Luis Rojas Marcos es un prestigioso psiquiatra sevillano afincado en Nueva York, donde presidió el vasto Sistema de Salud Mental y Hospitales de la ciudad. Reconoce que al jubilarse a los 70 años tuvo que trabajar sus relaciones sociales porque sus hijos ya se habían ido de casa. Empezó a organizar su vida y a participar como asesor voluntario en clínicas. Hoy, con 82 años, ha regresado a España para presentar su último libro: ‘El regalo de los años. Claves para envejecer felices’. —Vivimos en una sociedad que ofrece todo tipo de productos y servicios para parecer más jóvenes y en la que el edadismo es patente. Ante tanta presión, ¿se puede envejecer siendo feliz?—Sí, y no solamente se puede, sino que hoy sabemos por estudios de Gallupp que los niveles de felicidad y satisfacción tienden a aumentar a partir de los 60-65 años. En una escala del 0 al 10, su nivel de bienestar es un 8. Los mayores son el grupo de población más feliz, pero como no se difunden estos informes tenemos una idea fija de que los mayores son desgraciados. No es así, el 80% son felices. Noticia relacionada general No No Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo» Laura PeraitaEnvejecer es natural e irremediable, forma parte de nuestros genes, pero hay un gran estigma. Basta con buscar ‘envejecer’ en el diccionario y ver cómo lo relaciona con no servir, deteriorarse, empeorar… Ese edadismo existe en las personas mayores, pero también en los jóvenes, aunque no coincide con la realidad. «Yo, a mis 82 años, del 0 al 10 me doy un 8 de satisfacción. Las zonas del cerebro encargadas de captar las malas noticias disminuyen con la edad»—¿Qué quiere decir con que ‘no coincide con la realidad’?—Pues que las personas en la tercera edad tienden a la positividad antes que a lo negativo. Los estudios lo demuestran. Cuando a personas a partir de los 65 se les presentan imágenes positivas y negativas, se acuerdan más de las positivas. El problema es que esta información no se difunde. Yo a mis 82 años del 0 al 10, me doy un 8 de satisfacción. Sin embargo, culturalmente reina el mensaje de ‘no te hagas viejo’. Lo curioso es que estas personas que se valoran cerca del 10, cuando se les pide que califiquen el nivel que perciben en otras de su edad las valoran con un 4. —¿Entonces?—Ellos se sienten esperanzados, pero son víctimas del edadismo hacia sus iguales. —¿De dónde nace esa positividad?—Pues mira, cada día sabemos más del cerebro. Antes ignorábamos que las zonas de este órgano encargadas de captar las malas noticias y recuerdos disminuyen su capacidad con la edad, y aumenta la tendencia a captar lo positivo. El primer desafío de la longevidad—¿Cuáles son los principales desafíos de esta etapa vital?—El primero es estar vivos. Parece una obviedad, pero se nos olvida, y para ser felices, lo primero que necesitamos es estar vivos. Hoy se viven más años, sobre todo las mujeres. —¿Por qué viven más?—Hay muchas variables, pero una muy importante es que hablan más. Producen varios miles de palabras más al día que el hombre. La extraversión, hablar con los demás, comunicar sus sentimientos; en definitiva, ser más sociable suma años. —Volvamos a los desafíos. ¿Qué otros destacaría?—Conocerte a ti mismo y organizar tu vida de acuerdo con tus principios, necesidades y cualidades. Es importante tomar el timón de tu vida. —¿Cómo tomar el timón si antes no se ha hecho?—Organizándose. Lo que no se puede hacer es quedarse de brazos cruzados pensando ‘mi vida es ya lo que Dios quiera’, o ‘lo que me depare la suerte’. No, hay que coger las riendas, planificarse y tomar decisiones. Conócete, haz la lista de lo que es importante para ti y trabájatelo.—¿Qué aconseja a quien se siente víctima de su deterioro?—Luchamos contra un sistema -que es un negocio tremendo-, que niega la positividad en esta edad, pese a la evidencia. Hace 30 años no había estudios de este asunto, hoy sí. Además, hay que asumir que el envejecimiento es parte de la vida, y es irremediable. Hay miles de empresas que te hacen ponerte cremas para quitar arrugas y, vale, las vas a tapar, pero unos días porque van a seguir ahí. Hay que ser consciente de que forman parte de tu ser.—¿Cómo no sufrir en ese proceso?—Aceptándolo como normal.—Pero parece que no nos dejan.—Cierto, estamos acribillados por la industria ‘de la belleza’, pero una cosa es tapar una arruga y otra cosa es que no haya arrugas. «En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hoy día tenemos muchas investigaciones científicas»—Se nos prepara para la infancia y juventud, pero nadie nos dispone para la vejez. ¿Cómo cambiar este panorama?—Es cierto, la vejez es la etapa más descuidada del ciclo de la vida. En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hay tantas investigaciones científicas. Envejecer es inevitable, pero no hay que ser pesimistas, sino realistas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes» noticia No «Quien te quiere bien, te quiere por ser y no por hacer» noticia No Ricardo Cariaga: «Tener la razón no repara una relación; buscar soluciones, sí»—Usted tiene 82 años. ¿Cómo ha cambiado su visión del envejecimiento?—No me coge por sorpresa. Hay que ser consciente de que pierde a gente por el camino: abuelos, padres, amigos, en mi caso un hijo… Por eso es clave mantener conexión con los demás, aunque requiera un esfuerzo. Uno no puede quedarse encerrado en casa. Si hay algo importante para ti, apúntalo y trabájatelo. Luis Rojas Marcos es un prestigioso psiquiatra sevillano afincado en Nueva York, donde presidió el vasto Sistema de Salud Mental y Hospitales de la ciudad. Reconoce que al jubilarse a los 70 años tuvo que trabajar sus relaciones sociales porque sus hijos ya se habían ido de casa. Empezó a organizar su vida y a participar como asesor voluntario en clínicas. Hoy, con 82 años, ha regresado a España para presentar su último libro: ‘El regalo de los años. Claves para envejecer felices’. —Vivimos en una sociedad que ofrece todo tipo de productos y servicios para parecer más jóvenes y en la que el edadismo es patente. Ante tanta presión, ¿se puede envejecer siendo feliz?—Sí, y no solamente se puede, sino que hoy sabemos por estudios de Gallupp que los niveles de felicidad y satisfacción tienden a aumentar a partir de los 60-65 años. En una escala del 0 al 10, su nivel de bienestar es un 8. Los mayores son el grupo de población más feliz, pero como no se difunden estos informes tenemos una idea fija de que los mayores son desgraciados. No es así, el 80% son felices. Noticia relacionada general No No Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo» Laura PeraitaEnvejecer es natural e irremediable, forma parte de nuestros genes, pero hay un gran estigma. Basta con buscar ‘envejecer’ en el diccionario y ver cómo lo relaciona con no servir, deteriorarse, empeorar… Ese edadismo existe en las personas mayores, pero también en los jóvenes, aunque no coincide con la realidad. «Yo, a mis 82 años, del 0 al 10 me doy un 8 de satisfacción. Las zonas del cerebro encargadas de captar las malas noticias disminuyen con la edad»—¿Qué quiere decir con que ‘no coincide con la realidad’?—Pues que las personas en la tercera edad tienden a la positividad antes que a lo negativo. Los estudios lo demuestran. Cuando a personas a partir de los 65 se les presentan imágenes positivas y negativas, se acuerdan más de las positivas. El problema es que esta información no se difunde. Yo a mis 82 años del 0 al 10, me doy un 8 de satisfacción. Sin embargo, culturalmente reina el mensaje de ‘no te hagas viejo’. Lo curioso es que estas personas que se valoran cerca del 10, cuando se les pide que califiquen el nivel que perciben en otras de su edad las valoran con un 4. —¿Entonces?—Ellos se sienten esperanzados, pero son víctimas del edadismo hacia sus iguales. —¿De dónde nace esa positividad?—Pues mira, cada día sabemos más del cerebro. Antes ignorábamos que las zonas de este órgano encargadas de captar las malas noticias y recuerdos disminuyen su capacidad con la edad, y aumenta la tendencia a captar lo positivo. El primer desafío de la longevidad—¿Cuáles son los principales desafíos de esta etapa vital?—El primero es estar vivos. Parece una obviedad, pero se nos olvida, y para ser felices, lo primero que necesitamos es estar vivos. Hoy se viven más años, sobre todo las mujeres. —¿Por qué viven más?—Hay muchas variables, pero una muy importante es que hablan más. Producen varios miles de palabras más al día que el hombre. La extraversión, hablar con los demás, comunicar sus sentimientos; en definitiva, ser más sociable suma años. —Volvamos a los desafíos. ¿Qué otros destacaría?—Conocerte a ti mismo y organizar tu vida de acuerdo con tus principios, necesidades y cualidades. Es importante tomar el timón de tu vida. —¿Cómo tomar el timón si antes no se ha hecho?—Organizándose. Lo que no se puede hacer es quedarse de brazos cruzados pensando ‘mi vida es ya lo que Dios quiera’, o ‘lo que me depare la suerte’. No, hay que coger las riendas, planificarse y tomar decisiones. Conócete, haz la lista de lo que es importante para ti y trabájatelo.—¿Qué aconseja a quien se siente víctima de su deterioro?—Luchamos contra un sistema -que es un negocio tremendo-, que niega la positividad en esta edad, pese a la evidencia. Hace 30 años no había estudios de este asunto, hoy sí. Además, hay que asumir que el envejecimiento es parte de la vida, y es irremediable. Hay miles de empresas que te hacen ponerte cremas para quitar arrugas y, vale, las vas a tapar, pero unos días porque van a seguir ahí. Hay que ser consciente de que forman parte de tu ser.—¿Cómo no sufrir en ese proceso?—Aceptándolo como normal.—Pero parece que no nos dejan.—Cierto, estamos acribillados por la industria ‘de la belleza’, pero una cosa es tapar una arruga y otra cosa es que no haya arrugas. «En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hoy día tenemos muchas investigaciones científicas»—Se nos prepara para la infancia y juventud, pero nadie nos dispone para la vejez. ¿Cómo cambiar este panorama?—Es cierto, la vejez es la etapa más descuidada del ciclo de la vida. En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hay tantas investigaciones científicas. Envejecer es inevitable, pero no hay que ser pesimistas, sino realistas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes» noticia No «Quien te quiere bien, te quiere por ser y no por hacer» noticia No Ricardo Cariaga: «Tener la razón no repara una relación; buscar soluciones, sí»—Usted tiene 82 años. ¿Cómo ha cambiado su visión del envejecimiento?—No me coge por sorpresa. Hay que ser consciente de que pierde a gente por el camino: abuelos, padres, amigos, en mi caso un hijo… Por eso es clave mantener conexión con los demás, aunque requiera un esfuerzo. Uno no puede quedarse encerrado en casa. Si hay algo importante para ti, apúntalo y trabájatelo.
Luis Rojas Marcos es un prestigioso psiquiatra sevillano afincado en Nueva York, donde presidió el vasto Sistema de Salud Mental y Hospitales de la ciudad. Reconoce que al jubilarse a los 70 años tuvo que trabajar sus relaciones sociales porque sus hijos ya se habían … ido de casa. Empezó a organizar su vida y a participar como asesor voluntario en clínicas. Hoy, con 82 años, ha regresado a España para presentar su último libro: ‘El regalo de los años. Claves para envejecer felices’.
—Vivimos en una sociedad que ofrece todo tipo de productos y servicios para parecer más jóvenes y en la que el edadismo es patente. Ante tanta presión, ¿se puede envejecer siendo feliz?
—Sí, y no solamente se puede, sino que hoy sabemos por estudios de Gallupp que los niveles de felicidad y satisfacción tienden a aumentar a partir de los 60-65 años. En una escala del 0 al 10, su nivel de bienestar es un 8. Los mayores son el grupo de población más feliz, pero como no se difunden estos informes tenemos una idea fija de que los mayores son desgraciados. No es así, el 80% son felices.
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Envejecer es natural e irremediable, forma parte de nuestros genes, pero hay un gran estigma. Basta con buscar ‘envejecer’ en el diccionario y ver cómo lo relaciona con no servir, deteriorarse, empeorar… Ese edadismo existe en las personas mayores, pero también en los jóvenes, aunque no coincide con la realidad.
«Yo, a mis 82 años, del 0 al 10 me doy un 8 de satisfacción. Las zonas del cerebro encargadas de captar las malas noticias disminuyen con la edad»
—¿Qué quiere decir con que ‘no coincide con la realidad’?
—Pues que las personas en la tercera edad tienden a la positividad antes que a lo negativo. Los estudios lo demuestran. Cuando a personas a partir de los 65 se les presentan imágenes positivas y negativas, se acuerdan más de las positivas. El problema es que esta información no se difunde. Yo a mis 82 años del 0 al 10, me doy un 8 de satisfacción. Sin embargo, culturalmente reina el mensaje de ‘no te hagas viejo’. Lo curioso es que estas personas que se valoran cerca del 10, cuando se les pide que califiquen el nivel que perciben en otras de su edad las valoran con un 4.
—¿Entonces?
—Ellos se sienten esperanzados, pero son víctimas del edadismo hacia sus iguales.
—¿De dónde nace esa positividad?
—Pues mira, cada día sabemos más del cerebro. Antes ignorábamos que las zonas de este órgano encargadas de captar las malas noticias y recuerdos disminuyen su capacidad con la edad, y aumenta la tendencia a captar lo positivo.
El primer desafío de la longevidad
—¿Cuáles son los principales desafíos de esta etapa vital?
—El primero es estar vivos. Parece una obviedad, pero se nos olvida, y para ser felices, lo primero que necesitamos es estar vivos. Hoy se viven más años, sobre todo las mujeres.
—¿Por qué viven más?
—Hay muchas variables, pero una muy importante es que hablan más. Producen varios miles de palabras más al día que el hombre. La extraversión, hablar con los demás, comunicar sus sentimientos; en definitiva, ser más sociable suma años.
—Volvamos a los desafíos. ¿Qué otros destacaría?
—Conocerte a ti mismo y organizar tu vida de acuerdo con tus principios, necesidades y cualidades. Es importante tomar el timón de tu vida.
—¿Cómo tomar el timón si antes no se ha hecho?
—Organizándose. Lo que no se puede hacer es quedarse de brazos cruzados pensando ‘mi vida es ya lo que Dios quiera’, o ‘lo que me depare la suerte’. No, hay que coger las riendas, planificarse y tomar decisiones. Conócete, haz la lista de lo que es importante para ti y trabájatelo.
—¿Qué aconseja a quien se siente víctima de su deterioro?
—Luchamos contra un sistema -que es un negocio tremendo-, que niega la positividad en esta edad, pese a la evidencia. Hace 30 años no había estudios de este asunto, hoy sí. Además, hay que asumir que el envejecimiento es parte de la vida, y es irremediable. Hay miles de empresas que te hacen ponerte cremas para quitar arrugas y, vale, las vas a tapar, pero unos días porque van a seguir ahí. Hay que ser consciente de que forman parte de tu ser.
—¿Cómo no sufrir en ese proceso?
—Aceptándolo como normal.
—Pero parece que no nos dejan.
—Cierto, estamos acribillados por la industria ‘de la belleza’, pero una cosa es tapar una arruga y otra cosa es que no haya arrugas.
«En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hoy día tenemos muchas investigaciones científicas»
—Se nos prepara para la infancia y juventud, pero nadie nos dispone para la vejez. ¿Cómo cambiar este panorama?
—Es cierto, la vejez es la etapa más descuidada del ciclo de la vida. En las escuelas ya se debería hablar de lo que supone el envejecimiento, sobre todo cuando hay tantas investigaciones científicas. Envejecer es inevitable, pero no hay que ser pesimistas, sino realistas.
—Usted tiene 82 años. ¿Cómo ha cambiado su visión del envejecimiento?
—No me coge por sorpresa. Hay que ser consciente de que pierde a gente por el camino: abuelos, padres, amigos, en mi caso un hijo… Por eso es clave mantener conexión con los demás, aunque requiera un esfuerzo. Uno no puede quedarse encerrado en casa. Si hay algo importante para ti, apúntalo y trabájatelo.
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