La nueva ‘Mi querida señorita’ busca visibilizar y normalizar la intersexualidad en el siglo XXI

De 1972 al 2026. Más de cincuenta años después del estreno de Mi querida señorita, con José Luis López Vázquez interpretando el papel protagonista, Fernando García Molina ha dirigido una versión adaptada al siglo XXI con la actriz intersexual Elisabeth Martínez encarnando a Adela, una joven que se pregunta por su condición sexual después de haber sido sometida a una operación quirúrgica al poco de nacer para hacerla “normal”.

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 La película recupera y actualiza el clásico de Jaime de Armiñán interpretado por José Luis López Vázquez  

De 1972 al 2026. Más de cincuenta años después del estreno de Mi querida señorita, con José Luis López Vázquez interpretando el papel protagonista, Fernando García Molina ha dirigido una versión adaptada al siglo XXI con la actriz intersexual Elisabeth Martínez encarnando a Adela, una joven que se pregunta por su condición sexual después de haber sido sometida a una operación quirúrgica al poco de nacer para hacerla “normal”.

La película, producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, parte de aquella extraordinaria historia dirigida por Jaime de Armiñán en los setenta, pero lleva el planteamiento al siglo XXI, justamente al cambio de milenio, cuando la protagonista empieza a cuestionar la educación que ha recibido.

En aquellos años no se hablaba de intersexualidad y todavía hoy la I del colectivo LGTBIQ+ sigue sumida en cierta invisibilidad, han explicado a la prensa los productores y el director tras la proyección de la película en el festival de cine de Málaga, en el que compite en la sección oficial por la Biznaga de Oro.

Con guion de Alana S. Portero, autora de La mala costumbre, uno de los fenómenos literarios de los últimos años, el remake de Mi querida señorita empieza en Pamplona, la ciudad en la que creció el director, y tiene una segunda parte en el Madrid de inicios de siglo XXI, donde Adela, convertida en A. D., encuentra una “familia elegida” en la que escapar de su jaula.

“Hemos querido reinventar y actualizar la película de López Vázquez y poner luz sobre las zonas de sombra que inevitablemente tenía una obra hecha en aquella época”, ha afirmado García Molina tras calificar el proyecto de “kamikaze” por el riesgo que supone revisitar un clásico que llegó a aspirar al Oscar y que constituyó un “milagro” en plena dictadura.

Para ello, y con un profundo respeto por el original, ha confesado el director, han contado con una actriz intersexual que debuta en esta película y que encarna con realismo al personaje, sometido a las tensiones fisiológicas de un cuerpo que hormona a diario y a las psicológicas de una familia muy conservadora que nunca le ha hablado de su condición. 

José Luis López Vázquez en una escena de 'Mi querida señorita', de Jaime de Armiñán 
José Luis López Vázquez en una escena de ‘Mi querida señorita’, de Jaime de Armiñán Archivo

La libertad y el descubrimiento, tras dejar atrás Pamplona, se encuentran en Madrid, que en la época en la que se desarrolla la historia se está convirtiendo en el epicentro de las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ+ con una primera manifestación del Orgullo multitudinaria. Allí Adela / A.D. empieza una nueva vida y entiende que lo primero es quererse a uno mismo: “Es una película de amor, el amor propio, tienes que contarte a ti mismo y tomarte para ello el tiempo que necesites”, ha descrito el director desde el escenario del cine Albéniz.

“Esta es una película importante de ver para todo el mundo, porque una persona intersexual es una persona que no encaja en el modelo tradicional de hombre mujer que impone la sociedad. ¡Pero es que nadie encaja!”, ha exclamado Elisabeth Martínez al hablar de los conflictos que genera la diferencia: “¡Qué más da! Encuentra tu comunidad, porque eres única y tienes que quererte como eres”, ha concluido la actriz protagonista, que, en cualquier caso, ha manifestado, en la vida real es muy distinta del personaje que interpreta en Mi querida señorita

“Esta película está pensada para los jóvenes: si entienden este asunto, el futuro va a ser mucho mejor”, ha asegurado Javier Ambrossi, que ha negado que tuviera que “pelear” para conseguir que la protagonista fuera una actriz intersexual: “Cuando apareció Elisabeth nunca hubo otra opción. El guion fue creciendo a medida que la íbamos conociendo”.

En este sentido, los productores y el director han insistido en que su versión tiene una intención fundamentalmente “pedagógica” en lo referente a la realidad de la intersexualidad, que hay que “nombrar”, como cuando Adela le dice al médico que se siente “castrada”, pero también en la vida en general: hay que permitirse equivocarse y cometer errores, como le sucede a la protagonista, han argumentado sobre esta Mi querida señorita del siglo XXI, una “película de amor”.

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