Una de las cosas que hay que agradecer al Covid, que justo ahora hace seis años llegaba para trastocar nuestras vidas, es que revalorizó el aire libre. Nadie duda de los beneficios de estar en la naturaleza y en los últimos años, gracias a ella, ha florecido una oportunidad terapéutica : la salud mental y emocional ha encontrado la savia en la ecoterapia , un enfoque psicológico que está ganando muchos adeptos.«Cuando empezamos con ello teníamos que resaltar que no éramos ‘hippies’ que abrazábamos árboles», recuerdan quienes llevan tiempo con esta metodología. Es el caso de Natalia Ruiz de Cortázar, psicóloga especializada en terapia de aventura. Durante la adolescencia, en sus fines de semana con los ‘scouts’, pudo ver el potencial que tenía «trabajar con, para y en la naturaleza para que las personas se conozcan mejor a sí mismas y aprendan a potenciar sus capacidades», explica a ABC.Desde hace diez años ayuda a otros llevándolos al aire libre, sobre todo en su Galicia natal, a ‘pasar consulta’. Sus sesiones tienen poco que ver con el típico despacho de psicología con un diván que tantas veces ha mostrado las películas. «Igual que allí, vamos viviendo y desgranando, pero con la ecoterapia intentamos extrapolar lo que ha pasado durante la experiencia y luego llevarlo a otras áreas de la vida». El cambio de escenario propicia, según enfatiza, que «el paciente no sepa cómo irá la sesión o cuáles serán las normas y así puede ser más libre, sin capas ni postureo ».Noticia relacionada No No Neurocientífica «Quien te quiere bien, te quiere por ser y no por hacer» Laura PeraitaA veces trabaja en grupo y otras en particular, en sesiones que ella llama ‘walk and talk’ (es decir hablar y caminar), que cada vez despiertan más interés. Durante años se formó en el extranjero y monta planes en grupo que incluyen escaladas, acampadas nocturnas o paseos en kayak. El solo hecho de tener que apañárselas para dormir una noche al raso o pasar una tirolina permite que los participantes de estas experiencias a lo ‘Supervivientes’ saquen a relucir recursos propios para resolver desafíos pero, sobre todo, puntos débiles a trabajar. Es un perfecto escenario para ver frustraciones, miedos o problemas de autoestima, por poner solo algunos ejemplos. Un mejor vínculoUna de las claves del éxito de la ecoterapia es que no hay un cara a cara entre paciente y terapeuta. El vínculo entre ambos, codo con codo , es mejor. «Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos. Estamos más cercano y es más humano», ejemplifica la ecoterapeuta. Hay mucho más. «El movimiento y la involucración del cuerpo en el proceso activa otros mecanismos emocionales y permite regular mejor el sistema nervioso», añade. Y a la vez, al estar en contextos de distensión, «a veces hay mucha profundidad pero también se dan muchos momentos de ligereza. De hecho, a menudo un adulto vuelve a conectar con ese espíritu de infancia», resalta la experta. «Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos y así estamos en un lugar más cercano y más humano» Natalia Ruiz de Cortázar Psicóloga especializada en terapia en la nauralezaCada vez hay más estudios que confirman los beneficios de la ecoterapia. Está demostrado que actividades al aire libre, desde caminatas a practicar la horticultura, contribuyen a reducir la ansiedad y mejoran el estado de ánimo o que, por ejemplo, un paseo de solo 20 minutos, aunque sea por un parque urbano, ayuda a la memoria, atención o estrés. Hay sesiones más tranquilas y otras en las que se busca sacar más adrenalina. ExperientiaAdemás de sus ‘consultas’ habituales al aire libre, Ruiz de Cortázar es una de las impulsoras de Experientia, una organización sin ánimo de lucro con la que promueven la ecoterapia, forman a profesionales, ofrecen programas concretos como Naturmind (para que perfiles con TDAH aprendan a ‘moverse sin perderse’) y buscan dar más validaciones a esta metodología . Y es que para quienes la practican es muy importante seguir abriendo mentes y que se pueda normalizar más su uso y beneficios. Ellos mismos publicaron recientemente, por ejemplo, un caso de éxito en el ‘Journal of Mental Health and Personality’ a partir de trabajo con un grupo de pacientes con trastorno límite de personalidad (TLP) del hospital de día de psiquiatría del Hospital de Santa María de Lérida.Quienes lo han probado confirman esta ‘receta’ milagrosa. «Salir y estar en la naturaleza, algo que me recarga y empodera, marcó una gran diferencia en mi terapia, así como sentir el apoyo de todos, el hecho de estar en el mismo barco o con profesionales que nos ayudan a dar lo mejor de nosotros, sin juzgar y con muchísima paciencia», relata una joven con TDAH que ha participado en varias terapias de aventura en grupo. Grandes mejorías con los menoresLos menores de edad son uno de los grandes beneficiados de la ecoterapia. Marta López, también psicóloga colegiada, se adentró en la equinoterapia y descubrió el potencial de la naturaleza para los niños. Ahora se ha especializado en casos con TEA, TDAH o altas capacidades, a quienes atiende en zonas boscosas próximas a Barcelona. «Algunos niños cuando llevan tiempo con sesiones semanales es como si tuvieran los recursos quemados porque vienen y ya saben lo que harán, se aburren y llega un punto en el que no quieren hablar», explica a ABC. Esta rigidez o enquistamiento desaparece al aire libre porque cada día entran en juego distintos factores: un día llueve, otro van a buscar algo concreto, a veces el caballo no quiere participar o cabalgan con uno nuevo….Las reacciones, lo que buscan los psicólogos, salen en muchas ocasiones solas. «Es muy diferente hablar en consulta sobre cómo se gestiona la impulsividad, la organización o la autoestima a hacerlo en la naturaleza», apunta López. Ella también trabaja con adolescentes con riesgo de exclusión social, a quienes organiza experiencias los fines de semana. «Hacer con ellos círculos de palabra, de reflexión, acampadas o simplemente preparar un fuego es muy enriquecedor», añade.«No sustituimos tratamientos»«La ecoterapia llama mucho la atención, pero no es algo nuevo», asegura a ABC Iván Ollé, también experto en esta práctica y que recuerda que, hasta que en los años setenta llegó el ‘boom’ de psicofarmacología , la terapia al aire libre era habitual. Él es médico especializado en psiquiatría y es un ferviente defensor de la ‘prescripción verde’ para la salud mental con convicción y no solo para descongestionar los ambulatorios, como otros hacen. «Yo no sustituyo tratamientos con ecopsicología, pero animo a no perder la conexión con la naturaleza» por sus beneficios, insiste. Él suele recordar un ensayo clínico que corroboró que un ingresado con vistas a una zona verde tiene una mejor evolución que quien ve un paisaje gris de ciudad. «El verde calma, es un proceso ansiolítico», reitera.Con este lema de base, Ollé trata de introducir, siempre que se puede, una mirada holística entre sus pacientes y en algunos casos trabaja también con caminatas terapéuticas. Por ejemplo, en esta época saliendo a recoger espárragos junto a ellos. «Hay personas muy cerradas pero en sitios así vas conectando mejor, rompes sus defensas para que se sientan más libres para poder verbalizar sus preocupaciones o sus sueños», destaca el psiquiatra. «Esto no va de que sufras» No hay una ‘praxis’ concreta en ecoterapia ya que cada perfil tiene sus necesidades y así, algunos pueden empezar desde cero al aire libre y otros no. El emplazamiento también es muy variable, ya que a veces dan más juego los bosques profundos o zonas con recursos, como paseos al lado de un río o que acaban ante un árbol inspirador, pero los beneficios pueden llegar fácilmente solo con pasear por un parque urbano. Por este mismo motivo hay sesiones de 45 minutos y otras pueden alargarse durante todo un fin de semana. En todo caso, los psicólogos parten siempre de un contexto de seguridad física y emocional y de que haya confidencialidad y comodidad para el paciente. «Esto no va de sacarte de tu zona de confort y que sufras para ponerte en alerta», avisa Ruiz de Cortázar, que confirma que «hay casos en los que salir fuera puede ser demasiado abrumador. Hay personas que no están preparadas», avisa.«Con los adultos hay un hándicap», avisa. Y es que, como cuenta, a menudo pueden entrar en juego la fe o condicionantes como las dudas sobre los beneficios de la ecoterapia, sobre todo en pacientes que llegan a la naturaleza con un tratamiento farmacológico bajo el brazo. Por este mismo motivo, Ollé pone sobre la mesa tres claves de la ecoterapia: creer en ella, confiar en ella y darle tiempo. « No puedes esperar resultados inmediatos : es más, los resultados no tienen nada que ver con los de un fármaco, que actúa rapidísimamente» recuerda. Es similar a lo que ocurre con el colesterol, ejemplifica, ya que muchos, por comodidad, apuestan por una pastilla para controlarlo y solo algunos hacen el esfuerzo de cambiar hábitos para llegar al mismo punto sin fármacos. La ecoterapia casi siempre «acaba comportando un cambio de marco personal porque cuando ves que funciona acaba siendo permanente en tu vida», resalta. Además, Ollé incide en que otro de los aspectos más positivos de la ecoterapia es su función preventiva y el largo camino por recorrer que tiene. «Un solo huerto urbano da grandes posibilidades para que uno conecte con la tierra y saque sus beneficios», sentencia. Una de las cosas que hay que agradecer al Covid, que justo ahora hace seis años llegaba para trastocar nuestras vidas, es que revalorizó el aire libre. Nadie duda de los beneficios de estar en la naturaleza y en los últimos años, gracias a ella, ha florecido una oportunidad terapéutica : la salud mental y emocional ha encontrado la savia en la ecoterapia , un enfoque psicológico que está ganando muchos adeptos.«Cuando empezamos con ello teníamos que resaltar que no éramos ‘hippies’ que abrazábamos árboles», recuerdan quienes llevan tiempo con esta metodología. Es el caso de Natalia Ruiz de Cortázar, psicóloga especializada en terapia de aventura. Durante la adolescencia, en sus fines de semana con los ‘scouts’, pudo ver el potencial que tenía «trabajar con, para y en la naturaleza para que las personas se conozcan mejor a sí mismas y aprendan a potenciar sus capacidades», explica a ABC.Desde hace diez años ayuda a otros llevándolos al aire libre, sobre todo en su Galicia natal, a ‘pasar consulta’. Sus sesiones tienen poco que ver con el típico despacho de psicología con un diván que tantas veces ha mostrado las películas. «Igual que allí, vamos viviendo y desgranando, pero con la ecoterapia intentamos extrapolar lo que ha pasado durante la experiencia y luego llevarlo a otras áreas de la vida». El cambio de escenario propicia, según enfatiza, que «el paciente no sepa cómo irá la sesión o cuáles serán las normas y así puede ser más libre, sin capas ni postureo ».Noticia relacionada No No Neurocientífica «Quien te quiere bien, te quiere por ser y no por hacer» Laura PeraitaA veces trabaja en grupo y otras en particular, en sesiones que ella llama ‘walk and talk’ (es decir hablar y caminar), que cada vez despiertan más interés. Durante años se formó en el extranjero y monta planes en grupo que incluyen escaladas, acampadas nocturnas o paseos en kayak. El solo hecho de tener que apañárselas para dormir una noche al raso o pasar una tirolina permite que los participantes de estas experiencias a lo ‘Supervivientes’ saquen a relucir recursos propios para resolver desafíos pero, sobre todo, puntos débiles a trabajar. Es un perfecto escenario para ver frustraciones, miedos o problemas de autoestima, por poner solo algunos ejemplos. Un mejor vínculoUna de las claves del éxito de la ecoterapia es que no hay un cara a cara entre paciente y terapeuta. El vínculo entre ambos, codo con codo , es mejor. «Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos. Estamos más cercano y es más humano», ejemplifica la ecoterapeuta. Hay mucho más. «El movimiento y la involucración del cuerpo en el proceso activa otros mecanismos emocionales y permite regular mejor el sistema nervioso», añade. Y a la vez, al estar en contextos de distensión, «a veces hay mucha profundidad pero también se dan muchos momentos de ligereza. De hecho, a menudo un adulto vuelve a conectar con ese espíritu de infancia», resalta la experta. «Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos y así estamos en un lugar más cercano y más humano» Natalia Ruiz de Cortázar Psicóloga especializada en terapia en la nauralezaCada vez hay más estudios que confirman los beneficios de la ecoterapia. Está demostrado que actividades al aire libre, desde caminatas a practicar la horticultura, contribuyen a reducir la ansiedad y mejoran el estado de ánimo o que, por ejemplo, un paseo de solo 20 minutos, aunque sea por un parque urbano, ayuda a la memoria, atención o estrés. Hay sesiones más tranquilas y otras en las que se busca sacar más adrenalina. ExperientiaAdemás de sus ‘consultas’ habituales al aire libre, Ruiz de Cortázar es una de las impulsoras de Experientia, una organización sin ánimo de lucro con la que promueven la ecoterapia, forman a profesionales, ofrecen programas concretos como Naturmind (para que perfiles con TDAH aprendan a ‘moverse sin perderse’) y buscan dar más validaciones a esta metodología . Y es que para quienes la practican es muy importante seguir abriendo mentes y que se pueda normalizar más su uso y beneficios. Ellos mismos publicaron recientemente, por ejemplo, un caso de éxito en el ‘Journal of Mental Health and Personality’ a partir de trabajo con un grupo de pacientes con trastorno límite de personalidad (TLP) del hospital de día de psiquiatría del Hospital de Santa María de Lérida.Quienes lo han probado confirman esta ‘receta’ milagrosa. «Salir y estar en la naturaleza, algo que me recarga y empodera, marcó una gran diferencia en mi terapia, así como sentir el apoyo de todos, el hecho de estar en el mismo barco o con profesionales que nos ayudan a dar lo mejor de nosotros, sin juzgar y con muchísima paciencia», relata una joven con TDAH que ha participado en varias terapias de aventura en grupo. Grandes mejorías con los menoresLos menores de edad son uno de los grandes beneficiados de la ecoterapia. Marta López, también psicóloga colegiada, se adentró en la equinoterapia y descubrió el potencial de la naturaleza para los niños. Ahora se ha especializado en casos con TEA, TDAH o altas capacidades, a quienes atiende en zonas boscosas próximas a Barcelona. «Algunos niños cuando llevan tiempo con sesiones semanales es como si tuvieran los recursos quemados porque vienen y ya saben lo que harán, se aburren y llega un punto en el que no quieren hablar», explica a ABC. Esta rigidez o enquistamiento desaparece al aire libre porque cada día entran en juego distintos factores: un día llueve, otro van a buscar algo concreto, a veces el caballo no quiere participar o cabalgan con uno nuevo….Las reacciones, lo que buscan los psicólogos, salen en muchas ocasiones solas. «Es muy diferente hablar en consulta sobre cómo se gestiona la impulsividad, la organización o la autoestima a hacerlo en la naturaleza», apunta López. Ella también trabaja con adolescentes con riesgo de exclusión social, a quienes organiza experiencias los fines de semana. «Hacer con ellos círculos de palabra, de reflexión, acampadas o simplemente preparar un fuego es muy enriquecedor», añade.«No sustituimos tratamientos»«La ecoterapia llama mucho la atención, pero no es algo nuevo», asegura a ABC Iván Ollé, también experto en esta práctica y que recuerda que, hasta que en los años setenta llegó el ‘boom’ de psicofarmacología , la terapia al aire libre era habitual. Él es médico especializado en psiquiatría y es un ferviente defensor de la ‘prescripción verde’ para la salud mental con convicción y no solo para descongestionar los ambulatorios, como otros hacen. «Yo no sustituyo tratamientos con ecopsicología, pero animo a no perder la conexión con la naturaleza» por sus beneficios, insiste. Él suele recordar un ensayo clínico que corroboró que un ingresado con vistas a una zona verde tiene una mejor evolución que quien ve un paisaje gris de ciudad. «El verde calma, es un proceso ansiolítico», reitera.Con este lema de base, Ollé trata de introducir, siempre que se puede, una mirada holística entre sus pacientes y en algunos casos trabaja también con caminatas terapéuticas. Por ejemplo, en esta época saliendo a recoger espárragos junto a ellos. «Hay personas muy cerradas pero en sitios así vas conectando mejor, rompes sus defensas para que se sientan más libres para poder verbalizar sus preocupaciones o sus sueños», destaca el psiquiatra. «Esto no va de que sufras» No hay una ‘praxis’ concreta en ecoterapia ya que cada perfil tiene sus necesidades y así, algunos pueden empezar desde cero al aire libre y otros no. El emplazamiento también es muy variable, ya que a veces dan más juego los bosques profundos o zonas con recursos, como paseos al lado de un río o que acaban ante un árbol inspirador, pero los beneficios pueden llegar fácilmente solo con pasear por un parque urbano. Por este mismo motivo hay sesiones de 45 minutos y otras pueden alargarse durante todo un fin de semana. En todo caso, los psicólogos parten siempre de un contexto de seguridad física y emocional y de que haya confidencialidad y comodidad para el paciente. «Esto no va de sacarte de tu zona de confort y que sufras para ponerte en alerta», avisa Ruiz de Cortázar, que confirma que «hay casos en los que salir fuera puede ser demasiado abrumador. Hay personas que no están preparadas», avisa.«Con los adultos hay un hándicap», avisa. Y es que, como cuenta, a menudo pueden entrar en juego la fe o condicionantes como las dudas sobre los beneficios de la ecoterapia, sobre todo en pacientes que llegan a la naturaleza con un tratamiento farmacológico bajo el brazo. Por este mismo motivo, Ollé pone sobre la mesa tres claves de la ecoterapia: creer en ella, confiar en ella y darle tiempo. « No puedes esperar resultados inmediatos : es más, los resultados no tienen nada que ver con los de un fármaco, que actúa rapidísimamente» recuerda. Es similar a lo que ocurre con el colesterol, ejemplifica, ya que muchos, por comodidad, apuestan por una pastilla para controlarlo y solo algunos hacen el esfuerzo de cambiar hábitos para llegar al mismo punto sin fármacos. La ecoterapia casi siempre «acaba comportando un cambio de marco personal porque cuando ves que funciona acaba siendo permanente en tu vida», resalta. Además, Ollé incide en que otro de los aspectos más positivos de la ecoterapia es su función preventiva y el largo camino por recorrer que tiene. «Un solo huerto urbano da grandes posibilidades para que uno conecte con la tierra y saque sus beneficios», sentencia.
Una de las cosas que hay que agradecer al Covid, que justo ahora hace seis años llegaba para trastocar nuestras vidas, es que revalorizó el aire libre. Nadie duda de los beneficios de estar en la naturaleza y en los últimos años, gracias a ella, … ha florecido una oportunidad terapéutica: la salud mental y emocional ha encontrado la savia en la ecoterapia, un enfoque psicológico que está ganando muchos adeptos.
«Cuando empezamos con ello teníamos que resaltar que no éramos ‘hippies’ que abrazábamos árboles», recuerdan quienes llevan tiempo con esta metodología. Es el caso de Natalia Ruiz de Cortázar, psicóloga especializada en terapia de aventura. Durante la adolescencia, en sus fines de semana con los ‘scouts’, pudo ver el potencial que tenía «trabajar con, para y en la naturaleza para que las personas se conozcan mejor a sí mismas y aprendan a potenciar sus capacidades», explica a ABC.
Desde hace diez años ayuda a otros llevándolos al aire libre, sobre todo en su Galicia natal, a ‘pasar consulta’. Sus sesiones tienen poco que ver con el típico despacho de psicología con un diván que tantas veces ha mostrado las películas. «Igual que allí, vamos viviendo y desgranando, pero con la ecoterapia intentamos extrapolar lo que ha pasado durante la experiencia y luego llevarlo a otras áreas de la vida». El cambio de escenario propicia, según enfatiza, que «el paciente no sepa cómo irá la sesión o cuáles serán las normas y así puede ser más libre, sin capas ni postureo».
A veces trabaja en grupo y otras en particular, en sesiones que ella llama ‘walk and talk’ (es decir hablar y caminar), que cada vez despiertan más interés. Durante años se formó en el extranjero y monta planes en grupo que incluyen escaladas, acampadas nocturnas o paseos en kayak. El solo hecho de tener que apañárselas para dormir una noche al raso o pasar una tirolina permite que los participantes de estas experiencias a lo ‘Supervivientes’ saquen a relucir recursos propios para resolver desafíos pero, sobre todo, puntos débiles a trabajar. Es un perfecto escenario para ver frustraciones, miedos o problemas de autoestima, por poner solo algunos ejemplos.
Un mejor vínculo
Una de las claves del éxito de la ecoterapia es que no hay un cara a cara entre paciente y terapeuta. El vínculo entre ambos, codo con codo, es mejor. «Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos. Estamos más cercano y es más humano», ejemplifica la ecoterapeuta. Hay mucho más. «El movimiento y la involucración del cuerpo en el proceso activa otros mecanismos emocionales y permite regular mejor el sistema nervioso», añade. Y a la vez, al estar en contextos de distensión, «a veces hay mucha profundidad pero también se dan muchos momentos de ligereza. De hecho, a menudo un adulto vuelve a conectar con ese espíritu de infancia», resalta la experta.
«Andamos juntos, si llueve nos mojamos juntos y si hay que mover tierra la movemos juntos y así estamos en un lugar más cercano y más humano»
Natalia Ruiz de Cortázar
Psicóloga especializada en terapia en la nauraleza
Cada vez hay más estudios que confirman los beneficios de la ecoterapia. Está demostrado que actividades al aire libre, desde caminatas a practicar la horticultura, contribuyen a reducir la ansiedad y mejoran el estado de ánimo o que, por ejemplo, un paseo de solo 20 minutos, aunque sea por un parque urbano, ayuda a la memoria, atención o estrés.
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(Experientia)
Además de sus ‘consultas’ habituales al aire libre, Ruiz de Cortázar es una de las impulsoras de Experientia, una organización sin ánimo de lucro con la que promueven la ecoterapia, forman a profesionales, ofrecen programas concretos como Naturmind (para que perfiles con TDAH aprendan a ‘moverse sin perderse’) y buscan dar más validaciones a esta metodología. Y es que para quienes la practican es muy importante seguir abriendo mentes y que se pueda normalizar más su uso y beneficios. Ellos mismos publicaron recientemente, por ejemplo, un caso de éxito en el ‘Journal of Mental Health and Personality’ a partir de trabajo con un grupo de pacientes con trastorno límite de personalidad (TLP) del hospital de día de psiquiatría del Hospital de Santa María de Lérida.
Quienes lo han probado confirman esta ‘receta’ milagrosa. «Salir y estar en la naturaleza, algo que me recarga y empodera, marcó una gran diferencia en mi terapia, así como sentir el apoyo de todos, el hecho de estar en el mismo barco o con profesionales que nos ayudan a dar lo mejor de nosotros, sin juzgar y con muchísima paciencia», relata una joven con TDAH que ha participado en varias terapias de aventura en grupo.
Grandes mejorías con los menores
Los menores de edad son uno de los grandes beneficiados de la ecoterapia. Marta López, también psicóloga colegiada, se adentró en la equinoterapia y descubrió el potencial de la naturaleza para los niños. Ahora se ha especializado en casos con TEA, TDAH o altas capacidades, a quienes atiende en zonas boscosas próximas a Barcelona.
«Algunos niños cuando llevan tiempo con sesiones semanales es como si tuvieran los recursos quemados porque vienen y ya saben lo que harán, se aburren y llega un punto en el que no quieren hablar», explica a ABC. Esta rigidez o enquistamiento desaparece al aire libre porque cada día entran en juego distintos factores: un día llueve, otro van a buscar algo concreto, a veces el caballo no quiere participar o cabalgan con uno nuevo….
Las reacciones, lo que buscan los psicólogos, salen en muchas ocasiones solas. «Es muy diferente hablar en consulta sobre cómo se gestiona la impulsividad, la organización o la autoestima a hacerlo en la naturaleza», apunta López. Ella también trabaja con adolescentes con riesgo de exclusión social, a quienes organiza experiencias los fines de semana. «Hacer con ellos círculos de palabra, de reflexión, acampadas o simplemente preparar un fuego es muy enriquecedor», añade.
«No sustituimos tratamientos»
«La ecoterapia llama mucho la atención, pero no es algo nuevo», asegura a ABC Iván Ollé, también experto en esta práctica y que recuerda que, hasta que en los años setenta llegó el ‘boom’ de psicofarmacología, la terapia al aire libre era habitual. Él es médico especializado en psiquiatría y es un ferviente defensor de la ‘prescripción verde’ para la salud mental con convicción y no solo para descongestionar los ambulatorios, como otros hacen. «Yo no sustituyo tratamientos con ecopsicología, pero animo a no perder la conexión con la naturaleza» por sus beneficios, insiste. Él suele recordar un ensayo clínico que corroboró que un ingresado con vistas a una zona verde tiene una mejor evolución que quien ve un paisaje gris de ciudad. «El verde calma, es un proceso ansiolítico», reitera.
Con este lema de base, Ollé trata de introducir, siempre que se puede, una mirada holística entre sus pacientes y en algunos casos trabaja también con caminatas terapéuticas. Por ejemplo, en esta época saliendo a recoger espárragos junto a ellos. «Hay personas muy cerradas pero en sitios así vas conectando mejor, rompes sus defensas para que se sientan más libres para poder verbalizar sus preocupaciones o sus sueños», destaca el psiquiatra.
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«Esto no va de que sufras»
No hay una ‘praxis’ concreta en ecoterapia ya que cada perfil tiene sus necesidades y así, algunos pueden empezar desde cero al aire libre y otros no.
El emplazamiento también es muy variable, ya que a veces dan más juego los bosques profundos o zonas con recursos, como paseos al lado de un río o que acaban ante un árbol inspirador, pero los beneficios pueden llegar fácilmente solo con pasear por un parque urbano. Por este mismo motivo hay sesiones de 45 minutos y otras pueden alargarse durante todo un fin de semana.
En todo caso, los psicólogos parten siempre de un contexto de seguridad física y emocional y de que haya confidencialidad y comodidad para el paciente. «Esto no va de sacarte de tu zona de confort y que sufras para ponerte en alerta», avisa Ruiz de Cortázar, que confirma que «hay casos en los que salir fuera puede ser demasiado abrumador. Hay personas que no están preparadas», avisa.
«Con los adultos hay un hándicap», avisa. Y es que, como cuenta, a menudo pueden entrar en juego la fe o condicionantes como las dudas sobre los beneficios de la ecoterapia, sobre todo en pacientes que llegan a la naturaleza con un tratamiento farmacológico bajo el brazo. Por este mismo motivo, Ollé pone sobre la mesa tres claves de la ecoterapia: creer en ella, confiar en ella y darle tiempo. «No puedes esperar resultados inmediatos: es más, los resultados no tienen nada que ver con los de un fármaco, que actúa rapidísimamente» recuerda.
Es similar a lo que ocurre con el colesterol, ejemplifica, ya que muchos, por comodidad, apuestan por una pastilla para controlarlo y solo algunos hacen el esfuerzo de cambiar hábitos para llegar al mismo punto sin fármacos. La ecoterapia casi siempre «acaba comportando un cambio de marco personal porque cuando ves que funciona acaba siendo permanente en tu vida», resalta. Además, Ollé incide en que otro de los aspectos más positivos de la ecoterapia es su función preventiva y el largo camino por recorrer que tiene. «Un solo huerto urbano da grandes posibilidades para que uno conecte con la tierra y saque sus beneficios», sentencia.
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