No cabemos de contento. La estación de bomberos es un tintineo de botellas vacías por la concatenación de brindis, porque se ha reconocido –y por todo lo alto– el mérito literario de dos escritores muy queridos en la ciudad y en el lapso de apenas una semana: Enrique Vila-Matas, el Nacional de las Letras (27 de octubre), y Cristina Fernández Cubas, el Cervantes (3 de noviembre). ¡Qué desparrame de alegría! La coincidencia feliz de galardones centró la conversación durante el gran fiestorro de la semana, el celebrado el jueves por la concesión del premio Herralde de Novela. También se habló en los corrillos de la tortilla que está cuajándose en la sartén hispana.
No cabemos de contento. La estación de bomberos es un tintineo de botellas vacías por la concatenación de brindis, porque se ha reconocido –y por todo lo alto– el mérito literario de dos escritores muy queridos en la ciudad y en el lapso de apenas una semana: Enrique Vila-Matas, el Nacional de las Letras (27 de octubre), y Cristina Fernández Cubas, el Cervantes (3 de noviembre). ¡Qué desparrame de alegría! La coincidencia feliz de galardones centró la conversación durante el gran fiestorro de la semana, el celebrado el jueves por la concesión del premio Herralde de Novela. También se habló en los corrillos de la tortilla que está cuajándose en la sartén hispana.Seguir leyendo…
No cabemos de contento. La estación de bomberos es un tintineo de botellas vacías por la concatenación de brindis, porque se ha reconocido –y por todo lo alto– el mérito literario de dos escritores muy queridos en la ciudad y en el lapso de apenas una semana: Enrique Vila-Matas, el Nacional de las Letras (27 de octubre), y Cristina Fernández Cubas, el Cervantes (3 de noviembre). ¡Qué desparrame de alegría! La coincidencia feliz de galardones centró la conversación durante el gran fiestorro de la semana, el celebrado el jueves por la concesión del premio Herralde de Novela. También se habló en los corrillos de la tortilla que está cuajándose en la sartén hispana.
Acogió la velada el espléndido palacete modernista casa Bonaventura Ferrer, en el paseo de Gràcia. Durante el parlamento de bienvenida, la directora editorial de Anagrama, Silvia Sesé , envió un saludo afectuoso a Jorge Herralde, fundador del sello, y Lali Gubern, para destacar a continuación la “insolencia magnífica” que despliega la colombiana Margarita García Robayo en la novela ganadora, Querida Sharik . Por cierto, qué bonitos zapatos los de Sesé. El público la escuchaba dividido entre la planta baja y los peldaños de la escalera de caoba que asciende al primer piso, una filigrana de ebanistería que, atestada, configuraba una estampa muy cinematográfica; Esteve Riambau , exdirector de la Filmo, le sacó parecido: El crepúsculo de los dioses , de Billy Wilder.
Sonrisas y complicidades en la fiesta del Herralde y el homenaje a Ferran Torrent
Más de doscientos invitados, algunos de cuyos nombres agruparemos por gremios en un name–dropping como nunca: escritores ( I gnacio Martínez de Pisón , Javier Pérez Andújar , Jorge Volpi , Rodrigo Fresán , Sergi Pàmies , Miquel Molina , Marina Espasa , Jordi Gracia ); libreros ( Damià Gallardo , Sandra Martí , Eric del Arco , Itziar Feito y Fernando Pelayo , también jurado del premio); editores ( Daniel Fernández , Juan Cerezo , Pilar Beltran , Malcolm Otero , Valeria Bergalli y Enric Cucurella , en plena conversión al judaísmo sefardí); agentes, scouts y gestoras culturales ( Camila Enrich Schröder , Laura Santaflorentina , Anna Bofill , Bernat Fiol y Pepi Bauló , con el brazo en cabestrillo), e ilustres periodistas culturales ( Llàtzer Moix , Justo Barranco , Montse Mompó , Elena Hevia , Gerard Peris , Anna Maria Iglesia , Víctor Fernández y David Morán ). También la pintora Paula Bonet y Elisenda Romanyà , una de las impresoras más prestigiosas del país.
Ambientazo. Muy buen rollo. Tanto fue así que el documentalista Poldo Pomés exclamó: “¿Quién dijo que la noche de Barcelona está muerta?”. El pavimento irregular de la terraza, un trencadís de mármol, estuvo a punto de provocar otra trencadissa , un estropicio con las copas que reposaban sobre las mesitas inestables; de un pelo fue. Y sabemos que el rastro noctámbulo siguió hacia Il Giardinetto.

Parece que los astros han querido alinearse esta semana en una conjunción de justicia poética, pues también se ha rendido homenaje a la trayectoria de Ferran Torrent con motivo de su 75.º aniversario. Fue el lunes, en la biblioteca García Márquez, con danza, música –en honor a la novela Un negre amb un saxo – y glosas del escritor Xavier Aliaga y la consellera Sònia Hernández . A la brigadilla Fahrenheit 451 nos gusta mucho el escritor valenciano; en las madrugadas de guardia, mientras jugamos al póquer, alguien lee en voz alta fragmentos de La vida en l’abisme . Sabemos bien que, en la partida de la vida, si no te domina el miedo, las probabilidades de ganar aumentan.
Cultura
