La trinchera política está polarizando también el análisis sobre la situación económica española. Fuera matices: o todo va muy bien o absolutamente muy mal. Pese a los positivos datos, el último hace dos días, un ritmo de crecimiento anual del 2,7% en el segundo trimestre, el descenso del paro y el aumento de la ocupación, el debate se ha centrado sobre la teórica artificiosidad de esa dinámica, que se derivaría exclusivamente de la simple acumulación de más trabajadores inmigrantes, sin ninguna mejora real de la economía, especialmente en lo referente a la renta de los ciudadanos. Tampoco cambios de modelo, centrado como siempre en el turismo y los servicios de bajo valor.
El debate económico se polariza políticamente y tiende a destacar los puntos negativos
La trinchera política está polarizando también el análisis sobre la situación económica española. Fuera matices: o todo va muy bien o absolutamente muy mal. Pese a los positivos datos, el último hace dos días, un ritmo de crecimiento anual del 2,7% en el segundo trimestre, el descenso del paro y el aumento de la ocupación, el debate se ha centrado sobre la teórica artificiosidad de esa dinámica, que se derivaría exclusivamente de la simple acumulación de más trabajadores inmigrantes, sin ninguna mejora real de la economía, especialmente en lo referente a la renta de los ciudadanos. Tampoco cambios de modelo, centrado como siempre en el turismo y los servicios de bajo valor.
Un resumen sintético de esa crítica la hizo Alberto Nadal, vicesecretario de economía del PP, con un par de tuits, el pasado martes, tras conocer la última Encuesta de población activa (EPA) del segundo trimestre de este año, en la que se recogía que la economía española había creado 510.000 empleos durante el último año.Nadal enfatizaba que de ellos, “122.000 son españoles y 388.000 extranjeros o doble nacionalidad” y remataba: “lo que está ocurriendo es que la economía española está creciendo extensivamente por inmigración y gasto público y no por productividad. Por eso, los españoles no perciben una mejora de su bienestar, los salarios reales netos están cayendo y los precios no dejan de subir..”.
En verdad, la inmigración ha sido el factor diferencial de la economía durante los últimos años. El Banco Central Europeo (BCE) atribuía a ella el 80% del crecimiento entre los años 2019 al 2024. Múltiples estudios apuntan en la misma dirección, en mayor o menor porcentaje.
Pero, una vez reconocida su importancia ¿Es posible atisbar otros efectos de ese crecimiento económico y de la inmigración sobre la población nativa y la propia estructura productiva de la economía española? ¿Y sobre el nivel de vida de la población?. Dejamos al margen, las ventajas derivadas del crecimiento en sí, como por ejemplo los menores costes de financiación de la deuda, actualmente por debajo del de Francia.
La entrada de mano de obra foránea siempre tiene, de entrada, un efecto negativo sobre la productividad, especialmente en países cuya economía ya la tiene históricamente baja. La mayoría de los migrantes tiende a tener de baja cualificación laboral y entra en las posiciones inferiores de ese mercado. También afecta a la inversión empresarial, que, ante la perspectiva de mano de obra abundante y barata, tiende a ser poco intensiva en capital.
Las exportaciones de servicios no turísticos, los de más valor añadido, superan ya a las del turismo
Pero, de la misma manera que la estructura de la economía española salió de la última gran crisis financiera con manifiestos signos de cambio estructural, en especial la desaparición de un persistente y creciente déficit por cuenta corriente (exportación contra importación de bienes, servicios y rentas) para arrojar un superávit ahora permanente, hay elementos que podrían llevar a pensar que algo parecido está sucediendo ahora en otros ámbitos.
El elemento más mencionado por los economistas es el despegue de los servicios no turísticos (a empresas, profesionales y de soporte, financieros, consultoría ingeniería, etc), en especial los vinculados al ámbito digital y cuyas exportaciones ya superan al turismo, sector este último que ha reducido en 13 puntos su peso en esa partida exportadora durante el último lustro, hasta el 47%. En el 2008, representaba el 80%.
Pese a ello, el peso en de la exportación de esos servicios en la economía sigue rezagado respecto a la mayoría de los socios europeos, excepto Italia, según BBVA Research, en parte por insuficiente inversión en I + D, el desajuste entre la formación y las competencias necesarias y el tamaño de las empresas. Hay aún recorrido de mejora.
Pese a ello, el tirón de esas actividades refleja tanto el progreso tecnológico y la calidad de la infraestructura digital como el aumento de la productividad. Esta, en los últimos años, especialmente desde el 2022, avanza algo más que la de la mayoría de los socios europeos, pese a estar aún lejos de su nivel, un 7% por debajo.
Mejoría que tiene su reflejo en la estructura del mercado laboral. Así, desde el 2020, los sectores de los servicios avanzados e I+D, son el ámbito que más peso gana sobre el conjunto, casi un punto, mientras que comercio y hostelería pierden medio, aunque de los dos, el último sigue creciendo.
La población nativa escala el nivel ocupacional, lo que debería traducirse en mejoras de renta
Esta evolución coincide con algunos cambios en el perfil educativo de los inmigrantes. Según el análisis de los datos de la EPA realizado por Manuel Alejandro Hidalgo, economista de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, el perfil del inmigrante ha registrado cambios significativos desde la primera ola migratoria del 2000 al 2007 a la actual.
El peso de los que tienen estudios superiores y medios ha subido 13 puntos, los que pierde la franja con formación básica. Respecto a su ocupación, han pasado de estar sólo en un 9% en servicios avanzados e información y telecomunicaciones, al 22%. En contraste, ha crecido el número de los que trabajan en comercio y hostelería, hasta casi duplicarse y alcanzan el 38%. Una polarización en los extremos de la escala.
Algo que también ocurre en general con los ocupados nativos, pues el nivel alto de estudios es el que más crece a medida que lo hace el empleo, muy por delante del de baja formación.
Una evolución que sugiere que aunque los inmigrantes siguen incorporándose masivamente a ocupaciones de baja cualificación, los nativos tienden a escalar hacia ocupaciones mejor retribuidas y de más nivel formativo.
“Estos cambios matizan la idea de que la productividad per cápita apenas crece, puede haber grandes sectores del mercado laboral cuya renta sí lo esté haciendo: nativos, que consiguen empleos más cualificados, mientras la nueva inmigración, peor pagada, arrastra hacia abajo los promedios”, señala Josep Oliver, economista y experto en mercado laboral. Hidalgo agrega que “la mitad del empleo creado es ya en segmentos de salarios elevados y en grandes empresas”.
El perfil de la inmigración ha cambiado e incorpora muchas más personas con elevada formación
Y en el ámbito de los sectores más productivos, según un estudio de Zoel Martín, de CaixaBank Research, los sectores de más altos salarios y por lo tanto más valor añadido y productividad (finanzas, tecnologías de la información, manufactura, educación, agua, sanidad…) son los que tienen un menor desempleo, por debajo del 5% y concentran ya el 40% del total de la ocupación.
Como recuerda Xavier Vives, “la consolidación de estos procesos depende de mejoras en la inversión, las infraestructuras y la productividad, con un punto crítico en la enseñanza”. El fracaso catalán en las pruebas PISA es un pésimo anuncio de lo que puede deparar el futuro. Así pues, ni tan bien, pero tampoco tan mal.
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