¿Quién no se ha preguntado por sus orígenes alguna vez? Dónde empieza una familia o quién es el primer ancestro, si es que hay forma de saber tal cosa con seguridad. La narradora de Querida Sharik llega a tener esa información después de hacerse un test genético y es así como descubre que su primer ancestro fue una mujer nacida en Angola, hace unos 80.000 años. Esta es la premisa de la que parte Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, 1980) en su nueva novela, con la que acaba de ganar el premio Herralde de novela, dotado con 25.000 euros. La obra, que llegará a las librerías el próximo 11 de noviembre, ha sobresalido de entre 2.223 manuscritos presentados.
La escritora colombiana se alza con la novela ‘Querida Sharik’
¿Quién no se ha preguntado por sus orígenes alguna vez? Dónde empieza una familia o quién es el primer ancestro, si es que hay forma de saber tal cosa con seguridad. La narradora de Querida Sharik llega a tener esa información después de hacerse un test genético y es así como descubre que su primer ancestro fue una mujer nacida en Angola, hace unos 80.000 años. Esta es la premisa de la que parte Margarita García Robayo en su nueva novela, con la que acaba de ganar el premio Herralde de novela, dotado con 25.000 euros. La obra llegará a las librerías el próximo 12 de noviembre.
“Siempre tengo miedo de hablar de demasiados temas en un texto. A la hora de explicar qué es esa novela, me cuesta explicarla. Pero quería hacer una suerte de retrato de la necesidad de construir ficciones para sostenernos en el presente: una genealogía, un origen… intentar de buscar ahí algún tipo de consuelo por lo que sea que nos pase en la vida”, adelanta la autora, que presentó su manuscrito bajo el seudónimo Orika Biohó.
La protagonista de esta historia no tarda en darse cuenta de que la única manera de que un ADN de Angola llegara al Caribe colombiano, a Cartagena, de donde es ella, era a través del comercio de esclavos. Y por ello, empeñada en obtener todo tipo de detalles, viaja hasta la isla, donde se embarca en una correspondencia con su antepasada, pero las cartas encuentran también otras destinatarias. Le escribe a su abuela, a su madre, a su tía, a su hermana y a sus primas y hasta a la mujer que las cuidó de chicas, exponiendo memorias tan hilarantes como crueles, tan arbitrarias como certeras.
¿Es una autoficción?, le pregunta la prensa. “Salvo lo que ocurre, todo lo demás”, asegura la escritora, a la vez que admite que ella misma se hizo un test. “El punto de partida si es autobiográfico pero a partir de ahí empiezo a construir. Y sí, me salió también Angola”.
La inteligencia artificial es una protagonista más en este relato. Tanto es así, que tiene nombre propio: Iris. “La protagonista le pide a una IA que le ofrezca un retrato de mujeres que vivieron entre el año 1.500 y 1.800 que hubieran nacido en Angola. Entonces elige la que más le gusta y le pone un nombre, lo que le permite empezar a dirigirse a esa mujer. Es un disparate, claro, porque carece de los elementos para que esa mujer tenga una entidad real, pero a ella le sirve para empezar a hallar respuestas”.
A partir de aquí, la narradora empieza a escribir cartas. “Pero no es exactamente una novela epistolar porque no hay una ida y vuelta ni, por tanto, una expectativa de ser leída y juzgada, y eso es precisamente lo que ofrece gran libertad a quien escribe”, reflexiona.
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