Ewine van Dishoeck, astrónoma: «Puede haber vida inteligente ahí fuera. Por qué no, si pasó en la Tierra»

Ewine van Dishoeck (Leiden, Países Bajos, 1955) no tenía intención de ser astrónoma. Se decantó por estudiar química por la influencia de un excelente profesor hasta que, cuando hacía un master en la Universidad de Leiden, su tutor falleció. No había sustituto y, aunque tenía unas notas brillantes, le propusieron buscarse otra rama. El que ahora es su marido estudiaba astronomía y la invitó a unirse a las clases. «Me dijo que me encantarían porque hablaban de moléculas en el espacio, así que me apunté y, bueno, una cosa llevó a la otra», recuerda. Le gusta utilizar esta historia a sus alumnos para que comprendan que una carrera no siempre es algo lineal. «A veces hay que subirse a olas inesperadas. Pueden llevarte a lugares fantásticos y muy exitosos», comenta con una sonrisa. La investigadora, catedrática de Astronomía en Leiden, miembro científico externo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre en Garching (Alemania) y premio Kavli (uno de los más prestigiosos en el campo de la astronomía), estudia las moléculas situadas entre las estrellas utilizando observatorios terrestres y espaciales. Pueden ser la ‘pistola humeante’ de la presencia de vida fuera de la Tierra. Cree que será la generación Alfa, los que ahora son niños, quienes puedan responder a la pregunta de si estamos solos en el universo. Recientemente ha pasado por Barcelona para ofrecer una charla en el ciclo ‘Grandes de la ciencia’, que organiza la Fundación »la Caixa». —Hemos descubierto cientos de moléculas en el universo, ¿cuál es la que más le ha sorprendido?—Todas, porque las condiciones en el espacio son muy poco hospitalarias, es un entorno vacío y además hace un frío terrible. Por eso, fueron los químicos quienes dijeron a los astrónomos: No os dediquéis a buscar moléculas porque no las vais a encontrar. Por suerte, los astrónomos no les escucharon, pusieron sus receptores y fueron encontrando una tras otra. Las menos habituales que no encontramos en la Tierra son las largas cadenas de carbono que desafían lo que creíamos saber de la química del espacio. Pero mi favorita es también la más simple desde el punto de vista de su composición: el agua. Nos sorprende por las maneras y los lugares diferentes donde acabamos observándola.Noticia relacionada No No Sin agua ni calor El asteroide Bennu demuestra que la vida puede surgir en cualquier rincón del Universo José Manuel Nieves—¿Hay mucha agua en el espacio? —Sí, de hecho depende de donde pongamos el foco. Es muy abundante en forma de vapor o hielo. Prácticamente todas las estrellas contienen agua. Y eso es clave cuando pensamos en los planetas que se están formando y en si podrían ser habitables. Ahora estamos haciendo un mapa con datos del telescopio James Webb de regiones donde se forman pequeños planetas, buscando huellas de agua y materia orgánica. «Buscar un gemelo de la Tierra es un error. El planeta habitable girará alrededor de una estrella más ligera que el Sol« —Hemos descubierto miles de exoplanetas (planetas fuera del sistema solar), pero ninguno habitable, ¿por qué? —De hecho, hemos detectado ya 7.000, el ascenso es meteórico. Cada estrella tiene por lo menos uno en su órbita, con lo cual podemos decir que los planetas son más comunes que las estrellas. Pero no, todavía no hemos descubierto ninguno que presente condiciones de habitabilidad ni señales de vida. Y parte del problema es que todavía no sabemos muy bien qué estamos buscando. Aunque observamos la presencia de agua en muchas de las atmósferas de estos exoplanetas y el CO2 es bastante habitual, probablemente no sean señales suficientes. Mis colegas creen que sería más razonable buscar una combinación de moléculas: metano, óxidos… Y para eso aún no tenemos la tecnología necesaria. El telescopio James Webb es fantástico y ha supuesto un gran paso hacia adelante, pero nos queda muchísimo trabajo. ¿Y dónde aparecerán? Pues probablemente en el vecindario solar. —¿El telescopio que detecte un mundo habitable aún no se ha construido?—Dos telescopios van a suponer un avance importante. Uno de ellos es el que se está construyendo en Chile, el Telescopio Extremadamente Grande, del Observatorio Europeo Austral (ESO) y en el que España tiene una participación importante. Tiene 39 metros de diámetro. Piense que el más grande hasta momento tiene 8 metros, así que el aumento es impresionante. Entrará en operaciones en unos cinco años. Y después hay una misión espacial de la NASA con participación de la Agencia Espacial Europea (ESA) que también está en la pista de salida, por así decirlo, pero que no saldrá hasta mediados de la década de 2040 [Se refiere al Observatorio de Mundos Habitables (HWO)], así que habrá que tener un poco de paciencia. —Entonces, ¿cuándo podremos responder a la pregunta de si hay vida fuera de la Tierra?—Cuando hablo con niños les digo siempre que serán ellos los que puedan responder a esa pregunta, porque tendrán la tecnología para hacerlo. Y eso es algo inédito. Así que sí, serán nuestros hijos, nuestros nietos.La coexistencia de la ciencia y la fe son posibles. Tanto el Papa Francisco, químico, como León, matemático, son la prueba—¿Hay algún mundo más prometedor?—Creo que el error que se tiende a cometer es buscar un gemelo de la Tierra. A mí no me convence esta búsqueda de un planeta ‘copy paste’. Seguro que vamos a encontrarlo de otra manera, quizás alrededor de una estrella mucho más ligera que nuestro Sol, que tienen muchísima materia orgánica disponible. Yo empezaría por ahí. —Nuestro sistema solar no es precisamente modélico.—Totalmente. No hemos encontrado una réplica y no parece una configuración habitual. En vez de cuatro planetas gigantes y tres terrestres, otros sistemas tienen siete mundos terrestres muy cercanos, o tres planetas gigantes… hay de todo. Vida de amoníaco—¿La vida en el espacio responderá a la misma química que la de la Tierra?—No lo sabemos. Algunos plantean si puede haber vida basada en metanol o amoníaco, pero no son disolventes tan eficaces como el agua y tampoco tan abundantes. El agua es diez veces más abundante, con lo cual, a mí me gustaría centrarme en ella. Otros se preguntan si la vida podría basarse en silicio y no en carbono. Bueno, hay diez veces más carbono que silicio, y hablar de vida inorgánica es tomar una dirección totalmente diferente. —¿Llegó la vida del espacio? —No daría un sí rotundo, pero es un planteamiento que se ha hecho durante bastante tiempo. O bien la vida se originó en la Tierra de lo que llegó de fuera (agua, materia orgánica) o incluso los organismos llegaron desde el espacio exterior. Esa teoría fue famosa hace unos 50 años, pero no he visto a nadie que la defienda ahora. Las condiciones del espacio no nos permiten plantear ese escenario como realista. —Hace unos días hubo una pequeña polémica porque Obama dijo que los extraterrestres «son reales». Luego lo matizó hablando de estadística. ¿Cuál es su opinión?—Hay tantos miles de millones de planetas en el universo que lo que pasó aquí en la Tierra tiene que haber pasado en otro lugar. Como científica, no obstante, hay que demostrarlo. Después está la cuestión de a qué llamamos vida. Las formas más primitivas, las bacterias unicelulares, surgieron en la Tierra de manera más o menos rápida en una escala temporal, en unos centenares de millones de años después de su formación. Pero el desarrollo de la vida multicelular compleja demoró miles de millones de años. No sabemos en qué ciclos se encontrarían otros planetas. Por eso es importante saber qué estamos buscando.—¿Cree que podría haber vida inteligente también? —Uy, eso es dar un paso de gigante. Y por qué no. Si ha pasado en la Tierra, puede haber pasado en algún otro lugar del universo. Tenemos que ir a buscarla.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA cambia sus planes para volver a la Luna y añade una nueva misión noticia Si Hallan en la Patagonia a «patas flacas», uno de los dinosaurios más pequeños del mundo—Forma parte de la Academia Pontificia de las Ciencias. ¿Cómo se combina la ciencia con lo espiritual? —Creo que todos en la Pontificia vemos que es posible la coexistencia de la ciencia y la fe. Buscamos la verdad por vías diferentes y somos capaces de convivir en paralelo. Tanto el Papa Francisco, que por cierto era químico de formación, como el Papa León, que es matemático, también lo han vivido así. Ellos mismos son la prueba de que la ciencia y la fe son compatibles. Ewine van Dishoeck (Leiden, Países Bajos, 1955) no tenía intención de ser astrónoma. Se decantó por estudiar química por la influencia de un excelente profesor hasta que, cuando hacía un master en la Universidad de Leiden, su tutor falleció. No había sustituto y, aunque tenía unas notas brillantes, le propusieron buscarse otra rama. El que ahora es su marido estudiaba astronomía y la invitó a unirse a las clases. «Me dijo que me encantarían porque hablaban de moléculas en el espacio, así que me apunté y, bueno, una cosa llevó a la otra», recuerda. Le gusta utilizar esta historia a sus alumnos para que comprendan que una carrera no siempre es algo lineal. «A veces hay que subirse a olas inesperadas. Pueden llevarte a lugares fantásticos y muy exitosos», comenta con una sonrisa. La investigadora, catedrática de Astronomía en Leiden, miembro científico externo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre en Garching (Alemania) y premio Kavli (uno de los más prestigiosos en el campo de la astronomía), estudia las moléculas situadas entre las estrellas utilizando observatorios terrestres y espaciales. Pueden ser la ‘pistola humeante’ de la presencia de vida fuera de la Tierra. Cree que será la generación Alfa, los que ahora son niños, quienes puedan responder a la pregunta de si estamos solos en el universo. Recientemente ha pasado por Barcelona para ofrecer una charla en el ciclo ‘Grandes de la ciencia’, que organiza la Fundación »la Caixa». —Hemos descubierto cientos de moléculas en el universo, ¿cuál es la que más le ha sorprendido?—Todas, porque las condiciones en el espacio son muy poco hospitalarias, es un entorno vacío y además hace un frío terrible. Por eso, fueron los químicos quienes dijeron a los astrónomos: No os dediquéis a buscar moléculas porque no las vais a encontrar. Por suerte, los astrónomos no les escucharon, pusieron sus receptores y fueron encontrando una tras otra. Las menos habituales que no encontramos en la Tierra son las largas cadenas de carbono que desafían lo que creíamos saber de la química del espacio. Pero mi favorita es también la más simple desde el punto de vista de su composición: el agua. Nos sorprende por las maneras y los lugares diferentes donde acabamos observándola.Noticia relacionada No No Sin agua ni calor El asteroide Bennu demuestra que la vida puede surgir en cualquier rincón del Universo José Manuel Nieves—¿Hay mucha agua en el espacio? —Sí, de hecho depende de donde pongamos el foco. Es muy abundante en forma de vapor o hielo. Prácticamente todas las estrellas contienen agua. Y eso es clave cuando pensamos en los planetas que se están formando y en si podrían ser habitables. Ahora estamos haciendo un mapa con datos del telescopio James Webb de regiones donde se forman pequeños planetas, buscando huellas de agua y materia orgánica. «Buscar un gemelo de la Tierra es un error. El planeta habitable girará alrededor de una estrella más ligera que el Sol« —Hemos descubierto miles de exoplanetas (planetas fuera del sistema solar), pero ninguno habitable, ¿por qué? —De hecho, hemos detectado ya 7.000, el ascenso es meteórico. Cada estrella tiene por lo menos uno en su órbita, con lo cual podemos decir que los planetas son más comunes que las estrellas. Pero no, todavía no hemos descubierto ninguno que presente condiciones de habitabilidad ni señales de vida. Y parte del problema es que todavía no sabemos muy bien qué estamos buscando. Aunque observamos la presencia de agua en muchas de las atmósferas de estos exoplanetas y el CO2 es bastante habitual, probablemente no sean señales suficientes. Mis colegas creen que sería más razonable buscar una combinación de moléculas: metano, óxidos… Y para eso aún no tenemos la tecnología necesaria. El telescopio James Webb es fantástico y ha supuesto un gran paso hacia adelante, pero nos queda muchísimo trabajo. ¿Y dónde aparecerán? Pues probablemente en el vecindario solar. —¿El telescopio que detecte un mundo habitable aún no se ha construido?—Dos telescopios van a suponer un avance importante. Uno de ellos es el que se está construyendo en Chile, el Telescopio Extremadamente Grande, del Observatorio Europeo Austral (ESO) y en el que España tiene una participación importante. Tiene 39 metros de diámetro. Piense que el más grande hasta momento tiene 8 metros, así que el aumento es impresionante. Entrará en operaciones en unos cinco años. Y después hay una misión espacial de la NASA con participación de la Agencia Espacial Europea (ESA) que también está en la pista de salida, por así decirlo, pero que no saldrá hasta mediados de la década de 2040 [Se refiere al Observatorio de Mundos Habitables (HWO)], así que habrá que tener un poco de paciencia. —Entonces, ¿cuándo podremos responder a la pregunta de si hay vida fuera de la Tierra?—Cuando hablo con niños les digo siempre que serán ellos los que puedan responder a esa pregunta, porque tendrán la tecnología para hacerlo. Y eso es algo inédito. Así que sí, serán nuestros hijos, nuestros nietos.La coexistencia de la ciencia y la fe son posibles. Tanto el Papa Francisco, químico, como León, matemático, son la prueba—¿Hay algún mundo más prometedor?—Creo que el error que se tiende a cometer es buscar un gemelo de la Tierra. A mí no me convence esta búsqueda de un planeta ‘copy paste’. Seguro que vamos a encontrarlo de otra manera, quizás alrededor de una estrella mucho más ligera que nuestro Sol, que tienen muchísima materia orgánica disponible. Yo empezaría por ahí. —Nuestro sistema solar no es precisamente modélico.—Totalmente. No hemos encontrado una réplica y no parece una configuración habitual. En vez de cuatro planetas gigantes y tres terrestres, otros sistemas tienen siete mundos terrestres muy cercanos, o tres planetas gigantes… hay de todo. Vida de amoníaco—¿La vida en el espacio responderá a la misma química que la de la Tierra?—No lo sabemos. Algunos plantean si puede haber vida basada en metanol o amoníaco, pero no son disolventes tan eficaces como el agua y tampoco tan abundantes. El agua es diez veces más abundante, con lo cual, a mí me gustaría centrarme en ella. Otros se preguntan si la vida podría basarse en silicio y no en carbono. Bueno, hay diez veces más carbono que silicio, y hablar de vida inorgánica es tomar una dirección totalmente diferente. —¿Llegó la vida del espacio? —No daría un sí rotundo, pero es un planteamiento que se ha hecho durante bastante tiempo. O bien la vida se originó en la Tierra de lo que llegó de fuera (agua, materia orgánica) o incluso los organismos llegaron desde el espacio exterior. Esa teoría fue famosa hace unos 50 años, pero no he visto a nadie que la defienda ahora. Las condiciones del espacio no nos permiten plantear ese escenario como realista. —Hace unos días hubo una pequeña polémica porque Obama dijo que los extraterrestres «son reales». Luego lo matizó hablando de estadística. ¿Cuál es su opinión?—Hay tantos miles de millones de planetas en el universo que lo que pasó aquí en la Tierra tiene que haber pasado en otro lugar. Como científica, no obstante, hay que demostrarlo. Después está la cuestión de a qué llamamos vida. Las formas más primitivas, las bacterias unicelulares, surgieron en la Tierra de manera más o menos rápida en una escala temporal, en unos centenares de millones de años después de su formación. Pero el desarrollo de la vida multicelular compleja demoró miles de millones de años. No sabemos en qué ciclos se encontrarían otros planetas. Por eso es importante saber qué estamos buscando.—¿Cree que podría haber vida inteligente también? —Uy, eso es dar un paso de gigante. Y por qué no. Si ha pasado en la Tierra, puede haber pasado en algún otro lugar del universo. Tenemos que ir a buscarla.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA cambia sus planes para volver a la Luna y añade una nueva misión noticia Si Hallan en la Patagonia a «patas flacas», uno de los dinosaurios más pequeños del mundo—Forma parte de la Academia Pontificia de las Ciencias. ¿Cómo se combina la ciencia con lo espiritual? —Creo que todos en la Pontificia vemos que es posible la coexistencia de la ciencia y la fe. Buscamos la verdad por vías diferentes y somos capaces de convivir en paralelo. Tanto el Papa Francisco, que por cierto era químico de formación, como el Papa León, que es matemático, también lo han vivido así. Ellos mismos son la prueba de que la ciencia y la fe son compatibles.  

Ewine van Dishoeck (Leiden, Países Bajos, 1955) no tenía intención de ser astrónoma. Se decantó por estudiar química por la influencia de un excelente profesor hasta que, cuando hacía un master en la Universidad de Leiden, su tutor falleció. No había sustituto y, aunque tenía … unas notas brillantes, le propusieron buscarse otra rama. El que ahora es su marido estudiaba astronomía y la invitó a unirse a las clases. «Me dijo que me encantarían porque hablaban de moléculas en el espacio, así que me apunté y, bueno, una cosa llevó a la otra», recuerda. Le gusta utilizar esta historia a sus alumnos para que comprendan que una carrera no siempre es algo lineal. «A veces hay que subirse a olas inesperadas. Pueden llevarte a lugares fantásticos y muy exitosos», comenta con una sonrisa.

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