Sin hierro, ni cobre ni estaño, los antiguos canarios se vieron forzados a ‘volver’ al Neolítico cuando, en el continente europeo, los romanos ya habían incluso descubierto la aleación de hierro y carbono que les permitía crear acero para sus armas y sus herramientas.
Los investigadores descubren en el yacimiento de Roque Bentayga una lasca de basalto usada como hoz para cortar cereales que nunca había sido documentada hasta ahora
Sin hierro, ni cobre ni estaño, los antiguos canarios se vieron forzados a ‘volver’ al Neolítico cuando, en el continente europeo, los romanos ya habían incluso descubierto la aleación de hierro y carbono que les permitía crear acero para sus armas y sus herramientas.
Los pueblos bereberes del norte de África que colonizaron Canarias, un archipiélago de origen volcánico caracterizado por la presencia de rocas como el basalto y la obsidiana y la ausencia de recursos metálicos, en el siglo I después de Cristo tuvieron que buscar sus propios recursos para sobrevivir. Y lo hicieron volviendo al pasado.
Una montaña sagrada
Arqueólogos de la Universidad de Las Palmas han descubierto en un yacimiento del Roque Bentayga, una montaña sagrada situada en la cuenca de Tejeda (Gran Canaria), una colección de herramientas de piedra que incluye un instrumento que hasta ahora nunca se había documentado: una lasca usada como hoz para cosechar cereales.
Según explican en un artículo publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, los investigadores han estudiado el extenso complejo de cuevas que ofrece condiciones de conservación excepcionales. El sitio inicialmente fue utilizado desde el siglo X como granero y posteriormente se reconvirtió en espacio funerario en los siglos XII y XIII.

Allí encontraron un total de 46 herramientas líticas, 23 de las cuales presentaban marcas de uso. En medio del grupo de instrumentos destacaba una lasca de basalto con huellas microscópicas de desgaste provocadas al haber cortado tallos de cereales con ella.
Los primeros habitantes de la isla basaron su alimentación en cereales como la cebada o el trigo duro y los expertos se siguen sorprendiendo por la calidad de los graneros que se excavaron en toba volcánica y que han sido capaces de preservar durante mil años semillas y otros elementos orgánicos casi intactos.
La falta de minerales metalizables como el hierro o el cobre y el estaño necesarios para fundir bronce en las Canarias hizo que sus pobladores tallaran sus picos, cuchillos o raspadores en rocas procedentes de las montañas y coladas de lava que los rodeaban, como el basalto, la traquita, la fonolita o la obsidiana, el vidrio volcánico natural.
“Se vieron forzados a volver literalmente al Neolítico en términos tecnológicos”, dicen los investigadores. El Roque Bentayga ha preservado hasta tal punto los filos de esas herramientas abandonadas que ha permitido averiguar para qué se emplearon, gracias a patrones microscópicos de desgaste.

El Museo Canario y la Cueva Pintada de Gáldar, los dos centros de referencia para la época prehispánica en Gran Canaria, exhiben extensas colecciones de útiles de piedra que lo atestiguan, desde picos de traquita empleados para excavar en toba volcánica, lascas de basalto para cortar o pulir pieles, o filos de basalto, traquita y fonolita usados hace más de 900 años para trocear carne.
Ninguno de estos instrumentos posee, sin embargo, las características del que acaba de hallarse en una de las cuevas de la montaña sagrada. Hasta ahora se suponía, según las crónicas de los tiempos de la Conquista (1478-1483), que los antiguos canarios cosechaban la cebada o el trigo arrancando la planta completa del suelo o separando a mano las espigas de la paja.

La lasca hallada en Roque Bentayga aporta la evidencia directa más temprana de la recolección de cereales con herramientas líticas en las Islas Canarias. “Una hipótesis desarrollada a partir de los rastros de corte indica que la pieza podría utilizarse como hoz para recolectar en los campos”, escriben los autores.
Otra alternativa, tampoco documentada hasta ahora, es que quizás “se usó en la cueva para procesar plantas cosechadas mediante el desarraigo”, realizando con ella cortes “para separar las espigas o reutilizar la paja como material de construcción”, continúan los arqueólogos.
Cadáveres amortajados con pieles y juncos
A partir del siglo XII o XIII, el granero fue reconvertido en lugar de enterramiento colectivo, donde se depositaban cadáveres amortajados con pieles y juncos. Pero los expertos no creen que los útiles fueran parte del ajuar funerario, sino que se opinan que su función era distinta.
“Los filos probablemente se usaron en este lugar para procesar cereales de la cosecha y otro tipo alimentos, en una primera etapa, o para cortar pieles y juncos utilizados en las mortajas, en una segunda”, concluyen.
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