Qué pasa cuando se deja de tomar Ozempic

Estos últimos meses hay un tema del que todo el mundo habla en las redes, en la televisión y hasta en las cenas, y es de los nuevos medicamentos para adelgazar , especialmente del conocido como ozempic, que prometen el sueño de conseguirlo sin grandes esfuerzos (salvo para tu bolsillo) y sin pasar hambre. Y si bien es verdad que funcionan en la mayoría de los casos, también debemos tener claro que no son una solución duradera a largo plazo.Noticia Relacionada estandar Si Hay vida más allá de Ozempic: las otras estrategias para adelgazar que funcionan Cristina GarridoLos famosos agonistas de la GLP-1 son fármacos que reducen el apetito y hacen que el vaciamiento gástrico sea más lento; con esto se consigue comer mucho menos sin apenas darse cuenta . En un principio, parecen todo ventajas, pero el problema surge cuando los consumimos como un atajo definitivo y no como lo que son: una ayuda para arrancar o un resorte. No nos dan ni un aprendizaje ni un cambio de hábitos, y el problema aparece cuando se dejan de consumir . Hay que plantearse que todo tratamiento que empieza, debe tener un fin, pero, ¿qué es lo que pasa después de la retirada del fármaco? Lo que casi nadie cuenta es que bajar de peso con un medicamento no es lo mismo que mejorar tus hábitos alimenticios, y cada vez hay más casos en los que tras la retirada del tratamiento se recupera el peso perdido, no porque en sí el tratamiento no funcione, sino porque al no haber hecho una mejora en la alimentación, el cuerpo recupera el peso original.Cuando estamos bajo el tratamiento, la sensación de hambre está perfectamente controlada, se come menos, se piensa menos en la comida, pero podemos decir que esa sensación de saciedad es prestada (te la aporta el fármaco) y cuando se retira, tu cuerpo y tu cerebro van a volver a pedirte la energía que necesita. Aquí es donde puede aparecer el ‘efecto rebote’ , no como castigo, sino como consecuencia de no haber hecho los cambios nutricionales adecuados durante el tratamiento.El peligro del mensaje es que la pérdida de peso se soluciona con una inyección mágica que quita el hambre, pero no se suele profundizar en cómo deben ser los hábitos , y no sólo hablamos de calorías y cantidades, sino que hay que pensar en horas de sueño, ejercicio físico, estrés y, por supuesto, el historial clínico de cada persona.Actualmente vemos estos perfiles en consulta:- Personas que han conseguido bajar de peso pero viven con miedo a volver a comer como antes .- Personas que no confían en sus señales de hambre.- Personas que sin el medicamento no saben por dónde empezar .- Personas que han recuperado el peso que perdieron después de un desembolso importante de dinero.Y todo esto, desde mi humilde punto de vista, no es salud , es una dependencia.En muchos casos, estos medicamentos pueden ser de gran ayuda , pero siempre deben plantearse desde un principio dentro de un enfoque más general , en el cual se incluya también la educación nutricional . Debemos pensar que una vez retirado el fármaco, su efecto va a desaparecer, y si no se han adquirido unas pautas adecuadas, se va a recuperar el peso perdido. Lo mismo pasaría con una dieta demasiado estricta; se puede cumplir un tiempo, pero más tarde o más temprano se acaba volviendo a los hábitos anteriores.Los medicamentos pueden ayudar, claro, pero dudo de que sean la solución definitiva. Estos últimos meses hay un tema del que todo el mundo habla en las redes, en la televisión y hasta en las cenas, y es de los nuevos medicamentos para adelgazar , especialmente del conocido como ozempic, que prometen el sueño de conseguirlo sin grandes esfuerzos (salvo para tu bolsillo) y sin pasar hambre. Y si bien es verdad que funcionan en la mayoría de los casos, también debemos tener claro que no son una solución duradera a largo plazo.Noticia Relacionada estandar Si Hay vida más allá de Ozempic: las otras estrategias para adelgazar que funcionan Cristina GarridoLos famosos agonistas de la GLP-1 son fármacos que reducen el apetito y hacen que el vaciamiento gástrico sea más lento; con esto se consigue comer mucho menos sin apenas darse cuenta . En un principio, parecen todo ventajas, pero el problema surge cuando los consumimos como un atajo definitivo y no como lo que son: una ayuda para arrancar o un resorte. No nos dan ni un aprendizaje ni un cambio de hábitos, y el problema aparece cuando se dejan de consumir . Hay que plantearse que todo tratamiento que empieza, debe tener un fin, pero, ¿qué es lo que pasa después de la retirada del fármaco? Lo que casi nadie cuenta es que bajar de peso con un medicamento no es lo mismo que mejorar tus hábitos alimenticios, y cada vez hay más casos en los que tras la retirada del tratamiento se recupera el peso perdido, no porque en sí el tratamiento no funcione, sino porque al no haber hecho una mejora en la alimentación, el cuerpo recupera el peso original.Cuando estamos bajo el tratamiento, la sensación de hambre está perfectamente controlada, se come menos, se piensa menos en la comida, pero podemos decir que esa sensación de saciedad es prestada (te la aporta el fármaco) y cuando se retira, tu cuerpo y tu cerebro van a volver a pedirte la energía que necesita. Aquí es donde puede aparecer el ‘efecto rebote’ , no como castigo, sino como consecuencia de no haber hecho los cambios nutricionales adecuados durante el tratamiento.El peligro del mensaje es que la pérdida de peso se soluciona con una inyección mágica que quita el hambre, pero no se suele profundizar en cómo deben ser los hábitos , y no sólo hablamos de calorías y cantidades, sino que hay que pensar en horas de sueño, ejercicio físico, estrés y, por supuesto, el historial clínico de cada persona.Actualmente vemos estos perfiles en consulta:- Personas que han conseguido bajar de peso pero viven con miedo a volver a comer como antes .- Personas que no confían en sus señales de hambre.- Personas que sin el medicamento no saben por dónde empezar .- Personas que han recuperado el peso que perdieron después de un desembolso importante de dinero.Y todo esto, desde mi humilde punto de vista, no es salud , es una dependencia.En muchos casos, estos medicamentos pueden ser de gran ayuda , pero siempre deben plantearse desde un principio dentro de un enfoque más general , en el cual se incluya también la educación nutricional . Debemos pensar que una vez retirado el fármaco, su efecto va a desaparecer, y si no se han adquirido unas pautas adecuadas, se va a recuperar el peso perdido. Lo mismo pasaría con una dieta demasiado estricta; se puede cumplir un tiempo, pero más tarde o más temprano se acaba volviendo a los hábitos anteriores.Los medicamentos pueden ayudar, claro, pero dudo de que sean la solución definitiva.  

Estos últimos meses hay un tema del que todo el mundo habla en las redes, en la televisión y hasta en las cenas, y es de los nuevos medicamentos para adelgazar, especialmente del conocido como ozempic, que prometen el sueño de conseguirlo … sin grandes esfuerzos (salvo para tu bolsillo) y sin pasar hambre. Y si bien es verdad que funcionan en la mayoría de los casos, también debemos tener claro que no son una solución duradera a largo plazo.

Los famosos agonistas de la GLP-1 son fármacos que reducen el apetito y hacen que el vaciamiento gástrico sea más lento; con esto se consigue comer mucho menos sin apenas darse cuenta. En un principio, parecen todo ventajas, pero el problema surge cuando los consumimos como un atajo definitivo y no como lo que son: una ayuda para arrancar o un resorte. No nos dan ni un aprendizaje ni un cambio de hábitos, y el problema aparece cuando se dejan de consumir. Hay que plantearse que todo tratamiento que empieza, debe tener un fin, pero, ¿qué es lo que pasa después de la retirada del fármaco?

Lo que casi nadie cuenta es que bajar de peso con un medicamento no es lo mismo que mejorar tus hábitos alimenticios, y cada vez hay más casos en los que tras la retirada del tratamiento se recupera el peso perdido, no porque en sí el tratamiento no funcione, sino porque al no haber hecho una mejora en la alimentación, el cuerpo recupera el peso original.

Cuando estamos bajo el tratamiento, la sensación de hambre está perfectamente controlada, se come menos, se piensa menos en la comida, pero podemos decir que esa sensación de saciedad es prestada (te la aporta el fármaco) y cuando se retira, tu cuerpo y tu cerebro van a volver a pedirte la energía que necesita. Aquí es donde puede aparecer el ‘efecto rebote’, no como castigo, sino como consecuencia de no haber hecho los cambios nutricionales adecuados durante el tratamiento.

El peligro del mensaje es que la pérdida de peso se soluciona con una inyección mágica que quita el hambre, pero no se suele profundizar en cómo deben ser los hábitos, y no sólo hablamos de calorías y cantidades, sino que hay que pensar en horas de sueño, ejercicio físico, estrés y, por supuesto, el historial clínico de cada persona.

Actualmente vemos estos perfiles en consulta:

– Personas que han conseguido bajar de peso pero viven con miedo a volver a comer como antes.

– Personas que no confían en sus señales de hambre.

– Personas que sin el medicamento no saben por dónde empezar.

– Personas que han recuperado el peso que perdieron después de un desembolso importante de dinero.

Y todo esto, desde mi humilde punto de vista, no es salud, es una dependencia.

En muchos casos, estos medicamentos pueden ser de gran ayuda, pero siempre deben plantearse desde un principio dentro de un enfoque más general, en el cual se incluya también la educación nutricional. Debemos pensar que una vez retirado el fármaco, su efecto va a desaparecer, y si no se han adquirido unas pautas adecuadas, se va a recuperar el peso perdido. Lo mismo pasaría con una dieta demasiado estricta; se puede cumplir un tiempo, pero más tarde o más temprano se acaba volviendo a los hábitos anteriores.

Los medicamentos pueden ayudar, claro, pero dudo de que sean la solución definitiva.

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