Durante medio siglo, Apple ha ha transformado como pocas empresas nuestra relación con la tecnología. El iPhone, en particular, ha pasado de ser un mero dispositivo a convertirse en una extensión de nuestro cuerpo que actúa como brújula, cámara, agenda, billetera, refugio y distracción.Por eso, desprenderse de él es impensable para muchos. Quien sí se ha atrevido ha sido Bill Weir, periodista de la CNN que, para celebrar el 50 aniversario de la compañía, se sometió a un radical experimento: pasar 14 días sin tocar su iPhone.Durante ese período, metió el dispositivo en una caja y los sustituyó por un ‘dumb phone’, un teléfono básico tipo concha, sin pantalla táctil, sin aplicaciones, sin mapas interactivos, sin cámara de alta resolución. Solo llamadas, SMS y el viejo sistema T9 para escribir.Noticia relacionada general No No Ana Ibáñez: «Un cerebro que disfruta despliega mejor sus capacidades» Almudena MartínWeir colaboró con científicos de la Western University de Ontario, que midieron su actividad cerebral antes y después del experimento. Los resultados fueron muy llamativos.«Según todos los indicadores, mi cerebro había mejorad», cuenta. En concreto, su actividad cerebral aumentó, sus tiempos de reacción mejoraron un 23% y la conectividad neuronal apareció más organizada y coordinada.Alteración de la rutina: «Al principio era muy molesto»Al margen de los datos científicos, el periodista relató cómo la experiencia transformó su rutina: «Al principio era muy molesto. Te acostumbras como a cualquier otra cosa, pero luego te das cuenta de que eso se refleja en otras decisiones que tomo a lo largo del día».La ausencia de un smartphone, asegura, le obligó a replantearse hábitos cotidianos que daba por automáticos. «Me costaba más pedir un Uber con este teléfono tan torpe que ir en bicicleta o caminar», comenta.También experimentó cambios significativos en su interacción con los que le rodeaban: «No podía aislarme del mundo en mi teléfono como lo haría con un smartphone». Esto se tradujo, afirma, en una mayor conexión con el entorno. «Probablemente habría estado con el móvil mientras me cortaban el pelo. En cambio, tuve una conversación increíble con alguien».El hecho de estar más presente le ayudó igualmente a percibir que mirar el móvil es casi como un acto reflejo. «Noté que mi atención se desviaba. De verdad. Intentaba anotarlo en mi diario y sentí ese impulso de la memoria muscular que me empujaba a cogerlo», confiesa.El periodista subraya que, a lo largo del día, cogemos el móvil más de 200 veces, con lo que, desde su punto de vista, «el simple hecho de poder pasar junto a él sin mirarlo y sin cogerlo me pareció una victoria».La ciencia explica cómo el smartphone moldea nuestra menteEn la última década, los científicos han intensificado su investigación sobre el impacto del smartphone en el cerebro. Aunque las conclusiones siguen evolucionando al ritmo acelerado de nuestros hábitos digitales, los estudios más recientes apuntan a relevantes efectos negativos sobre la atención, la memoria y el control cognitivo.Uno de los fenómenos más estudiados es el ‘brain rot’, término popularizado en 2024 para describir el deterioro mental vinculado al consumo excesivo de contenido rápido y superficial en redes sociales, especialmente por el hábito del ‘scrolling’ (deslizamiento) continuo.Otro concepto estudiado es el ‘brain drain’ o ‘drenaje cerebral’, expresión acuñada en 2017 por investigadores de la University of Chicago tras demostrar que la mera presencia cercana del móvil, aunque no se esté usando, reduce la capacidad de concentración.También destaca el llamado ‘Google Effect’, identificado por la Columbia University en 2011, que explica cómo tendemos a memorizar menos información cuando sabemos que podemos encontrarla fácilmente en internet.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La soledad que no vemos: un problema que ya no entiende de edades noticia No «Nos hemos dejado hackear el cerebro, necesitamos las humanidades más que nunca»Esta dependencia de la tecnología estaría relacionada con la llamada ‘amnesia digital’, detectada en estudios recientes entre universitarios y asociada a una menor retención de datos por confiar en exceso en los dispositivos. Durante medio siglo, Apple ha ha transformado como pocas empresas nuestra relación con la tecnología. El iPhone, en particular, ha pasado de ser un mero dispositivo a convertirse en una extensión de nuestro cuerpo que actúa como brújula, cámara, agenda, billetera, refugio y distracción.Por eso, desprenderse de él es impensable para muchos. Quien sí se ha atrevido ha sido Bill Weir, periodista de la CNN que, para celebrar el 50 aniversario de la compañía, se sometió a un radical experimento: pasar 14 días sin tocar su iPhone.Durante ese período, metió el dispositivo en una caja y los sustituyó por un ‘dumb phone’, un teléfono básico tipo concha, sin pantalla táctil, sin aplicaciones, sin mapas interactivos, sin cámara de alta resolución. Solo llamadas, SMS y el viejo sistema T9 para escribir.Noticia relacionada general No No Ana Ibáñez: «Un cerebro que disfruta despliega mejor sus capacidades» Almudena MartínWeir colaboró con científicos de la Western University de Ontario, que midieron su actividad cerebral antes y después del experimento. Los resultados fueron muy llamativos.«Según todos los indicadores, mi cerebro había mejorad», cuenta. En concreto, su actividad cerebral aumentó, sus tiempos de reacción mejoraron un 23% y la conectividad neuronal apareció más organizada y coordinada.Alteración de la rutina: «Al principio era muy molesto»Al margen de los datos científicos, el periodista relató cómo la experiencia transformó su rutina: «Al principio era muy molesto. Te acostumbras como a cualquier otra cosa, pero luego te das cuenta de que eso se refleja en otras decisiones que tomo a lo largo del día».La ausencia de un smartphone, asegura, le obligó a replantearse hábitos cotidianos que daba por automáticos. «Me costaba más pedir un Uber con este teléfono tan torpe que ir en bicicleta o caminar», comenta.También experimentó cambios significativos en su interacción con los que le rodeaban: «No podía aislarme del mundo en mi teléfono como lo haría con un smartphone». Esto se tradujo, afirma, en una mayor conexión con el entorno. «Probablemente habría estado con el móvil mientras me cortaban el pelo. En cambio, tuve una conversación increíble con alguien».El hecho de estar más presente le ayudó igualmente a percibir que mirar el móvil es casi como un acto reflejo. «Noté que mi atención se desviaba. De verdad. Intentaba anotarlo en mi diario y sentí ese impulso de la memoria muscular que me empujaba a cogerlo», confiesa.El periodista subraya que, a lo largo del día, cogemos el móvil más de 200 veces, con lo que, desde su punto de vista, «el simple hecho de poder pasar junto a él sin mirarlo y sin cogerlo me pareció una victoria».La ciencia explica cómo el smartphone moldea nuestra menteEn la última década, los científicos han intensificado su investigación sobre el impacto del smartphone en el cerebro. Aunque las conclusiones siguen evolucionando al ritmo acelerado de nuestros hábitos digitales, los estudios más recientes apuntan a relevantes efectos negativos sobre la atención, la memoria y el control cognitivo.Uno de los fenómenos más estudiados es el ‘brain rot’, término popularizado en 2024 para describir el deterioro mental vinculado al consumo excesivo de contenido rápido y superficial en redes sociales, especialmente por el hábito del ‘scrolling’ (deslizamiento) continuo.Otro concepto estudiado es el ‘brain drain’ o ‘drenaje cerebral’, expresión acuñada en 2017 por investigadores de la University of Chicago tras demostrar que la mera presencia cercana del móvil, aunque no se esté usando, reduce la capacidad de concentración.También destaca el llamado ‘Google Effect’, identificado por la Columbia University en 2011, que explica cómo tendemos a memorizar menos información cuando sabemos que podemos encontrarla fácilmente en internet.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La soledad que no vemos: un problema que ya no entiende de edades noticia No «Nos hemos dejado hackear el cerebro, necesitamos las humanidades más que nunca»Esta dependencia de la tecnología estaría relacionada con la llamada ‘amnesia digital’, detectada en estudios recientes entre universitarios y asociada a una menor retención de datos por confiar en exceso en los dispositivos.
Durante medio siglo, Apple ha ha transformado como pocas empresas nuestra relación con la tecnología. El iPhone, en particular, ha pasado de ser un mero dispositivo a convertirse en una extensión de nuestro cuerpo que actúa como brújula, cámara, agenda, billetera, refugio y distracción.
Por … eso, desprenderse de él es impensable para muchos. Quien sí se ha atrevido ha sido Bill Weir, periodista de la CNN que, para celebrar el 50 aniversario de la compañía, se sometió a un radical experimento: pasar 14 días sin tocar su iPhone.
Durante ese período, metió el dispositivo en una caja y los sustituyó por un ‘dumb phone’, un teléfono básico tipo concha, sin pantalla táctil, sin aplicaciones, sin mapas interactivos, sin cámara de alta resolución. Solo llamadas, SMS y el viejo sistema T9 para escribir.
Noticia relacionada
Weir colaboró con científicos de la Western University de Ontario, que midieron su actividad cerebral antes y después del experimento. Los resultados fueron muy llamativos.
«Según todos los indicadores, mi cerebro había mejorad», cuenta. En concreto, su actividad cerebral aumentó, sus tiempos de reacción mejoraron un 23% y la conectividad neuronal apareció más organizada y coordinada.
Alteración de la rutina: «Al principio era muy molesto»
Al margen de los datos científicos, el periodista relató cómo la experiencia transformó su rutina: «Al principio era muy molesto. Te acostumbras como a cualquier otra cosa, pero luego te das cuenta de que eso se refleja en otras decisiones que tomo a lo largo del día».
La ausencia de un smartphone, asegura, le obligó a replantearse hábitos cotidianos que daba por automáticos. «Me costaba más pedir un Uber con este teléfono tan torpe que ir en bicicleta o caminar», comenta.
También experimentó cambios significativos en su interacción con los que le rodeaban: «No podía aislarme del mundo en mi teléfono como lo haría con un smartphone». Esto se tradujo, afirma, en una mayor conexión con el entorno. «Probablemente habría estado con el móvil mientras me cortaban el pelo. En cambio, tuve una conversación increíble con alguien».
El hecho de estar más presente le ayudó igualmente a percibir que mirar el móvil es casi como un acto reflejo. «Noté que mi atención se desviaba. De verdad. Intentaba anotarlo en mi diario y sentí ese impulso de la memoria muscular que me empujaba a cogerlo», confiesa.
El periodista subraya que, a lo largo del día, cogemos el móvil más de 200 veces, con lo que, desde su punto de vista, «el simple hecho de poder pasar junto a él sin mirarlo y sin cogerlo me pareció una victoria».
La ciencia explica cómo el smartphone moldea nuestra mente
En la última década, los científicos han intensificado su investigación sobre el impacto del smartphone en el cerebro. Aunque las conclusiones siguen evolucionando al ritmo acelerado de nuestros hábitos digitales, los estudios más recientes apuntan a relevantes efectos negativos sobre la atención, la memoria y el control cognitivo.
Uno de los fenómenos más estudiados es el ‘brain rot’, término popularizado en 2024 para describir el deterioro mental vinculado al consumo excesivo de contenido rápido y superficial en redes sociales, especialmente por el hábito del ‘scrolling’ (deslizamiento) continuo.
Otro concepto estudiado es el ‘brain drain’ o ‘drenaje cerebral’, expresión acuñada en 2017 por investigadores de la University of Chicago tras demostrar que la mera presencia cercana del móvil, aunque no se esté usando, reduce la capacidad de concentración.
También destaca el llamado ‘Google Effect’, identificado por la Columbia University en 2011, que explica cómo tendemos a memorizar menos información cuando sabemos que podemos encontrarla fácilmente en internet.
Esta dependencia de la tecnología estaría relacionada con la llamada ‘amnesia digital’, detectada en estudios recientes entre universitarios y asociada a una menor retención de datos por confiar en exceso en los dispositivos.
RSS de noticias de bienestar

