Las últimas cuitas electorales han confirmado el avance de la extrema derecha, reflejo de su protagonismo creciente en el discurso público. Los tradicionales argumentos para explicar su crecimiento destacan el uso de las redes sociales, el impacto de la deriva de Trump, el fuerte avance de la extrema derecha en Europa y, en el caso español, la excesiva señalización del peligro que representa. Seguro que alguno, o todos, de estos elementos explican parte de lo que ocurre. Pero eso de considerar que el ciudadano no tiene criterio y es fácil presa de engaño, no lo compro: las elecciones, guste más o guste menos, revelan preferencias ciudadanas.
Las últimas cuitas electorales han confirmado el avance de la extrema derecha, reflejo de su protagonismo creciente en el discurso público. Los tradicionales argumentos para explicar su crecimiento destacan el uso de las redes sociales, el impacto de la deriva de Trump, el fuerte avance de la extrema derecha en Europa y, en el caso español, la excesiva señalización del peligro que representa. Seguro que alguno, o todos, de estos elementos explican parte de lo que ocurre. Pero eso de considerar que el ciudadano no tiene criterio y es fácil presa de engaño, no lo compro: las elecciones, guste más o guste menos, revelan preferencias ciudadanas.Seguir leyendo…
Las últimas cuitas electorales han confirmado el avance de la extrema derecha, reflejo de su protagonismo creciente en el discurso público. Los tradicionales argumentos para explicar su crecimiento destacan el uso de las redes sociales, el impacto de la deriva de Trump, el fuerte avance de la extrema derecha en Europa y, en el caso español, la excesiva señalización del peligro que representa. Seguro que alguno, o todos, de estos elementos explican parte de lo que ocurre. Pero eso de considerar que el ciudadano no tiene criterio y es fácil presa de engaño, no lo compro: las elecciones, guste más o guste menos, revelan preferencias ciudadanas.
Y ello porque el terreno para estas tesis está más que abonado desde hace años: es el resultado de muy relevantes movimientos de fondo, iniciados hace décadas, a los que se han sumado otros coyunturales. Los primeros remiten a las dificultades de jóvenes, y no tan jóvenes, en el mercado de trabajo, a los problemas de la vivienda, al deterioro de los servicios públicos y al quebranto de
las expectativas de mejora: el ascensor social está resquebrajado o, simplemente y para muchos, ha desaparecido. Y
no es casual: las élites económicas y políticas de Occidente han alimentado una globalización con desigualdad rampante y pérdida de expectativas vitales.
Las élites de Occidente han alimentado una globalización con desigualdad rampante
A esas tendencias de fondo añadan lo sucedido desde el 2021, unos años en los que la inflación ha añadido mayor deterioro a la situación de muchos hogares. Ello justifica la aparente contradicción entre una economía, como la española, en la que el crecimiento del PIB continúa excepcionalmente elevado y una percepción social de escasa mejora o, incluso, de pérdida de bienestar. Algo que, con la excepción del salario mínimo, es una constante en los países de
la OCDE ( Real wages continue to recover , marzo 2025).
En el caso español, para el tercio de menor renta de las familias el aumento de sus compras en productos esenciales ha sido elevado y, en general, muy superior al del ingreso: entre el 2021 y el 2024, un 15% de mayor gasto en alimentos y bebidas no alcohólicas; del 40% en vestido y calzado; del 33% en transporte o en actividades recreativas y deporte; del 55% en educación; o del 65% en restauración y alojamiento. Dado que la renta familiar disponible de estos hogares ha crecido un 19%, se comprende la dura realidad de muchos ciudadanos y, en particular de aquellos de menor capacidad económica: el aumento del PIB tiene poco que ver con sus dificultades diarias.
Por todo lo anterior, uno no puede ser optimista respecto de la posibilidad de poner coto al avance de la extrema derecha: sus razones son demasiado profundas. De haber alguna solución,
esta debería pasar por mayor redistribución del ingreso y el aumento de la productividad. Pero, ya saben, ello no
es ni inmediato ni, en particular, fácil. ¡Haya suerte!
Economía
