La UIA abre su laboratorio de ideas arquitectónicas en Barcelona

Desde las nueve de la mañana de ayer, Barcelona alberga un laboratorio colectivo para producir ideas arquitectónicas con las que combatir problemas globales como la crisis climática. Minutos antes de esa hora afluían al Centre de Convencions Internacional de Barcelona arquitectos de todo el mundo, salidos de las bocas de metro vecinas, que enseguida llenaron su enorme auditorio alrededor del estrado central.

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 Participantes de todo el mundo llenan los auditorios del Centre de Convencions Internacional  

Desde las nueve de la mañana de ayer, Barcelona alberga un laboratorio colectivo para producir ideas arquitectónicas con las que combatir problemas globales como la crisis climática. Minutos antes de esa hora afluían al Centre de Convencions Internacional de Barcelona arquitectos de todo el mundo, salidos de las bocas de metro vecinas, que enseguida llenaron su enorme auditorio alrededor del estrado central.

Mark Wigley planteó la primera sesión plenaria del congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), en el ámbito Becoming More-than-human , como un combate de boxeo a diez asaltos. Pero hubo más acuerdo que golpes entre los ponentes. “Tenemos la responsabilidad común de trabajar con el objetivo de reparar”, dijo Dirk Sijmons. “Antes deberíamos dejar atrás referencias del pasado”, sugirió Eva Franch para, luego, proponer el relevo de los conceptos vitruvianos – firmitas, utilitas, venustas – por estos tres: inestabilidad, ecología y reparación.

El japonés Junya Ishigami presentó una deslumbrante colección de proyectos inspirados en la naturaleza

Hay que cambiar porque el mundo ha cambiado: lo construido por el hombre pesa ya más que lo creado por la naturaleza, habiéndose doblado lo primero en el último medio siglo. En la colisión entre construcción y biodiversidad esta va perdiendo. ¿Qué hacer? “Quizás debamos renunciar a privilegios como los 20 grados de esta sala”, dijo Mireia Luzárraga (fuera los termómetros subieron ayer más allá de los 30). “Como arquitectos debemos construir una nueva sinergia –añadió Franch–, guiarnos más por lo que necesita la sociedad que por lo que quieren determinados clientes”.

El CCIB fue un cajón de sastre con decenas de charlas de todo tipo, imposibles de abarcar salvo para los ubicuos. Algunas, más alejadas de la sociopolítica, se centraron en carreras personales. Como la del japonés Junya Ishigami, que presentó una deslumbrante colección de proyectos recientes. Para él lo construido no debe ser un objeto o un símbolo, y la naturaleza debe actuar como fuente de energía y como material, a partir del cual proyectar edificios imprevisibles, fruto de una aproximación personalísima a la disciplina.

Entre ellos, un espacio de trabajo con columnas de diversa orientación entre las que los usuarios circulan como por un bosque. O un jardín de nueva planta, hecho con los árboles –trasplantados– que se iban a talar en una parcela vecina, ahora rodeados por pequeños estanques arriñonados, que crean una hermosísima variedad de paisajes. O un edificio de un kilómetro de largo en un lago, concebido como paseo sobre y junto a las aguas. O una iglesia altísima y estrechísima en un valle profundo. O un teatro que dispone sus instalaciones en una sucesión de terrazas redondeadas… Cuando recibe un encargo, Ishigami no mira lo que se hizo previamente, sino que empieza de cero y da con una solución inédita hasta entonces.

Jean Philippe Vassal y Roger Tudó (HArquitectes) también presentaron sus obras, moderados por Albert Ferré, en la sesión Economies of Means . Y aprovecharon –ellos sí– para hacer guantes, pese a su acuerdo en que son más partidarios de la generosidad que de la eficiencia. Acaso porque Vassal –premio Pritzker junto a Anne Lacaton– adopta posiciones algo más radicales.

Mientras HArquitectes aplican a menudo su investigación y su inventiva en proyectos de nueva planta, en los que tratan de sacar el mejor partido a la luz solar, la ventilación natural, la gravedad y otros elementos que no cuestan dinero, combinados con los materiales, Vassal hizo una apuesta sin reservas por la simplicidad, convencido de que hay que jugar con el clima, no combatirlo, porque es un amigo. Y de que no hay que demoler nunca, sino reutilizar y ampliar lo existente, método que puede ser hasta tres veces más barato que el anterior. “Cuanto menos usamos, mejor nos sale la obra”. “La circularidad está muy bien –añadió– pero si vamos a dar vueltas antes es bueno saber en qué dirección”.

Cómo combatir la escasez de vivienda asequible es un tema que planea sobre todo el congreso. También en la sesión The politics of reuse , en la que Olaf Grawert, de la asociación pro bono House   Europe , dio datos llamativos: en Europa se derriba un edificio cada minuto y el 75% del parque construido no ha sido rehabilitado, pero sigue imperando un mercado ávido de nuevas construcciones, indiferente a que sean productoras principales de CO2, residuos e inversión especulativa. “Hay que poner el dinero a trabajar para nosotros, y no al revés”, dijo.

Charlotte Malterre-Barthes, en la misma línea, dijo que, para construir, se destruye antes, y lanzó una idea que calificó de provocativa: una moratoria para nuevas construcciones. Probablemente, algo inaudito en reuniones anteriores de la UIA.

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