Desde la fulgurante aparición de ChatGPT a finales del 2022 y ante las expectativas consiguientes, Dell Technologies ha multiplicado por seis los ingresos generados por la inteligencia artificial, según ha adelantado el número dos de la compañía, Jeff Clarke, y podrá constatarse este mes cuando publique sus resultados. Ha sido así, en parte, gracias a la renovación de su catálogo de servidores para centros de datos adaptándolos a las exigencias de la IA. Y al software y los servicios afines, todo suma.
Las empresas tecnológicas Dell y Nvidia unen sus fuerzas para ofrecer las llamadas factorías de IA
Desde la fulgurante aparición de ChatGPT a finales del 2022 y ante las expectativas consiguientes, Dell Technologies ha multiplicado por seis los ingresos generados por la inteligencia artificial, según ha adelantado el número dos de la compañía, Jeff Clarke, y podrá constatarse este mes cuando publique sus resultados. Ha sido así, en parte, gracias a la renovación de su catálogo de servidores para centros de datos adaptándolos a las exigencias de la IA. Y al software y los servicios afines, todo suma.
La clave ha sido la decisión de alinear la oferta de Dell con la de Nvidia. Consecuencia: en nueve meses del año pasado, la división ISG, que vende soluciones de infraestructura, ha representado el 51% de la cifra de negocio y el 81% del beneficio operativo de la compañía.
Porque la IA –hoy generativa, mañana se verá– ha cambiado la forma de fabricar ordenadores, la de usarlos y, por supuesto, la de venderlos. Michael Dell, el fundador, fue de los primeros en comprender que esa nueva complejidad daría oportunidades de dar el giro estratégico a la compañía. Negoció personalmente con Jensen Huang, factótum de Nvidia, un acuerdo para montar una oferta común que bautizaron como Dell AI Factory. Este concepto de factoría de IA lo emplean otros proveedores, pero Dell ha sabido convertirlo en el eje central de su modelo de negocio.
La computación clásica no estaba preparada para acoger la nueva tendencia
¿Qué es, pues, una factoría de IA? Mark O’Regan, director de tecnología de Dell para la región EMEA, responde con una definición canónica: “Un sistema de piezas de hardware y software que han sido diseñadas en común para transformar datos brutos en outputs versátiles, que no podrían procesarse eficientemente en un servidor convencional”. Típicamente, destacan en ámbitos como la detección de fraude en tiempo real, el soporte a la toma de decisiones médicas o las aplicaciones conversacionales avanzadas. Y en esta corriente emerge y prospera una nueva clase de servidores que han sido rediseñados para infundir cualidades de IA en las máquinas.
Una infraestructura de computación clásica –servidores basados en chips convencionales de Intel o AMD– no ha sido concebida para ejecutar cargas de IA generativa: las CPU (unidades de proceso) tendrían que acoplarse a unos chips aceleradores (GPU) de la estirpe de procesadores gráficos (no es casualidad que la fortuna de Nvidia se construyera con tarjetas gráficas para videojuegos). El cambio puede ser radical para empresas que necesitan preservar lo existente y a la vez asomarse a una complejidad desconocida para ellas, reconoce O’Regan.
Las soluciones de infraestructura aportan el 51% de la facturación de Dell Technologies
“Las organizaciones, sobre todo las que vienen de otras experiencias, que son la mayoría, han entendido que de poco les vale insuflar inteligencia a una aplicación si las máquinas en las que esta va a correr no reúnen capacidades que para la nueva generación son la regla. Es una razón más –aquí O’Regan hilvana cinco o seis anécdotas de clientes europeos– para que empiecen por una prueba de concepto (POC, en la jerga) que valide si la solución que se propone para un determinado caso de uso responde a su necesidad. Y si es susceptible de aportar un retorno tangible, que suele ser su mayor duda.
¿Dónde poner a prueba un nuevo caso de uso antes de dedicarle recursos? No cualquier empresa puede permitirse tener una factoría de IA de su propiedad, ni muchas la necesitan. Una solución es ponerse en manos de un proveedor que ofrezca esa opción en una instalación que el cliente no podría montar para sí. La idea está cuajando, como demuestran las iniciativas gubernamentales –véase la Unión Europea– que promueven superfactorías de IA y que, es una opción, se equiparán con sistemas de Dell/Nvidia. O de sus competidores, ¿por qué no?
Economía
