La sabiduría popular —y las clínicas de reproducción asistida— llevan décadas aconsejando a los hombres que se abstengan de eyacular varios días antes de que entreguen una muestra de semen. Parece de sentido común: hay que acumular esperma para tener más cantidad. Pero la ciencia lleva tiempo insinuando que esa estrategia puede ser contraproducente. Ahora, el mayor metaanálisis realizado hasta la fecha sobre el tema confirma que el esperma almacenado se deteriora, y que, si lo que se busca es mayor fertilidad, hay que eyacular con regularidad, ya sea mediante actividad sexual o masturbación. Hacerlo produce gametos de mayor calidad y con menos daño en el ADN.
Una revisión de 171 estudios en 30 especies demuestra que almacenar el esperma deteriora su ADN y movilidad, y cuestiona las guías de la OMS que recomiendan hasta siete días de abstinencia antes de una fecundación in vitro
La sabiduría popular —y las clínicas de reproducción asistida— llevan décadas aconsejando a los hombres que se abstengan de eyacular varios días antes de que entreguen una muestra de semen. Parece de sentido común: hay que acumular esperma para tener más cantidad. Pero la ciencia lleva tiempo insinuando que esa estrategia puede ser contraproducente. Ahora, el mayor metaanálisis realizado hasta la fecha sobre el tema confirma que el esperma almacenado se deteriora, y que, si lo que se busca es mayor fertilidad, hay que eyacular con regularidad, ya sea mediante actividad sexual o masturbación. Hacerlo produce gametos de mayor calidad y con menos daño en el ADN.
El estudio, publicado este miércoles en la revista Proceedings of the Royal Society B y liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, combina datos de 115 estudios en humanos (más de 54.800 hombres) y 56 estudios en 30 especies animales no humanas, desde insectos hasta mamíferos. Sus conclusiones apuntan a un fenómeno universal en el reino animal: el esperma maduro que permanece almacenado, ya sea en el macho o en la hembra, envejece y se daña independientemente de la edad del organismo que lo contiene. Los investigadores llaman a este proceso “senescencia” del esperma.
A diferencia de otras células, los espermatozoides viajan ligeros de equipaje: apenas tienen citoplasma, el material que les permitiría repararse o reabastecerse de energía. “Los espermatozoides son células muy móviles y tienen una capacidad de reparación muy limitada”, confirma Rebecca Dean, codirectora del estudio, a este diario. “Esto hace que el almacenamiento sea especialmente perjudicial en comparación con otros tipos de células.”
En los hombres, los periodos más prolongados de abstinencia sexual tienen consecuencias directas y negativas: el estudio observa un mayor daño en el ADN del esperma y mayor estrés oxidativo, que es el desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes que deteriora las estructuras celulares. También se observa una reducción de la movilidad y la viabilidad de los espermatozoides.
Los resultados podrían tener implicaciones directas para la medicina reproductiva. Las guías actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan entre dos y siete días de abstinencia antes de obtener muestras para reproducción asistida. El estudio sugiere que el límite superior de siete días podría ser excesivo, en línea con evidencia reciente que indica que eyacular en las 48 horas previas a la entrega de una muestra mejora los resultados en fecundación in vitro (FIV), según aseguran los autores del estudio.
Dean, no obstante, pide cautela a la hora de trasladar estos hallazgos a recomendaciones clínicas concretas. “Somos biólogos evolutivos, no médicos. Lo que intentamos es simplemente cuestionar la idea de que guardar el esperma es mejor para la fertilidad. Lo que probablemente existe es un punto óptimo: una frecuencia de eyaculación que maximice tanto el número como la calidad de los espermatozoides”.
La ecuación no es sencilla: la abstinencia aumenta la cantidad de esperma, pero a costa de su calidad. Para técnicas como la FIV, en la que se usa el eyaculado completo, lo ideal sería un equilibrio. Para el método ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide), donde se selecciona un único gameto de alta calidad, el estudio sugiere que cuanto antes se obtenga la muestra, mejor. “Nuestra esperanza es que los clínicos examinen nuestra evidencia y reconsideren si los periodos largos de abstinencia deben seguir recomendándose”, explica Dean.
Eduard Ruiz Castañé es director del Servicio de Andrología de la Fundació Puigvert. Coincide en que los hallazgos no sorprenden a los especialistas. “Llevamos más de 30 años sabiendo que los periodos de abstinencia prolongados deterioran la calidad del semen”, afirma. Lo que aporta el estudio, dice, es profundizar en el mecanismo: la fragmentación del ADN del esperma, un daño estructural que afecta tanto a la concepción natural como a las técnicas de reproducción asistida. Cuando un análisis de semen tiene mala calidad, lo primero que hay que preguntarse, cuenta, es con qué frecuencia tiene relaciones la pareja. Y si es baja, la recomendación es clara: relaciones o masturbación en días alternos para renovar constantemente las reservas. “Es como una pecera”, explica. “Hay que renovar el agua para que los peces puedan respirar bien”.
En cuanto a los días de abstinencia ideales antes de una muestra, Ruiz Castañé sitúa el óptimo entre tres y cuatro días —no siete—, que coincide aproximadamente con una frecuencia sexual de dos veces por semana, la habitual en parejas en edad fértil. “Las indicaciones de la OMS están obsoletas”, concluye.
Juanjo Espinós, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad y especialista en endocrinología reproductiva y reproducción humana, está de acuerdo en que este estudio “no tiene una traducción clínica clara”. Las investigaciones incluidas presentan una “gran heterogeneidad”, dice, y por ello, cree que hay que tomar los resultados con cautela en cuanto a la práctica clínica.
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el excelente trabajo que realizan muchas hembras a la hora de almacenar el esperma de mayor calidad. En las especies animales no humanas analizadas, las hembras son bastante más eficaces que los machos a largo plazo. Cuando el esperma se almacena durante periodos breves, los machos lo conservan relativamente bien; pero, con el tiempo, las hembras lo preservan mucho mejor. La hormiga negra de jardín (Lasius niger), por ejemplo, puede almacenar esperma durante un año sin que se deteriore su viabilidad. Y algunas especies de murciélagos se aparean en otoño, pero la hembra almacena el esperma durante los meses en los que hiberna, y fertiliza los óvulos en primavera. El esperma sobrevive el invierno entero dentro de la hembra.
Algunas hembras, de hecho, cuando detectan que el esperma almacenado acumula demasiado estrés oxidativo, o sea, que está viejo, aumentan sus apareamientos para conseguir esperma fresco. Es decir, el deterioro del esperma puede ser una de las razones evolutivas por las que las hembras son promiscuas. La infidelidad, en fin, como estrategia de búsqueda de la calidad genética.
“Las hembras de algunas especies han desarrollado formas extraordinariamente eficaces de mantener y nutrir el esperma; creo que aprendemos mucho de la innovación en el mundo animal”, dice Dean.
El estudio también plantea una reflexión evolutiva. ¿Y si la masturbación es un mecanismo para expulsar esperma envejecido y renovar las reservas? No sería un comportamiento sin función, o con una función únicamente placentera, sino una estrategia de reproducción existosa. Los machos de algunas especies incluso tiran esperma de forma espontánea de manera cíclica. Las aves paserinas, por ejemplo, liberan espermatozoides justo antes del amanecer. También los camarones marinos: descartan esperma viejo de forma cíclica, sincronizados con el ciclo de muda.
Los investigadores apuntan que entender todos estos mecanismos podría abrir vías para desarrollar tecnología biomimética que mejore el almacenamiento artificial de esperma, y que sería muy relevante tanto para clínicas de fertilidad como para programas de cría en cautividad de especies en peligro. Sin embargo, invitan a aplicar sus recomendaciones con prudencia hasta que sean analizadas en nuevos estudios.
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