Guerra en Irán : una bomba de tiempo en el corazón de la economía

Pasadas tres semanas desde el inicio del ataque de EE.UU e Israel contra Irán, se consolida la evidencia de que sus efectos sobre la economía serán graves. Queda por saber si hasta el punto de desencadenar una recesión o una crisis global. Los bancos centrales no han tomado aún ninguna decisión, aunque ya han dejado abierta la puerta para dolorosas subidas de tipos de interés. En los primeros días, los más optimistas destacaban que las economías desarrolladas dependen mucho menos del petróleo que en anteriores episodios de crisis de suministro y hace tan solo cuatro años, con la invasión de Ucrania, superaron dramáticas subidas de precios. Pero ahora es peor.

Seguir leyendo…

 Si la crisis de suministro se consolida, las alzas de tipos sacudirán el sector financiero  

Pasadas tres semanas desde el inicio del ataque de EE.UU e Israel contra Irán, se consolida la evidencia de que sus efectos sobre la economía serán graves. Queda por saber si hasta el punto de desencadenar una recesión o una crisis global. Los bancos centrales no han tomado aún ninguna decisión, aunque ya han dejado abierta la puerta para dolorosas subidas de tipos de interés. En los primeros días, los más optimistas destacaban que las economías desarrolladas dependen mucho menos del petróleo que en anteriores episodios de crisis de suministro y hace tan solo cuatro años, con la invasión de Ucrania, superaron dramáticas subidas de precios. Pero ahora es peor.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA), asegura que el bloqueo de Ormuz es “la disrupción más grande la historia del mercado del petróleo”. Goldman Sachs prevé precios por encima de los 100 dólares barril este año y el próximo. Y fuentes de Arabia Saudí citadas por The Wall Street Journal avanzan que sin cambios, alcanzará los 180 dólares, casi tres veces más que antes de la guerra.

Todo está condicionado a la duración de la guerra y del bloqueo de Ormuz y la recuperación del suministro. Y ahora, el mejor escenario de vuelta a la normalidad es de dos meses desde que se reabra la circulación. Sin saber hasta qué punto las instalaciones de extracción y sobre todo de procesamiento han quedado dañadas por los bombardeos cruzados. La reparación completa de las instalaciones de gas licuado qatarí de Ras Laffan, las más grandes del mundo, podría tomar hasta cinco años.

Efectivamente el tiempo es la clave, pues si la guerra se enquista sin aflojar el nudo que estrangula el suministro del 20% del petróleo y del gas licuado y una parte mucho mayor de componentes esenciales para la producción de fertilizantes esenciales para la agricultura (urea, sulfuro y amoníaco) o chips y también la industria farmacéutica, las consecuencias se irán acumulando una sobre las otras hasta generar problemas mayores y más perniciosos.

La crisis alimentaria arrancará en abril con la siembra de maíz y soja, para la que podría faltar fertilizante

El calendario es diabólico. El más inmediato, el de los precios del combustible en las gasolineras; el gas y los refinados de petroleo Inmediatamente, vendrá el golpe alimentario. Su precio es una de las primera variables a considerar. A partir de mediados de abril, apenas tres semanas, comienza en EE.UU. la siembra de algunos productos esenciales, como el maíz y la soja. El desabastecimiento de fertilizantes está servido.

Más tarde, el efecto del encarecimiento del dinero, aunque los bancos centrales aún no lo han aprobado, los mercados ya lo han hecho. Y aunque el primer foco de atención siempre es la deuda pública, la de EE.UU. y de los países europeos con Reino Unido en peligrosa posición destacada, que ciertamente ya pagan más intereses desde el inicio del conflicto, el gran problema podría estar agazapado en el sector privado.

La amenaza es que se consoliden tipos de interés más altos, como consecuencia de subidas de precios de larga duración, que desestabilicen el sector financiero, ya bajo sospecha. Especialmente la banca en la sombra, que se desarrolla fuera de los circuitos bancarios, aunque en gran medida financiado por estos y que suma 255 billones de dólares, la mitad de los activos mundiales.

Provoca particular inquietud el llamado capital privado, que tras un crecimiento espectacular estos últimos años suma 16 billones de dólares. Agrupa fondos de capital y de cobertura ( private equity, private capital, hedge funds), y capital riesgo, entre otras modalidades. Invierten en empresas y les conceden créditos que la banca no puede o quiere concederles. Especialmente al sector inmobiliario y el digital, ahora amenazado por la inteligencia artificial.

Si se producen subidas de tipos, habrá serios problemas en una parte de la billonaria banca en la sombra

Característica especial: a diferencia de los bancos, este enorme océano de dinero apenas está regulado, de ahí lo de privados. Sus productos, vehículos de inversión, siguen el patrón de la inventiva de Wall Street, utilizan nuevos y glamurosos nombres y son muy complejos. Pero, como siempre, se trata de deudas. Los presentan como semilíquidos, cuando en realidad no son líquidos, como han podido comprobar quienes han querido retirar su dinero y sus períodos de vida pueden alcanzar hasta los cinco años.

Presencia desatacada en este arriesgado negocio tienen nombres bien conocidos: Blackstone, BlackRock, Apollo, Blue Owl, Bain capital, Carlyle o KKR, por citar solo algunos.

Pero ya antes de la guerra emergieron los primeros síntomas de problemas en el valor de sus activos y muchos inversores comenzaron a reclamar su dinero. Hasta el límite del 5% de redención por trimestre que permiten sus contratos. Ahora, según los informes de agencias de calificación ( rating) y varios bancos, su morosidad multiplica varias veces la de los créditos y financiaciones de la banca y supera la de las subprime del 2008. Las subidas de tipos podrían ser la chispa del pánico.

Según un informe del fondo Davidson Kempner citado por el Financial Times, el volumen de acciones de empresas que esas entidades querrían vender pero no pueden por el estado del mercado, sería de hasta 4 billones de dólares y el de los créditos con dificultades 768.000 millones de dólares

El crédito privado en EE.UU. alberga ahora 768.000 millones de dólares con problemas de morosidad

Para calibrar la magnitud del problema, la cartera de hipotecas subprime del 2007, que disparó la Gran recesión del 2008, era de 1,3 billones y representaba tan sólo el 12% del mercado hipotecario de EE.UU. Y hundió el mundo.

Y como en el caso de las subprime, se sabía dónde estaba la cabeza de la serpiente financiera, en EE.UU., pero no hasta dónde llegaba la cola. Entonces, como ahora, la implicación de entidades europeas, especialmente alemanas, fue la desagradable sorpresa. Y hay que recordar que buena parte de su financiación viene de la banca, como estos días ha recordado el presidente el Banco internacional de Pagos (BIS), que preside Pablo Hernández de Cos. La banca de EE.UU. tiene comprometidos al menos 300.000 millones. Las bolsas han recogido ese deterioro y la pérdida de valor de sus acciones ha volatilizado 250.000 millones de dólares de capitalización de los fondos más importantes. Blackstone, un 30%, como KKR. Apollo un 25%, por ejemplo.

Etiquetas

 Economía

Te Puede Interesar