Todo el mundo tiene claro que un coche negro quema más que uno blanco cuando permanece aparcado bajo el sol. También que un asiento de cuero resulta casi insoportable en verano. Sin embargo, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de mito en estas afirmaciones? La física ofrece respuestas mucho más complejas de lo que parece. El color de la carrocería y de los materiales interiores influye, sí, pero bastante menos de lo que solemos imaginar. El verdadero responsable de que el habitáculo alcance temperaturas extremas es otro: el efecto invernadero que generan los cristales. Así lo explica Rafael Ruiz, profesor de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Industrial de Barcelona (ETSEIB) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), cuyas explicaciones coinciden con las conclusiones de numerosos estudios científicos sobre el comportamiento térmico de los automóviles.
La verdadera causa de que el habitáculo de un coche alcance temperaturas de hasta 70 ºC está en los cristales
Todo el mundo tiene claro que un coche negro quema más que uno blanco cuando permanece aparcado bajo el sol. También que un asiento de cuero resulta casi insoportable en verano. Sin embargo, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de mito en estas afirmaciones? La física ofrece respuestas mucho más complejas de lo que parece. El color de la carrocería y de los materiales interiores influye, sí, pero bastante menos de lo que solemos imaginar. El verdadero responsable de que el habitáculo alcance temperaturas extremas es otro: el efecto invernadero que generan los cristales. Así lo explica Rafael Ruiz, profesor de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Industrial de Barcelona (ETSEIB) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), cuyas explicaciones coinciden con las conclusiones de numerosos estudios científicos sobre el comportamiento térmico de los automóviles.
El color importa… pero no tanto como pensamos
Es una de las creencias más extendidas entre los conductores: los coches negros se calientan mucho más que los blancos. La afirmación no es falsa, pero tampoco explica el fenómeno en toda su dimensión. “Los coches blancos se calientan menos que los coches oscuros”, reconoce Rafael Ruiz. Sin embargo, inmediatamente introduce un matiz que desmonta parte del mito: “como el fenómeno se produce básicamente a través de los vidrios, en verano la diferencia no es tan apreciable. Un coche blanco también se calienta muchísimo”.

La explicación tiene una base física sencilla. Las superficies oscuras absorben una mayor parte de la radiación solar y reflejan menos energía que las claras. En consecuencia, alcanzan temperaturas superficiales más elevadas. Es el mismo motivo por el que una camiseta negra resulta más calurosa que una blanca cuando caminamos bajo el sol.
Diversos trabajos científicos lo corroboran. Investigadores del Lawrence Berkeley National Laboratory (California) comprobaron que las pinturas de alta reflectancia pueden reducir entre 5 y 6ºC la temperatura de la superficie exterior del vehículo respecto a colores convencionales oscuros. Esa menor temperatura también se traduce en un habitáculo ligeramente más fresco y en una reducción de la energía necesaria para climatizar el coche. Sin embargo, cuando hablamos del interior del vehículo, la diferencia entre una carrocería blanca y otra negra queda eclipsada por un fenómeno mucho más determinante: la radiación que atraviesa los cristales.
¿Y el color del interior?
Si el exterior tiene un efecto limitado, el color del habitáculo sí desempeña un papel algo más relevante porque es allí donde finalmente acaba depositándose la energía solar. “Los colores oscuros tienen más capacidad para absorber calor y alcanzar temperaturas más elevadas”, resume Ruiz. Por el contrario, un salpicadero, unos paneles de puerta o unos asientos en tonos claros reflejan una parte mayor de la radiación incidente, reduciendo ligeramente el calentamiento.

Eso sí, el profesor insiste en que tampoco conviene exagerar el efecto. La razón es que el ojo humano solo percibe una pequeña fracción del espectro electromagnético. “Nosotros vemos únicamente entre 0,4 y 0,7 micras. Pero la radiación térmica ocupa un rango muchísimo mayor. Algo puede parecernos blanco y, sin embargo, absorber mucha radiación en longitudes de onda que no vemos.”
Es una de las ideas más interesantes de la física de la radiación: el color que percibimos no siempre coincide con el comportamiento real del material frente a toda la energía que emite el Sol. Por eso dos materiales aparentemente claros pueden comportarse de forma muy distinta desde el punto de vista térmico, dependiendo de sus pigmentos, acabados superficiales y tratamientos reflectantes.
¿El cuero se calienta más que la tela?
Pocos momentos resultan tan desagradables en verano como sentarse sobre una tapicería de cuero que ha permanecido durante horas bajo el sol. La sensación es tan intensa que muchos conductores dan por hecho que este material alcanza temperaturas mucho más elevadas que la tela. Sin embargo, la realidad vuelve a ser más compleja.

Rafael Ruiz no establece diferencias entre ambos materiales, sino que centra la explicación en otro factor mucho más determinante: el color. Según el profesor de la UPC, lo que realmente condiciona la absorción de energía es que la superficie sea clara u oscura: “Todo lo que sea un tapizado de color más claro tendrá algo más de facilidad para no calentarse tanto, porque reflejará una parte de la radiación solar”.
Estudios indican que dos tapicerías del mismo color —una de cuero y otra textil— pueden alcanzar temperaturas similares bajo la radiación solar
La investigación científica matiza esa afirmación sin contradecirla. Diversos estudios de fabricantes como Toyota y de proveedores especializados como BASF o Continental indican que dos tapicerías del mismo color —una de cuero y otra textil— pueden alcanzar temperaturas superficiales similares bajo la radiación solar. Sin embargo, el cuero suele resultar mucho más incómodo por otras razones. Su superficie es prácticamente impermeable y permanece completamente en contacto con la piel, dificultando la evaporación del sudor. Además, transmite rápidamente el calor a la persona durante el primer contacto, lo que provoca una sensación de quemazón mucho más intensa que la de una tela, cuyas fibras atrapan aire y actúan parcialmente como aislante térmico. En otras palabras, no siempre es que el cuero esté mucho más caliente, sino que nuestro cuerpo percibe ese calor de una forma mucho más agresiva.
Mucho más importante que elegir blanco o negro
Después de analizar todos los factores, la conclusión resulta clara: escoger una carrocería blanca o una tapicería beige ayuda, pero no obra milagros. El auténtico enemigo sigue siendo la enorme cantidad de energía solar que atraviesa las superficies acristaladas y queda atrapada en el interior del vehículo.

Por eso, desde un punto de vista estrictamente físico, Rafael Ruiz considera que el mayor avance llegaría por otra vía: desarrollar cristales capaces de bloquear gran parte de la radiación infrarroja sin reducir la visibilidad. “Evitar que entre la mayor parte de la radiación solar sería un gran avance”, resume. Hasta que esa tecnología se generalice, la física deja una enseñanza que desmonta uno de los grandes mitos del verano. Sí, un coche negro puede calentarse algo más que uno blanco y un interior oscuro absorberá más energía que uno claro. Pero ninguno de ellos escapará al auténtico responsable de convertir un automóvil aparcado al sol en un horno: el efecto invernadero que generan sus cristales.
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