Lola Gulias: “Las vidas intensas nos dotan de creatividad, pero yo hubiera preferido un poco más de calma”

Lola Gulias (Barcelona, 1968) siempre tuvo en mente eso de ser escritora. Su padre ya se lo decía de pequeña: “Te tienes que dedicar a ello, siempre vas con libros a todas partes”. Y a ella esa idea le fue calando, pero no acababa de dar el paso. A lo largo de su carrera ha sido librera, agente, editora… y por el camino ha descubierto grandes nombres, como la mismísima María Dueñas y su novela El tiempo entre costuras. Sus diferentes trabajos siempre han sido un gran aliciente pero, a la vez, el origen del temido, aunque muy común, síndrome del impostor. “Han pasado por mis manos tantas novelas espectaculares que muchas veces ni se han publicado que siempre pensaba que yo no iba a aportar nada mejor”, confiesa a La Vanguardia.

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 Librera, agente literaria, editora, descubridora de figuras como María Dueñas… y ahora también escritora, con la novela ‘Aprender a volar con las alas rotas’, una novela de mujeres en sus 50  

Lola Gulias (Barcelona, 1968) siempre tuvo en mente eso de ser escritora. Su padre ya se lo decía de pequeña: “Te tienes que dedicar a ello, siempre vas con libros a todas partes”. Y a ella esa idea le fue calando, pero no acababa de dar el paso. A lo largo de su carrera ha sido librera, agente, editora… y por el camino ha descubierto grandes nombres, como la mismísima María Dueñas y su novela El tiempo entre costuras. Sus diferentes trabajos siempre han sido un gran aliciente pero, a la vez, el origen del temido, aunque muy común, síndrome del impostor. “Han pasado por mis manos tantas novelas espectaculares que muchas veces ni se han publicado que siempre pensaba que yo no iba a aportar nada mejor”, confiesa a La Vanguardia.

Ese pensamiento nunca desapareció, pero al cumplir los 50 se prometió que no podía opacarle y que iba a cumplir con su sueño de infancia. Así que se puso cada día a escribir entre 6 y 6:30 de la mañana, antes de ir al trabajo y de pasear a sus perros, y fruto de ese esfuerzo (y disfrute) nació Aprender a volar con las alas rotas (Versátil), que llegó hace poco a las librerías y que planea ser una tetralogía. “Cuando me pongo, me pongo”, admite sonriente, reconociendo que ni siquiera el TDAH ha podido apartarla de su propósito. “Cuando tengo una meta, voy a por ella”.

Tuve una madre bipolar ymi padre murió cuando yo tenía 20 años, así que desde muy jovencita me quedé sola”

Las protagonistas de este primer tomo son Elsa, Lili, Sylvana y Gabriela, cuatro mujeres que, como la autora, tienen 50 años y que coinciden a menudo en La Colombaia, una librería-café, propiedad de la primera. Todas ellas arrastran pérdidas, heridas y secretos pero, entre libros y tartas, descubrirán que nunca es tarde para reconstruirse. “Ubiqué tan mágico lugar en el Eixample, que es donde vivo yo y donde quisiera estar a todas horas con mis amigas”.

Estas cuatro mujeres tienen un poco de Gulias. “Incluso la madre de Lili, que se parece en algunos casos a la mía. Tuve una madre bipolar, con lo que supone crecer así. Luego mi padre murió cuando yo tenía 20 años, así que desde muy jovencita me quedé sola. Mi vida ha sido bastante intensa. Imagino que las vidas movidas son las que nos dotan de creatividad. Yo hubiera preferido serlo menos a cambio de un poco más de calma, pero no es algo que esté en mis manos. En todo caso, creo que este libro puede empatizar con mujeres que están, o que han estado recientemente, en un momento jodido de sus vidas”.

La editora y escritora Lola Gulias 
La editora y escritora Lola Gulias Xavier Cervera

Sola, sola, tampoco ha estado. Pronto recula en esa afirmación y se deshace en elogios a su entorno, dedicando especial atención, además de en su pareja, en la célebre y ya fallecida agente Antonia Kerrigan, a la que califica de “segunda madre” y con la que compartió 16 años de carrera. “Si mi libro tenía que estar en alguna parte, era con ella y con su equipo, que en parte son las que me han traído hasta aquí”.

Otro tema importante en la novela, más allá de la amistad, la resiliencia y el refugio de un hogar (y de una librería), es el de las adicciones. “Es un tema muy doloroso y que me afecta mucho, pues he tenido seres queridos que han pasado por ahí. Vivimos en una sociedad tan estupenda que los problemas los escondemos, y eso hace que terminemos haciendo una bola de todo. Nos convertimos en unos tóxicos”, lamenta.

Vivimos en una sociedad tan estupenda que los problemas los escondemos”

No hace falta decir que el nombre de este templo literario, cuyo nombre significa palomar en castellano, tiene mucho de simbólico. Los lectores más atentos pronto se fijarán que, a lo largo de sus 336 páginas, son varias las aves que van apareciendo, y es que Gulias siempre ha estado muy a favor de las lecturas a capas de un mismo libro. “Siempre he observado con mi padre los pájaros. Él era senderista y un gran amante de la naturaleza y siempre me explicaba todo sobre las aves, desde su plumaje hasta el color de los huevos”. Además de a su padre, hay otro guiño a uno de sus directores de cine y teatro favoritos, Luchino Visconti, y a su residencia en la italiana isla de Ischia, que también se llamaba La Colombaia.

El siguiente libro, con el que ya está manos a la obra, se centrará en mujeres con 40 años y, adelanta, que algunas de ellas son secundarias en esta primera novela, “pero consideraba que tenían mucho que decir todavía”. La tercera rescatará a las adolescentes del grupo, para ver qué ha sido de sus vidas; y para el cierre plantea viajar a la Barcelona de los años 50 para contar la historia de las abuelas. A la vista está que queda Lola Gulias para rato.

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