12 días después de la derrota ante el Barça en el Palacio en ACB, los blancos dejan a su rival en la mitad de puntos (de 105 a 61) y dominan el rebote y las sensaciones en una noche redonda. Leer 12 días después de la derrota ante el Barça en el Palacio en ACB, los blancos dejan a su rival en la mitad de puntos (de 105 a 61) y dominan el rebote y las sensaciones en una noche redonda. Leer
La reacción era casi obligada. Y fue contundente, como un zarpazo. Silencioso a lomos del imperial Tavares. Estruendoso con la electricidad de Garuba. Dos tipos en las antípodas, dos pilares sobre los que cimentar, una pintura envidiable. El Real Madrid le dio la vuelta al clásico en 12 días. Sensaciones y números. Corazón y estadística. Capaz de hacer irreconocible al mismo Barça que le trastabilló con 105 puntos. Esta vez se quedó en menos de la mitad (61). Ver para creer. [80-61: Narración y estadísticas]
Garuba puso en pie al Palacio. En ese tramo de sentencia, desdibujó a un Barça ausente. Lo acuchilló en el suelo donde ya lo había tumbado antes Tavares. Fue quizá la noche más redonda de la era Scariolo, una mole su equipo de principio a fin. Y la más gris desde la reentré de Xavi Pascual. Como si ser consciente de que ganar dos veces seguidas en el Palacio fuera una tarea casi imposible, su equipo salió, al contrario que el 4 de enero, sin creer en sí mismo.
En la sucesión de clásicos de cada temporada -a veces ni con las dos manos se pueden contar-, la trascendencia varía según el momento y las urgencias. El Madrid había enhebrado nueve de carrerilla, casi un aplastamiento al eterno rival. Pero Pascual y su particular milagro cortaron la racha. Las miradas y las dudas tomaron el puente aéreo. Y se plantaron sobre Scariolo, más en estos tiempos donde se cortan cabezas en el club. Pero, reconocida la herida -aunque sin ninguna urgencia clasificatoria para los blancos ni en ACB ni en Europa-, la cuestión era saber si este proyecto del ex seleccionador no sólo acaba de despegar, también si esa exuberante plantilla posee el amor propio competitivo que distingue a los buenos de los campeones. El orgullo estaba dañado, el Palacio observaba con lupa y el Madrid apenas encajó dos puntos en los seis primeros minutos.
La diferencia en los blancos fue la solidez alargada en el tiempo. Primero dominó Tavares, algo que no es novedad. Pero después, cuando Shengelia, saliendo desde el banquillo, asestó dos triples seguidos y Willy desplegó su nueva dimensión, hubo respuesta contundente. Los triples de Deck (acabaría con cuatro de cuatro, a puñalada por cuarto), el ímpetu ya de Garuba (que ha enterrado a Len al olvido), la clase de Trey Lyles. Un más 10 que sólo alivió, momentáneamente, Laprovittola, que ya fue pesadilla en el duelo de ACB. Porque todo este rato Tavares descansaba en el banquillo. Cuando regresó fue como si Godzilla entrara en la pista. Otra vez. El mismo equipo que hace 12 días recibió 105 puntos, dejaba al mismo rival en 31. En la pregonada batalla por el rebote, el elemento Okeke (en el quinteto de Scariolo), fue diferencial.
El paso por vestuarios trató de ser reinició para un Barça errático. Refrescó energías y Brizuela intentó dar otro aire. Un 2-9 de salida que cortó en seco Campazzo con un triple y Hezonja con seis puntos. Una respuesta que elevó la máxima (55-40), más pujanza todavía con la segunda unidad, los triples de Deck, la bravura de Garuba… Los azulgrana zozobraban.
Y naufragaron al poco, en una noche de esas en las que conviene pasar pronto página. Aplastado en el rebote, sin puntería desde el perímetro, sin héroe sobre el que sostenerse. El clásico completamente del revés. El Madrid, que es líder de la Liga Endesa, ya es tercero en la Euroliga. La tragedia nuclear, que bromearía Scariolo.
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