Los rojiblancos, con un doblete de Nico, consiguen hacerse con el triunfo liguero para celebrar su billete a La Cartuja ante, precisamente, su rival el 18 de abril Leer Los rojiblancos, con un doblete de Nico, consiguen hacerse con el triunfo liguero para celebrar su billete a La Cartuja ante, precisamente, su rival el 18 de abril Leer
Son caprichos del destino que quizás gusten a los cabalistas. Parece mentira que hace 72 horas se terminara por decidir la final de Copa y que este sábado los dos clasificados y los dos apeados se enfrenten entre sí en la siguiente jornada de liga. Y como si no se hubieran desfondado en unas semifinales intensas, el duelo en el Metropolitaon fue intenso y de poder a poder. Decidió quien tuvo más aire y ahí destacó Nico, que venía fresco tras una lesión, pero con más hambre que muchos titulares. Su doblete inclinó un duelo ante una Real muy recuperada. [Narración y estadísticas, 3-2]
Puede que fueran las 24 horas, o quizás la importancia de no perder el tren de la liga, por lo que pueda pasar en La Cartuja, pero el Atlético salió a morder a su rival. Quién sabe si estas heridas afecten el próximo 18 de abril. Conviene infligirlas para conseguir ventaja ese día ya desde el vestuario. Y no hay mayor asesino, en estos momentos, que el gigante noruego. Ni cinco minutos tardó en inaugurar el marcador. Honores a la estrategia del equipo técnico de Simeone. Saque de banda kilométrico de Giuliano, peinada y voleón a la escuadra.
Pero esta Real no es la de Sergio Francisco. Este equipo al verse herido responde, no se tumba ni huye. Y puestos a mostrar ya las cartas, hagámoslo cuando tengamos ocasión. Los donostiarras, en una jugada trenzada entre Soler y Sucic se plantaron en el área de Oblak y allí fue el valencianista donde puso el zurdazo a la escuadra para enmudecer al Metropolitano. Armas en alto en esta precuela de la gran batalla y no habían pasado ni 10 minutos.
Extrañaría que la final se pareciera a este simulacro. Los equipos jugaron sin red, tocando el balón con valentía y alternando defensas en bloque bajo con posesiones largas. Da Mendoza eso al Atlético y si corrigiera igual en fase defensiva y limitara las pérdidas, sería un nombre muy interesante para ocupar unas de las plazas del medio del Atlético. Claro que con Koke a tu lado siempre se vive mejor. Lástima que justo antes del descanso, el joven se tuvo que retirar por un contrabalón con Barrenetxea.
Lo que pasa es que con el Tottenham en el horizonte, y con partidos cada 72 horas, si se cumplen, el equipo rojiblanco debe ir administrando jugadores y energías hasta una hipotética eliminación de Champions. Si llega. Ya dijo el propio capitán que así es imposible jugar al 100% todos los encuentros. Así, a la media hora de encuentro, los colchoneros bajaron una marcha. Salvo Giuliano, que por él no parecen pasar los esfuerzos, aunque a veces se confunda con ciertos piscinazos, que quizás colaran sin videoarbitraje.
Se vio un tanto desubicado a Lookman. No funciona tanto el nigeriano jugando por dentro y, aunque buscó la banda izquierda, no terminó de encontrar el espacio que halló en el duelo copero ante el Betis. En aquellos cuartos, el delantero parecía una ganga del mercado. Está claro que es un jugador especialmente peligroso al contragolpe y el Atlético, en casa, es un equipo con tintes de mandón.
Entraron varios tanques al campo por ambas escuadras tras el descanso. Griezmann y Julián por los rojiblancos y Guedes y Oyarzabal por los donostiarras. Era el momento de buscar al rival. Una Real sin miedo en el Metropolitano es un rasgo que le ha inculcado Matarazzo desde su llegada, un técnico que sólo ha perdido en el Bernabéu. Pero en el duelo empezaba a pesar el empuje del público y los rojiblancos comenzaron a inquietar y mucho a Remiro. Primero Sorloth y luego Nico tuvieron dos clarísimas para desnivelar, pero se fueron arriba.
La siguiente no perdonó el argentino, pero no merece la pena mencionar el gol sino la asistencia de Griezmann, un taconazo que fue una obra de arte para dejar solo en área pequeña al extremo. Lo increíble es que no dio tiempo al Metropolitano a celebrar porque en la siguiente jugada Oyarzabal se sacó un obús para empatar de nuevo. Los viejos pilares que sujetan el castillo.
El empate no alteró el ánimo rojiblanco. Los chicos del Cholo martilleaban la portería de Remiro que respondía bien a los envites como un disparo de Hancko o una falta peligrosísima de Griezmann. Hasta que Nico mostró que está descansado y listo para reclamar un puesto en el once. El argentino completó su doblete con un cabezazo académido para tumbar a una Real muy combativa. Ahora llega el Tottenham… y el Getafe, vuelta en Londres, Madrid, Barça… En fin.
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