La compositora surcoreana Unsuk Chin, premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA

Por segundo año consecutivo, el Premio Fronteras del Conocimiento que la Fundación BBVA destina a la música recae en una figura asiática de la composición. El japonés Toshio Hosokawa lo recibía el año pasado. Y en la actual edición recae en Unsuk Chin “por crear una voz propia de amplio impacto global en la música contemporánea, tanto por su virtuosismo innovador como por su imaginación sonora única”.

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 La artista ha sido premiada tanto por su virtuosismo innovador como por su imaginación sonora única  

Por segundo año consecutivo, el Premio Fronteras del Conocimiento que la Fundación BBVA destina a la música recae en una figura asiática de la composición. El japonés Toshio Hosokawa lo recibía el año pasado. Y en la actual edición recae en Unsuk Chin “por crear una voz propia de amplio impacto global en la música contemporánea, tanto por su virtuosismo innovador como por su imaginación sonora única”.

La compositora surcoreana ha desarrollado una “técnica singular de gran solidez” definida “por su refinamiento sonoro y su magistral capacidad de transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis, que hacen de ella una de las grandes innovadoras de la música contemporánea”, según el acta del jurado.

La artista aprendió a tocar el piano y a componer de forma autodidacta en su Corea natal

La artista aprendió a tocar el piano y a componer de forma autodidacta en su Corea natal, marcada por las dificultades económicas para acceder a la formación musical reglada. Todo empezó con el piano que el padre de Unsuk Chin (Seúl, Corea del Sur, 1961), un sacerdote presbiteriano, compró para la iglesia en la que predicaba. Entonces Chin solo tenía dos años y medio, pero recuerda la fascinación que le produjo esa vibración del sonido al tocar las teclas. 

“Poco después, empecé a aprender a tocar por mi cuenta. Mi padre sabía leer partituras, y me enseñó un poco, pero básicamente aprendí de forma autodidacta hasta que empecé la universidad. De niña, mi sueño era convertirme en pianista –aún hoy tocar es una de mis pasiones–, pero mi familia, como la mayoría de las familias de Corea del Sur en los sesenta, era bastante pobre y no tenía los medios para pagarme lecciones de piano”, relata la galardonada en una entrevista tras conocer la concesión del premio.

Gracias a una beca del DAAD (Servicio alemán de intercambio académico) que recibió en 1985, pudo estudiar en Alemania con el compositor húngaro György Ligeti, entonces afincado en Hamburgo, al que envió una carta para que la aceptara como discípula. Aún conservo esa carta. Yo me dirigía a él entonces como Fräulein Chin, es decir, Señorita Chin. Me dijo que me aceptaría si pasaba el examen en la Hochschule für Musik und Theater (Escuela Superior de Música y Teatro) de Hamburgo, y así fue”, cuenta. 

Ligeti le inculcó la autoexigencia y excelencia para desarrollar una voz musical propia, de aspiración universal

Ligeti le inculcó la autoexigencia y excelencia para desarrollar una voz musical propia, de aspiración universal y cosmopolita, en la que lo que importa es la partitura, desligada de identidades nacionales y cualquier otro elemento externo a la música misma. Trabajar con el maestro húngaro no fue fácil, ya que su estatus de maestro consolidado, famoso mundialmente y con grandes obras producía una brecha sustancial entre él y sus estudiantes, seis jóvenes compositores con poca experiencia, que se agrandaba por su severidad a la hora de enseñar. 

“Yo tenía un poco de miedo. Estuve aprendiendo con él tres años y sus lecciones eran muy duras. Quizá no era su culpa. Como judío superviviente de la Segunda Guerra Mundial no había tenido una vida fácil y parte de su familia había sido asesinada por los nazis. Como compositor, tenía una visión muy personal, y quería que le entendiéramos, que desarrolláramos esa visión personal a nuestra vez. Nos ponía bajo una presión psicológica muy dura de soportar, pero también es cierto que de él aprendí todo lo que necesité como compositora. Creo que fue el mejor profesor que tuve, y estudiar con él fue lo mejor que me pudo pasar en toda mi vida, porque todavía hoy, sigo aprendiendo de su música y de sus enseñanzas”, reflexiona la premiada. 

En particular, Chin considera que el nivel de autoexigencia y rigor crítico que aprendió de Ligeti –para quien lo único importante era la calidad de la partitura, independientemente de todo lo demás– ha sido fundamental para encontrar su identidad y voz propia como compositora.

Unsuk Chin se nutre de la literatura surrealista y las artes visuales, como reflejan sus óperas ‘Alicia en el país de las maravillas’ y ‘La cara oculta de la luna’

El enfoque musical de la artista galardonada con el Fronteras del Conocimiento se inspira en conceptos filosóficos y científicos, y se nutre de la literatura surrealista y las artes visuales, como reflejan sus óperas Alicia en el país de las maravillas y La cara oculta de la luna, en las que “expande el uso de la voz con técnicas extendidas, escritura fragmentada y contrastes súbitos entre el lirismo y el texto hablado”, según el jurado del premio.

Sus partituras figuran en los atriles de los más destacados intérpretes y orquestas de todo el mundo, destacando su estrecha relación con la Filarmónica de Berlín, especialmente bajo la dirección de Sir Simon Rattle, y con las orquestas y teatros de ópera de Montreal, Múnich y Hamburgo, bajo la dirección de Kent Nagano.

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