miles de millones de años, en un mundo hostil, cambiante y muy distinto al actual, dos microbios completamente diferentes unieron sus destinos para siempre. Uno se tragó al otro, o quizás el otro invadió al primero, y de esa fusión extraordinaria surgió la primera … célula compleja, el ancestro común de todos los animales, plantas y hongos que hoy pueblan la Tierra. A ese evento lo llamamos ‘endosimbiosis’ y es la piedra angular de nuestra existencia. Solo después de que sucediera, de hecho, pudieron surgir los primeros animales.
Pero hay un problema. Un cabo suelto que ha traído de cabeza a los científicos desde hace casi un siglo. Y es que la teoría dice que esa fusión ocurrió entre una arquea (el hospedador) y una bacteria (el inquilino, que acabaría convirtiéndose en nuestras mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células). El problema es que la bacteria necesitaba oxígeno para vivir, mientras que se suponía que la arquea era un organismo anaeróbico, una criatura de las profundidades para la que el oxígeno es poco menos que un veneno mortal. ¿Cómo pudieron entonces convivir sin matarse? ¿Y cómo se encontraron, si vivían en mundos químicos opuestos? Era una paradoja irresoluble. Hasta ahora.
El ancestro que surgió de la oscuridad
Un equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin, en efecto, acaba de publicar en ‘Nature‘ un estudio que resuelve el misterio. Y resulta que nuestro ‘tatarabuelo’ microbiano no era un ermitaño que se protegía del oxígeno en las profundidades oceánicas. Al contrario: ya podía respirarlo.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores pusieron el foco en las arqueas de Asgard, un grupo de microbios descubierto hace poco más de una década y que se considera nuestro pariente procariota más cercano. Y dentro de este grupo, descubrieron que una clase específica, las Heimdallarchaeia (llamadas así por Heimdall, el dios nórdico que vigilaba el puente hacia Asgard), no sólo toleran el oxígeno, sino que lo utilizan activamente.
La teoría clásica tenía un agujero imposible de explicar: ¿cómo pudieron encontrarse y fusionarse un microbio que necesitaba oxígeno y otro para el que ese gas era un veneno mortal?
«La mayoría de las Asgard vivas hoy en día -explica Brett Baker, uno de los autores principales del estudio- se han encontrado en entornos sin oxígeno. Pero resulta que las más estrechamente relacionadas con los eucariotas viven en lugares con oxígeno, como sedimentos costeros poco profundos y flotando en la columna de agua, y disponen de muchas rutas metabólicas que utilizan oxígeno. Todo esto sugiere que nuestro ancestro eucariota probablemente también tenía estas capacidades».
15 terabytes de ADN
El descubrimiento no ha sido una tarea fácil. Muy al contrario, ha requerido un esfuerzo titánico de ‘minería’ genética. Y es que el equipo, liderado por la investigadora Kathryn Appler (actualmente en el Instituto Pasteur de París), no se limitó a mirar por el microscopio, sino que recopiló también datos de múltiples expediciones marinas, y procesó cerca de 15 terabytes de ADN ambiental. Lo cual equivale a intentar reconstruir miles de libros triturados y mezclados entre sí.
Pero lo hicieron, y a partir de ese auténtico caos de datos lograron ensamblar más de 13.000 nuevos genomas microbianos, duplicando de un plumazo la diversidad genómica conocida de las arqueas de Asgard.
Las ‘Heimdallarchaeia’, nuestros parientes procariotas más cercanos, no vivían aisladas en el fondo abisal: habitaban zonas costeras y ricas en oxígeno, listas para dar el salto evolutivo
«Estas arqueas Asgard -aclara Appler- pasan a menudo inadvertidas en las secuenciaciones de baja cobertura. Pero el esfuerzo masivo de secuenciación y la estratificación de métodos estructurales y de secuencia nos permitieron ver patrones que no eran visibles antes de esta expansión genómica».
Para lo cual utilizaron la tecnología más puntera disponible. De hecho, el equipo utilizó ApohaFold2, la famosa inteligencia artificial de Google (que ya va por su versión 3, aún más potente), capaz de predecir la forma de las proteínas y que permitió a los científicos analizar las herramientas moleculares de estas arqueas. ¿El resultado? Las proteínas de las Heimdallarchaeia se pliegan en formas sospechosamente similares a las que nuestras propias células usan hoy para generar energía a partir del oxígeno.
La Gran Oxidación
El hallazgo encaja como un guante con lo que los geólogos saben de la historia de la Tierra. Sabemos que hace unos 1.700 millones de años (mucho después del primer ‘Gran Evento de Oxidación’ de hace 2.400 millones de años), los niveles de oxígeno en la atmósfera y los océanos sufrieron un nuevo y dramático repunte.
Pues bien, justo en ese momento, y en un mundo que para la mayoría de los organismos vivos de la época se estaba ‘envenenando’ con oxígeno, nuestros ancestros Heimdallarchaeia encontraron una ventaja: en lugar de huir, se adaptaron. Aprendieron a usar ese gas reactivo para obtener más energía. Y fue en ese contexto, en un ambiente rico en oxígeno, donde se encontraron con la bacteria que daría lugar a las mitocondrias. No fue un encuentro forzado entre dos extraños incompatibles, sino la unión de dos organismos que ya ‘hablaban el mismo idioma’ metabólico.
En palabras de Baker, «el hecho de que algunas de las Asgard, que son nuestros ancestros, fueran capaces de usar oxígeno encaja muy bien con esto. El oxígeno apareció en el medio ambiente, y las Asgard se adaptaron a él. Encontraron una ventaja energética al usar oxígeno, y luego evolucionaron hacia los eucariotas».
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