La escena se repitió, sin duda, cientos de veces. Dos grupos humanos distintos, tras decenas de miles de años de evolución separada, vuelven a encontrarse . Por un lado, los corpulentos neandertales. Por el otro, nuestros antepasados directos, los Homo sapiens , humanos anatómicamente modernos, recién salidos de África.Sabemos desde 2010, gracias a los revolucionarios trabajos de secuenciación genética liderados por el premio Nobel Svante Pääbo , que ambos grupos no solo se observaron de lejos, sino que intimaron y tuvieron descendencia . De hecho, cualquier persona actual cuya ascendencia no sea puramente africana lleva en sus células entre un 1,5% y un 2% de ADN neandertal. Sin embargo, al mirar de cerca esa herencia en el gran mapa de nuestro genoma, los científicos llevan años enfrentándose a un enigma: la herencia neandertal no está repartida de manera uniforme.Noticia relacionada No No Ludovic Slimak, arqueólogo: «Llegamos y se ocultaron. No hizo falta una guerra para acabar con los neandertales» Judith de JorgeLos ‘desiertos neandertales’De hecho, cuando los genetistas comparan los genomas de los neandertales y los humanos modernos, descubren enormes vacíos, que han bautizado como ‘desiertos neandertales’, grandes extensiones de nuestro ADN donde la contribución genética de aquella otra especie humana es inusualmente rara, o incluso inexistente. Esos misteriosos desiertos aparecen en varios cromosomas, pero son dramáticamente evidentes en uno en particular: el cromosoma X, uno de los dos cromosomas sexuales.Los científicos llevan años desconcertados ante los llamados «desiertos neandertales», enormes vacíos en nuestro ADN donde la herencia de esta especie hermana es inusualmente rara o inexistenteHasta ahora, se barajaban dos hipótesis para explicar por qué el cromosoma X de los humanos de hoy está prácticamente ‘limpio’ de ADN neandertal. Por un lado, se decía, la propia selección natural habría decidido que los genes neandertales en el cromosoma X eran tóxicos o desventajosos para los humanos modernos y, generación tras generación, se habría ido encargando de eliminarlos. Por otro lado, sin embargo, también podría haber tenido lugar un ‘sesgo sexual’ extremo en los cruces de las dos especies. Es decir, que el mestizaje se produjo, mayoritariamente, entre machos neandertales y hembras sapiens. Una ‘atracción fatal’ que nunca se dio al revés.Pero veamos. Las mujeres tienen dos cromosomas X (XX) y los hombres un X y un Y (XY). Un padre solo pasa su cromosoma X a sus hijas (a sus hijos les da el Y). De modo que si los machos neandertales fueron los principales padres de los híbridos, introdujeron muchos menos cromosomas X en el acervo genético humano que si las madres hubieran sido neandertales (quienes pasan un X a todos sus hijos, sean niños o niñas).La prueba definitivaPara resolver la cuestión de una vez por todas, un equipo de investigadores liderado por Alexander Platt, de la Universidad de Pennsylvania, acaba de publicar un exhaustivo estudio en ‘Science’. Y para encontrar la respuesta, los investigadores decidieron no mirar nuestro ADN actual, sino que hicieron exactamente lo contrario: buscar rastros de ADN de humanos modernos en genomas de neandertales antiguos.En concreto, Platt y sus colegas examinaron los datos de un cruce muy anterior, ocurrido hace unos 250.000 años, uno que introdujo ADN de Homo sapiens en las poblaciones neandertales. Utilizando herramientas de alta precisión, los científicos analizaron el genoma de la famosa neandertal de Altai (una hembra cuyos restos de 122.000 años de antigüedad ofrecen una calidad de lectura excepcional), así como restos de las cuevas de Chagyrskaya (80.000 años) y Vindija (52.000 años). Como grupo de control, utilizaron el genoma de 73 mujeres actuales de poblaciones subsaharianas (como los forrajeadores Khoesan de Botswana y los Chabu de Etiopía), en las que el ADN neandertal es prácticamente inexistente (menos del 0,1%).’Ellos’ las prefieren sapiensAsí, al medir la cantidad de ADN humano antiguo infiltrado en los neandertales, los números revelaron la realidad. El cromosoma X de la neandertal de Altai, de hecho, contenía una proporción de ascendencia humana moderna significativamente más alta de lo normal: exactamente 1,62 veces más que en el resto de sus cromosomas.Los propios investigadores lo dejan muy claro en su artículo: «Al observar un exceso relativo del 62% de ascendencia de humanos modernos en los cromosomas X neandertales, caracterizamos el mestizaje entre los dos grupos como predominantemente de neandertales machos con hembras humanas anatómicamente modernas». Esta enorme desproporción permitió al equipo de Platt descartar casi por completo la teoría de que la evolución, simplemente, borró los genes incompatibles por selección natural.Para resolver este enigma evolutivo, los investigadores hicieron exactamente lo contrario de lo habitual: buscaron el rastro del ADN de humanos modernos escondido en los genomas de neandertales antiguos¿Y por qué ocurrió esto? Es decir, ¿podríamos estar ante una simple coincidencia demográfica, o se trata quizá de un patrón migratorio en el que las mujeres se mudaban al poblado de su pareja? Según los modelos analíticos y numéricos del estudio, ninguna de las dos cosas es cierta. Incluso en el escenario más extremo de migración puramente femenina, en efecto, la proporción máxima que se podría alcanzar en el cromosoma X sería de 1,33 . Llegar a un exceso del 1,62 requiere algo diferente y mucho más profundo. Como señalan los autores, «la preferencia de pareja presenta una causa más probable del sesgo sexual que los procesos puramente demográficos». Es decir, que hubo una clara, continua y marcada preferencia en los apareamientos : los hombres neandertal y las mujeres sapiens se elegían mutuamente (o al menos, se reproducían con mucho más éxito) de lo que lo hacía la combinación inversa.El análisis revela un asombroso exceso del 62% de ascendencia moderna en el cromosoma X neandertal, demostrando que los machos neandertales y las hembras sapiens monopolizaron el mestizajeUn sesgo, por cierto, que sorprendentemente parece haberse mantenido constante a lo largo de eventos de mestizaje separados por casi 200.000 años. Aunque hoy sigamos sin saber exactamente qué impulsó esta ‘atracción fatal’ en la prehistoria, lo cierto es que la huella imborrable de aquellos encuentros primitivos sigue latiendo, silenciosamente, en la ausencia de nuestro cromosoma X.Para Ignacio Martín Lerma, profesor de Prehistoria de la Universidad de Murcia, el estudio «introduce un matiz interesante en nuestra reconstrucción de ese contacto. Conviene recordar, no obstante, que se trata de inferencias demográficas basadas en modelos poblacionales y no de evidencia directa sobre comportamientos concretos», señala al Science Medida Centre (SMC).MÁS INFORMACIÓN noticia Si Hallan en la Patagonia a «patas flacas», uno de los dinosaurios más pequeños del mundo noticia Si Mike Fincke revela que era el enfermo que motivó la primera evacuación médica espacial«Desde la arqueología sabemos que el encuentro entre ambos grupos fue un proceso prolongado y diverso, desarrollado en distintos territorios y contextos culturales —añade—. Si el mestizaje estuvo mayoritariamente protagonizado por varones neandertales y mujeres humanas modernas, ello apunta a dinámicas sociales específicas —posiblemente relacionadas con movilidad, estructura de grupo o desequilibrios demográficos—, aunque no permite definir cómo fueron exactamente esas interacciones». La escena se repitió, sin duda, cientos de veces. Dos grupos humanos distintos, tras decenas de miles de años de evolución separada, vuelven a encontrarse . Por un lado, los corpulentos neandertales. Por el otro, nuestros antepasados directos, los Homo sapiens , humanos anatómicamente modernos, recién salidos de África.Sabemos desde 2010, gracias a los revolucionarios trabajos de secuenciación genética liderados por el premio Nobel Svante Pääbo , que ambos grupos no solo se observaron de lejos, sino que intimaron y tuvieron descendencia . De hecho, cualquier persona actual cuya ascendencia no sea puramente africana lleva en sus células entre un 1,5% y un 2% de ADN neandertal. Sin embargo, al mirar de cerca esa herencia en el gran mapa de nuestro genoma, los científicos llevan años enfrentándose a un enigma: la herencia neandertal no está repartida de manera uniforme.Noticia relacionada No No Ludovic Slimak, arqueólogo: «Llegamos y se ocultaron. No hizo falta una guerra para acabar con los neandertales» Judith de JorgeLos ‘desiertos neandertales’De hecho, cuando los genetistas comparan los genomas de los neandertales y los humanos modernos, descubren enormes vacíos, que han bautizado como ‘desiertos neandertales’, grandes extensiones de nuestro ADN donde la contribución genética de aquella otra especie humana es inusualmente rara, o incluso inexistente. Esos misteriosos desiertos aparecen en varios cromosomas, pero son dramáticamente evidentes en uno en particular: el cromosoma X, uno de los dos cromosomas sexuales.Los científicos llevan años desconcertados ante los llamados «desiertos neandertales», enormes vacíos en nuestro ADN donde la herencia de esta especie hermana es inusualmente rara o inexistenteHasta ahora, se barajaban dos hipótesis para explicar por qué el cromosoma X de los humanos de hoy está prácticamente ‘limpio’ de ADN neandertal. Por un lado, se decía, la propia selección natural habría decidido que los genes neandertales en el cromosoma X eran tóxicos o desventajosos para los humanos modernos y, generación tras generación, se habría ido encargando de eliminarlos. Por otro lado, sin embargo, también podría haber tenido lugar un ‘sesgo sexual’ extremo en los cruces de las dos especies. Es decir, que el mestizaje se produjo, mayoritariamente, entre machos neandertales y hembras sapiens. Una ‘atracción fatal’ que nunca se dio al revés.Pero veamos. Las mujeres tienen dos cromosomas X (XX) y los hombres un X y un Y (XY). Un padre solo pasa su cromosoma X a sus hijas (a sus hijos les da el Y). De modo que si los machos neandertales fueron los principales padres de los híbridos, introdujeron muchos menos cromosomas X en el acervo genético humano que si las madres hubieran sido neandertales (quienes pasan un X a todos sus hijos, sean niños o niñas).La prueba definitivaPara resolver la cuestión de una vez por todas, un equipo de investigadores liderado por Alexander Platt, de la Universidad de Pennsylvania, acaba de publicar un exhaustivo estudio en ‘Science’. Y para encontrar la respuesta, los investigadores decidieron no mirar nuestro ADN actual, sino que hicieron exactamente lo contrario: buscar rastros de ADN de humanos modernos en genomas de neandertales antiguos.En concreto, Platt y sus colegas examinaron los datos de un cruce muy anterior, ocurrido hace unos 250.000 años, uno que introdujo ADN de Homo sapiens en las poblaciones neandertales. Utilizando herramientas de alta precisión, los científicos analizaron el genoma de la famosa neandertal de Altai (una hembra cuyos restos de 122.000 años de antigüedad ofrecen una calidad de lectura excepcional), así como restos de las cuevas de Chagyrskaya (80.000 años) y Vindija (52.000 años). Como grupo de control, utilizaron el genoma de 73 mujeres actuales de poblaciones subsaharianas (como los forrajeadores Khoesan de Botswana y los Chabu de Etiopía), en las que el ADN neandertal es prácticamente inexistente (menos del 0,1%).’Ellos’ las prefieren sapiensAsí, al medir la cantidad de ADN humano antiguo infiltrado en los neandertales, los números revelaron la realidad. El cromosoma X de la neandertal de Altai, de hecho, contenía una proporción de ascendencia humana moderna significativamente más alta de lo normal: exactamente 1,62 veces más que en el resto de sus cromosomas.Los propios investigadores lo dejan muy claro en su artículo: «Al observar un exceso relativo del 62% de ascendencia de humanos modernos en los cromosomas X neandertales, caracterizamos el mestizaje entre los dos grupos como predominantemente de neandertales machos con hembras humanas anatómicamente modernas». Esta enorme desproporción permitió al equipo de Platt descartar casi por completo la teoría de que la evolución, simplemente, borró los genes incompatibles por selección natural.Para resolver este enigma evolutivo, los investigadores hicieron exactamente lo contrario de lo habitual: buscaron el rastro del ADN de humanos modernos escondido en los genomas de neandertales antiguos¿Y por qué ocurrió esto? Es decir, ¿podríamos estar ante una simple coincidencia demográfica, o se trata quizá de un patrón migratorio en el que las mujeres se mudaban al poblado de su pareja? Según los modelos analíticos y numéricos del estudio, ninguna de las dos cosas es cierta. Incluso en el escenario más extremo de migración puramente femenina, en efecto, la proporción máxima que se podría alcanzar en el cromosoma X sería de 1,33 . Llegar a un exceso del 1,62 requiere algo diferente y mucho más profundo. Como señalan los autores, «la preferencia de pareja presenta una causa más probable del sesgo sexual que los procesos puramente demográficos». Es decir, que hubo una clara, continua y marcada preferencia en los apareamientos : los hombres neandertal y las mujeres sapiens se elegían mutuamente (o al menos, se reproducían con mucho más éxito) de lo que lo hacía la combinación inversa.El análisis revela un asombroso exceso del 62% de ascendencia moderna en el cromosoma X neandertal, demostrando que los machos neandertales y las hembras sapiens monopolizaron el mestizajeUn sesgo, por cierto, que sorprendentemente parece haberse mantenido constante a lo largo de eventos de mestizaje separados por casi 200.000 años. Aunque hoy sigamos sin saber exactamente qué impulsó esta ‘atracción fatal’ en la prehistoria, lo cierto es que la huella imborrable de aquellos encuentros primitivos sigue latiendo, silenciosamente, en la ausencia de nuestro cromosoma X.Para Ignacio Martín Lerma, profesor de Prehistoria de la Universidad de Murcia, el estudio «introduce un matiz interesante en nuestra reconstrucción de ese contacto. Conviene recordar, no obstante, que se trata de inferencias demográficas basadas en modelos poblacionales y no de evidencia directa sobre comportamientos concretos», señala al Science Medida Centre (SMC).MÁS INFORMACIÓN noticia Si Hallan en la Patagonia a «patas flacas», uno de los dinosaurios más pequeños del mundo noticia Si Mike Fincke revela que era el enfermo que motivó la primera evacuación médica espacial«Desde la arqueología sabemos que el encuentro entre ambos grupos fue un proceso prolongado y diverso, desarrollado en distintos territorios y contextos culturales —añade—. Si el mestizaje estuvo mayoritariamente protagonizado por varones neandertales y mujeres humanas modernas, ello apunta a dinámicas sociales específicas —posiblemente relacionadas con movilidad, estructura de grupo o desequilibrios demográficos—, aunque no permite definir cómo fueron exactamente esas interacciones».
La escena se repitió, sin duda, cientos de veces. Dos grupos humanos distintos, tras decenas de miles de años de evolución separada, vuelven a encontrarse. Por un lado, los corpulentos neandertales. Por el otro, nuestros antepasados directos, los Homo sapiens, humanos anatómicamente modernos, … recién salidos de África.
Sabemos desde 2010, gracias a los revolucionarios trabajos de secuenciación genética liderados por el premio Nobel Svante Pääbo, que ambos grupos no solo se observaron de lejos, sino que intimaron y tuvieron descendencia. De hecho, cualquier persona actual cuya ascendencia no sea puramente africana lleva en sus células entre un 1,5% y un 2% de ADN neandertal.
Sin embargo, al mirar de cerca esa herencia en el gran mapa de nuestro genoma, los científicos llevan años enfrentándose a un enigma: la herencia neandertal no está repartida de manera uniforme.
Los ‘desiertos neandertales’
De hecho, cuando los genetistas comparan los genomas de los neandertales y los humanos modernos, descubren enormes vacíos, que han bautizado como ‘desiertos neandertales’, grandes extensiones de nuestro ADN donde la contribución genética de aquella otra especie humana es inusualmente rara, o incluso inexistente. Esos misteriosos desiertos aparecen en varios cromosomas, pero son dramáticamente evidentes en uno en particular: el cromosoma X, uno de los dos cromosomas sexuales.
Los científicos llevan años desconcertados ante los llamados «desiertos neandertales», enormes vacíos en nuestro ADN donde la herencia de esta especie hermana es inusualmente rara o inexistente
Hasta ahora, se barajaban dos hipótesis para explicar por qué el cromosoma X de los humanos de hoy está prácticamente ‘limpio’ de ADN neandertal. Por un lado, se decía, la propia selección natural habría decidido que los genes neandertales en el cromosoma X eran tóxicos o desventajosos para los humanos modernos y, generación tras generación, se habría ido encargando de eliminarlos. Por otro lado, sin embargo, también podría haber tenido lugar un ‘sesgo sexual’ extremo en los cruces de las dos especies. Es decir, que el mestizaje se produjo, mayoritariamente, entre machos neandertales y hembras sapiens. Una ‘atracción fatal’ que nunca se dio al revés.
Pero veamos. Las mujeres tienen dos cromosomas X (XX) y los hombres un X y un Y (XY). Un padre solo pasa su cromosoma X a sus hijas (a sus hijos les da el Y). De modo que si los machos neandertales fueron los principales padres de los híbridos, introdujeron muchos menos cromosomas X en el acervo genético humano que si las madres hubieran sido neandertales (quienes pasan un X a todos sus hijos, sean niños o niñas).
La prueba definitiva
Para resolver la cuestión de una vez por todas, un equipo de investigadores liderado por Alexander Platt, de la Universidad de Pennsylvania, acaba de publicar un exhaustivo estudio en ‘Science’. Y para encontrar la respuesta, los investigadores decidieron no mirar nuestro ADN actual, sino que hicieron exactamente lo contrario: buscar rastros de ADN de humanos modernos en genomas de neandertales antiguos.
En concreto, Platt y sus colegas examinaron los datos de un cruce muy anterior, ocurrido hace unos 250.000 años, uno que introdujo ADN de Homo sapiens en las poblaciones neandertales. Utilizando herramientas de alta precisión, los científicos analizaron el genoma de la famosa neandertal de Altai (una hembra cuyos restos de 122.000 años de antigüedad ofrecen una calidad de lectura excepcional), así como restos de las cuevas de Chagyrskaya (80.000 años) y Vindija (52.000 años). Como grupo de control, utilizaron el genoma de 73 mujeres actuales de poblaciones subsaharianas (como los forrajeadores Khoesan de Botswana y los Chabu de Etiopía), en las que el ADN neandertal es prácticamente inexistente (menos del 0,1%).
‘Ellos’ las prefieren sapiens
Así, al medir la cantidad de ADN humano antiguo infiltrado en los neandertales, los números revelaron la realidad. El cromosoma X de la neandertal de Altai, de hecho, contenía una proporción de ascendencia humana moderna significativamente más alta de lo normal: exactamente 1,62 veces más que en el resto de sus cromosomas.
Los propios investigadores lo dejan muy claro en su artículo: «Al observar un exceso relativo del 62% de ascendencia de humanos modernos en los cromosomas X neandertales, caracterizamos el mestizaje entre los dos grupos como predominantemente de neandertales machos con hembras humanas anatómicamente modernas». Esta enorme desproporción permitió al equipo de Platt descartar casi por completo la teoría de que la evolución, simplemente, borró los genes incompatibles por selección natural.
Para resolver este enigma evolutivo, los investigadores hicieron exactamente lo contrario de lo habitual: buscaron el rastro del ADN de humanos modernos escondido en los genomas de neandertales antiguos
¿Y por qué ocurrió esto? Es decir, ¿podríamos estar ante una simple coincidencia demográfica, o se trata quizá de un patrón migratorio en el que las mujeres se mudaban al poblado de su pareja? Según los modelos analíticos y numéricos del estudio, ninguna de las dos cosas es cierta. Incluso en el escenario más extremo de migración puramente femenina, en efecto, la proporción máxima que se podría alcanzar en el cromosoma X sería de 1,33 . Llegar a un exceso del 1,62 requiere algo diferente y mucho más profundo.
Como señalan los autores, «la preferencia de pareja presenta una causa más probable del sesgo sexual que los procesos puramente demográficos». Es decir, que hubo una clara, continua y marcada preferencia en los apareamientos: los hombres neandertal y las mujeres sapiens se elegían mutuamente (o al menos, se reproducían con mucho más éxito) de lo que lo hacía la combinación inversa.
El análisis revela un asombroso exceso del 62% de ascendencia moderna en el cromosoma X neandertal, demostrando que los machos neandertales y las hembras sapiens monopolizaron el mestizaje
Un sesgo, por cierto, que sorprendentemente parece haberse mantenido constante a lo largo de eventos de mestizaje separados por casi 200.000 años. Aunque hoy sigamos sin saber exactamente qué impulsó esta ‘atracción fatal’ en la prehistoria, lo cierto es que la huella imborrable de aquellos encuentros primitivos sigue latiendo, silenciosamente, en la ausencia de nuestro cromosoma X.
Para Ignacio Martín Lerma, profesor de Prehistoria de la Universidad de Murcia, el estudio «introduce un matiz interesante en nuestra reconstrucción de ese contacto. Conviene recordar, no obstante, que se trata de inferencias demográficas basadas en modelos poblacionales y no de evidencia directa sobre comportamientos concretos», señala al Science Medida Centre (SMC).
«Desde la arqueología sabemos que el encuentro entre ambos grupos fue un proceso prolongado y diverso, desarrollado en distintos territorios y contextos culturales —añade—. Si el mestizaje estuvo mayoritariamente protagonizado por varones neandertales y mujeres humanas modernas, ello apunta a dinámicas sociales específicas —posiblemente relacionadas con movilidad, estructura de grupo o desequilibrios demográficos—, aunque no permite definir cómo fueron exactamente esas interacciones».
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