En tiempos en los que la norma es vivir el presente, cuesta alertar de los riesgos que nos amenazan y más aún en esta brillante primavera. Pero, notarios de lo que nos atañe, toca evaluar los inquietantes signos de aumento de la inflación. Porque la guerra del Golfo y las tensiones en precios de energía y primeras materias agrícolas no se han resuelto y continúan ahí crepitando a fuego lento, aunque no se perciba todavía la hoguera inflacionaria que puedan terminar generando. Sus señales están por doquier, aunque la alerta la han dado, de nuevo, los vigilantes de los mercados de bonos, con alzas en los rendimientos de la deuda pública a niveles en algunos países no vistos desde hacía décadas.
En tiempos en los que la norma es vivir el presente, cuesta alertar de los riesgos que nos amenazan y más aún en esta brillante primavera. Pero, notarios de lo que nos atañe, toca evaluar los inquietantes signos de aumento de la inflación. Porque la guerra del Golfo y las tensiones en precios de energía y primeras materias agrícolas no se han resuelto y continúan ahí crepitando a fuego lento, aunque no se perciba todavía la hoguera inflacionaria que puedan terminar generando. Sus señales están por doquier, aunque la alerta la han dado, de nuevo, los vigilantes de los mercados de bonos, con alzas en los rendimientos de la deuda pública a niveles en algunos países no vistos desde hacía décadas.Seguir leyendo…
En tiempos en los que la norma es vivir el presente, cuesta alertar de los riesgos que nos amenazan y más aún en esta brillante primavera. Pero, notarios de lo que nos atañe, toca evaluar los inquietantes signos de aumento de la inflación. Porque la guerra del Golfo y las tensiones en precios de energía y primeras materias agrícolas no se han resuelto y continúan ahí crepitando a fuego lento, aunque no se perciba todavía la hoguera inflacionaria que puedan terminar generando. Sus señales están por doquier, aunque la alerta la han dado, de nuevo, los vigilantes de los mercados de bonos, con alzas en los rendimientos de la deuda pública a niveles en algunos países no vistos desde hacía décadas.

Aumentos en todos los principales mercados de deuda que apuntan a los temores que despierta la inflación en los inversores. Así sucede en Japón, donde la deuda a 10 años renta ya un 2,8%, lejos del 1,2% de hace un año; o en Gran Bretaña, aunque en este caso haya que sumar la inestabilidad política, situando el rendimiento de los gilt por encima del 5%; o en EE.UU., con una inflación que ha alcanzado ya el 3,8%, a lo que hay que sumar una cierta corriente de desinversión del dólar, que ha colocado la rentabilidad de los Treasury a 10 años por encima del 4,5%. Por estos lares, la situación también es más tensa, con deudas públicas cotizando más de medio punto respecto de hace un año, tanto en Alemania (3%) como en España (3,5%), por no hablar de Italia (3,8%) o Francia (3,9%).
De no resolverse la guerra, las tensiones de precios terminarán emergiendo de golpe
Para tranquilidad de todos, hay que recordar que la situación es menos severa que la vivida en los primeros compases de la guerra de Ucrania: entonces, el IPC español se elevó cerca de 3 puntos (del 6% de principios del 2022 a casi el 9% de marzo-mayo), un choque superior al de hoy (del 2,3% a algo más del 3%). Una mayor inflación que, en el 2026, no parece haya de moderarse: las perspectivas de la Comisión Europea publicadas ayer han elevado las previsiones de IPC del conjunto del área hasta el 3% para 2026, una cifra similar a la de España. En suma, mayor inflación pero dentro de márgenes soportables. Pero aunque la sangre no llegue al río en precios, los efectos de la guerra ya se notan en PIB: la Comisión apunta un avance de la eurozona en el 2026 de un mísero 0,9%, mientras España continuaría liderando el crecimiento con un elevado 2,4%; aunque para el 2027 se postula moderación (1,2% para la zona euro y un 1,9% para España).
Pero las tensiones de precios se acumulan y, de no resolverse la guerra próximamente, terminarán emergiendo de golpe; por ello, y para evitar males mayores, todo apunta a que en junio el BCE elevará los tipos de interés.
Mayor inflación, menor crecimiento e hipotecas más caras: un panorama que comienza a asemejarse, lentamente, al de 2022/23. Por el bien de todos, esperemos que termine esta nueva crisis. ¡Haya suerte!
Economía
