Por qué es tan importante la caída de Ali Larijani, el hombre fuerte de Irán

Fue uno de los arquitectos de la estrategia de defensa y represalias iraníes en la actual guerra. La campaña militar podría seguir su curso, ya que el régimen se ha preparado para designar hasta cuatro niveles de sucesión para cada puesto Leer Fue uno de los arquitectos de la estrategia de defensa y represalias iraníes en la actual guerra. La campaña militar podría seguir su curso, ya que el régimen se ha preparado para designar hasta cuatro niveles de sucesión para cada puesto Leer  

Ali Larijani, el jefe de seguridad de Irán, al que Israel da por muerto y cuyo fallecimiento confirmó anoche Irán, tomó las riendas de Irán tras la muerte del líder supremo Ali Jamenei y ostentaba más poder que el presidente, Masoud Pezeshkian, que ejerce un perfil más diplomático, e incluso que el reciente nombrado líder supremo, Mojtaba Jamenei, el hijo del anterior ayatolá.

Larijani fue uno de los arquitectos de la estrategia de defensa y represalias iraníes en la actual guerra. Sin embargo, la campaña militar podría seguir su curso pese a su ausencia, ya que el régimen se ha preparado para designar hasta cuatro niveles de sucesión para cada puesto de mando gubernamental y militar, para que el centro de mando pueda continuar a pesar de los llamados «ataques selectivos» israelíes.

El ataque contra altos cargos del régimen coincidió con un recrudecimiento de la campaña de represalias iraníes en el Golfo, con ataques contra Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Uno de los bombardeos más intensos golpeó la embajada de Estados Unidos en Bagdad.

«La muerte de Ali Larijani no tendrá un impacto operativo en el esfuerzo bélico, pero empujará al régimen iraní hacia una mayor rigidez y militarismo, al perder a una de sus escasas figuras capaces de coordinar la estrategia política, militar y de seguridad», señaló en sus redes el analista Hamidreza Azizi, de SWP Berlin.

Este poderoso hombre era un devoto consejero del fallecido ayatolá, que en los últimos años había adquirido un gran poder de decisión y representación de su país en la gestión de las relaciones exteriores, así como en la estructura de seguridad nacional. Tras la guerra contra Israel de junio de 2025, Jamenei lo nombró jefe de seguridad nacional, ampliando sus poderes para diseñar la respuesta militar ante posibles ataques, junto a la coordinación de organismos gubernamentales.

Aferrado siempre al poder, trabajó en puestos clave hasta hacerse con la llave de seguridad del país. Fue presidente del Parlamento, candidato presidencial, ministro de Cultura, alto cargo de la Guardia Revolucionaria y jefe de propaganda del régimen. Durante su trabajo al frente de los medios de comunicación, expandió la maquinaria propagandística de Irán, creando hasta cinco emisoras de televisión y seis de radio fieles al régimen, que utilizó para atacar a políticos opositores.

También fue un interlocutor clave en muchas ocasiones a lo largo de su carrera, acercando Teherán a las monarquías del Golfo y ejerciendo de palanca diplomática para alcanzar un acuerdo nuclear durante la segunda legislatura de Barack Obama. Conocido por su pragmatismo, intentó sacar a Irán del aislamiento llamando a las puertas de diplomáticos europeos, incluida la de Javier Solana. También se le atribuye la decisión de retomar las conversaciones con Estados Unidos para intentar revivir el pacto nuclear, poco después de que Donald Trump asumiera la presidencia en 2025. Por ello, su muerte podría alejar a Irán de una salida negociada de la actual guerra.

Matemático y filósofo de profesión, Larijani y su familia siempre han ostentado cargos de poder, una condición que les valió el título de «los Kennedy de Irán» en la revista Time. Su padre era un clérigo de alto rango, mientras que sus tres hermanos se acercaron a la política: uno era consejero del fallecido Jamenei, otro dirigió el poder judicial y el menor fue viceministro de Salud.

Ayer, el ministerio de Defensa israelí anunció que lo da por muerto, en una oleada de ataques contra altos cargos del país. También habría sido abatido el comandante de los Basij, Gholamreza Soleimani, la milicia paramilitar de la Guardia Revolucionaria y pilar central de la seguridad del régimen.

De confirmarse estas muertes, se tratarían de los objetivos de mayor nivel alcanzados por Israel desde el ataque de 28 de febrero, que desató la guerra actual y causó la muerte del entonces líder supremo, Ali Jamenei.

Los basij forman uno de los pilares fundamentales en la seguridad interna del Gobierno y se encargan de controlar el espacio público en momentos de gran agitación. Son conocidos por sus fuerzas de choque represivas en protestas antigubernamentales, así como el despliegue de la llamada «policía de la moral» que controla el cumplimiento de la normativa religiosa en las calles. Organizaciones de derechos humanos los han acusado de graves abusos en centros de detención, incluidos agresiones sexuales y torturas.

Desde el inicio de la guerra se ha detectado un despliegue de sus fuerzas en grandes ciudades para limitar el caos en las calles. En el pasado mes de enero, fueron una de las fuerzas encargadas de sofocar las protestas desatadas por la carestía económica. Bajo la dirección de Larijani, los basij participaron en la represión de las movilizaciones, causando más de 7.000 muertos y otros 50.000 detenidos.

Poco después de emitirse el anuncio israelí, la televisión estatal de Irán publicó una nota escrita por Larijani, dirigida al funeral de los 84 marineros iraníes muertos en un ataque estadounidense cerca de la costa de Sri Lanka. El comunicado, que no hace alusión a las afirmaciones israelíes sobre su muerte, señala que el fallecimiento de los marineros «forma parte de los sacrificios de esta nación valiente» que «lucha contra los opresores internacionales». La declaración de Larijani se trataba de una nota escrita a mano, que despertó aún más especulaciones sobre su estado de salud, hasta que Irán terminó confirmando su muerte.

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