De qué está hecha la literatura, sino de relaciones humanas? Los jurados de los premios que se dieron en la nueva Nit de les Lletres Catalanes, la 75.ª y la primera lejos de la noche de Santa Llúcia y con la participación del Institut d’Estudis Catalans –con Òmnium Cultural–, así lo valoraron, dando sus dos principales premios a novelas que las tratan.
Entre los premiados, Jaume Coll Mariné, Marc Artigau, Alejandro Palomas o Cristina Genebat
De qué está hecha la literatura, sino de relaciones humanas? Los jurados de los premios que se dieron en la nueva Nit de les Lletres Catalanes, la 75.ª y la primera lejos de la noche de Santa Llúcia y con la participación del Institut d’Estudis Catalans –con Òmnium Cultural–, así lo valoraron, dando sus dos principales premios a novelas que las tratan.
El gran premio a obra inédita de la noche, el Sant Jordi –dotado con 75.000 euros–, se lo llevó Carles Rebassa por Prometeu de mil maneres, una obra que el autor define como “de talante social” y retrata, a través del trabajo de un camarero en Palma, la “convivencia de dueños y criados y como unos envenenan a los otros”, además de hablar de un amor “que se vive de manera temeraria y carnal, capaz tanto de crear como de destruir”, y que enlaza con el mito porque, como Prometeo, “su ansia de complacer a los demás contribuye a hacer que tanto él como su entorno se quemen”, al igual que pasa también en la ciudad mallorquina, “al punto del colapso por la especulación y por el carácter servil de sus habitantes, y que se quema a sí misma”.
Rebassa, especialmente reconocido como poeta –entre otros premios tiene el Carles Riba–, reconoció que tras muchos años viviendo en Barcelona, ve Palma como “un lugar proustiano, cuando vuelvo es una añoranza”, y eso también le permite retratarla en este libro que publicará Univers en pocas semanas.
Su discurso de agradecimiento ya se esperaba reivindicativo, y no defraudó: “Debemos tener una legislación que haga que el catalán sea imprescindible para vivir en los Països Catalans. Y eso, los virreyes y los títeres que nos gobiernan jamas lo harán posible”, dijo.
El otro gran premio, el Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any, fue para La gran família (Club Editor), de Antònia Carré-Pons, que retrata la vida tan distinta de dos hermanas que han nacido y crecido en el mismo entorno, la carnicería familiar, y cómo su relación cambia con los años, especialmente cuando las dos pasan por un cáncer. Carré-Pons –también editora en Cal Carré– ha terminado su discurso recordando que entre las diez novelas finalistas al premio solo dos estaban escritas por mujeres, y pidió que el año que viene “procuren que los hombres no nos vuelvan a ganar por goleada”. En estos premios literarios, de hecho, solo ha habido dos mujeres entre los ganadores (además del premio Muriel Casals, que ya se anunció).

Los dos premios –uno a obra inédita, el otro a ya publicada– culminaron la renovada fiesta literaria, en una gala presentada por Xavier Grasset, Elisenda Pineda y Alba Riera, con dirección artística de Lluís Danés y múltiples actuaciones musicales y literarias con Ginestà, Triquell, el poeta Josep Pedrals o un homenaje a Pau Riba bailado por Ariadna Peya. Hubo galardones nuevos, como el Àngel Guimerà de teatro –con 15.000 euros, es el premio dramático mejor dotado del Estado–, que ganó Josep R. Cerdà con La segona línia, una propuesta también mallorquina y crítica con su contexto socioeconómico, con unos personajes catalogados como “perdedores del modelo turístico” que viven en una caravana junto a un hotel fantasmagórico, cerrado porque es invierno, donde se tienen que refugiar de una tormenta.

Berta Cusó ganó el primer premio Vinyeta Ficomic al mejor cómic en catalán publicado el año pasado
Otro premio nuevo, Lo Somni al nuevo talento literario, premió a Cristina Genebat, debutando como escritora pero bien conocida por el público teatral, ya que además de actriz –y hace poco debutó como directora– es traductora. Su novela, Sorra, juega con tres voces femeninas circunscritas a tres edades: infancia, juventud y madurez, para crear una trama en que se relacionan y exploran los vínculos de la amistad, la pareja y la familia. Su autora ha trabajado en ella cinco años, primero como un divertimento, pero tuvo claro que tomaría forma narrativa, aunque “he aprendido a escribir traduciendo teatro, y seguro que eso se nota”. El 7 de septiembre, en La Magrana.
El tercer nuevo premio, el Vinyeta Ficomic al mejor cómic en catalán del año pasado, lo ganó Berta Cusó por La conca dels àngels ( Pagès Editors), que trata la guerra desde la perspectiva de mujeres diferentes que se entrelazan en Berlín.
En una noche que celebraba la literatura catalana, la nueva y la que no lo es tanto, el galardón más antiguo era el Carles Riba, con 67 ediciones, que ganó Jaume Coll Mariné con Com les fulles –dotado con 5.000 euros, lo publica Proa–, un libro del cual el jurado destaca la “conexión íntima con la naturaleza y con un territorio concreto, siempre cerca de la cotidianidad”. El poeta es “consciente de que una persona no es mucho más que una hoja, porque nuestra existencia es poco probable”, y quiere expresar “la estupefacción ante la vida, que dura lo que dura y las cosas empiezan y se acaban”, con la voluntad de “dejar constancia de las cosas sin voluntad de romantizar ni de nostalgia, con una visión mundana y cotidiana de la vida”.

El premio PEN Català Montserrat Franquesa de traducción fue para Ramon Monton, por la traducción de Josep i els seus germans, la mastodóntica obra de Thomas Mann que Comanegra acaba de publicar en cuatro volúmenes.
El Mercè Rodoreda de cuentos fue para Marc Artigau, un autor con recorrido que en Aquest serà el nostre pou presenta doce relatos para tratar la responsabilidad individual sobre lo colectivo, “a menudo con un humor que roza el terror”. El Joaquim Ruyra de literatura juvenil lo ganó otro escritor reconocido, Alejandro Palomas, que en Una veritat reivindica la tarea de los educadores y vuelve al universo de Un fill, con que en el 2014 ganó el mismo premio.
Ramon Monton, premio Montserrat Franquesa por su monumental traducción de ‘Josep i els seus germans’ de Thomas Mann
Con respecto al Folch i Torres infantil, se lo llevó Víctor Borràs i Guasch con Animals que cauen del cel, donde una niña de nueve años que cada día espera que la recojan delante de una peluquería ve cómo caen unos animales de papiroflexia y eso hace que su mundo empiece a cambiar, porque pasa de mirar a ras de tierra a levantar la mirada arriba.
El premio internacional J.B. Cendrós fue para Paul Freedman, mientras que el Muriel Casals de comunicación recayó ex aequo en los podcasts La contracoberta, presentado por Clàudia Rius, y Club Tàndem, con Juliana Canet y Marina Porras. Nuevos eslabones de una tradición que hace más de 75 años que se renueva.
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