Hay coches que nacen para ser rápidos y otros que además terminan convirtiéndose en leyenda, como el Ferrari F40. Este icónico modelo italiano es la joya de la corona para muchos coleccionistas automovilísticos y también para el piloto de Formula 1 Lewis Hamilton, quien hoy ha llegado al circuito de Monza, donde este fin de semana se celebra el GP de Italia, a los mandos de su ejemplar recién restaurado y con la matrícula personalizada #44 (número de su dorsal).
El Ferrari F40 es uno de los modelos más deseados por los coleccionistas de automóviles; el piloto británico compró un ejemplar que llevaba treinta años acumulando polvo en un garaje
Hay coches que nacen para ser rápidos y otros que además terminan convirtiéndose en leyenda, como el Ferrari F40. Este icónico modelo italiano es la joya de la corona para muchos coleccionistas automovilísticos y también para el piloto de Formula 1 Lewis Hamilton, quien hoy ha llegado al circuito de Monza, donde este fin de semana se celebra el GP de Italia, a los mandos de su ejemplar recién restaurado y con la matrícula personalizada #44 (número de su dorsal).
“Es el coche de mis sueños. Desde pequeño he anhelado poseer uno, y cuando me incorporé a Ferrari el año pasado, me aseguré de tener uno conmigo el primer día en Maranello. Significa mucho para mí”, explica el siete veces campeón del mundo, quien fue presentado en 2025 como fichaje estrella de la Scuderia con una fotografía que era toda una declaración de intenciones (es la imagen principal que ilustra esta noticia). En ella posaba el laureado deportista junto al deseado automóvil italiano.
Tal como ha explicado el propio Hamilton, su F40 llevaba acumulando polvo en un garaje durante 30 años. Cuando lo compró, lo llevó a restaurar a Maranello, donde los maestros ingenieros y mecánicos estuvieron varias semanas poniéndolo a punto para que volviera a la vida en perfectas condiciones. “Verdaderamente ha sido un sueño hecho realidad. Estoy deseoso de mostraros más. Estad atentos…”, confesaba el piloto en Instagram este martes. Y hoy lo ha hecho por todo lo alto, luciendo su joya sobre ruedas en Monza.
Presentado en 1987, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la marca, el F40 fue el último modelo que contó con el visto bueno personal de Enzo Ferrari. Su filosofía era sencilla: eliminar todo lo superfluo y dejar únicamente lo necesario para ofrecer prestaciones extremas.

Bajo la carrocería trabajaba un V8 biturbo de 2,9 litros con 471 CV, mientras que el conjunto apenas superaba los 1.180 kg. Aquella combinación le permitía pasar de 0 a 100 km/h en solo 3,8 segundos y alcanzar los 323 km/h. No había espacio para comodidades innecesarias: ni lujos, ni una dirección asistida que suavizara las sensaciones. En su lanzamiento, estas cifras lo situaron en la cima de Ferrari, convirtiéndolo en el modelo más rápido, potente y caro de la firma italiana.
Con el paso de los años, el F40 ha dejado de ser simplemente un superdeportivo para convertirse en una de las piezas más deseadas del mundo del coleccionismo. Su cotización se ha disparado pese a que Ferrari llegó a fabricar 1.315 ejemplares, una producción relativamente amplia para un automóvil tan radical. Encontrar uno sigue siendo complicado y requiere un presupuesto considerable.

No ha trascendido cuánto ha pagado Hamilton por su ejemplar ni tampoco cuánto le ha costado restaurarlo. Sin embargo, como referencia, podemos decir que el pasado mes de agosto, en la subasta californiana de clásicos Monterey Car Week (Estados Unidos), se vendió un ejemplar de 1991 por más de ocho millones de dólares. Se trataba de una unidad que apenas había circulado -el odómetro marcaba 360 millas (unos 500 km)- y solo había tenido un propietario. Unas condiciones muy difíciles de encontrar y que explican tan elevada puja final.
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