Un triunfo en Sitges y tres candidaturas a los Globos de Oro, incluyendo una a la mejor comedia o musical y otra para Lee Byung-Hun como mejor actor, entre muchos otros galardones, convertían a la última película de Park Chan-wook (Seúl. 1963), el gran maestro del cine coreano, en una firme candidata a emular el hito de Parásitos en los Oscar de 2020. Pero como ya le ocurrió a este director con otras películas, No hay otra opción se ha quedado completamente fuera de la ceremonia del 15 de marzo. Eso no le quita méritos a su adaptación de la novela del prolífico escritor estadounidense Donald Westlake (1933-2008), una de las grandes sorpresas del pasado Festival de Venecia, con la que continúa una brillante carrera que también incluye Old boy (2003), La doncella (2016), Decision to leave (2022) y su única incursión en Hollywood, Stoker (2012).
Cineasta, estrena ‘No hay otra opción’
Un triunfo en Sitges y tres candidaturas a los Globos de Oro, incluyendo una a la mejor comedia o musical y otra para Lee Byung-Hun como mejor actor, entre muchos otros galardones, convertían a la última película de Park Chan-wook (Seúl. 1963), el gran maestro del cine coreano, en una firme candidata a emular el hito de Parásitos en los Oscar de 2020. Pero como ya le ocurrió a este director con otras películas, No hay otra opción se ha quedado completamente fuera de la ceremonia del 15 de marzo. Eso no le quita méritos a su adaptación de la novela del prolífico escritor estadounidense Donald Westlake (1933-2008), una de las grandes sorpresas del pasado Festival de Venecia, con la que continúa una brillante carrera que también incluye Old boy (2003), La doncella (2016), Decision to leave (2022) y su única incursión en Hollywood, Stoker (2012).
La tragedia amarga, la crítica social y el humor negro forman un todo aquí”
¿Cómo fue adaptar la novela de Donald Westlake de 1997?
El mayor cambio que le hice al argumento original, sobre un desempleado que recurre a métodos drásticos para que le contraten, tuvo que ver con una idea que tuve apenas terminé de leer la novela: que la familia del protagonista se da cuenta de lo que él ha estado haciendo. En la trama original, el protagonista logra salir impune y consigue que le vuelvan a contratar al final, un final que tiene una belleza muy cínica. Pero la historia que yo quería contar era diferente, me interesaba la tragedia vinculada a una familia.
Hace 25 años ya trabajó con el actor Lee Byung-Hun en Joint Security Area…
Hemos desarrollado una relación cercana, y nos hemos encontrado muchas veces desde que hicimos esa película juntos. Hoy, los dos tenemos carreras estables y eso nos permitió que, mientras trabajábamos, nos sintiéramos más seguros y relajados que antes. Una de las razones por las que yo hago todos los storyboards de mis películas es porque quiero poder sentirme relajado en el plató. La ubicación de las cámaras está decidida con mucha antelación y eso permite tener más tiempo para estar con los actores. Mientras los técnicos colocan las luces, nosotros podemos mantener conversaciones importantes o simplemente bromear. En esas conversaciones muchas veces surgen nuevas ideas y, si son buenas, modificamos el guion en el plató.
En la película hay humor negro y una profunda crítica social. ¿Fue complejo encontrar un equilibrio entre estos elementos?
La palabra ‘equilibrio’ implica que deben existir dos elementos totalmente diferentes. Pero no fue mi intención, siempre lo vi todo como una sola cosa. Lo importante es que, cuando Man-Su hace todas esas maldades, se dice a sí mismo que es por su familia, y siente que sus acciones están justificadas. Eso le da mucha seguridad para hacer lo que hace, unos actos que no se pueden ocultar del todo. La destrucción de su alma es inevitable. Y lo que tampoco puede evitar es que su esposa le descubra. Las mismas cosas que ha estado haciendo para proteger a su familia, o al menos así lo cree él, son las que terminan por conjurarse contra ella. A veces sucede: intentas proteger a alguien y lo dañas. Esa paradoja contiene una crítica social, pero yo me concentré en el viaje psicológico del personaje. Siempre sentí simpatía por él, entiendo lo que hace. Pero uno no puede evitar reirse de sus patéticos esfuerzos por llevar adelante esas decisiones. La tragedia amarga, el comentario social y la comedia son un solo elemento aquí.
Man-Su trabaja en una papelera y en su tiempo libre cultiva bonsáis. ¿Por qué ese hobby?
Ese es otro elemento que no estaba en la novela, que Man-Su fuera un amante de las plantas. Incluso su mujer le dice en broma que él es un vegetal. Hay toda una elaboración detrás de esto, porque él trabaja en una papelera, y el papel se hace con pulpa que se obtiene de los árboles. Y la otra razón es que el padre de Man-Su criaba cerdos para comérselos, y en algún punto los tuvo que matar a todos por culpa de una enfermedad. El padre de Man-Su es un hombre que asesinaba animales, y él intenta diferenciarse. Es una clara muestra de tomar el camino opuesto. Por eso, como hobby, quiere ayudar los árboles y las plantas a crecer. Su forma de trabajar con el bonsái y su jardín refleja su mirada sobre su propio mundo y su familia. Él riega sus plantas, mejora su hábitat, y eso es un reflejo de su personalidad. Cuando cultivas bonsáis, tienes que poner todo tu corazón en ello, lo cual es hermoso, pero a la vez te das cuenta que también debes cortar esas ramas o torcerlas para que crezcan como quieres. En cierta forma, es un acto de violencia. Eso refleja muy bien su actitud con respecto a su familia. Man-Su es muy amable y cálido pero al mismo tiempo quiere moldearlos a su antojo. Y eso es algo que mostramos en la pesadilla que tiene Si-One, el hijo de Man-Su.
¿Hubo algo de improvisación en la escena de la confrontación?
Nunca empiezo rodando la primera escena, sino la que más preparación necesita, la más importante de la película. Reparto el guion entre toda la gente del equipo. Nos sentamos con mi director de fotografía y dividimos la escena en varias tomas, dibujamos todo y luego se lo enviamos al equipo de dobles de cuerpo. Ellos filman toda la escena con una cámara de mano y me la envían para que yo vea cómo queda. A partir de ahí miramos la escena con los actores y hacemos todos los cambios necesarios y los actores empiezan a ensayar. Cuando todo este proceso ha terminado, todavía nos falta un último ajuste porque, en el plató, los cuerpos no se mueven con la velocidad que planeaste. Finalmente, sumamos a la conversación a los otros actores y entre todos decidimos. Lo que más me gustó de la escena de la confrontación fue que no pudimos poner la música en el plató y los actores tenían que gritar sus parlamentos, porque se suponía que había una música muy alta. Se sintieron un poco tontos haciéndolo sin escuchar nada de fondo, pero esa interpretación exagerada luego nos funcionó muy bien en la sala de montaje.
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