Hace unos días, me topé con Julià Guillamon en el Poblenou. Yo volvía del mercado y él iba acompañado de un grupo de señoras, quizás una docena, que lo escuchaban con aire de estar prestando toda su atención a lo que él les estaba explicando. Sospecho que eran historias de aquel barrio barcelonés, que Guillamon conoce muy bien, porque vivía allí de pequeño y porque es protagonista de uno de sus libros (El barri de la Plata, 2018). La casualidad quiso que el encuentro coincidiera con la lectura que aquellos días yo estaba haciendo de su último libro, Rascaparets (Cerillas Garibaldi en la edición castellana), y pensé que una cosa y la otra son una muestra más de su conocida capacidad multitarea. Es crítico de este suplemento, escribe también artículos en el diario, es comisario incansable de exposiciones, escribe y publica libros, tanto académicos o ensayísticos como de creación narrativa. Y entre una cosa y la otra imparte charlas a pie de calle sobre el barrio…
El último libro de Julià Guillamon es una colección de microrrelatos donde encontramos desde los Reyes Magos o un gnomo hasta la inteligencia artificial
Hace unos días, me topé con Julià Guillamon en el Poblenou. Yo volvía del mercado y él iba acompañado de un grupo de señoras, quizás una docena, que lo escuchaban con aire de estar prestando toda su atención a lo que él les estaba explicando. Sospecho que eran historias de aquel barrio barcelonés, que Guillamon conoce muy bien, porque vivía allí de pequeño y porque es protagonista de uno de sus libros (El barri de la Plata, 2018). La casualidad quiso que el encuentro coincidiera con la lectura que aquellos días yo estaba haciendo de su último libro, Rascaparets (Cerillas Garibaldi en la edición castellana), y pensé que una cosa y la otra son una muestra más de su conocida capacidad multitarea. Es crítico de este suplemento, escribe también artículos en el diario, es comisario incansable de exposiciones, escribe y publica libros, tanto académicos o ensayísticos como de creación narrativa. Y entre una cosa y la otra imparte charlas a pie de calle sobre el barrio…
Rascaparets también es, de alguna manera, un libro con diferentes perspectivas y donde toca unas cuantas de las muchas teclas que le gusta hacer sonar. De entrada, es un libro de narrativa, de cuentos breves. Pero es también, y no se esconde, hijo del articulismo, pues estos relatos aparecieron primero en forma de columnas en La Vanguardia, aunque el libro ya estuviera en el horizonte. Unas columnas que, como sabe su lector habitual en el diario, a menudo son ellas mismas una historia, más un pequeño relato que una opinión sobre cualquier acontecimiento de supuesta actualidad.
A veces, estos pequeños relatos pueden parecer poco más que una broma, un desvarío incluso, porque suelen discurrir bien envueltos con humor e ironía; pero leídos con atención se descubre que también van cargados de intención, y que Guillamon no apunta a la ligera sino que lo hace con precisión y, cuando hace falta, con un poco de mala leche. Son piezas donde dispara contra todo aquello que nos rodea y que le parece una tomadura de pelo. Costumbres y modas sin pies ni cabeza. Muestras de una vida moderna con pretensiones de modernidad.
Guillamon dispara contra todo aquello que nos rodea y que le parece una tomadura de pelo; muestras de una ‘vida moderna’ con pretensiones de ‘modernidad’
Así, en la diana podemos hallar la vida urbana pero también el ruralismo impostado, la tecnofilia y la tecnofobia, los exaltadores de lo viejo y los predicadores de la modernez. La dictadura del diseño o la de los influencers, la gastronomía y el deporte, el arte y las tradiciones… Todo retratado con las dosis de imaginación imprescindibles para hacer de cada pieza un pequeño artefacto literario.
Pero no todo es disparar contra, también encontramos piezas donde destacan algunas de sus debilidades, como la pasión por la naturaleza, los bosques, las montañas, los animales… que ya pudimos disfrutar en libros como Les cuques o Les hores noves. Y aunque en alguna entrevista reciente ha explicado que estaba cansado de la autobiografía, en una lectura atenta también encontraremos retazos de vida propia, esparcidos aquí y allá, como quien no quiere que sea muy evidente.
Y para acabar de atrapar al lector, Guillamon no se priva de regalarnos con una lengua rica y trabajada, ni vieja ni con pretensiones de moderna, como quién para cada cosa encuentra la palabra adecuada, una lengua comprensible pero precisa y que no molesta al oído. Y también, ofrece un abanico de recursos narrativos que aportan la diversidad y dinamismo que pide cualquier libro construido a la manera de recopilación, un conjunto variado de ejercicios de estilo donde cabe, por ejemplo, la fábula y un dónut que dice “más valdría haber nacido ensaladilla rusa”.
En tiempos de brevedad –sobre todo digital– no está de más apostar por la brevedad analógica, esa que se encuentra en una especie de pantallas antiguas, hechas de papel y letras y que algunos llaman libros. En este sentido, Rascaparets es ideal para disfrutarlo sin prisas, sacándole todo el sabor en pequeñas dosis.
Julià Guillamon
Rascaparets / Cerillas Garibaldi
Galaxia Gutenberg. 160 páginas, 16 euros
Cultura
