La pubertad en la Edad Media comenzaba más tarde que ahora, podía alargarse hasta 11 años y la primera menstruación era entre los 14 y los 16

Todo el mundo pasa por la pubertad, pero todas las pubertades no son iguales para todo el mundo. Las condiciones de vida, las enfermedades o incluso la dieta pueden tener ascendencia sobre este proceso biológico caracterizado por los cambios hormonales, el desarrollo sexual y el crecimiento físico.

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 El estudio de más de 200 esqueletos del yacimiento de Veranes (Asturias) revela que el crecimiento se completaba hacia los 20 años  

Todo el mundo pasa por la pubertad, pero todas las pubertades no son iguales para todo el mundo. Las condiciones de vida, las enfermedades o incluso la dieta pueden tener ascendencia sobre este proceso biológico caracterizado por los cambios hormonales, el desarrollo sexual y el crecimiento físico.

Este lento cambio ocurre actualmente entre los 8 y los 13 años en niñas y de los 9 a los 14 años en niños. Pero no siempre fue así. Investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han estudiado más de 200 esqueletos medievales del yacimiento de Veranes (Asturias) para reconstruir cómo era la pubertad en la zona entre los siglos V y XIV.

Examen de dientes y huesos

Los arqueólogos han realizado un examen detallado de dientes y huesos en crecimiento para determinar cuándo comenzaba el estirón puberal, cuánto se prolongaba el proceso y a qué edades se producían hitos clave del desarrollo, como la menarquia (primera menstruación).

Se analizaron restos de individuos que murieron entre los ocho años y la edad de “adulto joven” en Veranes. Su ubicación estratégica la situaba a tan solo 800 metros de la Vía de la Plata, una calzada romana que conectaba la ciudad portuaria de Gijón -situada a 11 km- con la capital, Asturica Augusta (Astorga).

Vista del yacimiento 
Vista del yacimiento Wikipedia

Desde el siglo I después de Cristo, el sitio funcionó como un complejo rural con una destacada producción agrícola. A finales del siglo III, se construyó una villa romana sobre sus ruinas. Su considerable tamaño sugiere que era una de las fincas más importantes de la región.

A lo largo de la Alta Edad Media, se reconvirtió el triclinio (comedor) en iglesia, jugando un papel clave en la expansión del cristianismo primitivo en la zona. El cementerio estuvo en uso hasta el siglo XIV y las campañas de excavación han permitido desenterrar 781 individuos de más de 600 tumbas.

Los resultados de la investigación, según explican en un artículo publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, indican que los adolescentes medievales iniciaban la pubertad varios años más tarde que los jóvenes actuales y que el proceso completo podía prolongarse hasta la veintena.

Este desarrollo prolongado, indican los especialistas, estuvo condicionado por enfermedades, estrés fisiológico y una nutrición irregular. “Aunque las mujeres maduraron antes que los hombres, los retrasos en la pubertad tardía llevaron a un período particularmente prolongado de desarrollo femenino”, escriben los autores.

La menarquia en el Veranes medieval ocurría entre los 14 y los 16 años 
La menarquia en el Veranes medieval ocurría entre los 14 y los 16 años Getty Images/iStockphoto

En las chicas, el estirón puberal comenzaba habitualmente entre los 9 y los 10 años, mientras que en los chicos lo hacía entre los 11 y los 12. La menarquia ocurrió entre los 14 y los 16 años y ambos sexos completaron el crecimiento alrededor de los 20 años, cuando se producía el cierre de las placas de crecimiento óseo.

Danielle Michelle Doe, autora principal del estudio, señala que, en conjunto, la pubertad podía prolongarse entre ocho y once años, una duración muy superior a la observada en las poblaciones contemporáneas, donde en general el proceso biológico se completa en tres o cuatro años.

Una prolongada pubertad

Un aspecto innovador aplicado en este trabajo es que se ha evitado excluir esqueletos con edades imprecisas o marcadores puberales ambiguos. Esta estrategia permitió ampliar la muestra analizada e identificar casos de desarrollo adelantado o retrasado, que habitualmente pasan desapercibidos.

La prolongada duración de la pubertad y las señales de estrés detectadas en los huesos apuntan a un entorno marcado por la frecuente exposición a enfermedades, una nutrición irregular y condiciones sociales capaces de interrumpir temporalmente el desarrollo biológico.

Pese a ello, indican los arqueólogos, los patrones generales observados son comparables a los de otras poblaciones medievales, lo que sugiere que, más allá de las dificultades ambientales, el proceso puberal ha mantenido una notable estabilidad biológica a lo largo de la historia.

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