Logran poner a la muerte ‘en pausa’ y congelar intacto un cerebro para reactivarlo en el futuro

Un revolucionario protocolo consigue fijar todas las neuronas y sinapsis de un mamífero sin daño celular. Los científicos creen que es posible conservar de forma indefinida la red completa de recuerdos y pensamientos de un ser humano, que el paciente recuperaría intactos al despertarLa perspectiva es tan revolucionaria como aterradora. Imagine por un momento que, ante la certeza ineludible de una enfermedad terminal, usted pudiera elegir detener el reloj, no morir de forma definitiva, sino ponerse ‘en pausa’. Es decir, preservar intacto cada recuerdo de su infancia, cada rasgo de su personalidad, cada uno de los pensamientos que le hacen ser exactamente quien es, a la espera de que la tecnología del futuro sepa cómo ‘encender’ de nuevo su mente. Parece un guión de Hollywood, pero no lo es. Es algo que está sucediendo ahora mismo.Durante décadas ha circulado la leyenda urbana de que Walt Disney no está muerto del todo, sino que descansa congelado en alguna cámara secreta, aguardando pacientemente a que la medicina avance lo suficiente como para devolverle a la vida. Y aunque en el caso del célebre cineasta se trata de un mito infundado (sus restos fueron incinerados y descansan en California), la idea bebe de una realidad tangible. Un buen puñado de millonarios, en efecto, ya han desembolsado sumas astronómicas para someter sus cuerpos a procesos de criogenización, buscando una forma de engañar a la muerte. Pero ahora estamos ante algo del todo diferente.Noticia relacionada general No No Fantasmas luminosos: cómo logra el cerebro que no veamos el mundo como un caos José Manuel NievesUn equipo de investigadores de la empresa Nectome, afincada en San Francisco (California) y especializada en la preservación de la memoria, acaba de dar un paso que nos acerca, de forma escalofriante, al cumplimiento del deseo de perdurar. En un estudio recién publicado en el repositorio científico ‘bioRxiv’, un equipo de científicos liderado por Borys Wróbel, junto a Aurelia Song y Anna LaVergne, ha demostrado que es posible preservar un cerebro completo de mamífero, en este caso de un cerdo, congelando su actividad celular con un nivel de detalle sin precedentes y un daño prácticamente nulo.Objetivo: el ser humanoLa meta de este avance monumental no es otra que ofrecer exactamente el mismo procedimiento a seres humanos aquejados de enfermedades terminales. «Tendrían que donar su cerebro y su cuerpo para la investigación científica -explica Borys Wróbel-. Pero lo que ofrecemos, como empresa, es que su cuerpo y su cerebro se conserven, esencialmente de forma indefinida, con la esperanza de que en algún momento, en el futuro, sea posible leer la información del cerebro y reconstruir a la persona… para permitirles continuar, en efecto, con su vida».El cese de los latidos del corazón ya no puede considerarse el final absoluto de la existenciaHasta ahora, la criogenización tradicional se enfrentaba a un enemigo implacable y silencioso: el tiempo. Y es que cuando el corazón deja de latir y la sangre deja de circular, apenas pasan unos minutos antes de que las enzimas comiencen a destruir las neuronas ‘desde dentro’. Literalmente, las células empiezan a digerirse a sí mismas. Normalmente, la criónica tradicional intenta preservar los cuerpos a temperaturas bajo cero tras la muerte natural, pero a menos que el equipo médico esté a los pies de la cama en el instante mismo del último suspiro, el deterioro ya habrá comenzado de forma irreversible.Los investigadores han logrado preservar de forma intacta la intrincada red de neuronas y sinapsis de un mamífero, el mapa exacto donde residen nuestros recuerdos y pensamientosPara sortear este escollo hasta ahora insalvable, el equipo de Nectome ha desarrollado un audaz protocolo bautizado como ‘criopreservación estabilizada con aldehídos’, diseñado específicamente para ser compatible con la muerte médicamente asistida. La idea es, en principio, sencilla: si un paciente terminal elige el momento exacto de su fallecimiento, los científicos pueden intervenir en cuestión de segundos, teniendo así la mejor oportunidad posible de preservar el órgano pensante en un estado que refleje fielmente su condición en vida.El reloj, en contraLos investigadores pusieron a prueba su protocolo en cerdos de la raza Yorkshire, animales cuya anatomía cerebral y cardiovascular es sorprendentemente similar a la humana. Y los resultados fueron asombrosos. El proceso arranca en una carrera contra el reloj, apenas un minuto después del paro cardíaco. A través de una cánula insertada directamente en la aorta, se bombea y vacía la sangre, sustituyéndola por una sofisticada mezcla de soluciones de preservación.Estos fluidos contienen sustancias químicas conocidas como aldehídos, que actúan como ‘puentes moleculares’ entre las células. Es el equivalente biológico a pulsar el botón de pausa: bloquean toda la actividad celular y fijan la frágil estructura cerebral, cada cosa en su lugar.El objetivo es ofrecer el procedimiento a enfermos terminales para que queden ‘pausados’ a la espera de que el futuro sepa cómo volver a encender su menteA continuación, entran en juego potentes crio protectores, cuya función es reemplazar el agua dentro del tejido. Sin ellos, al enfriarse el cerebro, el agua formaría afilados cristales de hielo que rasgarían y destruirían las células desde dentro. Finalmente, el cerebro se enfría a unos -32 °C, temperatura a la cual los crio protectores adoptan un estado similar al vidrio. En teoría, en esa especie de éxtasis gélido, la intrincada red cerebral puede conservarse indefinidamente.Pero, ¿funciona realmente esta técnica a nivel microscópico? Para comprobarlo, el equipo tomó minúsculas muestras de la capa más externa del cerebro conservado y las analizó mediante microscopía electrónica. En sus primeros intentos, donde el bombeo de los fluidos químicos comenzaba unos 18 minutos después de la muerte, los microscopios revelaban claros e irreparables signos de daño celular. Sin embargo, al reducir ese margen de tiempo a poco menos de 14 minutos, ocurrió algo extraordinario: el tejido mostró una preservación excelente. Las membranas permanecían intactas, las mitocondrias lucían un aspecto normal y, lo más importante, las neuronas y sus sinapsis estaban perfectamente definidas.El ‘mapa’ del almaEste último punto es, de hecho, la piedra angular de todo el proyecto. Wróbel asegura que, por lo menos en teoría, este protocolo podría usarse «para reconstruir la estructura tridimensional de las neuronas y las conexiones entre ellas». Es lo que la ciencia denomina el ‘conectoma’, el inconmensurable mapa de todo el cableado cerebral. Hasta ahora, sólo se había logrado mapear una minúscula y diminuta fracción del cerebro de un ratón, un esfuerzo titánico que además tardó nada menos que siete años en completarse. Pero Nectome apuesta a que, en ese intrincado bosque de sinapsis que su nueva técnica consigue preservar, reside todo lo que somos: nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, nuestros miedos y esperanzas. Y por si el mapeo estructural de un cerebro completo no fuera suficiente para desafiar las leyes de la biología, resulta que también la frontera de la ansiada ‘reanimación’ biológica empieza a resquebrajarse. Así, y mientras Nectome avanza en EE.UU., un equipo de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg (Alemania), liderado por Alexander German, ha logrado restaurar la actividad eléctrica funcional en el hipocampo de un ratón adulto tras haber estado criopreservado a -196 °C. Según detalla su reciente estudio en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, utilizaron un avanzado método de vitrificación que no solo conservó intactas las células, sino que, asombrosamente, permitió que las neuronas volvieran a comunicarse entre sí al ser estimuladas, generando incluso procesos vinculados al aprendizaje y la memoria. Aunque aplicar esto a cerebros enteros humanos aún choca con barreras formidables, el hito demuestra que el tejido nervioso posee una resiliencia mucho mayor de lo imaginado.Por supuesto, la comunidad científica asiste a estos avances con una mezcla de fascinación y extremo escepticismo. Porque a pesar de las innegables mejoras en criopreservación y potencia computacional, la ansiada ‘reanimación’ sigue perteneciendo, hoy por hoy, al terreno de la fantasía. Actualmente, de hecho, no existe forma de revivir un órgano completo conservado de esa manera, por lo que los avances de Nectome podrían, a la postre, no ser más que una nueva y sofisticada técnica de embalsamar cadáveres. Ajenos a las críticas, sin embargo, Wróbel y sus colegas no se rinden. Creen firmemente que la mente humana podrá ser recreada algún día, ya sea volcada en un sustrato digital o injertada en uno biológico. «Aunque somos agnósticos respecto al tipo de métodos de reanimación -dice el investigador- creemos que podemos preservar toda la información necesaria para el renacimiento».Tanto es así que su equipo ya ultima los preparativos para invitar a pacientes terminales a trasladarse al estado de Oregón (EE.UU.), donde la muerte asistida es legal. «Vendrían a nosotros,-se anticipa Wróbel- tomarían la medicación, que tendría que ser recetada por un médico independiente, no por nosotros, y luego, una vez que sea legal hacerlo, comenzaríamos la cirugía».Más allá de los escenarios hipotéticos y de unas promesas de resurrección que hoy por hoy no se pueden cumplir, este hito científico toca una fibra profundamente filosófica al obligarnos a replantear nuestra propia definición de la muerte. El tradicional cese de los latidos del corazón, en efecto, ya no puede considerarse el final absoluto de la existencia, sino apenas un dictamen clínico de futilidad. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los perros fueron domesticados hace 15.800 años por cazadores noticia Si El ‘pedido’ de los 80.000 millones el gramo: primer ‘reparto a domicilio’ de antimateriaDe hecho, la asombrosa capacidad de salvaguardar la intrincada arquitectura molecular de un cerebro, el santuario donde reside la esencia misma de lo que somos, incluso mucho después de que la sangre haya dejado de fluir, demuestra que la frágil línea que separa la vida de la muerte es mucho más compleja que el simple colapso de las funciones vitales. Lo que da pie a la inquietante idea de que, a medida que la ciencia avanza, incluso las rígidas fronteras biológicas de lo que hasta hoy considerábamos nuestro final se vuelven, cada día, un poco más borrosas. Un revolucionario protocolo consigue fijar todas las neuronas y sinapsis de un mamífero sin daño celular. Los científicos creen que es posible conservar de forma indefinida la red completa de recuerdos y pensamientos de un ser humano, que el paciente recuperaría intactos al despertarLa perspectiva es tan revolucionaria como aterradora. Imagine por un momento que, ante la certeza ineludible de una enfermedad terminal, usted pudiera elegir detener el reloj, no morir de forma definitiva, sino ponerse ‘en pausa’. Es decir, preservar intacto cada recuerdo de su infancia, cada rasgo de su personalidad, cada uno de los pensamientos que le hacen ser exactamente quien es, a la espera de que la tecnología del futuro sepa cómo ‘encender’ de nuevo su mente. Parece un guión de Hollywood, pero no lo es. Es algo que está sucediendo ahora mismo.Durante décadas ha circulado la leyenda urbana de que Walt Disney no está muerto del todo, sino que descansa congelado en alguna cámara secreta, aguardando pacientemente a que la medicina avance lo suficiente como para devolverle a la vida. Y aunque en el caso del célebre cineasta se trata de un mito infundado (sus restos fueron incinerados y descansan en California), la idea bebe de una realidad tangible. Un buen puñado de millonarios, en efecto, ya han desembolsado sumas astronómicas para someter sus cuerpos a procesos de criogenización, buscando una forma de engañar a la muerte. Pero ahora estamos ante algo del todo diferente.Noticia relacionada general No No Fantasmas luminosos: cómo logra el cerebro que no veamos el mundo como un caos José Manuel NievesUn equipo de investigadores de la empresa Nectome, afincada en San Francisco (California) y especializada en la preservación de la memoria, acaba de dar un paso que nos acerca, de forma escalofriante, al cumplimiento del deseo de perdurar. En un estudio recién publicado en el repositorio científico ‘bioRxiv’, un equipo de científicos liderado por Borys Wróbel, junto a Aurelia Song y Anna LaVergne, ha demostrado que es posible preservar un cerebro completo de mamífero, en este caso de un cerdo, congelando su actividad celular con un nivel de detalle sin precedentes y un daño prácticamente nulo.Objetivo: el ser humanoLa meta de este avance monumental no es otra que ofrecer exactamente el mismo procedimiento a seres humanos aquejados de enfermedades terminales. «Tendrían que donar su cerebro y su cuerpo para la investigación científica -explica Borys Wróbel-. Pero lo que ofrecemos, como empresa, es que su cuerpo y su cerebro se conserven, esencialmente de forma indefinida, con la esperanza de que en algún momento, en el futuro, sea posible leer la información del cerebro y reconstruir a la persona… para permitirles continuar, en efecto, con su vida».El cese de los latidos del corazón ya no puede considerarse el final absoluto de la existenciaHasta ahora, la criogenización tradicional se enfrentaba a un enemigo implacable y silencioso: el tiempo. Y es que cuando el corazón deja de latir y la sangre deja de circular, apenas pasan unos minutos antes de que las enzimas comiencen a destruir las neuronas ‘desde dentro’. Literalmente, las células empiezan a digerirse a sí mismas. Normalmente, la criónica tradicional intenta preservar los cuerpos a temperaturas bajo cero tras la muerte natural, pero a menos que el equipo médico esté a los pies de la cama en el instante mismo del último suspiro, el deterioro ya habrá comenzado de forma irreversible.Los investigadores han logrado preservar de forma intacta la intrincada red de neuronas y sinapsis de un mamífero, el mapa exacto donde residen nuestros recuerdos y pensamientosPara sortear este escollo hasta ahora insalvable, el equipo de Nectome ha desarrollado un audaz protocolo bautizado como ‘criopreservación estabilizada con aldehídos’, diseñado específicamente para ser compatible con la muerte médicamente asistida. La idea es, en principio, sencilla: si un paciente terminal elige el momento exacto de su fallecimiento, los científicos pueden intervenir en cuestión de segundos, teniendo así la mejor oportunidad posible de preservar el órgano pensante en un estado que refleje fielmente su condición en vida.El reloj, en contraLos investigadores pusieron a prueba su protocolo en cerdos de la raza Yorkshire, animales cuya anatomía cerebral y cardiovascular es sorprendentemente similar a la humana. Y los resultados fueron asombrosos. El proceso arranca en una carrera contra el reloj, apenas un minuto después del paro cardíaco. A través de una cánula insertada directamente en la aorta, se bombea y vacía la sangre, sustituyéndola por una sofisticada mezcla de soluciones de preservación.Estos fluidos contienen sustancias químicas conocidas como aldehídos, que actúan como ‘puentes moleculares’ entre las células. Es el equivalente biológico a pulsar el botón de pausa: bloquean toda la actividad celular y fijan la frágil estructura cerebral, cada cosa en su lugar.El objetivo es ofrecer el procedimiento a enfermos terminales para que queden ‘pausados’ a la espera de que el futuro sepa cómo volver a encender su menteA continuación, entran en juego potentes crio protectores, cuya función es reemplazar el agua dentro del tejido. Sin ellos, al enfriarse el cerebro, el agua formaría afilados cristales de hielo que rasgarían y destruirían las células desde dentro. Finalmente, el cerebro se enfría a unos -32 °C, temperatura a la cual los crio protectores adoptan un estado similar al vidrio. En teoría, en esa especie de éxtasis gélido, la intrincada red cerebral puede conservarse indefinidamente.Pero, ¿funciona realmente esta técnica a nivel microscópico? Para comprobarlo, el equipo tomó minúsculas muestras de la capa más externa del cerebro conservado y las analizó mediante microscopía electrónica. En sus primeros intentos, donde el bombeo de los fluidos químicos comenzaba unos 18 minutos después de la muerte, los microscopios revelaban claros e irreparables signos de daño celular. Sin embargo, al reducir ese margen de tiempo a poco menos de 14 minutos, ocurrió algo extraordinario: el tejido mostró una preservación excelente. Las membranas permanecían intactas, las mitocondrias lucían un aspecto normal y, lo más importante, las neuronas y sus sinapsis estaban perfectamente definidas.El ‘mapa’ del almaEste último punto es, de hecho, la piedra angular de todo el proyecto. Wróbel asegura que, por lo menos en teoría, este protocolo podría usarse «para reconstruir la estructura tridimensional de las neuronas y las conexiones entre ellas». Es lo que la ciencia denomina el ‘conectoma’, el inconmensurable mapa de todo el cableado cerebral. Hasta ahora, sólo se había logrado mapear una minúscula y diminuta fracción del cerebro de un ratón, un esfuerzo titánico que además tardó nada menos que siete años en completarse. Pero Nectome apuesta a que, en ese intrincado bosque de sinapsis que su nueva técnica consigue preservar, reside todo lo que somos: nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, nuestros miedos y esperanzas. Y por si el mapeo estructural de un cerebro completo no fuera suficiente para desafiar las leyes de la biología, resulta que también la frontera de la ansiada ‘reanimación’ biológica empieza a resquebrajarse. Así, y mientras Nectome avanza en EE.UU., un equipo de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg (Alemania), liderado por Alexander German, ha logrado restaurar la actividad eléctrica funcional en el hipocampo de un ratón adulto tras haber estado criopreservado a -196 °C. Según detalla su reciente estudio en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, utilizaron un avanzado método de vitrificación que no solo conservó intactas las células, sino que, asombrosamente, permitió que las neuronas volvieran a comunicarse entre sí al ser estimuladas, generando incluso procesos vinculados al aprendizaje y la memoria. Aunque aplicar esto a cerebros enteros humanos aún choca con barreras formidables, el hito demuestra que el tejido nervioso posee una resiliencia mucho mayor de lo imaginado.Por supuesto, la comunidad científica asiste a estos avances con una mezcla de fascinación y extremo escepticismo. Porque a pesar de las innegables mejoras en criopreservación y potencia computacional, la ansiada ‘reanimación’ sigue perteneciendo, hoy por hoy, al terreno de la fantasía. Actualmente, de hecho, no existe forma de revivir un órgano completo conservado de esa manera, por lo que los avances de Nectome podrían, a la postre, no ser más que una nueva y sofisticada técnica de embalsamar cadáveres. Ajenos a las críticas, sin embargo, Wróbel y sus colegas no se rinden. Creen firmemente que la mente humana podrá ser recreada algún día, ya sea volcada en un sustrato digital o injertada en uno biológico. «Aunque somos agnósticos respecto al tipo de métodos de reanimación -dice el investigador- creemos que podemos preservar toda la información necesaria para el renacimiento».Tanto es así que su equipo ya ultima los preparativos para invitar a pacientes terminales a trasladarse al estado de Oregón (EE.UU.), donde la muerte asistida es legal. «Vendrían a nosotros,-se anticipa Wróbel- tomarían la medicación, que tendría que ser recetada por un médico independiente, no por nosotros, y luego, una vez que sea legal hacerlo, comenzaríamos la cirugía».Más allá de los escenarios hipotéticos y de unas promesas de resurrección que hoy por hoy no se pueden cumplir, este hito científico toca una fibra profundamente filosófica al obligarnos a replantear nuestra propia definición de la muerte. El tradicional cese de los latidos del corazón, en efecto, ya no puede considerarse el final absoluto de la existencia, sino apenas un dictamen clínico de futilidad. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los perros fueron domesticados hace 15.800 años por cazadores noticia Si El ‘pedido’ de los 80.000 millones el gramo: primer ‘reparto a domicilio’ de antimateriaDe hecho, la asombrosa capacidad de salvaguardar la intrincada arquitectura molecular de un cerebro, el santuario donde reside la esencia misma de lo que somos, incluso mucho después de que la sangre haya dejado de fluir, demuestra que la frágil línea que separa la vida de la muerte es mucho más compleja que el simple colapso de las funciones vitales. Lo que da pie a la inquietante idea de que, a medida que la ciencia avanza, incluso las rígidas fronteras biológicas de lo que hasta hoy considerábamos nuestro final se vuelven, cada día, un poco más borrosas.  

Un revolucionario protocolo consigue fijar todas las neuronas y sinapsis de un mamífero sin daño celular. Los científicos creen que es posible conservar de forma indefinida la red completa de recuerdos y pensamientos de un ser humano, que el paciente recuperaría intactos al despertar

La … perspectiva es tan revolucionaria como aterradora. Imagine por un momento que, ante la certeza ineludible de una enfermedad terminal, usted pudiera elegir detener el reloj, no morir de forma definitiva, sino ponerse ‘en pausa’. Es decir, preservar intacto cada recuerdo de su infancia, cada rasgo de su personalidad, cada uno de los pensamientos que le hacen ser exactamente quien es, a la espera de que la tecnología del futuro sepa cómo ‘encender’ de nuevo su mente. Parece un guión de Hollywood, pero no lo es. Es algo que está sucediendo ahora mismo.

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