Reino Unido evalúa que los museos británicos cobren entrada a los turistas extranjeros

Uno de los grandes atractivos de Londres y del Reino Unido a la hora de visitar el país es la gratuidad de sus principales museos y galerías de arte, una medida aprobada por el gobierno de Tony Blair en 2001. Blair corrigió así una deriva empezada en los años 80 y 90 del siglo pasado en la cual algunos centros de arte y cultura comenzaron a cobrar entrada, rompiendo con la tradición. Quizá como parte de su tercera vía, Blair quiso conservar ese signo de modernidad británico: la gratuidad del acceso a determinadas formas culturales. Las exposiciones temporales, por sus características, sí que exigen un pago.

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 Se estima que alrededor del 40% del público que acude a los principales museos y galerías de arte del país son vistantes de otros países  

Uno de los grandes atractivos de Londres y del Reino Unido a la hora de visitar el país es la gratuidad de sus principales museos y galerías de arte, una medida aprobada por el gobierno de Tony Blair en 2001. Blair corrigió así una deriva empezada en los años 80 y 90 del siglo pasado en la cual algunos centros de arte y cultura comenzaron a cobrar entrada, rompiendo con la tradición. Quizá como parte de su tercera vía, Blair quiso conservar ese signo de modernidad británico: la gratuidad del acceso a determinadas formas culturales. Las exposiciones temporales, por sus características, sí que exigen un pago.

Ahora, un cuarto de siglo después, y de nuevo con un laborista en Downing Street, la gratuidad de los principales museos británicos podría pasar a ser cosa del pasado. El Gobierno de Starmer prepara un cambio a la norma para comenzar a cobrar a los turistas extranjeros, que, según datos del Financial Times, representan el 40% de los visitantes que reciben los museos británicos. El rotativo británico también recuerda que el Reino Unido reserva una partida anual de 480 millones de libras de dinero público (casi 550 millones de euros) para preservar esa gratuidad.

Pero para el gabinete de Starmer, las cuentas importan. Y cuando a mediados de este mes de marzo Consejo de las Artes pidió una reforma “radical” para poder responder a los desafíos del sector cultural, se vio obligado a actuar. Margaret Hodge, responsable del informe que se presentó a la comisión del Departamento de Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido, auguró el “desastre” si sus propuestas no eran escuchadas. Entre ellas, “ cómo utiliza el dinero, cuál es su papel en relación con las organizaciones a las que apoya y también su función en el conjunto del ecosistema artístico”.

El ‘FT’ señala lo paradójico de cobrar a un ciudadano griego para que pueda ver en Londres los mármoles del Partenón

Conviene recordar que, en enero, el Gobierno anunció un paquete de financiación de 1.500 millones de libras (1.720 millones de euros) para las artes para procurar que los museos con sede en Londres llegasen “a todas las regiones del país”, dijo Lisa Nandy, secretaria de Cultura, y recogió The Guardian.

La respuesta, casi inmediata, fueron propuestas gubernamentales para gravar el turismo con el pago de entrada para turistas internacionales en los museos. Algo que Alison Cole, directora del centro de estudios Cultural Policy Unit, calificó de “muy mala idea”. “Hay una forma mucho mejor de salvar nuestros magníficos museos cívicos y la infraestructura cultural en todo el país, y creemos que es un impuesto hotelero”, dijo en The Guardian, abriendo otra caja de Pandora.

Los mármoles del Partenón, tal y como se exhiben en el British Museum.
Los mármoles del Partenón, tal y como se exhiben en el British Museum.Shutterstock

El crítico de arquitectura del Financial Times, Edwin Heathcote, también se posicionó contra el cobro a los turistas internacionales en los museos británicos. “Los museos —y la conciencia de continuidad, de que nuestros objetos nos sobreviven— son una afirmación de la vida”, escribió en el FT el martes. “La entrada gratuita a los museos es un signo de una ciudad civilizada y, sin duda, una de las mejores cosas de vivir en Londres”, añadía.

Heathcote fue no obstante un paso más allá. Recordó que, a pesar de que la propuesta puede parecer razonable, que los turistas no pagan los impuestos que mantienen los museos y que fuera del Reino Unido pagar una entrada por acceder a un recinto cultural es costumbre, hay una razón de fuerza para no cobrar entrada a los extranjeros. Y la razón es que lo que ven en los museos no es arte exclusivamente británico.

La “universalidad” de museos como el Victoria and Albert se enfrenta, explica, a las cada vez más frecuentes y argumentadas reclamaciones de retorno de patrimonio cultural. La gratuidad en la visita a estas colecciones, sostiene, es de los pocos motivos que los museos tienen para no devolver piezas a sus países de origen. El crítico del FT añade, además, que sería paradójico que un ciudadano griego pagase para ver los mármoles del Partenón en Londres y pagase también —de sus impuestos y con entrada, porque no es gratuito— para acceder al Museo de la Acrópolis, construido además para alojar los mármoles del Partenón, que siguen en Londres.

La gran pregunta es cómo distinguir a nacionales de extranjeros en un país donde el DNI no es documentación obligatoria

Por el momento, la propuesta británica de pago para el acceso de los turistas extranjeros a los museos sigue siendo eso: una propuesta. Las cifras que se barajan como precio de las entradas (The Irish Times sostiene que serían entre 15 y 20 euros) son parte de diferentes ideas de proyecto. Porque el problema real es otro ¿Cómo identificar la nacionalidad de los visitantes de los museos en un país donde no existe la obligatoriedad de tener un documento nacional de identidad?

Tal vez el paso previo a esta medida museística sea crear este documento y hacerlo obligatorio, pese al fracaso de la Identity Card que se intentó instaurar en la primera década del siglo XXI. Pero en el contexto actual, bajo la percepción no siempre avalada por los datos de una crisis migratoria en el Reino Unido, la promoción de un documento nacional de identificación se vería de otra manera. Una manera que guarda poca relación con quién puede ir gratis a un museo, y quién no.

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