Orquesta de los Campos Elíseos & Herreweghe: color, claridad y carácter (★★★★✩)

Orquesta de los Campos Elíseos & Herreweghe (★★★★✩)

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 El director belga ha sabido seleccionar tanto las sinfonías como también el concierto con buena sensibilidad y acierto  

Orquesta de los Campos Elíseos & Herreweghe (★★★★✩)

Lugar y fecha: Palau de la Música (5/II/2026)

Es muy difícil la apuesta por intentar interpretar obras para orquesta de un momento de transición y con mucha carga de futuro como las de Beethoven. Su fuerza expresiva y su carácter, al menos en su vertiente romántica, apuntaba a ampliar los márgenes de la forma, del rango de los instrumentos, del mensaje al público, de la propuesta estética. Desde la perspectiva del oyente de entonces, la recepción generaba sorpresa y hasta sobresalto, sólo si pensamos en obras como las de Berlioz, de unos pocos años más adelante que las de Beethoven. 

Pero en la actualidad creo que esto no pesa tanto, ya que en muchos casos la sala de conciertos se ha convertido en un museo de arte cuyas piezas van deambulando con diferente organización. Y una de las claves es cómo mostrarlas, su selección.

Obras maestras, con una interpretación que en ningún momento perturbó su carácter original

En este caso, Herreweghe ha sabido seleccionar tanto las sinfonías como también el concierto con buena sensibilidad y acierto. La Sinfonía nº 2 de Beethoven es aún haydiniana y su versión en una orquesta de dimensiones reducidas no afecta a la expresión; resulta todo muy equilibrado. Eso sí, con muy buenos intérpretes, excelentes trompas naturales especialmente, y trompetas y percusión. Se deja apreciar el color en los vientos, especialmente en oboes y sus acompañantes.

Versión de filigrana, cierto que con algún momento inicial de articulación en la cuerda alta no muy clara, quizá pedía más de vibrato, pero en general un fraseo ejemplar y frescura en la expresión con gestos de dinámica muy sensibles. Musicalidad y naturalidad, subrayando las maravillas de la partitura. La Sinfonía nº 8 , más comprometida por la propia exigencia, aunque de carácter no muy lejano de la segunda, resultó brillante, limpia, excelencia de tempo, de maderas y trompas, y sobre todo sin descuidar los vectores o líneas de fuerza del discurso. 

Anima la claridad y eficacia sensible en la cuerda, cellos, segundos, sutiles primeros. y muy cuidados los planos, lo que también se manifestó en la exquisita versión del Concierto nº 4 para fortepiano. Obra magistral de expresión, en la que el piano dialoga, se implica en la orquesta, pero siempre cuidando no perder su individualidad.

Excelente por su parte Bezuidenhout, con un fortepiano –habría que identificarlo en el programa de mano– con un registro medio y bajo de sonido delicioso, que se manifestó en la cadencia central.

Obras maestras, pues, con una interpretación que en ningún momento ha perturbado su carácter original, subrayando color, claridad e intensidad. Y calidad. ¡Bravo!

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