«Hace 53 años, la humanidad abandonó la Luna. Esta vez, hemos vuelto para quedarnos». Con esta rotunda declaración de intenciones, Amit Kshatriya, líder de programas de la NASA, ha resumido ante el mundo el inmenso alivio y el orgullo desbordante de una misión que ya ha entrado en los libros de historia. Atrás quedaban los momentos de tensión, cuando la nave se acercaba a la Tierra a un ritmo vertiginoso: «A 40.000 kilómetros por hora -recordaba Kshatriya-, como decimos en nuestro negocio, la física es siempre quien tiene la última palabra. Ayer prometimos que la tripulación nos confiaría sus vidas, y nuestro equipo técnico no les ha fallado». La humanidad ha vuelto a acercarse a la Luna y, esta vez, con la firme intención de establecerse allí.Éxito rotundo. No hay otras palabras que resuman mejor la misión Artemis II . Los cuatro astronautas (el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen) han regresado sanos y salvos a nuestro planeta a bordo de la cápsula Orion, bautizada como Integrity. Y han viajado más lejos que ningún otro ser humano en la historia, superando el legendario récord del Apolo 13 al alcanzar una distancia máxima de 406.777 kilómetros de la Tierra.Con todo, el regreso estuvo muy lejos de ser un simple paseo espacial. La reentrada en la atmósfera terrestre fue una auténtica prueba de fuego, tanto en sentido literal como metafórico. La tensión en el Centro de Control de Misión en Houston podía cortarse con un cuchillo mientras la cápsula se precipitaba, envuelta en llamas, hacia la Tierra a 33 veces la velocidad del sonido.El descenso, minuto a minutoEn España, la madrugada del sábado 11 de abril se vivió con el aliento contenido mientras se completaba una coreografía orbital letal en potencia, en la que la más mínima desviación o el menor error habrían resultado fatales.Noticia relacionada general No Si Así te contamos cómo la misión Artemis II regreso a la Tierra Judith de JorgeCronología del Artemis II1:37 h: La nave realiza un encendido de motores de 18 segundos para ajustar el ángulo exacto de entrada. Un solo grado de desviación habría supuesto rebotar contra la atmósfera y perderse en el espacio profundo, o desintegrarse como un meteorito por un exceso de fricción. 01:53 h: A 122 kilómetros de altitud y viajando a la brutal velocidad de 39.692 km/h, la cápsula impacta contra las capas superiores de la atmósfera. La tripulación soporta fuerzas de hasta 3,9 G. Comienza el terrorífico apagón de comunicaciones de seis minutos. 02:03 h: A unos 6.700 metros de altura, superado el fuego y las altísimas presiones, se despliegan los paracaídas de frenado (o de extracción). La nave, que caía como una piedra, se estabiliza de golpe. 02:04 h: A apenas 1.800 metros sobre el nivel del mar, los tres inmensos paracaídas principales se abren como gigantescas medusas en el cielo, frenando en seco la caída hasta unos ‘suaves’ 218 km/h. 02:07 h: La cápsula Orion ameriza suavemente en las frías aguas del Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, a solo 32 km/h. «Un amerizaje exactamente en el blanco», celebró por radio el Control de Misión.AFPUn amerizaje perfectoSi algo ha destacado en este histórico final de misión, es que toda la maniobra de reentrada se ajustó exactamente a lo previsto. Desde el encendido de los motores de reposicionamiento hasta la altitud milimétrica de apertura de los paracaídas, la nave Orion siguió la trayectoria matemática calculada por los ordenadores sin desviarse un ápice. El comportamiento autónomo de la cápsula demostró que el diseño es excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanas en las condiciones más extremas imaginables.Toda la maniobra de reentrada se ajustó milimétricamente a lo previsto: la nave Orion demostró ser un escudo excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanasPara comprender lo que vivieron los astronautas durante los seis angustiosos minutos de silencio absoluto (entre la 01:53 y las 01:59 h), pensemos en el ‘plasma’. Al chocar contra la atmósfera a tamaña velocidad, la fricción de la nave comprime y calienta el aire frente a ella hasta superar los 2.760 ºC, una temperatura que ronda la mitad del calor que hace en la superficie del mismísimo Sol. Este calor extremo arranca los electrones de los átomos, convirtiendo el aire en plasma supercaliente, una envoltura electromagnética que bloquea todas las frecuencias de radio. Son seis minutos de ceguera y sordera total para la Tierra.Rick Henfling, director del vuelo de reentrada, explica la angustia y el posterior alivio que se vivió en la sala: «No hay forma de eludir ese apagón. Es un momento difícil porque el equipo de control quiere ver datos y, cuando no los tenemos, intentamos averiguar qué hacer con nosotros mismos. Pero sabíamos cuándo iba a empezar y empezó cuando lo esperábamos; sabíamos cuándo iba a terminar y terminó cuando lo esperábamos. Eso nos dio la confianza de que la nave volaba correctamente por sí sola».Henfling confesó también el peaje emocional que supone tener en sus manos la vida de cuatro personas: ‘Todos respiramos aliviados cuando se abrió la escotilla lateral’.La rueda de prensa posterior al amerizaje dejó momentos de profunda reflexión sobre lo que la humanidad acababa de lograr. Howard Hu, director del programa Orion, conectó este hito de la ingeniería con los sueños más puros de la infancia: «Ese niño pequeño que vio Star Wars y se inspiró en las estrellas, ahora puede enviar a nuestra tripulación allí, lo más lejos que ningún ser humano ha estado jamás. Tengo la piel de gallina. A todos los niños ahí fuera les digo: perseguid aquello que os apasione’.Al chocar contra la atmósfera, la nave generó un muro de plasma supercaliente que dejó al Control de Misión ciego y sordo durante seis agónicos minutosPor su parte, Amit Kshatriya regaló a los periodistas una metáfora fascinante sobre el lugar que ocupará Artemis II en la historia a largo plazo: «El administrador de la NASA me dijo que, en algún momento del futuro, la gente mirará atrás a lo que estábamos haciendo hoy y pensará que éramos como aquellos tipos que ahuecaban troncos para cruzar lagos, solo para ver si podían hacerlo. Y la gente dirá: ‘¿No es pintoresco e interesante cómo lo hacían?’. Creo que es ahí donde esto encajará en el gran esquema de las cosas».Invitados a la Casa BlancaComo era de esperar, el éxito desató tanto la euforia internacional como la política. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sentó las bases del programa Artemis durante su primer mandato en 2017, se puso en contacto con la tripulación desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo, porque no suelo pedir muchos, pero se lo merecen», les aseguró el mandatario, prometiéndoles un gigantesco homenaje en nombre del pueblo americano.Desde Europa también se mira al futuro con optimismo. Josef Aschbacher, Director General de la Agencia Espacial Europea (ESA), vital para el éxito de la misión gracias al rendimiento impecable del módulo ESM, fue tajante respecto al próximo paso de la humanidad: «La economía lunar se desarrollará. Llevará tiempo configurar los distintos elementos, pero se desarrollará».Donald Trump siguió el amerizaje desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo porque no suelo pedir muchos»La doctora Lori Glaze, por su parte, responsable de los programas Artemis, resumió el sentir de toda una generación de científicos: «La misión Apolo ocurrió cuando yo era una niña. Estar aquí ahora, poder decir que realmente hemos hecho esto y que vamos a construir una base lunar para tener una presencia duradera… es algo increíblemente poderoso».¿Qué harán ahora los astronautas?Tras su espectacular rescate por parte de los helicópteros de la Marina y su llegada a bordo del buque USS John P. Murtha, los cuatro héroes del día se sometieron a los primeros chequeos médicos rutinarios en el mismo barco, antes de volar a Houston. A diferencia de los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), que pasan unos seis meses en ingravidez y sufren notables pérdidas de masa ósea y muscular, el viaje de Artemis II ha sido corto (apenas diez días). Por lo que los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata.Los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata al ser un viaje corto de diez díasAl mismo tiempo, los ingenieros comenzarán su minucioso trabajo forense. La cápsula Orion será trasladada al Centro Espacial Kennedy en Florida para someterse a una descontaminación exhaustiva de componentes tóxicos, como la hidrazina. Más de 286 componentes de esta nave serán desmontados, analizados y reutilizados en futuras misiones para abaratar costes y acelerar los tiempos. El escudo térmico, que sufrió daños inesperados en el vuelo no tripulado de 28 días de Artemis I en 2022, será escaneado centímetro a centímetro. También se investigará a fondo un pequeño fallo técnico detectado en el conjunto de control de presión durante el vuelo, un valioso aprendizaje para blindar la seguridad del próximo vehículo.EFEAhora, el reloj ya corre hacia Artemis III, la misión más ambiciosa del siglo. Prevista para mediados de 2027, será la primera vez que la cápsula Orion se acople en órbita lunar con un gigantesco módulo de aterrizaje privado (se espera que sea la nave Starship de SpaceX de Elon Musk o el Blue Moon Mark 2 de la compañía de Jeff Bezos). Y así, tras esta última y vital prueba de fuego, el terreno quedará despejado para Artemis IV en 2028, la misión destinada a poner finalmente las botas de dos astronautas en el misterioso polo sur lunar y dar inicio a la construcción de la primera base permanente de la humanidad en otro mundo.Atrás quedan diez días imborrables en los que el ser humano ha vuelto a asomarse a la cara oculta de la Luna, ha sido testigo de un eclipse solar total desde el espacio profundo y ha fotografiado la Tierra como una frágil canica azul envuelta en la negrura absoluta. Como sentenció desde la nave el piloto Victor Glover en un mensaje que ya es historia: «En todo este vacío, en esta cosa que llamamos universo, tienes este oasis, este hermoso lugar en el que podemos existir juntos». Artemis nos ha llevado de vuelta a la Luna, pero, sobre todo, nos ha recordado el infinito valor de nuestro hogar. «Hace 53 años, la humanidad abandonó la Luna. Esta vez, hemos vuelto para quedarnos». Con esta rotunda declaración de intenciones, Amit Kshatriya, líder de programas de la NASA, ha resumido ante el mundo el inmenso alivio y el orgullo desbordante de una misión que ya ha entrado en los libros de historia. Atrás quedaban los momentos de tensión, cuando la nave se acercaba a la Tierra a un ritmo vertiginoso: «A 40.000 kilómetros por hora -recordaba Kshatriya-, como decimos en nuestro negocio, la física es siempre quien tiene la última palabra. Ayer prometimos que la tripulación nos confiaría sus vidas, y nuestro equipo técnico no les ha fallado». La humanidad ha vuelto a acercarse a la Luna y, esta vez, con la firme intención de establecerse allí.Éxito rotundo. No hay otras palabras que resuman mejor la misión Artemis II . Los cuatro astronautas (el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen) han regresado sanos y salvos a nuestro planeta a bordo de la cápsula Orion, bautizada como Integrity. Y han viajado más lejos que ningún otro ser humano en la historia, superando el legendario récord del Apolo 13 al alcanzar una distancia máxima de 406.777 kilómetros de la Tierra.Con todo, el regreso estuvo muy lejos de ser un simple paseo espacial. La reentrada en la atmósfera terrestre fue una auténtica prueba de fuego, tanto en sentido literal como metafórico. La tensión en el Centro de Control de Misión en Houston podía cortarse con un cuchillo mientras la cápsula se precipitaba, envuelta en llamas, hacia la Tierra a 33 veces la velocidad del sonido.El descenso, minuto a minutoEn España, la madrugada del sábado 11 de abril se vivió con el aliento contenido mientras se completaba una coreografía orbital letal en potencia, en la que la más mínima desviación o el menor error habrían resultado fatales.Noticia relacionada general No Si Así te contamos cómo la misión Artemis II regreso a la Tierra Judith de JorgeCronología del Artemis II1:37 h: La nave realiza un encendido de motores de 18 segundos para ajustar el ángulo exacto de entrada. Un solo grado de desviación habría supuesto rebotar contra la atmósfera y perderse en el espacio profundo, o desintegrarse como un meteorito por un exceso de fricción. 01:53 h: A 122 kilómetros de altitud y viajando a la brutal velocidad de 39.692 km/h, la cápsula impacta contra las capas superiores de la atmósfera. La tripulación soporta fuerzas de hasta 3,9 G. Comienza el terrorífico apagón de comunicaciones de seis minutos. 02:03 h: A unos 6.700 metros de altura, superado el fuego y las altísimas presiones, se despliegan los paracaídas de frenado (o de extracción). La nave, que caía como una piedra, se estabiliza de golpe. 02:04 h: A apenas 1.800 metros sobre el nivel del mar, los tres inmensos paracaídas principales se abren como gigantescas medusas en el cielo, frenando en seco la caída hasta unos ‘suaves’ 218 km/h. 02:07 h: La cápsula Orion ameriza suavemente en las frías aguas del Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, a solo 32 km/h. «Un amerizaje exactamente en el blanco», celebró por radio el Control de Misión.AFPUn amerizaje perfectoSi algo ha destacado en este histórico final de misión, es que toda la maniobra de reentrada se ajustó exactamente a lo previsto. Desde el encendido de los motores de reposicionamiento hasta la altitud milimétrica de apertura de los paracaídas, la nave Orion siguió la trayectoria matemática calculada por los ordenadores sin desviarse un ápice. El comportamiento autónomo de la cápsula demostró que el diseño es excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanas en las condiciones más extremas imaginables.Toda la maniobra de reentrada se ajustó milimétricamente a lo previsto: la nave Orion demostró ser un escudo excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanasPara comprender lo que vivieron los astronautas durante los seis angustiosos minutos de silencio absoluto (entre la 01:53 y las 01:59 h), pensemos en el ‘plasma’. Al chocar contra la atmósfera a tamaña velocidad, la fricción de la nave comprime y calienta el aire frente a ella hasta superar los 2.760 ºC, una temperatura que ronda la mitad del calor que hace en la superficie del mismísimo Sol. Este calor extremo arranca los electrones de los átomos, convirtiendo el aire en plasma supercaliente, una envoltura electromagnética que bloquea todas las frecuencias de radio. Son seis minutos de ceguera y sordera total para la Tierra.Rick Henfling, director del vuelo de reentrada, explica la angustia y el posterior alivio que se vivió en la sala: «No hay forma de eludir ese apagón. Es un momento difícil porque el equipo de control quiere ver datos y, cuando no los tenemos, intentamos averiguar qué hacer con nosotros mismos. Pero sabíamos cuándo iba a empezar y empezó cuando lo esperábamos; sabíamos cuándo iba a terminar y terminó cuando lo esperábamos. Eso nos dio la confianza de que la nave volaba correctamente por sí sola».Henfling confesó también el peaje emocional que supone tener en sus manos la vida de cuatro personas: ‘Todos respiramos aliviados cuando se abrió la escotilla lateral’.La rueda de prensa posterior al amerizaje dejó momentos de profunda reflexión sobre lo que la humanidad acababa de lograr. Howard Hu, director del programa Orion, conectó este hito de la ingeniería con los sueños más puros de la infancia: «Ese niño pequeño que vio Star Wars y se inspiró en las estrellas, ahora puede enviar a nuestra tripulación allí, lo más lejos que ningún ser humano ha estado jamás. Tengo la piel de gallina. A todos los niños ahí fuera les digo: perseguid aquello que os apasione’.Al chocar contra la atmósfera, la nave generó un muro de plasma supercaliente que dejó al Control de Misión ciego y sordo durante seis agónicos minutosPor su parte, Amit Kshatriya regaló a los periodistas una metáfora fascinante sobre el lugar que ocupará Artemis II en la historia a largo plazo: «El administrador de la NASA me dijo que, en algún momento del futuro, la gente mirará atrás a lo que estábamos haciendo hoy y pensará que éramos como aquellos tipos que ahuecaban troncos para cruzar lagos, solo para ver si podían hacerlo. Y la gente dirá: ‘¿No es pintoresco e interesante cómo lo hacían?’. Creo que es ahí donde esto encajará en el gran esquema de las cosas».Invitados a la Casa BlancaComo era de esperar, el éxito desató tanto la euforia internacional como la política. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sentó las bases del programa Artemis durante su primer mandato en 2017, se puso en contacto con la tripulación desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo, porque no suelo pedir muchos, pero se lo merecen», les aseguró el mandatario, prometiéndoles un gigantesco homenaje en nombre del pueblo americano.Desde Europa también se mira al futuro con optimismo. Josef Aschbacher, Director General de la Agencia Espacial Europea (ESA), vital para el éxito de la misión gracias al rendimiento impecable del módulo ESM, fue tajante respecto al próximo paso de la humanidad: «La economía lunar se desarrollará. Llevará tiempo configurar los distintos elementos, pero se desarrollará».Donald Trump siguió el amerizaje desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo porque no suelo pedir muchos»La doctora Lori Glaze, por su parte, responsable de los programas Artemis, resumió el sentir de toda una generación de científicos: «La misión Apolo ocurrió cuando yo era una niña. Estar aquí ahora, poder decir que realmente hemos hecho esto y que vamos a construir una base lunar para tener una presencia duradera… es algo increíblemente poderoso».¿Qué harán ahora los astronautas?Tras su espectacular rescate por parte de los helicópteros de la Marina y su llegada a bordo del buque USS John P. Murtha, los cuatro héroes del día se sometieron a los primeros chequeos médicos rutinarios en el mismo barco, antes de volar a Houston. A diferencia de los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), que pasan unos seis meses en ingravidez y sufren notables pérdidas de masa ósea y muscular, el viaje de Artemis II ha sido corto (apenas diez días). Por lo que los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata.Los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata al ser un viaje corto de diez díasAl mismo tiempo, los ingenieros comenzarán su minucioso trabajo forense. La cápsula Orion será trasladada al Centro Espacial Kennedy en Florida para someterse a una descontaminación exhaustiva de componentes tóxicos, como la hidrazina. Más de 286 componentes de esta nave serán desmontados, analizados y reutilizados en futuras misiones para abaratar costes y acelerar los tiempos. El escudo térmico, que sufrió daños inesperados en el vuelo no tripulado de 28 días de Artemis I en 2022, será escaneado centímetro a centímetro. También se investigará a fondo un pequeño fallo técnico detectado en el conjunto de control de presión durante el vuelo, un valioso aprendizaje para blindar la seguridad del próximo vehículo.EFEAhora, el reloj ya corre hacia Artemis III, la misión más ambiciosa del siglo. Prevista para mediados de 2027, será la primera vez que la cápsula Orion se acople en órbita lunar con un gigantesco módulo de aterrizaje privado (se espera que sea la nave Starship de SpaceX de Elon Musk o el Blue Moon Mark 2 de la compañía de Jeff Bezos). Y así, tras esta última y vital prueba de fuego, el terreno quedará despejado para Artemis IV en 2028, la misión destinada a poner finalmente las botas de dos astronautas en el misterioso polo sur lunar y dar inicio a la construcción de la primera base permanente de la humanidad en otro mundo.Atrás quedan diez días imborrables en los que el ser humano ha vuelto a asomarse a la cara oculta de la Luna, ha sido testigo de un eclipse solar total desde el espacio profundo y ha fotografiado la Tierra como una frágil canica azul envuelta en la negrura absoluta. Como sentenció desde la nave el piloto Victor Glover en un mensaje que ya es historia: «En todo este vacío, en esta cosa que llamamos universo, tienes este oasis, este hermoso lugar en el que podemos existir juntos». Artemis nos ha llevado de vuelta a la Luna, pero, sobre todo, nos ha recordado el infinito valor de nuestro hogar.
«Hace 53 años, la humanidad abandonó la Luna. Esta vez, hemos vuelto para quedarnos». Con esta rotunda declaración de intenciones, Amit Kshatriya, líder de programas de la NASA, ha resumido ante el mundo el inmenso alivio y el orgullo desbordante de una misión que … ya ha entrado en los libros de historia. Atrás quedaban los momentos de tensión, cuando la nave se acercaba a la Tierra a un ritmo vertiginoso: «A 40.000 kilómetros por hora -recordaba Kshatriya-, como decimos en nuestro negocio, la física es siempre quien tiene la última palabra. Ayer prometimos que la tripulación nos confiaría sus vidas, y nuestro equipo técnico no les ha fallado». La humanidad ha vuelto a acercarse a la Luna y, esta vez, con la firme intención de establecerse allí.
Éxito rotundo. No hay otras palabras que resuman mejor la misión Artemis II. Los cuatro astronautas (el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen) han regresado sanos y salvos a nuestro planeta a bordo de la cápsula Orion, bautizada como Integrity. Y han viajado más lejos que ningún otro ser humano en la historia, superando el legendario récord del Apolo 13 al alcanzar una distancia máxima de 406.777 kilómetros de la Tierra.
Con todo, el regreso estuvo muy lejos de ser un simple paseo espacial. La reentrada en la atmósfera terrestre fue una auténtica prueba de fuego, tanto en sentido literal como metafórico. La tensión en el Centro de Control de Misión en Houston podía cortarse con un cuchillo mientras la cápsula se precipitaba, envuelta en llamas, hacia la Tierra a 33 veces la velocidad del sonido.
El descenso, minuto a minuto
En España, la madrugada del sábado 11 de abril se vivió con el aliento contenido mientras se completaba una coreografía orbital letal en potencia, en la que la más mínima desviación o el menor error habrían resultado fatales.
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Cronología del Artemis II
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1:37 h: La nave realiza un encendido de motores de 18 segundos para ajustar el ángulo exacto de entrada. Un solo grado de desviación habría supuesto rebotar contra la atmósfera y perderse en el espacio profundo, o desintegrarse como un meteorito por un exceso de fricción.
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01:53 h: A 122 kilómetros de altitud y viajando a la brutal velocidad de 39.692 km/h, la cápsula impacta contra las capas superiores de la atmósfera. La tripulación soporta fuerzas de hasta 3,9 G. Comienza el terrorífico apagón de comunicaciones de seis minutos.
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02:03 h: A unos 6.700 metros de altura, superado el fuego y las altísimas presiones, se despliegan los paracaídas de frenado (o de extracción). La nave, que caía como una piedra, se estabiliza de golpe.
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02:04 h: A apenas 1.800 metros sobre el nivel del mar, los tres inmensos paracaídas principales se abren como gigantescas medusas en el cielo, frenando en seco la caída hasta unos ‘suaves’ 218 km/h.
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02:07 h: La cápsula Orion ameriza suavemente en las frías aguas del Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, a solo 32 km/h. «Un amerizaje exactamente en el blanco», celebró por radio el Control de Misión.

Un amerizaje perfecto
Si algo ha destacado en este histórico final de misión, es que toda la maniobra de reentrada se ajustó exactamente a lo previsto. Desde el encendido de los motores de reposicionamiento hasta la altitud milimétrica de apertura de los paracaídas, la nave Orion siguió la trayectoria matemática calculada por los ordenadores sin desviarse un ápice. El comportamiento autónomo de la cápsula demostró que el diseño es excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanas en las condiciones más extremas imaginables.
Toda la maniobra de reentrada se ajustó milimétricamente a lo previsto: la nave Orion demostró ser un escudo excepcionalmente robusto para salvaguardar vidas humanas
Para comprender lo que vivieron los astronautas durante los seis angustiosos minutos de silencio absoluto (entre la 01:53 y las 01:59 h), pensemos en el ‘plasma’. Al chocar contra la atmósfera a tamaña velocidad, la fricción de la nave comprime y calienta el aire frente a ella hasta superar los 2.760 ºC, una temperatura que ronda la mitad del calor que hace en la superficie del mismísimo Sol. Este calor extremo arranca los electrones de los átomos, convirtiendo el aire en plasma supercaliente, una envoltura electromagnética que bloquea todas las frecuencias de radio. Son seis minutos de ceguera y sordera total para la Tierra.
Rick Henfling, director del vuelo de reentrada, explica la angustia y el posterior alivio que se vivió en la sala: «No hay forma de eludir ese apagón. Es un momento difícil porque el equipo de control quiere ver datos y, cuando no los tenemos, intentamos averiguar qué hacer con nosotros mismos. Pero sabíamos cuándo iba a empezar y empezó cuando lo esperábamos; sabíamos cuándo iba a terminar y terminó cuando lo esperábamos. Eso nos dio la confianza de que la nave volaba correctamente por sí sola».
Henfling confesó también el peaje emocional que supone tener en sus manos la vida de cuatro personas: ‘Todos respiramos aliviados cuando se abrió la escotilla lateral’.
La rueda de prensa posterior al amerizaje dejó momentos de profunda reflexión sobre lo que la humanidad acababa de lograr. Howard Hu, director del programa Orion, conectó este hito de la ingeniería con los sueños más puros de la infancia: «Ese niño pequeño que vio Star Wars y se inspiró en las estrellas, ahora puede enviar a nuestra tripulación allí, lo más lejos que ningún ser humano ha estado jamás. Tengo la piel de gallina. A todos los niños ahí fuera les digo: perseguid aquello que os apasione’.
Al chocar contra la atmósfera, la nave generó un muro de plasma supercaliente que dejó al Control de Misión ciego y sordo durante seis agónicos minutos
Por su parte, Amit Kshatriya regaló a los periodistas una metáfora fascinante sobre el lugar que ocupará Artemis II en la historia a largo plazo: «El administrador de la NASA me dijo que, en algún momento del futuro, la gente mirará atrás a lo que estábamos haciendo hoy y pensará que éramos como aquellos tipos que ahuecaban troncos para cruzar lagos, solo para ver si podían hacerlo. Y la gente dirá: ‘¿No es pintoresco e interesante cómo lo hacían?’. Creo que es ahí donde esto encajará en el gran esquema de las cosas».
Invitados a la Casa Blanca
Como era de esperar, el éxito desató tanto la euforia internacional como la política. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sentó las bases del programa Artemis durante su primer mandato en 2017, se puso en contacto con la tripulación desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo, porque no suelo pedir muchos, pero se lo merecen», les aseguró el mandatario, prometiéndoles un gigantesco homenaje en nombre del pueblo americano.
Desde Europa también se mira al futuro con optimismo. Josef Aschbacher, Director General de la Agencia Espacial Europea (ESA), vital para el éxito de la misión gracias al rendimiento impecable del módulo ESM, fue tajante respecto al próximo paso de la humanidad: «La economía lunar se desarrollará. Llevará tiempo configurar los distintos elementos, pero se desarrollará».
Donald Trump siguió el amerizaje desde el Despacho Oval: «Les pediré un autógrafo porque no suelo pedir muchos»
La doctora Lori Glaze, por su parte, responsable de los programas Artemis, resumió el sentir de toda una generación de científicos: «La misión Apolo ocurrió cuando yo era una niña. Estar aquí ahora, poder decir que realmente hemos hecho esto y que vamos a construir una base lunar para tener una presencia duradera… es algo increíblemente poderoso».
¿Qué harán ahora los astronautas?
Tras su espectacular rescate por parte de los helicópteros de la Marina y su llegada a bordo del buque USS John P. Murtha, los cuatro héroes del día se sometieron a los primeros chequeos médicos rutinarios en el mismo barco, antes de volar a Houston. A diferencia de los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), que pasan unos seis meses en ingravidez y sufren notables pérdidas de masa ósea y muscular, el viaje de Artemis II ha sido corto (apenas diez días). Por lo que los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata.
Los impactos en su salud serán mínimos y su recuperación anatómica, casi inmediata al ser un viaje corto de diez días
Al mismo tiempo, los ingenieros comenzarán su minucioso trabajo forense. La cápsula Orion será trasladada al Centro Espacial Kennedy en Florida para someterse a una descontaminación exhaustiva de componentes tóxicos, como la hidrazina. Más de 286 componentes de esta nave serán desmontados, analizados y reutilizados en futuras misiones para abaratar costes y acelerar los tiempos. El escudo térmico, que sufrió daños inesperados en el vuelo no tripulado de 28 días de Artemis I en 2022, será escaneado centímetro a centímetro. También se investigará a fondo un pequeño fallo técnico detectado en el conjunto de control de presión durante el vuelo, un valioso aprendizaje para blindar la seguridad del próximo vehículo.

Ahora, el reloj ya corre hacia Artemis III, la misión más ambiciosa del siglo. Prevista para mediados de 2027, será la primera vez que la cápsula Orion se acople en órbita lunar con un gigantesco módulo de aterrizaje privado (se espera que sea la nave Starship de SpaceX de Elon Musk o el Blue Moon Mark 2 de la compañía de Jeff Bezos). Y así, tras esta última y vital prueba de fuego, el terreno quedará despejado para Artemis IV en 2028, la misión destinada a poner finalmente las botas de dos astronautas en el misterioso polo sur lunar y dar inicio a la construcción de la primera base permanente de la humanidad en otro mundo.
Atrás quedan diez días imborrables en los que el ser humano ha vuelto a asomarse a la cara oculta de la Luna, ha sido testigo de un eclipse solar total desde el espacio profundo y ha fotografiado la Tierra como una frágil canica azul envuelta en la negrura absoluta. Como sentenció desde la nave el piloto Victor Glover en un mensaje que ya es historia: «En todo este vacío, en esta cosa que llamamos universo, tienes este oasis, este hermoso lugar en el que podemos existir juntos». Artemis nos ha llevado de vuelta a la Luna, pero, sobre todo, nos ha recordado el infinito valor de nuestro hogar.
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